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Carlos Rodríguez - The Clinic

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17 de Diciembre de 2025

Miguel de la Fuente, el taxidermista que inmortaliza perros y gatos por $450 mil: “Si alguien quiere el servicio, tiene que congelar enseguida a su mascota para evitar descomposición”

Miguel de la Fuente es uno de los pocos taxidermistas activos en Chile y dedica su oficio a preservar animales salvajes y mascotas. Asegura que el grueso de su trabajo son mascotas. "Si una persona quiere este servicio, tiene que congelar inmediatamente a su mascota para evitar el proceso de descomposición", señala.

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Miguel de la Fuente es taxidermista y encontró en la muerte el arte por el que dedica su vida. Aquel que hace por pasión y con la perfección que solo la dan los años de trabajo incansable mezclado por el amor por lo que hace. La taxidermia no es algo fácil y son pocos los que logran lo que él muestra con orgullo en sus redes sociales.

Su casa está en lo alto del piso 17 de un edificio en la comuna de Vitacura en donde recibió a The Clinic. Al dar un paso al interior de su departamento aparecen los primeros animales, y no uno cualquiera: un jaguar que muestra con orgullo. Al lado, un perrito. “A ese lo encontré atropellado”, comenta. Dice que decidió llevárselo y trabajar con él para que sus clientes pudieran ver cómo quedan sus mascotas.

Lo anterior, es porque la mayoría de sus clientes son personas que deciden inmortalizar a sus mascotas de esa forma. Ya no es suficiente tener una pequeña ánfora con sus cenizas, sino que buscan inmortalizarlas en vida y hacerlas vivir por siempre, sin el paso de la muerte. Pero De la Fuente advierte que pese a que su trabajo es buenísimo “yo no puedo dar la chispa de vida“.

Miguel de la Fuente | Foto de Carlos Rodríguez – The Clinic

El nacimiento del taxidermista

—Me contabas que llevas toda tu vida en esto ¿Cómo llegaste a ser taxidermista?

—Mi papá cuando viajaba siempre me traía cosas de afuera y a mi viejo siempre le gustó. Siempre me trajo cráneos, me traía cosas. Cuando estaba como en Cuarto Básico fui al Museo de Historia Natural, estaba con mi abuela y había un pasillo que es el Taller de Taxidermia. Toqué la puerta y ahí abrió Ricardo Vergara, que jubiló hace un par de años atrás. Me hizo pasar al taller, yo como cabro chico aluciné y le pregunté si me podía hacer clases. Al final mi abuela lo convenció.

De ahí estuve hasta Cuarto Medio trabajando los fines de semana en el museo. Todos los sábados me iba para allá a trabajar y allá aprendí lo básico: lo que es aves y algo de mamíferos, pero vieja escuela. Antes del museo vi un libro en la Librería Antártica sobre taxidermia, que nunca más lo vi y lo compré al tiro. Todavía lo uso porque a veces hay cosas de la vieja escuela que todavía sirven actualmente.

Cuando entré a la universidad dejé de ir al museo y saliendo de la U se me dio la oportunidad de irme a trabajar a México con un taxidermista. Me fui, estuve cuatro meses allá y aprendí muchas cosas. Ya era otra escala, ya no eran pajaritos. Hacíamos osos, hacíamos ciervos, hicimos un tigre. Aprendí sobre los moldes americanos, cualquier cantidad. También la opción de irme a España, estuve cuatro meses trabajando allá y ayudé en un taller e hice hartas cosas.

Miguel de la Fuente, documental “Otra piel”

—¿Por qué otros lugares fuiste trabajando?

—Iba a salir el Apruebo y yo no me iba a quedar en Chile. Agarré mis cosas y me fui con visa de turista a Estados Unidos. Tenía contactos allá y me consiguieron trabajo con un expolicía. Un amor el viejo, un amor. Me dijo ‘qué sabes hacer’ y yo le dije que básicamente de todo. ‘Quiero que hagas esto’, me pasó un halcón que venía de un centro y me dijo ‘no te voy a enseñar nada, hazlo con tus técnicas’. Lo hice, le gustó. No tuvo ningún reparo. Comercialmente estaba bien, pero me dijo ‘ahora te voy a hacer mierda si fuera a competir’ y empezó a darme todos los detalles, desde pequeños a ínfimos. 

Cuatro días antes que se me venciera la visa de turista me dijo que me contrataba. Volví a Chile, hice los trámites. Saqué la visa de trabajo y volví a Estados Unidos. Estuve como un año allá. Me conseguí un departamento a cinco minutos de donde trabajaba, era maravilloso. 

Miguel de la Fuente | Foto de Carlos Rodríguez – The Clinic

La primera tórtola, gatos un toro y otros animales

La conversación ocurre en el living donde hay un molde de un pez, un par de patos, pero lo más imponente está colgado en una de las paredes. Se trata de una cabeza de toro. “Lo hice en España, pesó 521 kilos”, comenta Miguel. “Tengo las fotos de la corrida, sé que es algo que se va a extinguir y esto va a valer mucho más. El toro de lidia se va a extinguir porque es criado para eso porque son toros bravos, la gente los tienen para eso”, agrega.

