Secciones

The Clinic
Buscar
Entender es todo
cerrar
Cerrar publicidad
Cerrar publicidad
Reportajes

Cómo una empresa familiar creada en el antejardín de una casa en San Bernardo se convirtió en un exclusivo fabricante de ventanas en Alonso de Córdova

Hace 22 años, la familia Barra-Strodel se vio enfrentada a la muerte de su padre, un remezón tanto emocional como económico. Desde el antejardín de su casa en San Bernardo y con solo 18 años, Eduardo Barra comenzó a armar un negocio con el objetivo de ayudar a su madre a sacar a su familia adelante. Hoy, esa pyme se convirtió en una empresa de 140 funcionarios que administra junto a toda su familia y que tiene su principal punto de ventas en una de las calles con las tiendas más lujosas de Chile.

Por 17 de Enero de 2026
Francisco Paredes/The Clinic
Compartir

Con solo 18 años, Eduardo Barra (42) tuvo que ingeniárselas para ayudar a su madre a sacar a su familia adelante. La muerte de su padre, tras cuatro años luchando contra una profunda depresión, sacudió por completo a su familia y lo empujó a crear la empresa de la que es dueño hace 22 años: Bastro.

En medio del luto, una de las primeras cosas que se le vino a la cabeza, cuenta Eduardo, fue que debía “inventar algún negocio” para ayudar a su madre en la casa. Su deber ahora, pensó, era “tratar de apoyarla para poder sacar a mis hermanos menores adelante”.

Instaló un taller de mallas de seguridad para mascotas y niños en el antejardín de su casa familiar. Sin socios. Sin otros trabajadores. Solo él y la idea de un negocio, con una pequeña ayuda de su abuela materna, que atendía las llamadas de sus primeros clientes.

Hoy, esa pyme que comenzó en solitario es una empresa familiar, y aquel taller hogareño se transformó con el tiempo en una gran fábrica en San Bernardo. La empresa oriunda de aquella comuna, hoy cuenta con un showroom en uno de los barrios más caros de Chile: Alonso de Córdova, en Vitacura.

Actualmente, Bastro no es solo la fuente de ingreso de su madre y de sus tres hermano. La empresa es parte central de la familia; hoy todos trabajan allí y Bastro pasó de una abuela que contestaba llamada a ser un negocio con más de 140 empleados.

“Salía a repartir volantes del negocio en mis ventanas de la universidad”

En 2001, la muerte de su padre no solo significó un golpe emocional, sino también económico. Eduardo, el mayor de la familia, cursaba cuarto medio y estaba a punto de entrar a estudiar Ingeniería Comercial en la Universidad Diego Portales cuando tomó la decisión de emprender. Para dar a conocer su pyme, “salía a repartir volantes del negocio en mis ventanas, entre clases de la universidad, cerca del barrio universitario”, recuerda.

Al terminar sus clases, se iba a las casas a instalar mallas. En medio de esos trabajos, una pregunta comenzó a repetirse entre los clientes: “¿Cierran las terrazas con ventanas?”. En su cuarto año de universidad, por fin pudo responder que sí a esas preguntas y dar el siguiente paso: crear su propia empresa dedicada a la fabricación de ventanas.

“Oye mamá, ¿me podrías prestar el antejardín de la casa?”, le preguntó Eduardo a su madre. “Haz lo que querái, dale nomás”, recuerda entre risas lo que le contestó ella.

“Era un antejardín de 3×3 metros, y ahí armé un pequeño taller y empezamos a fabricar solamente ventanas para logias. Después del año, junté un poco más de plata, me compré una matriz un poquito más grande y empezamos a hacer cierres de terrazas”, cuenta.

“Hoy en día estamos dentro de las cinco fábricas de ventanas más grandes de Chile”, relata con orgullo Eduardo. Un escenario que, hace 22 años, ni él ni su familia hubieran imaginado. La compañía, que hoy administra junto a toda su familia, se especializa en la fabricación e instalación de ventanas de PVC y cristal termopanel.

Showroom de Bastro – ubicado en Alonso de Córdova, Vitacura.

Una madre que se arriesgó a dejar un trabajo de 17 años para asociarse con su hijo adolescente

Su madre, Catalina Strobel tenía 37 años cuando su marido partió. Se quedó sola en su casa de San Bernardo, con sus cuatro hijos, el mayor de 18 años y la menor, también llamada Catalina, de tan solo cinco años.

“Fue un golpe fuerte, principalmente para mi madre, sobre todo por el tema de cómo sobreviviría la casa”, asegura Eduardo. Hasta ese entonces, Strobel llevaba trabajando 17 años como ejecutiva de un banco.

Cuando el emprendimiento de Eduardo comenzó a tomar más forma, le propuso a su madre renunciar a su trabajo y asociarse a él. “Oye, deja el banco, pide del finiquito, y lo usamos para comprar más máquinas”, fue la propuesta de su hijo.

Y aunque parecía una locura, su madre así lo hizo. Decidió arriesgarse, confiaba plenamente en su hijo. “Me costó mucho tomar la decisión”, recuerda Catalina, hoy de 62 años y gerenta de ventas de Bastro.

“Él es muy bueno para los negocios, siempre está buscando como innovar, y desde chico se las ingeniaba”, cuenta.

Actualmente, toda la familia trabaja en Bastro. Sus hermanos, Cristóbal y Francisco, cumplen roles clave: uno como vendedor y el otro como técnico de visitas en terreno. Catalina, la hermana menor, hoy de 29 años, es la gerenta de abastecimiento.

“Con el fallecimiento de mi padre, cambió todo. La realidad económica nos cambió drásticamente. Ahí, Eduardo se vio en la obligación de hacer algo rápidamente para poder levantarnos de nuevo”, agradece Catalina a su hermano.

Aunque solo tenía cinco años, Catalina recuerda perfectamente cómo su hermano trabajaba desde el taller de su casa “en un principio, cuando no hay personal, cuando no hay capital, uno tiene que hacer todos los papeles del circo, entonces es más agotador”.

Ni el nombre ni el logo de la empresa son una coincidencia en la historia de Eduardo. En el logo aparece un bulldog inglés con casco, en honor a su primer negocio: un criadero de perros de esa raza que creó a los 16 años. Y su nombre, Bastro, es una mezcla entre los dos apellidos de la familia: Barra y Strodel.

Hoy, además de mallas de protección, su oferta es amplia: cierres de cristal, ventanas de PVC, vitrinas comerciales, tabiques vidriados, entre otros. “Somos los únicos que damos garantías de por vida en el funcionamiento de la ventana”, cuenta la gerenta de abastecimiento.

“Es reconfortante ver cómo empezamos y cómo estamos posicionados hoy en día”, asegura Catalina cuando mira hacia atrás y reflexiona sobre los logros de la empresa. “Nosotros decimos que nuestra empresa es una gran familia, no tan solo por nosotros como fundadores, sino también por todas las familias que dependen de Bastro”, expresa con emoción Eduardo.

Catalina Barra, la menor de la familia y su madre, Catalina Strobel.
Marcos de ventanas Bastro

Notas relacionadas