Insomnia Teatro Condell: cómo un grupo de amigos universitarios recuperó uno de los teatros más emblemáticos de Valparaíso, que hoy lucha por sobrevivir
El proyecto comenzó en bares del puerto, a partir de ciclos de cine organizados por un grupo de amigos universitarios que querían ver y conversar sobre películas. Con el tiempo, esa experiencia se trasladó a salas prestadas, cines de subsuelo triple X y teatros, hasta consolidarse en el histórico Teatro Condell como INSOMNIA: hoy, la única sala alternativa de cine que permanece activa en Valparaíso. En medio de la precariedad y la autogestión, el proyecto creció hasta transformarse en un espacio que no solo exhibe películas, sino que promueve una forma de encuentro en torno al cine que había desaparecido en la ciudad. “Queríamos hacer un lugar que a nosotros nos sedujera. El cine soñado”, dicen sus creadores, mientras programan cintas de Bergman, Kubrick y Levinson, entre otros.
Por Alejandra López Díaz 25 de Enero de 2026
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Era una noche de junio de 2004 cuando, en el entonces Cine Central de Valparaíso —conocido en ese momento por sus proyecciones de películas triple X—, comenzó algo inédito. En ese subsuelo, un grupo de amigos universitarios decidió organizar una maratón de cine de 12 horas bajo el nombre de Puerto Bizarro. Un título que recogía una de las marcas identitarias de la ciudad y la extravagancia de las películas que darían forma al ciclo, que iban desde terror japonés o coreano a más hallazgos cinéfilos.
A las 21:00 horas se apagaron las luces y la función se extendió hasta las 9:00 de la mañana siguiente. “Íbamos con las expectativas súper bajas”, recuerda Claudio Pereira, uno de los impulsores de la iniciativa. Pero muy contrario a lo que pensaron, la atmósfera clandestina del lugar y el imaginario de lo prohibido que arrastraba el cine terminaron por atraer a más público del esperado. Llenaron por completo la sala e, incluso, hubo personas que se quedaron afuera, reclamando un cupo a eso de las 23:00 en las rejas de la entrada.
“Hubo mucha euforia”, relata Pereira. “La gente gritaba, se reía, saltaba de miedo a las cuatro de la mañana”. Ante el buen recibimiento de la maratón, el dueño del cine se entusiasmó por agendar más fechas para los meses siguientes.
“Ahí partió, creo que lo más cercano a lo finalmente fue Insomnia”, dice Pereira. Un proyecto que hoy es una resistencia cinéfila en la ciudad puerto, con sede en el clásico Teatro Condell, con programación de primer nivel si se es amante del cine: “Un verano con Mónica”, de Ingmar Bergman; “Dr. Strange Love”, de Stanley Kubrick; “Ya no basta con rezar”, de Aldo Francia, entre los estrenos actuales de “No Other Choice””, “Valor sentimental” o “Hamnet”.
Gonzalo Frías, crítico de cine, así lo resume: “Insomnia no tiene nada que envidiar a la mejor sala de cine”.

Los impulsos de unos universitarios cinéfilos con “insomnio”
Lo que fue el primer ciclo de Puerto Bizarro ya contaba con raíces. Retrocediendo algunos años, hacia fines de los noventa, Claudio y Francisco Silva —amigos y compañeros de Arquitectura en la Universidad de Valparaíso— comenzaron a acercarse al cine de manera autodidacta. Arrendaban un data y películas en VHS, e iban intercambiando cintas de directores como Wim Wenders o David Lynch.
El contexto en la ciudad, sin embargo, no acompañaba ese interés. “No había salas de cine en Valparaíso. O sea, era ir al Hoyts o nada. O el Hoyts y una porno”, menciona Claudio. El entorno cinematográfico que alguna vez había tenido el puerto en los 70 u 80 ya no existía.
En el año 2000, un amigo cercano de la dupla, Jorge Videla, comenzó a levantar una suerte de cineclub en la Escuela de Música de la Universidad Católica de Valparaíso, utilizando un proyector propio. Ese gesto abrió una vía para que Claudio y Francisco idearan una manera de revivir la cinefilia porteña.
Por esos mismos años, ambos frecuentaban el ahora desaparecido bar El Picante, ubicado en la calle Cumming, en el Barrio Histórico de Valparaíso. “Nuestros conocidos iban a ese bar y lo único que querían era conversar de películas”, rememora Pereira. Fue en medio de una de esas charlas, y casi de manera espontánea, que con el dueño del local surgió la idea de proyectar películas ahí mismo.
A partir de ahí comenzaron a organizar una serie de ciclos que se expandieron a otros bares y que consolidaban un público habitual. En paralelo, se fue conformando un equipo de trabajo al que se sumaron otros compañeros de la universidad, como Leonardo Torres, entonces estudiante de Diseño, quien más tarde asumiría responsabilidades claves en el proyecto.
Saltaron, entonces, al Cine Central, donde hicieron la exitosa maratón. Entonces el proyecto consiguió su nombre definitivo: Insomnia. “Como nosotros empezamos a ver películas en la noche mientras estudiábamos de día, sufríamos de insomnio. Cuajó la idea de que esto tuviera que ver con el aficionado nocturno. Un nombre, de alguna manera, relacionado con este tipo de imaginario de cine que teníamos”, dice Claudio Pereira.

