¡Pongan Sinaka!: perfil al artista urbano del momento que capitalizó la nostalgia del “reguetón viejo” a veinte años de su irrupción en Chile
Cuando el reguetón llegó a Chile, Sinaka todavía no tenía cinco años. Hoy, veinte años después, aparece como uno de los artistas urbanos del momento que ha sabido revitalizar ese sonido inicial —el de Ñejo & Dálmata, Rakim y Ken-Y, Jowell y Randy— desde un lugar propio. Este perfil observa al cantante de “senda bellakona”, el hit del verano, en la cercanía de un show. “Cuando la gente ya esté haciendo lo que estoy haciendo ahora, yo voy a estar haciendo otra cosa. A mí me gusta estar siempre un paso adelante”, dice el oriundo de Quilpué a The Clinic.
Por Felipe Betancour 24 de Enero de 2026
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Sinaka se recuesta en un sillón blanco de dos cuerpos al interior de uno de los camarines del espacio Basel, una sala de eventos para 2.500 personas al interior del mall Barrio Independencia. El ducto del aire acondicionado gotea, hay botellas de agua sobre la mesa y su equipo está dentro de una sala de paredes grises y sin ningún lujo. La última en sumarse es una mujer joven, su coach vocal, con quien tiene agendada una sesión 30 minutos antes de su concierto.
La voz del cantante de moda se escucha gastada y rasposa; tiene la garganta apretada.
Sinaka está resfriado.
Los viajes, el trasnoche y los 80 shows que ha realizado en los últimos tres meses le pasan la cuenta, pero Matías Muñoz no tiene intención de parar. Cuando sale al escenario advierte —y grita— que, aunque tiene la garganta dañada “la vamos a romper igual”. El joven público le responde con un fuerte grito y demuestra su compromiso con el artista chileno del momento.
Esta escena ocurre un domingo a las 22:00; es la última parada de una extensa jornada. Su mánager cuenta que llegaron a las 5 de la mañana a Santiago desde Arica y que, apenas se bajaron del avión, se trasladaron para reunirse con Katteyes, otra de las estrellas juveniles de la música urbana, y grabar el videoclip de “ALO”, una colaboración que, con solo 20 segundos en YouTube y TikTok, se convirtió en tendencia en redes sociales.
El viaje desde el norte y las seis horas de grabación del videoclip no parecen molestar a Sinaka. Él está viviendo su propia película. Llega con sus amigos al espacio de Independencia, le piden fotos, graba un video de saludo. Los amigos le dicen que se suba rápido al ascensor. Llega al backstage del Festival Aborigen: los pasillos huelen al espíritu adolescente propio del 2026: irreverente, con tatuajes, ropa ancha, escotes y minifaldas; cuero y el humo de la marihuana mezclado con el del cigarro.
Los camarines tienen un papel pegado con el nombre de un puñado de artistas. Sinaka se mete a uno que tiene el suyo, se ambienta un poco en el lugar y vuelve a salir para reirse con el resto de la escena urbana de esa noche. Es, sin duda, una de las estrellas de la noche, la foto que todos quieren. Su altura lo hace sobresalir sobre el resto y también su llamativo traje.
Entre medio de su sesión con la coach vocal, Sinaka conversa con The Clinic en el mismo camarín. Está relajado y listo para responder preguntas; hace ya algunas semanas que su cara se repite en medios chilenos que buscan tener a Sinaka. Lo primero que explica es su apodo, “Sinaka” o “sin apodo” (en español, AKA quiere decir “conocido como”). Así se hace llamar hace al menos siete años, cuando con tan solo 15 años ya participaba en batallas de rap en Santiago y también en Quilpué, el inicio de su carrera como artista.
Las batallas de rap, cuenta Sianka, fueron su primera pasión. “Consumía muchas batallas; de hecho, yo no escuchaba mucha música, me las aprendía de memoria”.
Sus favoritas eran las de Batalla de Maestros, una competencia de origen chileno fundada en 2009, por la que pasaron grandes exponentes locales de esta disciplina, como Teorema, Acertijo y Kaiser. Dentro de ese universo, hay una que recuerda con especial cariño.
Con solo 15 años, tomó un bus y viajó a Santiago desde su natal Quilpué. Se fue directo al anfiteatro de La Florida para ver una batalla entre Drefquila, JNO, Ricto y Autentick. Se quedó solo mirando cómo estos cuatro se tiraban rimas y estuvo todo el evento atento a cada movimiento. “Siempre sentí las ganas de estar en el escenario. Sentía que, parado ahí, podía hacer lo mismo o incluso mejor. Siempre me sentí capaz”, dice con confianza.

