De la funa a La Moneda: la agresión que redefinió el camino político de Kast y que forjó su carácter tras evaluar abandonar su proyecto
El 21 de marzo de 2018 quedó grabado a fuego en el círculo del futuro presidente. Ese día, José Antonio Kast recibió una serie de agresiones -entre escupitajos, golpes y piedrazos- que marcó un antes y un después en el proyecto que lo encaminaría al Ejecutivo. Testigos detallan aquí el minuto a minuto de esa jornada y las posteriores funas que marcaron su cruzada para "democratizar" las universidades, lo que incluyó un inédito escape a lo "Indiana Jones" de una casa de estudios en Arica. En su círculo aseguran que lo ocurrido ubicó a Kast como un actor válido dentro de la política y recuerdan con malestar la reacción de la izquierda. La situación incluso estuvo apunto de ser recreada en la reciente franja presidencial.
Por Eduardo Monrroy 8 de Febrero de 2026
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“Jose… a tu papá lo atacaron en la universidad. Pero está bien. Tranquila”.
La tarde del 21 de marzo de 2018 un pequeño equipo que se mantenía colaborando con José Antonio Kast tras su primera incursión presidencial -en la que sorprendió con casi el 8% de los votos- no podía creer lo que veían en las pantallas de sus celulares. Eran los primeros registros de una golpiza que el excandidato acababa de recibir a la salida de la Universidad Arturo Prat, ubicada en Iquique, en el marco de una serie de charlas que planeaba realizar ese año en distintas casas de estudio.
Por entonces, el grupo se preparaba para lanzar Acción Republicana, movimiento político que sirvió como plataforma para formar el Partido Republicano y que consolidó el camino propio que Kast siguió al abandonar la UDI en 2016.
Ese día, en la sede donde se delineaba el proyecto republicano —en el que ya jugaban roles clave nombres como Beatriz Hevia, Antonio Barchiesi, Carolina Araya y José Carlos Meza—, se encontraba la hija mayor del candidato, María Josefina Kast, hoy de 33 años, a quien se intentó dar la noticia con el mayor cuidado posible.

Su padre, a esa altura, había constatado lesiones en el hospital de la zona. El resultado: una fractura en uno de sus dedos y un esguince grado 2 en su pierna izquierda, que lo dejaron con una visible bota ortopédica y una orden de un mes y medio de recuperación.
Todo se originó tras tensos 15 minutos en los que el futuro presidente de la República recibió escupitajos, puñetazos, piedras, tierra, líquidos e incluso se le intentó ahogar con una bandera. “Fue un claro intento por hacerme caer. De haberlo logrado, no habría solo una fractura en un dedo y un esguince”, relató poco después Kast en El Mercurio.
El episodio es recordado hasta el día de hoy en su círculo más cercano como uno de los momentos que marcó la trayectoria de José Antonio Kast y que forjaron su carácter, a tal punto que lo llevó a replantearse junto a su familia si continuar el proyecto que finalmente lo llevará a La Moneda este 11 de marzo.

Fue una agresión que quedó marcada a fuego en el núcleo que lo acompaña desde esos años y que incluso, confidencian algunos, se evaluó recrear en la más reciente franja televisiva de su candidatura, idea que si bien contó con una aprobación inicial, finalmente se desechó.
Se trata de un período de violencia física y verbal que, según recuerdan miembros del partido, imperó en las visitas a universidades que realizó Kast ese año y que no hicieron más que fortalecer al incipiente movimiento.
“Mira cómo te echamos… Para que nunca más”
“¡Acá está! ¡Ahí viene Kast!”, fue el grito que se escuchó alrededor de las 15:45 horas de ese miércoles 21 de marzo al interior del salón Óscar Hanh de la Universidad Arturo Prat.
Pocos minutos antes, el excandidato llegó a la casa de estudios acompañado del encargado del área de jóvenes de Acción Republicana, Ignacio Dülger, y del dirigente Héctor Vergara, que no se despegaría de Kast en ningún momento.
Según los registros que pudo ver The Clinic, ese día el republicano llegó a un recinto educativo que en primera instancia lucía tranquilo. Un grupo de jóvenes se le acercó para pedir selfis. “Acá con mi compadre Kast”, dijo uno a su celular. Luego el excandidato saludaría a los guardias, daría 50 pasos hasta encontrarse con cerca de 80 estudiantes y personas ajenas a la universidad que dieron el aviso de su presencia.
“Recuerdo que ya había gente sentada para escuchar la charla con respeto, pero al mismo tiempo se escuchaban las manifestaciones alrededor del salón. Había grupos feministas, movimientos estudiantiles. Y con eso se formó esta masa de gente que es la que genera la agresión”, cuenta Alonso Velásquez, quien organizó la actividad en la UNAP y que por entonces lideraba a las Juventudes de Renovación Nacional en la región.

