Secciones

The Clinic
Buscar
Entender es todo
cerrar
Cerrar publicidad
Cerrar publicidad
Reportajes

“Este es mi hogar, independiente de que esté viviendo en una carpa”: Una noche junto a las familias de Lirquén que volvieron a dormir entre los escombros y cenizas de sus casas quemadas

Han pasado días de la catástrofe y, en Lirquén, cientos de familias sacan escombros de sus terrenos durante el día, luego de que sus viviendas fueran completamente consumidas por el incendio. Pero en la noche, el escenario cambia radicalmente. Son muy pocas, pero hay personas que volvieron a sus hogares a dormir sobre las cenizas en carpas. Marcela y Hernán se instalaron en el terreno en el que vivieron por casi 30 años, en una carpa en la que duermen junto a tres de sus cuatro hijos y su perro Rayo. "Por mi parte es por el hecho de estar aquí. Así como empezamos de cero, volveremos a empezar de cero", dice Marcela. Su vecino Richard Jara, volvió el mismo domingo a dormir al terreno en el que literalmente nació. Primero se quedó en la única estructura que sobrevivió, un baño de concreto, y ahora duerme en una carpa con sus perros. Marcelo Ríos vive en un terreno un poco más arriba, en el que se instaló desde el lunes. "De aquí no me muevo", dice, con el sueño de reconstruir su hogar, en el que espera se quede su familia por generaciones.

Por Agustín Morel desde Lirquén 24 de Enero de 2026
Incendio en Lirquén
Incendio en Lirquén
Fotos: Felipe Figueroa/ The Clinic.
Compartir

“De aquí no me muevo. Este es mi hogar, independiente de que esté viviendo en una carpa. Yo de aquí no me muevo, porque esta es mi casita”.

La frase es de Marcelo Ríos (25), habitante de la Población Antonio Varas de Lirquén, que quedó casi en su totalidad en cenizas tras el incendio forestal del sábado 17 de enero.

A cuatro días de que se desató el infierno en la pequeña localidad de Penco, él junto a sus padres acampan en lo que solía ser su casa, en un terreno a la altura de la mitad del cerro que cruza el sector norte de la población. El lunes, apenas pudo, volvió a dormir a Lirquén, en una carpa que consiguió, con un colchón y unas frazadas. Por seguridad, por un lado —ante el temor de que le tomen el terreno—, pero principalmente motivado por un sentido de apego.

Son muy pocos los que a días de la tragedia tomaron la misma decisión que Marcelo y su padre, de llegar a dormir entre escombros y cenizas. Más abajo, por el mismo sector, en la calle Santiago Aldea, hay otros dos casos: el de la familia Llanos Pérez, en el que duermen cinco en una carpa junto a su perro; y el de Richard Jara, que desde el domingo volvió a dormir en el terreno en el que literalmente nació.

Incendio en Lirquén.
Población Antonio Varas de Lirquén de noche. Foto: Felipe Figueroa/ The Clinic.

Durante el día, Lirquén recibe a miles de personas. Vecinos que volvieron para limpiar escombros, voluntarios que llegan a aportar en diferentes frentes, autoridades, equipos de prensa, entre otros. Pero en la noche el escenario cambia radicalmente. Vuelve a escucharse el ruido del puerto, ocasionalmente una sirena que reaviva inmediatamente el trauma de los damnificados y las conversaciones de los pocos habitantes que se instalan en sus terrenos.

Quedarse acá, por mi parte, es por el hecho de estar aquí. Así como empezamos de cero, volveremos a empezar de cero. Batallar todos juntos, apoyarnos, porque de verdad que ha sido complicado”, dice Marcela, en medio de una olla común en su terreno, con un evidente cansancio, y una casi incomprensible esperanza.

Hernán y Marcela: cinco personas y un perro en una carpa

Una de las cosas que más sorprende de los vecinos de Lirquén que retornaron a sus terrenos, es que son extremadamente generosos. Incluso se dan espacio para el humor. Durante el día, al consultar si podríamos pasar la noche con ellos, más de alguno respondió “sí, pase nomás, pero me deja el portón cerrado”, apuntando a una reja evidentemente quemada.

En el caso de Hernán Llanos y Marcela Pérez, su portón efectivamente funciona. Pasadas las 22 horas nos reciben mientras conversan en la única base de la casa que quedó en pie. Solo está el hijo menor durmiendo, y los otros dos fueron a ducharse al único baño cercano habilitado en un club de Rayuela al ingreso de la población. “Lo necesitaban”, comenta entre risas la madre.

Llevan casi 40 años juntos, 29 viviendo en el mismo terreno de la Población Antonio Varas. Al momento del incendio vivían ellos, dos de sus cuatro hijos, el hermano de Hernán, y el regalón de la familia, el pequeño perro Rayo.

Caminar por su terreno es difícil. Además de los escombros por gran parte del suelo de la entrada hay vidrios rotos, producto de que solían tener una botillería en la casa, y todo fue consumido por el fuego. El martes instalaron una carpa en la base de la casa con las dos paredes que aún se mantienen, y llegaron a dormir los dos junto a los hijos que vivían en la casa y otro hijo carabinero que vive en Melipilla y llegó a ayudar en la tragedia. También hay espacio para Rayo, que entra y sale por un pequeño espacio de la puerta de la carpa, mientras al interior de esta duerme el hijo menor.

