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Alonso Quintero

Tiempo Libre

28 de Noviembre de 2025

Alonso Quintero y el éxito de El Jardín de Olivia: “Espero que la teleserie se extienda lo que logre sostener la historia, cuando estiramos el chicle puede cansar”

Entre el éxito de El Jardín de Olivia y el impulso que le dio su paso por Juego de Ilusiones, Alonso Quintero vive un renacer televisivo tras años lejos de las pantallas. El actor habla de su retorno, de los malos tratos que lo alejaron de las teleseries, de su interés por la política y de cómo equilibra su faceta pública con su vocación por la sociología.

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Alonso Quintero lleva dos teleseries consecutivas al aire, algo que no pasaba hace más de una década. El actor, que se retiró un tiempo de la pantalla para estudiar sociología, es parte del elenco de El Jardín de Olivia, uno de los mayores éxitos de Mega este año.

El año pasado estuvo en Juego de Ilusiones, la teleserie protagonizada por Carolina Arregui que marcó un precedente en la televisión con más de 500 capítulos al aire, todo un récord para una producción nacional. Dentro del extenso elenco también estuvo Quintero, quien, con su papel, marcaba su regreso a la televisión tras cinco años.

Según cuenta Quintero, episodios de malos tratos en los sets de grabación lo empujaron a dejar por un tiempo las teleseries. “Hay gente con la que trabajé que, si me llaman, yo simplemente diría que no”, dice el actor, que en la teleserie interpreta a Bastián Walker.

En paralelo, Alonso Quintero tiene una activa cuenta de Instagram donde explora otro tipo de contenidos, en una faceta más política. En sus videos se pueden ver reflexiones sobre la identidad política, las relaciones humanas y dilemas éticos.

Su interés por la política incluso lo llevó a participar de la campaña parlamentaria del Frente Amplio, un espacio que para él es relevante para que la ciudadanía elija a sus representantes. Eso si, dice que esto le ha traído algunos problemas en campañas publicitarias. “Participar en campañas políticas siempre puede ser un riesgo, tanto laboral como socialmente”,

Cómo trabaja el equipo con los números positivos sobre la mesa?

—Hay un equipo humano muy bonito, entonces es muy entretenido ir a trabajar diariamente. Eso se transmite en pantalla: es un trabajo que está hecho con mucho cariño, con mucha preocupación, de parte de todos los departamentos. Tiendo a creer que la gente nota eso y que premia a través de los resultados.

¿Qué otros elementos crees tú que lograron resonar en la gente, en el público que les dio este respaldo en rating?

—La teleserie logra conectar con problemáticas actuales; entiéndase el tema de la neurodivergencia, el poder y el abuso de este, que se da no solamente en las instituciones políticas, sino también en espacios más micro, como pueden ser la familia o las empresas. Más allá de lo obvio —que es el poder político en general— ver cómo esas problemáticas se van dando y cómo generan conflictos en la vida cotidiana de las personas es algo que para el público resuena, porque lo ven cercano o porque han vivido situaciones en las que han estado en algún trabajo donde sintieron que existía una situación de abuso y no pudieron decir nada.

¿También estuviste en Juego de Ilusiones el año pasado, cierto? Fue una teleserie que tuvo más de 500 capítulos. Por el éxito que generó, ¿crees que esta teleserie también podría extenderse de esa manera?

—Son teleseries bastante distintas. Juego de Ilusiones fue planeada para larga duración; esta teleserie no tenía esa intención inicialmente. Igual tuvo un alargue en algún momento porque le estaba yendo muy bien y el equipo de guión decidió que era capaz de mantener la historia. No sé si es una historia para que dure 500 capítulos, porque igual la gente se empieza a cansar. Se tiende a alargar una teleserie por temas económicos, ya que es más fácil sostener una que le está yendo bien que lanzar una nueva. Entonces, yo espero que la teleserie se extienda lo que logre sostenerse de la historia. Ya cuando estiramos el chicle, puede cansar a las audiencias, y eso nunca es lo ideal.