“Se había hablado con rectoría que esto podía ocurrir”, recuerda Ornella Sciaraffia, quien entonces ejercía como presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad Arturo Prat. “Si bien nosotros no estábamos organizando ninguna de las actividades (…), nuestra federación era la estructura de interés. Entonces, tomamos esa medida de informar, más que nada, decir que ‘va a ocurrir algo’, porque nosotros conocíamos a nuestros compañeros estudiantes”.
Distintos videos reflejarían lo que minutos después ocurrió a la salida de la universidad.
“Nazi cu…, mira cómo te echamos“, “nazi cu… para que nunca más”, “ándate, fascista, mira cómo arrancái”, son parte de los gritos que se escuchan en las grabaciones.
Asediado, se observa a Kast caminar sin un rumbo claro entre la multitud, que le grita insultos y lo empuja hacia las murallas, mientras Vergara intenta defenderlo y recibe chorros de agua en su chaqueta. Dülger, por su parte, intenta grabar desde lejos la agresión.
En un momento se aprecia que una joven toma una manguera que se encontraba en el patio de la universidad. “Por favor, no hagas eso”, se le escucha decir a Dülger, que temió lo peor.

“Para ser persona, debes tener valores y moral. Pero él es alguien que viene de la edad media”
A esa altura, Kast se retiraba del recinto, casi sin descansar entre las agresiones. “Estos hue… mataron a mi papá”, se oye decir a una mujer que aludía a la dictadura, para luego dar paso a estruendos por las bombas de ruido que provenían de cerca.
Entre los registros también se observa una caída del excandidato, que se levantó rápido para evitar golpes en el piso. “Dejen de lanzar piedras”, reclamó inmediatamente, pidiendo en todo momento a sus acompañantes grabar cada segundo.
Kast solo logró ponerse a salvo al entrar a una estación de servicio Shell cercana a la universidad. Allí el excandidato se encerró mientras esperó una acción policial. Afuera, en tanto, se acumularon cerca de 50 jóvenes que no detuvieron sus consignas, muchas de ellas similares a las de las barras. “No lo quiero ver a ese Kast”, era uno de los cánticos, mientras batían las paredes del lugar.
En el lugar, Dülger se enfrascó en una discusión con Juan Francisco Ramírez, de 40 años y militante del Partido Comunista, único imputado tras la presentación de una querella por parte del gobierno del entonces presidente Sebastián Piñera. La acción judicial no arrojó culpables.
“Para ser persona, tienes que tener valores y moral. Pero él es alguien que viene de la edad media”, le reprocha Ramírez a uno de los acompañantes de Kast.
“Este conch… representa lo peor de los valores”, suma Ramírez, quien les pide organizar debates, pero sin Kast. “Al fascismo no se le da ningún espacio”, grita.

A los 3 minutos llegaron fuerzas especiales de Carabineros, lo que alejó a los manifestantes. Kast, por su parte, abrió la puerta del lugar en el que estaba refugiado. Se le ve con el pelo mojado, la ropa suelta y camisa rasgada. Da declaraciones a los medios de prensa y recrimina a un fotógrafo que acusa de haberlo agredido. Toma su celular y lo graba. En su otra mano lleva un lienzo, el mismo con el que un joven le envolvió la cabeza.
Kast: “No les vamos a dar ningún espacio para que se imponga la violencia”
Kast se retiró raudo en vehículo y asistió a un recinto asistencial. Ahí constató lesiones y se le instaló una bota ortopédica en la pierna izquierda, que según afirman en su entorno buscó evitar que quedara visible en los siguientes días, tapándosela con su ropa.
Más tarde daría un punto de prensa en el hotel en que se alojaba en Iquique. Al salón donde lo esperaba la prensa llegó cojeando. Las declaraciones las dio sentado frente a los micrófonos y Radio Biobío le mostró las consecuencias de la funa.
“Esta fue una concertación de gente que nos agredió. Este fue un matonaje”, dijo ante las cámaras. Y añadió: “No nos vamos a rendir. Vamos a seguir yendo a los centros de estudios. No les vamos a dar ningún espacio para que se imponga la violencia”, prometió.
La cruzada de Kast en las universidades, en pleno auge de las marchas feministas
Luego de haber logrado el cuarto lugar en la elección presidencial de 2017, hacer campaña por Sebastián Piñera en segunda vuelta y apostar por un camino propio, Kast puso sus ojos en las universidades.
En su círculo explican que, tras la llegada del nuevo gobierno, el exdiputado se propuso como tarea influir dentro de las casas de estudios e involucrar a los jóvenes en la elección de las federaciones estudiantiles, un lugar donde la izquierda tenía especial representación.

