Rosario Navarro, presidenta de Sofofa, por gobierno de Kast: “El crecimiento no ocurre por decreto, ocurre cuando se alinean expectativas, políticas públicas y confianza”
A semanas de un cambio de ciclo político y con una economía que busca recuperar dinamismo, la presidenta de la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa), Rosario Navarro, valora los aprendizajes del vínculo entre el empresariado y el gobierno saliente, y fija las condiciones que, a su juicio, debiese cumplir la próxima administración de José Antonio Kast para volver a crecer. "Desde el sector empresarial lo que esperamos de cualquier gobierno es claridad de rumbo, responsabilidad fiscal y una agenda pro crecimiento", sostiene.
Por Ignacia Munita 1 de Febrero de 2026
Compartir
“Pienso que liderar con capacidad de diálogo no significa falta de convicción. Me niego a pensar que siendo empática y dialogante se vea como una señal de debilidad”, señala desde la experiencia Rosario Navarro, presidenta de la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa), cuando se le pregunta por el debate abierto por la historiadora Lucía Santa Cruz sobre lo que se ha denominado la “gran feminización de la sociedad” y el rol de las mujeres en espacios de poder: mayor consenso, versus liderazgos masculinos que van al choque.
Y es que Navarro sabe bien lo que significa irrumpir como líder en espacios masculinizados, ya que en 2023 se convirtió en la primera mujer titular de la Sofofa. Navarro ha sabido conducir en contextos complejos, con tensiones políticas, económicas y culturales de fondo y ha debido enfrentar el desafío de una economía que lleva años creciendo por debajo de su potencial.
A ello se suma ahora el inicio de un nuevo ciclo político, en el que el mundo empresarial volverá a ser convocado a discutir cómo retomar el crecimiento. Con esa experiencia a cuestas, asume que su segundo período al frente del principal gremio industrial del país será incluso más intenso que el primero.
En ese contexto, su postura es clara: la expansión, dice, “no ocurre por decreto, ocurre cuando se alinean expectativas, políticas públicas y confianza”. Desde ahí, la también directora de Sonda analiza la meta del futuro mandatario, José Antonio Kast, de llevar la actividad económica al 4% hacia el último año de gobierno, la relación entre política y el empresariado, además de los desafíos de liderar en un espacio que todavía conserva una fuerte presencia masculina.
Cuando se le consulta por el desempeño del país, asegura que la situación “no es solo coyuntural”. En entrevista con The Clinic explica que “hay factores estructurales que explican el bajo dinamismo, como un aumento de los costos regulatorios y la pérdida de nuestra competitividad tributaria, los que han incidido en tener niveles de inversión relativamente estancados, una productividad con un rezago gigantesco respecto del mundo desarrollado y un clima de incertidumbre que ha ido minando la confianza”.
Pese a aquello, la presidenta de Sofofa también ve “oportunidades muy claras”. Sobre esto, destaca que “Chile sigue teniendo fortalezas institucionales, capital humano y talento comprometido, apertura al mundo y sectores con enorme potencial. Si logramos despejar las trabas que hoy frenan la inversión y damos señales claras de largo plazo, podemos retomar una senda de crecimiento más ambiciosa”.
—Desde la mirada del sector industrial, ¿qué condiciones son indispensables para que Chile retome tasas de crecimiento más altas y sostenidas en el tiempo?
—Lo primero es certeza. Certeza regulatoria, jurídica. Las empresas necesitan reglas claras y estables para invertir a largo plazo. En este sentido, esperamos que la rebaja de primera categoría comprometida en la próxima administración cuente con un compromiso transversal de las fuerzas políticas que evite volver atrás.
Segundo, una agenda decidida de productividad, que incluya modernización del Estado, permisos más ágiles y uso intensivo de tecnología. En esta línea propusimos el Compromiso 365, es decir que, una vez que un proyecto inicie su proceso de tramitación, no pase más de un año hasta que pueda empezar a materializarse.
Tercero, una mirada estratégica de desarrollo productivo, donde el sector público y privado colaboren para permitir la creación de nuevos sectores, pero también fomenten el acceso y la adopción tecnológica, proceso que ya ha venido convirtiendo a nuestros sectores productivos tradicionales en unos con alto valor agregado. Chile crece más cuando confía en sí mismo y cuando trabaja de manera colaborativa.