Incendio en Lirquén
Marcela y Hernán bajo la luz de las linternas. Foto: Felipe Figueroa/ The Clinic.

“Es algo nuevo porque yo nunca había estado en carpa. Igual uno lo echa como a la chacota diciendo que quería acampar, y lo está haciendo jajaja. Pero, bueno, igual cuesta, porque si usted hubiera visto, no era la casa maravillosa, pero teníamos nuestra casa, donde era muy acogedor. Pero por lo menos ya estamos aquí, y a levantarnos”, dice Marcela.

Durante la primera noche compartieron con otros vecinos que también volvieron a dormir a sus terrenos. Hicieron un pequeño asado y se acompañaron en el dolor. “Dijo que hagamos un asadito, al final todas estas cosas lo han hecho para unirnos un poco más. Porque de repente uno pasa por al lado de un vecino y a veces ni saluda. Y todo esto se ha transformado en algo más familiar ahora. Usted pasa por aquí y con los vecinos nos saludamos, nos abrazamos. Y hay que tirar arriba, le dice uno al otro nomás, tenemos que darnos ánimos“, comenta Hernán.

Tras la tragedia no pudieron dormir. Se fueron a quedar a la casa de la suegra de uno de sus hijos, pero se vieron obligados a volver como sea a Lirquén, por no molestar a otra familia, dicen. Ahora, dentro de la intensidad de los otros días, han encontrado una cierta calma. De todas formas, su primera noche no fue fácil. “Había oscuridad, soledad”, dice Marcela. Y Hernán complementa: “Era como si estuviéramos en el campo. No había voces, nada. De repente cantaba un pajarito, pero eso”.

“Ahora estamos teniendo un poco más de tranquilidad, porque los primeros días fueron complicados. Salimos de aquí, al menos yo, con la esperanza de que al otro día en la mañana cuando llegara aún iba a encontrar mi casa. Pero no fue así. No sé, el ver gente que te acompaña, que te llama… que te den un abrazo para uno en estos momentos ha sido algo muy importante”, dice emocionada Marcela.

Pero entre la oscura noche, el silencio y la desesperanza, la llegada de una ambulancia interrumpe la escena. Un grupo de voluntarios de la empresa Metropolitan Care llega desde Temuco a dejar un encargo. Son litros y litros de agua y kilos de comida, utensilios de cocina, mesas, sillas, y otras necesidades, que llegaron sin previo aviso. Un lejano vínculo entre uno de los hijos y los voluntarios generó el contacto. Al recibir la ayuda, Marcela se rompe, no puede contener la emoción, y ante todo advierte que compartirá todo con sus vecinos.

De ahí, dice, nace una esperanza para volver a partir de cero.

Marcela y Hernán junto a su perrito Rayo. Atrás la carpa en la que duermen con sus hijos, y alado parte de la ayuda que recibieron sorpresivamente. Foto: Felipe Figueroa/ The Clinic.

Marcelo, la vista a Lirquén y el sueño entre las cenizas

Marcelo Ríos nos recibe con una inusual generosidad, sin conocernos, mientras comparte con su pareja. Le comentamos que nos mandó su padre, el Tío Pelo, aparentemente una celebridad local, y se pone de pie para recibirnos. Tiene dos carpas y una mesa con un par de botellas y alimentos, no demasiado. Pero lo primero que pregunta es: “¿Tienen alojamiento? Tengo una carpita, los puedo recibir acá”. Una vez más, la generosidad vuelve a sorprender.

En la casa vivían los padres de Marcelo, él con su hijo y sus dos hermanas menores. Su ubicación tiene una privilegiada vista a Lirquén y al puerto de Penco, pero al mismo tiempo, es complicada para recibir ayuda, porque está en la mitad del cerro, donde no pasan los autos. De todas formas algo llegó, por un contacto de la Garra Blanca que le envió camiones con servicios útiles para la emergencia.

Desde el lunes se queda en su terreno, primero con su padre, luego solo, y ahora con su pareja. No pretende abandonar el lugar.

Marcelo y su pareja compartiendo en la noche. Foto: Felipe Figueroa/ The Clinic.

“Esta es mi casita, mi hogar. Ya casita no hay, pero mi terreno, por la desgracia que pasó. Bueno, nadie está libre de cosas así, uno no se lo desea ni a su peor enemigo, a nadie. Porque quedar sin nada después de años de esfuerzo luchando por tener cositas, una comodidad, hogar. Es terrible perderlo así de un momento a otro”, comienza.

Rechazó llegar a un albergue, porque, pese a no tener nada, dice que hay gente aún más necesitada. Le prestaron una carpa y colchones y se instaló.

Aquí estamos quedándonos, porque no tenemos dónde. Y también porque igual anda gente robando. Y aquí cuidando el terreno, cuidando a los vecinos que están más allá, y cuidando las casitas, que la gente toda la ayuda que recaudan en el día, no saben dónde guardarla”, explica.