Los orígenes de Sinaka son fáciles de encontrar en YouTube. Uno de los registros más antiguos es un video subido hace ocho años bajo el nombre de “La Biblioteca del Melómano”. En él, el cantante aparece junto a otros cuatro jóvenes, intentando emular a sus ídolos en Valparaíso.
Sinaka, aún más joven que hoy, viste un polerón gris Adidas, lleva un corte de pelo sencillo e intenta sobresalir en un día nublado en el puerto. Hay varios videos similares suyos en distintos lugares.
“Yo en ese tiempo soñaba con ser el mejor freestyler de Chile, el mejor batallero. Soñaba con competir con los más grandes”, dice sobre sus primeros años.
Lo poco que sí escuchaba de su música venía de su padre.
—Mi papá es músico y siempre le ha gustado el rock y otros géneros. Cuando cachó que a mí me gustaba el rap, también empezó a mostrarme música de ese estilo. Me hizo escuchar Public Enemy y a varios raperos más, sobre todo pilares del rap noventero en Estados Unidos, artistas de la escena que a él le gustaban.
Descifrando la fórmula del éxito
El domingo 11 de enero, Bad Bunny cerró su paso por Chile con su tercer concierto en el Estadio Nacional. Esa noche, el puertorriqueño no estuvo solo sobre el escenario. Para sorpresa del público, Jowell y Randy se unieron a la estrella mundial para interpretar “Safaera”. Además, el dúo se lanzó con otras canciones de su autoría, que fueron una brisa de nostalgia para los millennials que asistieron a Ñuñoa.
El reguetón old school sonó con fuerza.
Durante su paso por Chile, Jowell y Randy dieron un par de entrevistas. Una de ellas fue con Radio Activa, donde, de manera improvisada, comenzaron a cantar sobre la pista de “Senda Bellakona”, el mayor hit de Sinaka creando un mix inédito.
La elección del programa no fue al azar: desde que Sinaka lanzó la canción, se le ha comparado con la dupla. Los comentarios en redes sociales a veces han sido duros; algunos dicen derechamente que el oriundo de Quilpué realiza una copia de los éxitos que marcaron la primera etapa del género musical.
Y no es necesario guiarse solo por los comentarios rabiosos. En “El nuevo sonido”, el nombre de su último trabajo, de poco más de 30 minutos, la textura del reguetón antiguo se escucha de principio a fin: una mezcla que remite a Ñejo & Dálmata, Rakim y Ken-Y, y a los mencionados Jowell y Randy.
De ahí el apodo que se le repite: el DeLorean del reguetón. Un artista que funciona como portal temporal y devuelve ese ritmo urbano cargado de la nostalgia del inicio del milenio.
—¿Qué respondes cuando dicen que tu música es plagio o suena a plagio?
—En verdad la gente puede decir lo que sea. Al final, si yo pongo mi música en cualquier lado, o alguien la pone, y la gente la baila, yo soy feliz así. Sea como sea, tú pones un tema mío en una disco, en un carrete, en cualquier parte y la gente lo baila. Entonces, lo único que eso te dice es que mi música está triunfando.
Para encontrar la fórmula de los hits bailables, Sinaka analizó qué era lo que “podía pegar en Chile” y que “todavía” no se había hecho. Así, detectó que el factor común entre la gente con la que hablaba de música era que todos escuchan reguetón.
“Yo entiendo que el reguetón old school está en el inconsciente de todos los chilenos: no hay nadie que no cache una canción de reguetón y que no se la sepa. Entonces, era el mejor estilo que podía desarrollar, algo que se ajustara tanto al contexto chileno como a mi propia esencia, que es latina”, dice.
Esa idea quedó plasmada en “El nuevo sonido”, un nombre que puede sonar contraproducente con su contenido. Sus 30 minutos son una oda a un tiempo en el que Sinaka apenas era un niño.
El primer trabajo del artista cuenta con colaboraciones de Easykid, Kingsavage, Saiko y Kevvo. Además, una de las canciones con mayor sabor a Puerto Rico es la colaboración con Endo, artista de la isla que antiguamente cantaba junto a su fallecido compañero Lele “El Arma Secreta”. Juntos formaron el dúo “Endo y Lele: Las Armas Secretas”.
Sinaka aún no firma con ningún gran sello musical y se mantiene como artista independiente. Es una carrera que, como la de muchos de su generación, comenzó a pulso: con un computador y produciendo canciones en casa. Más que solo cantante, también forma parte de todo el proceso creativo y asume un rol activo como productor.