La llegada al histórico Teatro Condell
Tras una década de Insomnia marcada por estos desplazamientos entre bares, teatros y salas de cine, en 2010 apareció finalmente la posibilidad de contar con un espacio definitivo.
Ese mismo año, tras el terremoto, la Municipalidad de Valparaíso comenzó a arrendar el Teatro Condell y a hacerse cargo de los daños de infraestructura, con la urgencia de programar algunas de sus actividades allí. El edificio, construido en 1912 bajo un diseño de inspiración italiana, tenía un alto valor histórico, aunque para entonces estaba en manos de un privado y funcionaba como cine triple X.
Fue en ese contexto que el equipo de Insomnia puso los ojos en el Condell para elevar su proyecto. A través del municipio conocieron a Guillermo Hinzpeter, filántropo que coincidía plenamente con la idea de recuperar el espacio y transformarlo en una cinemateca. “Cuando nos conocimos fue como amor a primera vista. Él tenía 71 años, nosotros teníamos entre 30 y 35 años. Y aun así, él tenía el doble de energía que nosotros. Pero éramos iguales, teníamos la misma locura en mente por hacer de este espacio algo lindo”, recuerda Claudio.
“Hablamos mucho acerca de cine, del proyecto y, por supuesto, de cómo el Teatro Condell podría continuar. Y así nosotros empezamos a subarrendar algunos días a la Municipalidad para hacer nuestras funciones. Ahí empezó la historia de la Insomnia 2.0, donde comenzó a llegar más gente”. Y es que no era un detalle menor: se trataba de la única sala de Valparaíso que exhibía cine chileno de manera constante, organizaba foros de discusión y que abría espacio al encuentro directo con directores y actores.
El punto de inflexión llegó en 2015, cuando Insomnia dejó de subarrendar el edificio y pasó a administrarlo de forma completa. “Fue la maduración que hizo que Insomnia no fuese solo la sala alternativa o la aventura loca de un par de amigos, sino que fuese una sala de cine”. Ya como únicos arrendatarios, pudieron sostener postulaciones a fondos públicos e iniciar una renovación más profunda del teatro.
Cambiaron por un telón lo que durante años fue un simple lienzo de PVC. Asimismo, profesionalizaron los equipos de sonido y proyección, que antes consistían en dos parlantes básicos y un data con unos cables a la vista. Todas estas restauraciones tuvieron como testigo al público, que, a pesar de las precariedades, se mantuvo fiel en la asistencia a las proyecciones. “Ahí nos dimos cuenta de que el proyecto estaba siendo profundamente valorado”, recuerda Pereira.

El rescate a Insomnia tras la estafa por ex trabajadores
Junto a la profesionalización que empezaba a afirmar Insomnia, llegaron nuevos desafíos y los primeros choques institucionales “con las autoridades, con los políticos, la lentitud, la burocracia y la poca visión, que yo creo que era también uno de los enemigos de la ciudad en su momento”, menciona Leonardo Torres, actual administrador de Insomnia.
En definitiva, las preocupaciones mutaban. Alguna vez, en la universidad, fue la búsqueda por hacerse un espacio en la inexistente escena del cine en Valparaíso; otra, tramitar acreditaciones y derechos de exhibición, propias de una sala oficial. Luego, irrumpió el streaming, que debilitaba los impulsos de la gente por salir a ver películas, algo que agarró aún mayor fuerza en 2020, con la llegada de la pandemia. “La cultura debe ser uno de los últimos eslabones en los cuales se invierte”, opina el administrador de Insomnia. “Eso es lo frágil de estos proyectos”.
Aunque el desafío más grande llegó el año pasado, cuando sufrieron una estafa cometida por dos de sus extrabajadores, quienes habrían desviado alrededor de $50 millones adjudicados por fondos públicos. Aquello les provocó una grave crisis financiera, que según afirman en un aviso de su página oficial, alcanzó a poner en riesgo la continuidad del espacio.
“Trabajar en cultura a veces es trabajar con la persona que te cae bien, entonces a veces uno deposita confianza en personas, que detrás pueden estar haciendo cosas que no corresponden”, comenta Leonardo. “Hoy en día estamos abocados justamente a reparar eso, a buscar a los responsables judicialmente, pero también a continuar con la sala, que también es lo importante. El año pasado cumplimos 20 años y la sala ya se posicionó en Valparaíso como un hito”.
Es por ello que actualmente la Red Salas de Cine de Chile está llevando a cabo un ciclo de cine llamado Clásicos para un clásico, cuya recaudación irá directamente para Insomnia. Asimismo, restaurantes porteños como El Pimentón o La Escafandra, han aportado con fiestas solidarias y cenas de autor para llevar fondos.
Por ejemplo, hace pocos días, la programación de la sala incluyó una charla sobre Hayao Miyazaki, presentada por Gonzalo Frías. “Estaba lleno de espectadores, lo que siempre nos da una idea de la llegada que tiene Insomnia en la comunidad cinéfila de la quinta región”, menciona el crítico de cine. “Me asombra que ellos tienen un público súper cautivo hace mucho tiempo, porque vienen trabajando de muy buena manera hace mucho tiempo“.
Al respecto, Leonardo opinó: “Es muy difícil que un producto cultural funcione tantos años, pero ha sido emocionante el camino, así como también lo ha sido conocer a tantas personas que piensan igual que uno, que aman el cine, y que buscan a toda costa que esto se mantenga”.
Y agregó una apreciación final sobre la trayectoria de Insomnia: “Por algo seguimos 20 años haciendo esto, porque hay una pasión detrás. Creo que, más allá de yo querer filmar una película y que ese sea mi aporte a la industria nacional del cine, lo que yo quiero es ser el que apaga las luces y pone play. Ese va a ser mi aporte”.




