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Reportajes

Germán Estrada, dueño de Casa de Salud, el mejor club de Concepción: “Siempre me ha incomodado el concepto de ‘la cuna del rock’, me enferma un poco”

Germán Estrada, director de Casa de Salud, uno de los espacios culturales más relevantes de Concepción y de Chile, recuerda los hitos que marcaron sus 35 años en la bohemia penquista, un recorrido en el que abrió lugares como Cariño Malo, punto ineludible de la escena local en los años 90 y espacio donde comenzaron bandas como Los Bunkers, cuando aún eran un proyecto en formación. “Nunca lo pensamos solo como un bar”, dice Estrada. “La idea siempre fue crear un lugar con sentido para la ciudad y para quienes están creando”. En esta entrevista, repasa sus primeras experiencias, el cierre de locales emblemáticos y la decisión de encontrar un espacio desde el cual proyectarse a largo plazo.

Por 21 de Diciembre de 2025
Germán Estrada Casa de Salud
Germán Estrada Casa de Salud
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Germán Estrada estuvo algunas horas en Santiago el 16 de diciembre. Por unos momentos abandonó su rutina en Concepción para viajar a la Región Metropolitana y recibir un reconocimiento que tiene un sabor especial para él. Se trata de los Premios Índigo, que destacan lo mejor de la escena independiente del país y son organizados por la industria musical independiente de Chile. El galardón que recibió fue el de Mejor Espacio para la Música en Vivo 2025, otorgado a Casa de Salud.

“Lo merecíamos”, dice al teléfono. “Cachamos que había caleta de respaldo, que todo el mundo en Santiago conoce la Casa de Salud, lo que es muy estimulante para toda la pega que hemos hecho”. Quizás no todo el mundo, pero sí se trata de un espacio que ha superado los límites de Concepción. Hoy es una pieza fundamental de la noche de la capital del Biobío, una historia que ya suma 13 años. Si bien no es la primera experiencia de Estrada en este rubro, sí es la que considera su apuesta más madura.

Y si algo hay que reconocer, es que si alguien pregunta por un panorama nocturno en Concepción: Casa de Salud seguramente será la respuesta.

El local cuenta con una superficie de 1.800 m², siete escenarios, dos salones y tres pistas, y recibe a más de 800 asistentes mensuales. No es solo un lugar para bailar los fines de semana: en su interior operan diversas unidades culturales y creativas. Entre ellas destacan La Medicina, agencia de diseño, comunicación y audiovisual; La Sangre, sello discográfico y catálogo de “El Nuevo Sonido Penquista”; el sello de música electrónica Secret Society Chile, con base en Europa; CDS Media, dedicado a streaming y contenidos; además de un estudio de grabación, taller y laboratorio de experimentación musical.

Antes de la inauguración de este local, ubicado en Brasil 574, Estrada estuvo a cargo de otros espacios emblemáticos como Cariño Malo, La República Bar, El Bar del Frente y Rumba. El primero se convirtió en un ícono de la música de los años 90, con conciertos que aún pueden encontrarse en YouTube, como una presentación de Tiro de Gracia en 1998, además de shows de Gondwana, De Saloon, jazz y música electrónica.

En ese mismo lugar también debutaron Los Bunkers, cuando aún utilizaban otros nombres, como Los Biotles, y desarrollaban proyectos paralelos como Grass.

Todo estos locales y shows comenzaron con la visión de Germán Estrada de querer tener escenarios para los músicos, una tarea que dice quiere seguir haciendo y que lo hace sentir vivo. 

El zar de la noche penquista

Antes de hablar de hitos, cifras o escenarios, Germán Estrada se define a sí mismo desde otro lugar. Se recuerda como un muchacho solitario que salió de Concepción de polizón, con unos pocos discos y libros, persiguiendo un sonido y una forma de estar en el mundo. Entre bares entendidos como iglesias profanas, conversaciones sobre literatura y rock, y una vida pensada como un acto creativo permanente, Estrada fue construyendo un universo propio que hoy se expresa en estos espacios. Desde ahí, la pregunta aparece casi inevitable:

—¿Te sientes el zar de la noche de Concepción?