A ese movimiento lo bautizó “Voto Democrático”, como una manera de promover la participación en las elecciones estudiantiles y lograr que la derecha recuperara terreno en esas áreas, en un año en que los movimientos feministas se encontraban en auge y el 8-M había generado masivas marchas. Por lo mismo, se planificó dar una serie de charlas en casas de estudios del país.
Una frustrada exposición en uno de los auditorios de la Universidad de Concepción, a mediados de marzo, fue un aviso del rechazo que levantaba en parte de los estudiantes. Esa vez, la casa de estudios decidió anular el contrato de arriendo del lugar.

Kast acusó censura y recordó que la excandidata presidencial del Frente Amplio, Beatriz Sánchez, sí pudo realizar una charla en el mismo lugar dos meses antes. Durante sus declaraciones fue increpado por estudiantes. “Usted es un hombre misógino, un hombre machista“, le dijo una joven.
La visita a Concepción no pasó a mayores. “Por eso, cuando evaluamos esta actividad en Iquique, pensamos que podían pasar cosas del mismo tenor, quizás algunas vociferaciones verbales, pero nunca pensamos en una agresión física”, recuerda Velásquez.
Las funas, sin embargo, se volvieron una constante. Luego de la agresión en Iquique, Kast y su equipo se trasladaron en un transfer hasta Arica para ofrecer una charla en una de las sedes de la Universidad de Tarapacá. Quienes estaban con él ese día aseguran que el ambiente hacía parecer que todo terminaría aún peor que ese 21 de marzo.

La consigna era hacer la charla y retirarse, dadas las amenazas que ya circulaban en las redes sociales. Registros de ese día muestran a Kast calmado frente a un podio hablando de su cruzada universitaria, mientras la sala retumbaba por las manifestaciones que rodeaban el lugar. Afuera, de hecho, se colgaron carteles con rostros de miembros de la dictadura y de detenidos desaparecidos.
Finalmente, se debió recurrir a técnicas de distracción para evitar otro ataque. “Fue una salida a lo Indiana Jones”, recuerdan en el Partido Republicano, ya que la salida se generó al subirse raudo a una camioneta.
Cercanos al futuro presidente aseguran que fue solo tras esa gira al norte cuando a José Antonio Kast lo comenzó a acompañar un PPI (Protección de Personas Importantes) para sus distintas actividades. Además, recibió distintos consejos expertos para evitar que se repitieran situaciones como las de Iquique, aunque las funas se convirtieron en un denominador común en sus siguientes visitas a casas de estudios.
“Adonde vayan los iremos a funar”, le cantaron en la Universidad Católica de Temuco. “Usted es el enemigo, es un fascista”, le gritó un joven en otra charla en la Universidad Andrés Bello de Concepción. Las funas incluso se dieron en otras casas de estudio, como la Universidad Adolfo Ibáñez, donde se exhibieron rostros de Augusto Pinochet, Manuel Contreras y Lucía Hiriart.
Reunión con su equipo y con su familia
Quienes conocen de cerca a José Antonio Kast afirman que hubo dos momentos en su trayectoria con el proyecto republicano que lo han dejado sumamente afectado y decepcionado de la política. Uno fue el momento en que se dieron a conocer las sociedades de su familia en Panamá, en las que el excandidato aseguró que fueron creadas por su hermana. La otra, fue tras lo ocurrido en Iquique y posteriormente en Arica.
El propio Kast ha reconocido que esto fue algo que debió abordar con su familia y que por entonces se evaluó si continuar con el proyecto, ante las consecuencias que por entonces le había traído.
“No pensamos que iba a ser tan violento. La izquierda reaccionó y vio en nosotros un enemigo”, dijo en una entrevista con Política Chile.