—La incertidumbre regulatoria suele mencionarse como una barrera para invertir en Chile. ¿Cuáles son, a su juicio, los principales nudos críticos en esta materia?
—Hay varios. El sistema de permisos es uno muy relevante: lento, redundante y poco coordinado y muchas veces impredecible. También la superposición de normas y la falta de criterios técnicos claros.
No se trata de bajar estándares, sino de hacerlos más claros, más eficientes y más predecibles. Cuidar el medio ambiente y fomentar la inversión no son objetivos contrapuestos; al contrario, pueden y deben ir de la mano. El desarrollo es un aliado del cuidado y la protección.
—¿Qué desafíos enfrenta hoy la industria chilena en términos de productividad y competitividad internacional?
—El gran desafío es adaptarnos a un mundo que cambia rápido. Eso implica invertir más en innovación, formación de capital humano y adopción tecnológica. También necesitamos mejorar nuestra inserción en cadenas globales de valor y aprovechar mejor nuestros tratados internacionales. La industria chilena tiene talento y capacidad. El desafío es darle el entorno adecuado para competir de igual a igual frente a empresas globales.
Chile no exporta palos y piedras. Tenemos industrias de clase mundial que arrastran un tremendo carro de actividad económica y empleos que día a día desarrollan soluciones e innovación. Hoy debemos ampliar y diversificar nuestra matriz productiva y nuestros mercados.
Presidenta de Sofofa: “Lo que esperamos de cualquier gobierno es claridad de rumbo, responsabilidad fiscal y una agenda pro crecimiento”
El análisis de Rosario Navarro no se detiene en solo cifras ni diagnósticos técnicos. En un escenario de alternancia en el poder, la titular de la Sofofa evalúa la gestión del gobierno saliente, los aprendizajes del vínculo entre el sector privado y el Ejecutivo, y también aborda las expectativas del sector empresarial en torno a la próxima administración de José Antonio Kast.
—¿Cómo evalúa la gestión del actual Gobierno, ya en retirada? ¿Qué destaca de lo que se hizo y qué echó de menos?
—Ha sido un gobierno que debió adaptar su agenda original hacia una más orientada al crecimiento. En ese contexto, valoro los esfuerzos por acercarse al sector empresarial y mostrarse disponibles en distintas oportunidades para aceptar derribar ciertos mitos, que antes parecían imposibles.
El sector privado terminó aportando casi 4,5 puntos del PIB, por ejemplo, con el alza del sueldo mínimo, 40 horas, pensiones, royalty minero, lo que refleja el compromiso del mundo de la empresa, que muchas veces es mirado con recelo o desconfianza. Otro avance que destaco es la ley de permisos sectoriales porque resuelve en parte el verdadero freno que se ha vuelto la inversión.

Dicho eso, faltó una mayor centralidad del crecimiento económico como prioridad transversal y concreta. Sin crecimiento sostenido, las políticas sociales se vuelven frágiles. Creo que ahí hubo una oportunidad de mayor convergencia que no siempre se aprovechó. En materia de seguridad, si bien se aprobaron muchas reformas, aún persiste la sensación de inseguridad en las calles y sabemos que el miedo no es un buen aliado para la inversión ni para la paz social.
Finalmente, también es preocupante el incumplimiento por tres años consecutivos de la meta fiscal impuesta por el propio Gobierno, dejando al país en una situación de deterioro fiscal, lo que debe revertirse de manera urgente.
—¿Cómo evolucionó la relación entre el mundo empresarial y el gobierno del Presidente Gabriel Boric?
—Fue una relación que partió con desconfianza, pero que fue madurando con el tiempo. Hubo momentos complejos, pero también espacios de diálogo valiosos. Desde el mundo empresarial siempre estuvimos disponibles para conversar y construir acuerdos, porque creemos que Chile avanza cuando se escuchan miradas distintas.
—Por otro lado, ¿cuáles son sus expectativas respecto del próximo gobierno de José Antonio Kast?
—Desde el sector empresarial lo que esperamos de cualquier gobierno es claridad de rumbo, responsabilidad fiscal y una agenda pro crecimiento. Chile necesita volver a crecer con fuerza y de manera inclusiva. Si hay disposición al diálogo, a escuchar y a construir acuerdos amplios, siempre habrá una actitud colaborativa desde el mundo productivo. Sofofa siempre estará disponible para aportar con evidencia y soluciones concretas.
