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La última gran noche del Negro Piñera: los detalles de su homenaje en la gala de Viña y un show televisado que llegó una semana antes de su muerte

Meses después de ser diagnosticado con leucemia, Miguel “Negro” Piñera volvió a subirse a un escenario en la gala del Festival de Viña del Mar, donde cantó en vivo junto a la orquesta, habló de su salud y del recuerdo de su hermano, el fallecido presidente Sebastián Piñera. La presentación fue preparada durante semanas por la producción del evento, aquí sus organizadores cuentan los detalles de la última gran noche del Negro.

Por Macarena Reyes 20 de Febrero de 2026
Negro Piñera
Negro Piñera
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“Álex, aprovéchame porque me queda poco”, le dijo Miguel Piñera a Álex Hernández —en aquel entonces director del Festival de Viña—, minutos antes de salir en la alfombra roja, dentro del Sporting Club de Viña del Mar.

El exdirector de la gala pensó, por un segundo, que era otra de las tallas del “Negro”. Le respondió en esa misma frecuencia:

“No hables huevas, Negro”.

Pero al recordar bien su rostro, que según recuerda Hernández, tenía un color verdoso y una expresión de seriedad, entendió que esa vez no estaba bromeando. Esa fue la última vez que se vieron.

Álex, junto con el equipo de producción, se encargó de gestionar el show del “Negro” en la gala. “Hablamos con él. Dijo al tiro que sí, cuando le dijimos que queríamos que él cantara, le encantó la idea”, menciona el director.

Miguel comenzó a ensayar con la orquesta durante tres semanas. En ese tiempo, el “Negro”, dentro de su emoción y ansiedad, cambió varias veces el repertorio para ver qué canciones cantaría. Le costó decidir. 

Sin embargo, la orquesta con la que trabajaba estaba feliz de ensayar con él todas las veces que quisiera. “Estaba súper contento, porque estábamos haciendo música, entonces a mí también me parecía súper bonito ser parte de eso”, comenta el director de la orquesta del Festival, Roberto López “Rolo”. 

En cuanto al constante cambio en la lista de canciones que Miguel cantaría, al principio tenía claro que quería cantar canciones rockeras: clásicos de los Beatles o Led Zeppelin; después le dio por querer cantar The Doors.

Pensó en ser El rey lagarto, pero de la nada decidió cambiar todo. “Eso fue bien mágico porque, de un momento a otro, me acuerdo que me cambió todas las canciones y me dice: ¿Sabes qué, Rolo? Quiero empezar con “Un Beso y Una Flor”, recuerda Roberto. 

El cambio fue drástico y el director de orquesta –en un principio– no lo entendía, pero cuando Miguel le explicó la razón de su cambio, todo tuvo sentido. El “Negro” sentía que esa canción lo representaba justo en el momento de la vida que estaba viviendo. La letra tenía sentido. Ya no era el “hombre de la noche”; ahora era un hombre que se estaba despidiendo sutilmente entre la melodía. Es ligero equipaje/ Para tan largo viaje.

El equipo lo aceptó sin dudar ni un segundo. Entonces, Roberto hizo una versión especial de la canción que lo dejó muy contento.

Luego de modificar varias veces el repertorio, hubo una canción que defendió “a morir”, recuerda el exdirector. Era el tema con el que entraría Carla Ochoa al escenario: Como el Sol, un single íntegramente compuesto por él, al que apostaba como carta personal y artística.

Carla Ochoa, modelo y entonces pareja de Miguel, conoció al intérprete de “La Luna Llena” cuando ella tenía 16 años y él 42. La relación –dijeron ellos– comenzó formalmente cuando ella estaba por cumplir los 18. Con el tiempo, esa historia de amor quedaría bajo escrutinio por la marcada diferencia de edad y las asimetrías de poder que hoy se analizan con mayor distancia crítica, aunque en su momento ambos la describieron como un vínculo consentido y significativo.

Luego de su historia de amor que duró casi seis años, sus caminos se separaron. Sin embargo, tuvieron un reencuentro en la alfombra roja. “A Miguelito no lo veía hace tres años y tenía demasiadas ganas de abrazarlo”, mencionó Carla durante la transmisión de la gala del Festival.

El reencuentro fue pensado por la propia organización festivalera. “Hablamos con Carla Ochoa, queríamos que sea un momento especial y también dijo que sí inmediatamente. Ambos sabían que era un momento donde iban a estar los dos participando”, comenta Hernández. “La idea no era sorprender al Negro de ninguna forma, sino que se planteó desde el principio”, añade.

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La última aparición televisiva del Negro Piñera 

La gestión de la gala tomó varios meses de preparación, con la idea de que en la alfombra no solo desfilara gente con sus vestidos y trajes, sino que también se hiciera otro tipo de show pensado para el público que se encontraría en ese momento.