—Creo que he sido uno de los impulsores de la escena. Ha sido un trabajo incansable por una utopía para Concepción. Empujé uno de los primeros festivales, como Rock al Sur del Mundo. También ayudé a que la Octava Región no solo fuera una postura musical, sino que se transformara en una identidad.

“No me siento una persona importante, no sabría cómo explicártelo. Siento que simplemente hago lo que sé hacer, lo que me encanta hacer. Es algo que, si yo no lo hiciera, probablemente no existiría de la misma forma. Y también siento que, si no hiciera esto, mi vida tendría mucho menos sentido. Es lo que realmente me conmueve”.

—Antes de entrar al mundo de los bares y los restaurantes, ¿Qué hacías? ¿Qué estudiaste?

—Entré a estudiar Educación Física. Fui muy deportista, pero un accidente me sacó de la carrera. Después estudié Ingeniería Comercial, nunca con la idea de trabajar para otros, siempre pensando en hacer algo propio. Eso es lo que estudié. Además, soy músico, compositor y escritor. Hice clases de literatura, a pesar de no tener título para ello: hice clases en la universidad y en varios otros espacios. Eso es lo que he hecho, pero principalmente, durante casi toda mi vida —35 años— he trabajado en el rubro de la música en vivo, los espectáculos, los bares y todo lo que rodea ese mundo.

El “Negro” Estrada también es DJ, poeta y escritor. Compositor e intérprete, ha participado en diversos proyectos musicales y desarrollado música para cine, series, teatro, danza y poesía.

—Para la gente de Santiago que va a leer esta entrevista, ¿cómo definirías la vida nocturna de Concepción?

—De alguna manera he influido bastante en la vida nocturna de Concepción. Mucho de lo que pasa tiene que ver con el estilo de los lugares en los que he estado, que han ido marcando una forma de hacer las cosas. Puede sonar un poco narcisista, pero es lo que es.

“Puede parecer un relato egocéntrico, pero creo que aporté mucho a la vida nocturna de Concepción. Desde el primer lugar que tuve, que fue Cariño Malo, la diferencia con el resto siempre fue clara: para nosotros, el producto es la música. Lo que principalmente vendemos es música en vivo, música original. No trabajamos con tributos, no seguimos recomendaciones comerciales de la radio ni de la televisión, ni hoy en día las métricas de las plataformas digitales. Siempre estamos buscando el lado divergente, la originalidad y la territorialidad. Ese ha sido nuestro eje de búsqueda”.

—Los locales que mencionaste antes han ido cerrando con el tiempo. ¿Por qué pasó eso?

—Cada uno tiene su historia. Te lo cuento como una anécdota: yo tenía un blog que se llamaba Ruidosos Molestos. El blog decía algo así como “lo que escuchan los vecinos cuando yo escucho música”. Tuve muchos problemas por ruidos molestos.

Hasta que llegué a Casa de Salud, ya con más de 40 años, menos peleado y con más ganas de estar tranquilo. Hice todo bien, en regla, y realmente construimos un lugar que ha sido un aporte para los vecinos y para la comunidad en general. Ahí no he tenido ningún problema de ese tipo. Antes, en cambio, casi siempre tuve que cerrar por esas razones.

—Claro, también influían los temas de patentes y los reclamos…

—Todas las cosas malas que pueden pasar en ese sentido: problemas con los vecinos, con las patentes, clausuras. Siempre abríamos y cerrábamos llenos, pero era un desgaste constante. A los tres años de Cariño Malo ya estaba clausurado; a los tres años de La República, otra vez. Estaba agotado de pelear con los vecinos. Cerraba un lugar, abría otro, y así.

“Después del terremoto la sacudida fue más fuerte, no solo física. Ahí dije: tengo que hacer algo en lo que realmente pueda inspirarme a quedarme y morir aquí. Así nació Casa de Salud”.

Casa Salud

—Con Casa de Salud también se fueron abriendo a las artes visuales.