Por su parte, en el pódcast español “Aladetres” Kast reconoció una conversación con su familia para analizar si seguir en política: “La vez que me lo plantearon fue por una situación de violencia extrema que me tocó vivir, y por el sentir el riesgo de perder al papá por una causa política. Ahí tuvimos una muy buena conversación, siempre muy de acuerdo con Pía, de que era algo de lo que sí valía la pena jugarse la vida”.
Y agregó: “Cuando se logró eso, bueno, era un momento en que se produjo esa tensión. Antes nunca se había producido, y nunca llevamos la política al ámbito del hogar, y eso también fue muy sano”.
Kast también sostuvo una reunión con su equipo para transparentar que tendría una conversación clave con su familia. Según recuerdan en su círculo, el mensaje fue: “Los que quieren salir, salgan ahora, porque esto es duro”. Las mismas fuentes aseguran que la respuesta siempre fue que había que “dar la pelea”.
Lo que dijeron miembros de la izquierda antes y después de la funa a Kast
Por ese período, uno de los principales malestares del entorno de José Antonio Kast tuvo que ver con la reacción que tuvo la izquierda a la funa que sufría el excandidato.
Varios guardaron en la retina una declaración del entonces presidente del Senado Carlos Montes (PS), actual ministro de Vivienda del gobierno de Gabriel Boric. “Hay ciertas señales de que José Antonio Kast anda en una actitud un poquito provocadora también. O sea, yo no conozco este caso, pero yo lo llamaría a él a tener más moderación”, dijo el entonces senador.

“Comulgo y apoyo el derecho que tienen los jóvenes a sacar la basura de su universidad”, comentó, por su parte, la diputada Pamela Jiles en su cuenta de Twitter, luego de que Kast no pudiera dar una charla en la Universidad de Concepción.
Mientras, la cuenta de Facebook del Frente Amplio emitió una declaración que fue borrada al poco rato. “No se puede esperar que hacer política desde la provocación llevada al extremo no traiga consecuencias para un dirigente político que disfruta de una exposición mediática basada precisamente en sus polémicas intervenciones. Quien levanta las banderas de la discriminación y el odio no puede esperar que la respuesta sea siempre una pasiva tolerancia por parte de la gente“, decía el texto.
Líderes del Frente Amplio, como el entonces diputado Giorgio Jackson señalaron en sus redes que “nada justifica una agresión como la de hoy”. Y agregó: “Quienes torpemente actúan desde la violencia y mecha corta deberían darse cuenta que transforman en víctima a quien se dedica a promover un discurso de odio e intolerancia“.
Kast, precisamente, buscó despejar que su cruzada en las universidades fueran una especie de provocación. “Nadie puede acusarme de ser una persona que incita al odio”, dijo en Mucho Gusto al día siguiente del ataque en Iquique.
En la misma entrevista se le preguntó por su visión sobre Daniela Vega, que acababa de ganar un Oscar por la película Una Mujer Fantástica. “Cuando le hagan un examen de ADN en 20 años más o después de muerto, ese examen de ADN va a determinar que la persona es hombre o mujer. En el caso de Daniela Vega, el ADN no lo va a poder cambiar y esa es una realidad“, dijo ese día.
En retrospectiva, Ignacio Dülger dice que “era lamentable ver a líderes de izquierda, incluso personas que fueron posteriormente ministros, diciendo que José Antonio se lo merecía porque estaba provocando y que esto era consecuencia de su forma de pensar. Todas esas cosas generaban un problema importante, porque validaron la violencia. Quizás no participaron detrás, quizás no la organizaron, pero en el momento en que el sistema político debía decir que esto estaba mal, ellos dijeron ‘está perfecto’ y sentaron las bases para poder decir que la violencia está bien en política”.
“Nadie se imaginaba que Kast iba a ser presidente”
Dentro del Partido Republicano señalan que lo ocurrido en Iquique marcó un antes y un después con el proyecto. No solo ratificó las convicciones que orientaban al grupo sino que vieron un incremento en la adherencia de jóvenes con el movimiento.
Algunos, de hecho, aseguran que mientras más funas y descontento generaba el paso de Kast por las universidades, más personas se sentían atraídas por el movimiento.
Para Ignacio Dülger —quien actualmente es uno de los cores republicanos por la Región Metropolitana y colabora en la oficina de instalación del nuevo gobierno— tras este episodio el movimiento entró en el radar de la política.

“Dejamos de ser un proyecto más y se demostró que había un liderazgo potente, con determinación, con carácter y fortaleza. Porque José Antonio no solo se metió en un lugar complicado, sino que también se enfrentó a estas personas, les dio cara y en ningún momento los insultó”, dice Dülger.
Y agrega: “Con el tiempo fuimos sumando más personas y pasamos de ser, por así decirlo, ‘actores molestos’ de la política, a ser actores válidos”.
Desde fuera del partido, algunos reconocen que en ese lejano de 2018 era posible vislumbrar el liderazgo que alcanzaría a tener José Antonio Kast. “Nadie se imaginaba, pienso yo, que iba a ser presidente”, dice hoy Ornella Sciaraffia.