—¿Cuál fue tu primer animal?

—Una tórtola fue la primera. Después supe que la tórtola es una de las aves más difíciles de hacer porque tu la soplas y la pluma se despega, son muy delicadas.

—En todo este tiempo que has dedicado a la taxidermia ¿hay algún trabajo que recuerdes con cariño?

—El tigre y los jaguares porque son proyectos grandes. No es un pajarito, no es un gato. Me demoro como cuatro meses más o menos, ese es el mínimo. Por ejemplo, si me llega un gato hoy y son tres meses mínimo. Hay otro gato que me llegó y los ojos los tuve que mandar a hacer porque dentro del repertorio de ojos que tienen las empresas, no tenían ese color y con esa pupila. El cliente lo quería con esa pupila ancha porque él tenía la pupila ancha y le mandé a hacer los ojos. Le dije al cliente, ‘aquí tenemos cuatro meses como mínimo’.

Carlos Rodríguez – The Clinic

—Ahora que mencionas a los gatos ¿acude a ti mucha gente con sus mascotas?

—El grueso de mi trabajo son las mascotas. Este año ha estado horrible, porque es un lujo. Como la economía está mal ahora, muchos dueños lo descartan. Si una persona quiere este servicio, tiene que congelar enseguida a su mascota para evitar el proceso de descomposición. Eso se hace dejando a la mascota una bolsa de basura y se pone donde se hace el hielo. Siempre digo que se puede poner en dos o cuatro bolsas y lo congelas. Después coordinamos y me lo traen. De hecho en la tarde debería venir alguien con su gato que murió el viernes. Lo congeló y lo va a traer. También hice una tortuga.

—¿Cuál es el valor por ese servicio?

—Un gato o un perro, como del mismo tamaño, tiene un costo de $450.000, no es más porque el mercado chileno no da. En Estados Unidos, por un gato te cobran dos mil 800 dólares ó 3 mil dólares. Si fuera más caro no me llegaría nada, no me llegaría ningún trabajo. Por ejemplo, por los patos cobro alrededor de $240.000. Con los patos tengo dos trabajos, trabajo americano que es una joya o la vieja escuela, que no queda mal pero no es lo mismo. Eso sí, es más caro porque utilizo otros materiales, cosas que me traje de Estados Unidos y otras cosas.

¿Hay trabajos rechazados?

Sin entrar en detalle, pero ¿Cuáles son las etapas de tu trabajo?

—En el caso de los mamíferos en general, lo que se usa es la pura piel. No tienen tripa, no tienen huesos, no tienen nada orgánico. Se descuera, la piel se curte como quien curte un abrigo de piel y con los restos se hace una escultura en poliuretano donde después va a ir la piel encima. A grandes rasgos es eso. 

—¿Alguna vez rechazaste algún trabajo?

—No lo rechacé, pero le puse un precio muy alto, un precio que no lo iban a pagar. Era un perro de estos que son rugosos enteros. Un Shar Pei y dije que no porque no iba a quedar bien. Le cobré un millón 800. No lo quería hacer porque qué hacía con todo ese cuero. Lo iba a descuerar y me iba a quedar una alfombra del tamaño de una vaca y después tengo que meterlo en una escultura. Busqué en Google y no encontré ningún trabajo con este tipo de perros, los pocos que vi no eran buenos.

Lo que siempre le digo a los clientes cuando son mascotas es que jamás va a quedar igual. Yo no puedo la chispa de vida ni puedo dar la mirada de tu perro o gato. Eso es imposible.

—¿Cuál es el encargo más raro que te ha llegado?

—Hace años atrás me pidieron un hámster ruso, que son pequeñísimos. Fue un parto, un parto. Cobré bien, cobré $120.000 que es mi mínimo, pero fue un parto. Fue complicado a morir porque es enano. Es más fácil hacer un picaflor que hacer un hámster ruso. Quedó precioso, el cliente alucinó, pero fue una locura.

Miguel de la Fuente en Instagram

—¿Cómo va tu trabajo con las exposiciones?

—Ha estado complicado, pero tengo toda la fe para esta semana. Hubo semanas en que el mall estuvo vacío. No vendíamos nada, con suerte nos dábamos vuelta. Tengo fe que ahora luego de las elecciones la gente va a salir a gastar plata. Yo creo que la gente estaba con mucha incertidumbre y no querían gastar. 

—¿Alguna vez tuviste un conflicto o reclamos por tu trabajo?

—Gracias a Dios no. Yo soy súper respetuoso con lo que hago. Está todo bajo la ley, no hago ninguna especie protegida. No falta la gente que te llama y te dice ‘oye, encontré esta especie atropellada ¿la puedo hacer?’ y la respuesta es no. No voy a hacer un puma a menos que tenga un certificado de alguna universidad o con papeles del SAG. Sino, olvídalo. Ninguna posibilidad. No voy a estar incentivando que la gente ande matando animales para mandar a hacer taxidermia. No, eso no. No me meto en cachos. Además el SAG viene cada cierto tiempo a ver mis animales, mis certificados.

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