Sí. Después nos fuimos metiendo en el rollo de las artes visuales. En ese momento, creo que —fuera de la Pinacoteca de Concepción— es el lugar donde se concentra la mayor cantidad de obras de artistas plásticos del Biobío. También hay algunas excentricidades, como un par de Warhol auténticos. Al final, es un lugar que funciona como un museo bailable.

¿Unos Warhol auténticos?

—Sí, hay dos serigrafías originales.

¿Y son tuyas?

—Sí.

¿De dónde salieron?

—Me las regaló un martillero de Estados Unidos.

Buen regalo.

—Sí. Fue alguien a quien yo guié en un momento. Él quería hacer algo relacionado con el arte, lo empujé a estudiar, le fue muy bien y el día que vendió su primer Dalí en un remate me trajo estas dos serigrafías originales de Warhol.

Casa de Salud parece un lugar imposible de abarcar completo.

—Es un laberinto loco: es un museo, pero hay gente bailando, bandas tocando en distintos espacios, música electrónica, música experimental. Es una locura.

Hoy Casa de Salud se ha consolidado como un polo de encuentro entre diversión, arte y cultura. Después de tantos años, ¿qué te inspira a seguir, y específicamente a seguir con Casa de Salud?

—La motivación viene desde que era pendejo. Siempre sentí que faltaba un escenario para la gente que está creando. No para los que quieren ser famosos o estrellarse, sino para quienes están abriendo caminos: cabros nuevos o gente que ya pasó cierta edad y sigue insistiendo, no por éxito, sino por belleza.

“Ese escenario siempre falta, y eso es lo que trato de ofrecer: un poco de poesía en medio de toda esta aridez, de un sistema mercantilizado, regido por métricas, al que no le importa nada y que cada vez está más lejos del arte y más cerca de la industria”.

En estos 12 —ya casi 13— años de Casa de Salud, ¿qué hitos destacarías en términos de grupos, música o festivales?

—Somos sideshow de casi todos los festivales importantes que se hacen en Chile, en música étnica, jazz y experimental. En estos años llevamos más de cinco mil conciertos, lo que es una cifra tremenda, y cerca de 17 mil DJs de todo el mundo, desde nombres muy reconocidos hasta gente que tocaba por primera vez.

“Para mí, los hitos no siempre son los más masivos. Son cosas más personales, como haber tenido en vivo a un grupo de Mongolia que me gustaba desde chico, o músicos de Marruecos, de Estonia. Es una carrera loca. Siempre decimos que “la casa es el mundo y el mundo es la casa”. Es el lema que inventamos para empujar proyectos como este”.

La cuna del Rock

—A nivel país se repite mucho el eslogan de Concepción como la cuna del rock. ¿Qué rol han tenido tus bares en la historia del rock penquista? Alguien me comentó, por ejemplo, que Los Bunkers debutaron en Cariño Malo o en alguno de tus otros locales. ¿Cómo fue eso?

—En Cariño Malo, Los Bunkers tocaron cuando ni siquiera se llamaban así. Tenían otros proyectos previos y después pasaron a ser Los Bunkers. También tocaron Los Tres, Santos Dumont, Emociones Clandestinas. De hecho, en 1996 hicimos un tributo histórico a Emociones Clandestinas, en el que participaron Los Prisioneros, Los Tres, Electrodomésticos y Machuca. Fueron dos días súper especiales.

Esos días especiales fueron parte del desarrollo del rock de Concepción. Sin embargo, para Estrada que busca desmarcarse de las etiquetas reflexiona alrededor del corazón de la misma pregunta.

—¿Es Concepción la cuna del rock chileno?

Me ha incomodado el concepto de “la cuna del rock”. Me enferma un poco, porque siempre lo he encontrado forzado. En 2010 había tres o cuatro bandas que se llamaban rock, y ni siquiera eran tan rock, más bien pop-rock. No suscribo ese nombre.

Pero para esto, Estrada tiene un concepto que si le parece más pertinente. “Concepción, toda la música“.

Eso sí me parece interesante, porque fue una construcción que se hizo realidad: una utopía que terminó siendo real. Hoy tiene un respaldo concreto y un ecosistema musical potente. Concepción tiene dos mil bandas o más, y para una ciudad tan pequeña, es una cantidad tremenda”.

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