“Teníamos ganas de invitar al Negro porque él estaba haciendo una gira y, por el tema de su enfermedad”, comenta Hernández. 

El exdirector del evento tenía como objetivo claro que el “Negro” tuviera su momento especial y que recibiera una ovación de cariño por parte del público, para que sintiera que no estaba solo. El show fue realizado dos meses después de que se hiciera público su diagnostico de leucemia.

En comparación con el resto de los invitados de ese día, que solo tenían que cruzar la alfombra roja mostrando sus atuendos ante las cámaras, a él se le dio un espacio sin interrupciones. Pudo cantar en vivo con la orquesta, hablar con José Antonio Neme y recibir aplausos. Para el amigo y uno de sus exproductores del “Negro”, Cristián Pozo, fue un acierto total, un “golazo” la invitación a la gala

“Se despidió de todo Chile, todo el mundo lo vio porque la gala era lo más visto de esa noche”. Ese día, en ese momento, el “Negro” Piñera pudo vivir su última gran ovación.

Para el público sí fue sorpresa la participación de Miguel. “¡Buenas noches, Viña, buenas noches, Chile, buenas noches, juventud!”, fue así como hizo su aparición junto con la orquesta del Festival. Llegó de traje color negro y su reconocida boina e interpretó su clásico hit “La Luna Llena”, “Un Beso y Una Flor” de Nino Bravo y “Como el sol”. Fueron 15 minutos en los que cantó junto a la orquesta. 

Luego de cantar todo su repertorio, caminó a pasos lentos hacia donde se encontraba José Antonio Neme y Carla Ochoa. En ese momento emocionante y sorpresivo, habló con Neme, quien le hizo preguntas sobre su estado de salud, y el “Negro” entregó un discurso emotivo de —siete minutos— donde recordó a su fallecido hermano el presidente Sebastián Piñera. “Recorriendo Chile entero, haciéndole un humilde homenaje a mi hermano querido Sebastián, que lo extraño”, expresó emocionado.

Miguel, con una sonrisa en su rostro, añadió: “estoy con el ánimo arriba, estoy con buena actitud, me siento bien, me siento mejor que nunca, estoy la raja, huevón”.

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La despedida inesperada

Nadie del equipo, del público, familiares o amigos pensaba que esa noche podría ser la última en la que el “Negro” estaría presentándose en vivo para todo el país. 

“Jamás nos imaginábamos que el Negro iba a morir a los pocos días, eso estaba muy lejos de nuestros pensamientos”, recuerda Cristián con nostalgia. Además, menciona que, al momento de enterarse de la noticia del fallecimiento del “Negro”, muchas frases que él dijo adquirieron un tono distinto, de despedida. 

Roberto López trabajó con Miguel por primera vez cuando comenzaron a ensayar las semanas previas a la gala. No se conocían desde antes, pero se generó un gran vínculo en el poco tiempo que estuvieron juntos haciendo lo que a ambos les gustaba: música.

“Yo sabía que para él iba a ser un momento único y probablemente el último momento que iba a vivir”, relató. El director le dio la oportunidad de que “viviera una buena experiencia sobre todas las cosas”, agrega. Durante los ensayos se fueron conociendo de una manera más cercana y encontró a un hombre que, a pesar de todo, era consciente de lo que podría llegar a pasar en un futuro.

Pozo recuerda que, sin saberlo, todo terminó de manera casi simbólica. Después de la gala viajó a Licanray, en el sur, para presentarse en un escenario al aire libre, más cercano, más pequeño. Esa fue su última noche sobre un escenario.

Luego se empezó a sentir mal y lo tuvieron que llevar a Villarrica por dos trombosis en una de sus piernas. Fue ingresado a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital de Villarrica, en el que estuvo tres días hospitalizado. Pero por la gravedad de su enfermedad, que lo llevó a dos paros cardiorrespiratorios, tuvieron que llevarlo a la Clínica Alemana de Temuco.

Cristián se encontraba en el supermercado cuando una conocida que trabajaba en el canal TVN le escribió para preguntarle si el rumor que estaba rondando por las redes sociales era cierto. Que Miguel Piñera falleció. Nadie sabía con certeza lo que estaba sucediendo en ese momento. 

El mismo “Negro” respondió a las dudas y apareció en el grupo de WhatsApp “Club de Toby” y mandó un mensaje. “Tranquilos, ustedes saben que la prensa le pone color”. Tres horas después de aquel mensaje esperanzador, la realidad cambió llegó de golpe. Miguel Piñera había fallecido. Un viernes 28 de febrero de 2025. Una semana después de su última gran aparición en la gala.

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Un hombre con miedo disimulado en el humor y la sonrisa

Miguel Piñera ya no era él mismo desde la muerte de su hermano Sebastián. Cayó en una tristeza profunda, ya que fue como si se hubiese ido una parte de sí mismo con él. 