También advierte que están atentos a cualquier foco que se pueda reactivar. Aunque, acota con un tono de humor y tristeza, no haya nada más por quemarse.

Una de las cosas que más le afectan, es que en uno de los terrenos cercanos, murieron cuatro personas que conocía. “Tengo hartos vecinos que fallecieron. Es terrible, duele de verdad. Duele aquí adentro. Gente que tú ves ahí todos los días, y saber que murieron en esa circunstancia, es terrible”, comenta evidentemente afectado.

Poco y nada ha dormido, pero mantiene la fuerza para cuidar su terreno. Recuerda a su hermana menor, de 12 años, que después de ver su casa destrozada no ha podido volver por el dolor.

De su autoría es la frase que remarca que no se moverá de ahí, no importa cuánto tiempo tenga que dormir en carpa. Es su hogar, insiste con eso, y también repite que hará lo posible para ayudar a sus padres a salir de esto.

Incendio en Lirquén
Marcelo y Lirquén de fondo. Foto: Felipe Figueroa/ The Clinic.

Ahí mismo, como otros vecinos, pretende volver a partir. “Llegamos aquí el 2010. Es terreno de nosotros hasta siempre. Aquí van a pasar nuestras generaciones, quizás después mi hijo, los hijos de mi hijo. Esto no se piensa vender, porque fue esfuerzo de mis papás. Y esto hay que sacarlo adelante sea como sea, hermano. Con ayuda del gobierno, de quien sea. Levantar palo por palo nomás, y volver a levantarse como sabemos hacerlo nomás”.

Richard, el Tiny: el primero en llegar, el último en irse, y el primero en volver

La familia Jara, vecina directa de los Llanos Pérez, fue una de las primeras en llegar a la Población Antonio Varas de Lirquén. Llevan más de 40 años en el sector, y en la casa vivían siete personas, distribuidas en tres generaciones, incluido un niño recién nacido. El terreno está a los pies del cerro, es grande, pero tenían una modesta casa que daba inmediatamente con la calle, y el resto era parte del patio.

Incendio en Lirquén
Abajo a la izquierda el terreno de Richard Jara de día, a su derecha el de Marcela y Hernán. Foto: Felipe Figueroa/ The Clinic.

Ahí nos recibe Richard Jara, que hace 43 años literalmente nació en ese terreno. Así como fue el primero en llegar de nacimiento a esas tierras, durante el incendio fue el último en dejarlas. Aguantó lo que más pudo, ayudó a sacar a dos personas con discapacidad y a su tío, que le hizo cargar un generador eléctrico en medio del fuego. Mojó todas las casas que alcanzó y a si mismo también, para evadir el fuego. Pero los esfuerzos no fueron suficientes.

El Tiny, como dice que lo conocen, evacuó la noche del incendio, pero volvió a dormir a Lirquén en un auto al que entró rompiendo un vidrio. Al día siguiente lo llevaron a dormir donde una amiga de su mamá, pero no aguantó y volvió a su terreno. Ahí solo quedó una pequeña estructura de cemento que solía ser un baño de tres metros de largo y menos de uno de ancho. Pasó tres noches durmiendo adentro y ahora se consiguió una carpa donde duerme con tres perritos.

Yo quería salvar mi casita, no se pudo. Acá estaba mi casa, en la entrada, ahí nací yo. No nací en el hospital. Entonces el cariño que le tenía a la casa era inmenso”, comenta a los pies de la estructura de cemento que lo cobijó estos días.

Le cuesta relatar lo que siente en el minuto, pero su vínculo con el terreno es más que evidente. Como dice él, tiene una conexión. “Lo más triste es que se me quemó la pieza donde había nacido yo”, repite.

Incendio en Lirquén
Richard en la carpa que se está quedando. Foto: Felipe Figueroa / The Clinic.

El domingo y lunes fue la única persona en toda la población en Lirquén en dormir ahí. Le llegaron frazadas para acomodarse, pero no pudo dormir entre tantos pensamientos. “La primera noche estaba solo aquí. Mucho pensamiento, de nostalgia más que nada- En todo caso, pensé que di todo por quedarme aquí”, cuenta.

Un día se convenció que tenía que reconstruir, y en su mente procesó todos los materiales que tenía que conseguirse. En la muralla del baño anotó “50 palos, 20 planchas, 6 placas”, de lo que se logra distinguir. “Con esto partimos de nuevo”, dice.

Richard en el baño que tuvo que dormir las primeras noches, y en la pared lo que necesita conseguir para volver a construir. Foto: Felipe Figueroa/ The Clinic.

Pese a que casi nada queda, para él ese terreno es su hogar, su vida. Ahora espera que su familia llegue a acompañarlo. “Van a traer unas carpitas y empezamos de a poco. Por ejemplo, ya tengo dos estacas para empezar aquí. Nada es lo mismo que estar en tu hogar. Por la conexión que tenía con mi terreno dije ‘me voy a mi casa nomás'”, cierra.

Notas relacionadas