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Opinión

29 de Diciembre de 2025
Imagen: Sandro Baeza/The Clinic

Prohibir el acceso a las redes sociales, ¿resuelve el problema de fondo?

Foto autor Maribel Vidal, directora ejecutiva de Conar Por Maribel Vidal, directora ejecutiva de Conar

Maribel Vidal, directora ejecutiva de Conar, analiza la medida australiana de prohibir redes sociales para menores de 16 años y su efecto en la sociedad. "Para revertir esta tendencia de uso excesivo, debemos pensar en acciones que vayan más allá, que la prohibición de acceso o limitar el uso de los dispositivos móviles. El bloqueo de las cuentas o el pago de multas millonarias no es suficiente, se deben buscar otras medidas complementarias, al mismo tiempo que fomentamos entre todos los involucrados la autorregulación y la ética como un camino posible", escribe.

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“Con demasiada frecuencia, las redes sociales no son nada sociales”, declaró el primer ministro australiano, Anthony Albanese, al anunciar que Australia se convirtió en el primer país del mundo en prohibir el acceso a los menores de 16 años a las redes sociales. 

En la era de la digitalización, este tipo de medidas aparecen como una solución lógica e incluso aceptable para padres y adultos preocupados por los efectos que el uso de las redes sociales –muchas veces en exceso y sin control– tienen en sus hijos. Diversos estudios demuestran los efectos nocivos observados en niños y adolescentes cuya exposición desmedida a estas tecnologías, confirman que la preocupación es real y la búsqueda de soluciones sin duda es urgente. 

Estas mismas investigaciones señalan claramente las razones que explican este comportamiento: “Es como una inyección constante de un montón de dopamina, que es la que genera la sensación de bienestar y felicidad”, señaló el psicólogo Juan Pablo Cibils.

Esto demuestra que, para revertir esta tendencia de uso excesivo, debemos pensar en acciones que vayan más allá, que la prohibición de acceso o limitar el uso de los dispositivos móviles. El bloqueo de las cuentas o el pago de multas millonarias no es suficiente, se deben buscar otras medidas complementarias, al mismo tiempo que fomentamos entre todos los involucrados la autorregulación y la ética como un camino posible. 

A modo de ejemplo, un estudio reciente en Inglaterra no pudo encontrar evidencia de que la restricción del uso de celulares en los colegios -como se hará en Chile desde 2026- tuviese un efecto en el bienestar mental de los alumnos. Las conclusiones son que “la restricción en los colegios es posiblemente insuficiente y se requiere un esfuerzo coordinado de las familias y el sistema escolar”.

La pregunta que nos surge es ¿qué podemos hacer como profesionales del marketing, comunicadores y generadores de contenido en general, para complementar y reforzar la necesaria protección de la salud mental y bienestar de nuestros menores?, ¿cómo aseguramos su protección ante algoritmos que pueden generar presiones sociales, temor, violencia, y exponerlos a otros peligros?

El artículo 21° del Código Chileno de Ética Publicitaria, establece que los menores de edad son un grupo cuyas características de inmadurez, credibilidad, facilidad de persuasión y sugestión lo hacen especialmente vulnerable. Es así que la publicidad dirigida a menores de edad debe ser preparada con altos estándares de responsabilidad social, teniendo siempre en cuenta las características psicológicas y el nivel de conocimientos, sofisticación y madurez de la audiencia infantil y juvenil en sus diversas etapas.

En detalle, el artículo 21° declara que los mensajes no deben contradecir los esfuerzos depadres, madres y educadores respecto de crear conciencia sobre los valores que prevalecen en la sociedad, entre otras recomendaciones que hacen de este Código de buenas prácticas, una valiosa herramienta de consulta para el quehacer publicitario.

Las nuevas restricciones pueden reducir momentos de exposición, pero no reemplazan el deber de actuar con rigor ético cuando se dirigen a una audiencia tan influenciable como la infantil y juvenil. Al final del día, el verdadero filtro no será un bloqueo digital, sino el criterio con que las marcas eligen comunicar construyendo valor y confianza en los consumidores: niños, jóvenes, padres, educadores y sociedad en general.

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