Con Juego de Ilusiones y esta teleserie, ¿sientes que estás viviendo un “revival” de tu carrera?

—Sin duda. La gente se me acerca y me conversa de los personajes nuevos; antes me pasaba que solo me hablaban de Pobre Rico, una teleserie que hice hace harto tiempo. Ahora me hablan de las teleseries actuales, lo que me da a entender que se están viendo harto y que estoy en la retina de la gente, y eso en lo profesional es muy importante. Ahora, yo también estoy con todos mis temas de sociología, entonces no sé si le doy tanta importancia o tanto peso a eso; me lo tomo con calma y agradezco el cariño de la gente.

¿Te gustaría que este fuera tu regreso definitivo a las pantallas y quedarte en Mega haciendo más teleseries?

—No lo sé. Creo que uno tiene que ir viendo en la vida lo que va pasando y lo que va sintiendo en ese momento. Yo, en este momento, lo estoy pasando muy bien haciendo teleserie, y acá hay un equipo humano precioso, con historias muy entretenidas. También pasé por momentos, hace varios años, en que no lo pasé tan bien, y esa fue una de las razones por las que decidí estudiar otra cosa. Y me gustaría seguir desarrollándome como sociólogo: estoy trabajando en generar contenido en redes respecto a sociología, a propósito de algo que me interesa mucho, pero no estoy con una pega fija como sociólogo, y creo que también es algo que quiero darme la oportunidad de explorar. Así que no me casaría con decirte que quiero estar toda mi vida haciendo teleseries, ni tampoco te diría un “no, no, no”, porque sería una mentira.

¿Y esa mala experiencia se tradujo en bullying?

—Había una dirección —y gente que ya no está trabajando en televisión, afortunadamente— que, a mi parecer, pertenecía a una escuela antigua, muy poco humana, muy dentro de la lógica de gritonearse y de maltratar a los trabajadores. Bueno, si podría decir bullying… la verdad es que hoy en día sí, pero en ese momento era un concepto que no se usaba tanto. Era simplemente cómo se hacían las cosas, como estilos de dirección. Pero hay gente con la que yo no trabajaría nunca más. O sea, si el día de mañana me llaman a un proyecto y me dicen que están a cargo, diría que jamás.

Apareciste también en la franja del Frente Amplio. ¿Por qué es importante para ti participar en esos espacios?

—Participar en campañas políticas siempre puede ser un riesgo, tanto laboral como socialmente. Cada vez que uno lo hace, empiezan a llegar mensajes de odio por redes sociales, aunque también mensajes de apoyo. Uno tiene que tener la templanza para no dejarse afectar por esas cosas. Profesionalmente, quiero creer que vivimos en una sociedad democrática, republicana y pluralista, en la cual todas las opciones dentro del marco institucional son válidas.

¿Te da miedo que participar en una campaña política, sea cual sea, pueda jugarte en contra laboralmente?

—Quiero creer que no me va a afectar, pero nunca se sabe. A uno le puede pasar que se quede sin pega o que no te contraten por algo así. De hecho, me han dicho —trabajando con marcas— que hay campañas que se caen porque participo en alguna campaña política o lo que sea. Pero bueno, yo creo que uno no tiene que dejar de ser quien uno es, ni dejar de ser transparente con lo que piensa, siente o cree que es lo correcto para nosotros como sociedad.

¿Vas a participar de la campaña de la segunda vuelta presidencial?

—No lo sé, la verdad. Estoy enfocado en hacer divulgación de contenido de educación cívica, psicología y teoría política en mis redes sociales. Entonces, no sé si quiero involucrarme tan directamente en esta segunda vuelta de la campaña. Pero voy a aportar a la discusión desde mi espacio, como siempre he tratado de hacer.

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