—¿Qué le parece el nombramiento de Jorge Quiroz como ministro de Hacienda?
—Es una persona con sólida formación técnica y experiencia, y eso siempre es una buena noticia. El desafío estará en combinar rigor fiscal con una mirada estratégica de crecimiento y desarrollo. Hacienda cumple un rol clave en dar certezas y construir confianzas.
—¿Cómo ve la meta planteada por Quiroz de lograr que la economía crezca al 4% al último año de gobierno? ¿La ve factible? Y de ser así, ¿cómo se logra crecer al 4%?
—Es una meta exigente, pero no imposible. Cuando planteamos esta meta hace un año y medio atrás, muchos nos catalogaron de ambiciosos y soñadores. Celebro que hoy ya sea parte de la hoja de ruta del país.
Para lograrla se necesita un paquete coherente de medidas: reactivar la inversión, acelerar proyectos, dar señales claras de estabilidad y avanzar con decisión en productividad. El crecimiento no ocurre por decreto, ocurre cuando se alinean expectativas, políticas públicas y confianza.
—Algunos gremios mineros manifestaron sus reparos respecto de que las carteras de Economía y Minería estén a cargo de un solo ministro. ¿Cómo lo ve usted?
—Es un debate legítimo. La clave no es solo la estructura, sino cómo se gestionan los equilibrios. Minería es un sector estratégico para Chile y requiere foco, especialización y diálogo permanente con múltiples actores. Será fundamental contar con equipos sólidos y una gobernanza clara.
“Cuando las conversaciones se centran en ideas y no en estereotipos, la diversidad se transforma en un activo”
En un espacio tradicionalmente dirigido por hombres, Navarro sabe que su liderazgo también tiene una dimensión simbólica. No solo es la primera mujer en presidir la Sofofa desde su fundación en 1883, sino que su llegada al cargo volvió a poner sobre la mesa el debate sobre las cuotas de género, la presencia femenina en los directorios y la forma en que se ejerce el poder en el mundo empresarial. Desde ahí, reflexiona sobre su experiencia personal y el tipo de liderazgo que hoy requiere el país.
—¿Cómo cree que ha evolucionado el tema de las cuotas de género de las empresas en general? Y respecto de la misma ley, ¿cómo se hace para dejar de ser la mujer que cumple con la cuota, digamos, y ser considerada una más?
—Las cuotas sugeridas han sido una herramienta de transición para abrir puertas que estuvieron cerradas durante mucho tiempo. El desafío ahora es que el foco esté en el talento, la trayectoria y el aporte. Eso se logra con culturas organizacionales más diversas, donde la presencia femenina deje de ser una excepción y pase a ser algo natural.
En este sentido, creo que tenemos que avanzar en dos dimensiones. En primer lugar, desde la política pública identificar los obstáculos que es necesario remover que frenan la incorporación de la mujer al mundo del trabajo. La discusión de sala cuna es uno, pero hay muchos más. También hay que identificar al interior de las empresas eventuales sesgos culturales que impiden la presencia de las mujeres en múltiples ámbitos.
—¿Cómo ha sido trabajar y sentarse en mesas en las que suele haber mayor presencia masculina?
—Ha sido una experiencia desafiante, pero también muy enriquecedora. Creo que lo importante es llegar con convicción, preparación y autenticidad. Nunca he dejado de ser quien soy, y ser fiel a mis valores y principios me ha permitido sostenerme en este cargo. Cuando las conversaciones se centran en ideas y no en estereotipos, la diversidad se transforma en un activo.
—Por otro lado, recientemente Lucía Santa Cruz generó un debate sobre la feminización de la sociedad, a partir de una columna sobre mujeres liderando espacios, y que eso habría llevado a una cultura donde lo que lidera es el consenso. ¿Qué considera de ese debate? ¿Qué aportan las mujeres en espacios de liderazgo, como en su caso?
—Pienso que liderar con capacidad de diálogo no significa falta de convicción. Me niego a pensar que siendo empática y dialogante se vea como una señal de debilidad. Hoy más que nunca necesitamos la complementariedad, ya que en esa diversidad es donde se logran empresas, instituciones y sociedades más innovadoras y sanas.
Las mujeres -y los hombres también- aportamos miradas complementarias: escucha, construcción de acuerdos, pero también firmeza cuando es necesario. Hoy Chile necesita liderazgos que sepan unir.