Le vino el bajón. “Nos desvelábamos a las cuatro de la mañana, me decía que estaba triste. Él trataba de salir adelante; los amigos más cercanos le hicieron una ruta por Chile para viajar y cantar y se presentó en varios casinos, en varios centros de eventos y eso le hizo bien para despejarse”, recuerda el exproductor. Aun así, la pena siempre estuvo ahí.

Miguel Piñera no hablaba de su enfermedad. Solo se la contó, en silencio, a dos amigos de absoluta confianza. Prefería resguardarse antes que exponerse a la compasión ajena. Sin embargo, esa reserva se quebró tras una entrevista con Julio César Rodríguez, donde su diagnóstico quedó al descubierto frente a todo el país. Desde entonces, el secreto dejó de serlo. Cuando la noticia se hizo pública, escribió en el grupo de WhatsApp que compartía con sus más cercanos —entre ellos, Cristián— para confirmar que era cierto.

Nadie lo esperaba, pero su reacción no cambió. Miguel siguió siendo el mismo: lleno de humor, tirando la talla como siempre. “Tiene para dos años más, quizás”, pensó en un comienzo su exproductor. Con el tiempo, sin embargo, empezó a notarlo distinto: más cansado, más lento, incluso más envejecido. Su estilo de vida —mala alimentación, carretes persistentes y una pena que no se iba— terminó por pasarle la cuenta. “Tal vez, si se hubiera cuidado más, podría haber extendido su vida”, reflexiona Cristián. Pero el “Negro” no escuchó a nadie. Era un niño grande, con el miedo cuidadosamente escondido detrás de la sonrisa.

Hugo Villarroel, amigo de Miguel desde hace 25 años y parte de su círculo desde los tiempos del local Entre Negros hasta Club Mandala, recuerda a alguien que no tenía problemas para conversar con cualquiera: podía detenerse a hablar con una persona mayor o con un joven desconocido con la misma disposición. Siempre se daba el tiempo para escuchar. Con el paso de los meses, eso sí, comenzó a notarlo más desgastado y pesimista. La última vez que se vieron fue un sábado, antes de que Miguel viajara a Licanray; después solo hablaron por teléfono. Hugo no imaginó que ese encuentro sería el último en persona.

El reconocido cantante, compositor y productor chileno, Wilfredo Labarca “Wildo”, conoció al “Negro” Piñera en los años ochenta, cuando Miguel estaba en el top como fenómeno musical, antes que su personaje fuese más conocido que el artista mismo. En diciembre del año 2024 fue la última vez que “Wildo” compartió con él físicamente. Compartieron toda la noche; era el cumpleaños de una amiga en común. No pararon de conversar desde que se sentaron juntos. Posteriormente, hablaron seguidamente por teléfono sobre un proyecto que tenía el “Negro” en mente. “Quería hacer unos regalos a la gente”: Pendrives con canciones de él. 

“Wildo”, en conjunto con su ingeniero de sonido, Tito Astete, recopilaron los principales temas que Miguel había hecho. Se formó un compacto de unos 15 minutos. Era un mix. El “Negro” quería que todos esos temas estuvieran con el nombre “Gracias Chile”.

Cuando ya se encontraba internado, “Wildo” y Miguel siguieron conversando: “Le decía: mira, este es el costo”, recuerda su amigo. Hicieron todas las averiguaciones necesarias ya para traer los pendrives desde China. Hasta el último momento, el “Negro” quería que su amigo lo ayudara con el proyecto que estaban armando en conjunto; sin embargo, la idea quedó inconclusa tras la muerte de Piñera. 

En la conversación privada con Álex Hernández antes de la presentación, Miguel Piñera se puso serio y bajó su tono de voz. “Entonces dame un consejo”, le dijo con neutralidad al exdirector.

Él se quedó mirándolo por unos segundos en silencio. Le impactó verlo tan serio. Hernández respondió: “más que un consejo, yo te puedo decir que Dios es el único que tiene potestad sobre la vida y la muerte”. El “Negro” lo escuchó atentamente.

El exdirector continúa: “Tu estado de ánimo es muy importante para este tipo de enfermedades”. Miguel lo abrazó por un largo tiempo. Fue un abrazo íntimo, entre amigos. Le agradeció de una manera muy sincera.

Más allá del personaje, Miguel Piñera dejó una imagen difícil de borrar. Su última aparición pública funcionó como una despedida inesperada, marcada por la exposición de su fragilidad y por la decisión de seguir adelante pese a la enfermedad. “Yo pensé que al Negro le dolía algo y que lo estaba peleando”, recuerda Álex Hernández, aludiendo a una resistencia que nunca fue declamada, pero que se dejó ver en escena.

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