“A mí me gusta estar metido en todo el proceso de la canción hasta que se termina: la mezcla, el máster, la ecualización, la compresión, la reverberación. Yo también soy productor y me he producido varias canciones, entonces conozco los conceptos y me gusta mezclar en conjunto con los productores y estar ahí presente”, dice sobre su trabajo.
—¿Crees que esta fórmula de apelar a la nostalgia se puede sostener en el tiempo? ¿O en algún momento vas a tener que cambiar esa estrategia para seguir llegando a la gente?
—Obvio que no es algo para siempre. Cuando la gente ya esté haciendo lo que estoy haciendo ahora, yo voy a estar haciendo otra cosa. A mí me gusta estar siempre un paso adelante y no quedarme en un solo lugar. Esto es una forma de darme visibilidad y de entrar de lleno en la escena. Ahora que ya tengo mi público, puedo controlar mucho más lo que quiero hacer.
La fórmula del éxito que lo llevó al primer lugar de lo más escuchado en Chile dice que no es lo único que le interesa. “Más allá de lo que hago ahora, quiero explorar otras cosas e innovar en distintos ámbitos. Por eso siento que esto es pasajero: hay que aprovechar la tendencia, subirse a la ola y, cuando llegue el momento, cambiar y moverse hacia otro lado”.

La fama de Sinaka
Sinaka hoy está recogiendo el éxito de su primer álbum y de su canción más pegajosa. Desde su círculo comentan que incluso fue invitado a telonear a Bad Bunny, pero que en ese momento se encontraba en el norte del país, con eventos ya agendados. Para febrero, su equipo decidió no programar más conciertos en discotecas, ya que el costo de contar con el artista del momento aumentó. Ahora buscan apuntar a festivales y shows de mayor envergadura, como los que organizan las municipalidades durante la época estival.
Su popularidad también se multiplica en redes sociales: frases como “pongan Sinaka” o “reproduzcan Sinaka” se han vuelto parte de memes que, además, exponen la reacción de quienes aún no se cruzan con su música.
Sinaka reconoce que su relación con las críticas en redes sociales varía según el momento. Hay días en que no le afectan en absoluto y otros en que siente el impulso de responder, especialmente cuando percibe opiniones mala onda. Sin embargo, con el tiempo ha aprendido a tomar distancia.
“Las redes sociales son muy distintas a la vida real. Al final, los que critican suelen ser niños muy chicos —yo cuando chico también era hater y peleaba en los comentarios— o adultos muy frustrados. Y ninguno de los dos me preocupa”, reflexiona Sinaka, quien además reconoce que hoy sí se siente famoso.
“Me cuesta aceptarlo. A veces se me olvida que las cosas que digo en entrevistas pueden tener una repercusión mucho mayor. Quizás por eso, en ocasiones no me siento tan famoso, pero últimamente salgo a la calle y es brígido”, confiesa. Ahora en el inicio de su carrera, aún está lejos de los lujos, vive en un departamento de barrio República.
Esa fama, dice, lo “despersonaliza un poco”. Lo describe como verse a uno mismo en una película, sentado en el sillón mirando televisión. “Obviamente, uno siempre buscó este camino, pero ahora que todo está pasando tan rápido, tan de golpe y sin parar de trabajar, se vuelve difícil de asimilar”.
El artista asegura que siempre se ha sentido seguro de su talento y de su música, incluso mucho antes de tener números o reconocimiento. Explica que esa confianza previa puede llevar a que algunas personas se confundan respecto a su actitud, pero aclara que no nace del éxito reciente, sino de una convicción en lo que hace y en sus capacidades.
Recuerda que, incluso cuando nadie iba a verlo a los shows, se presentaban con la misma energía y entrega: cantaban con actitud, el público gritaba y se generaba una intensidad que dejaba en evidencia que había algo especial. Según cuenta, esa actitud siempre estuvo ahí, tanto en él como en su forma de pararse dentro de la escena.
Su momento artístico, eso sí, no le deja demasiado espacio para celebrar. Con seis shows a la semana, el ritmo es frenético: se termina un concierto y de inmediato hay que pensar en la logística del siguiente. “A lo más nos fumamos un pito con los cabros, no mucho más. Me tomo una chela y listo”, dice.
—¿Te da miedo que esto solo quede en un éxito pasajero?
—Si no tuviera los temas que tengo guardados, me daría miedo. Pero hay muchas canciones buenas que están por salir y estoy muy seguro de que la voy a seguir rompiendo.



