
Tiempo Libre
25 de Febrero de 2026La semana festivalera de Juan Manuel Astorga a un año de su confuso despido y recontratación de Mega: “No hay que apurar nunca la cicatrización. Si apuras una herida, la cicatriz queda mal”
El conductor de noticias de Meganoticias Prime, Juan Manuel Astorga, tiene una agenda frenética. A su rol como jurado en el Festival de Viña 2026 decidió no dejar de lado su trabajo en el programa radial de Radio Infinita, Ahora es Cuando, que va al aire a las 7 de la mañana. Aún con Viña bajo un cielo oscuro, Astorga se planta frente al micrófono, demostrando su compromiso con el espacio. Su papel como jurado llegó justo a un año de una mediática salida que terminó con su regreso y su retorno express. En entrevista aborda su cercanía con el resto del jurado y su vínculo con Mateo Bocelli, quien lo invitó a su casa en La Toscana.
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Juan Manuel Astorga dice que este último año, desde su despido, su recontratación express, hasta convertirse en jurado del Festival de Viña, no lo siente como una revancha.
“Lo tomo como el inicio de un nuevo ciclo, no más”, explica en la terraza del Hotel Sheraton. Fue hace exactamente un año cuando el periodista tuvo que desfilar por la Alfombra Roja de la Gala de Viña del Mar, a pesar de que ya estaba fuera de su rol como conductor de Meganoticias Prime. “Fui a la gala igual, con un poquito de angustia”, recuerda sobre ese día.
Hoy el semblante del periodista es distinto: está nuevamente afianzado en su rol, es uno de los rostros más valorados de la televisión abierta y proyecta credibilidad y confianza en tiempos de cambios para el país: en mayo de 2025, según la encuesta Cadem, con un 89% de imagen positiva, Juan Manuel Astorga se posicionó como el rostro de medios mejor evaluado.
Su papel como jurado representa un aire fresco en su labor informativa que, según su propia evaluación, no lo desdibuja ni modifica lo cosechado al frente de las noticias. “No creo que sea una frontera infranqueable”, reflexiona sobre la capacidad de los periodistas para desenvolverse en diferentes áreas.
Y el conductor ha sabido transitar bien esa frontera durante esta semana festivalera. A las 7 de la mañana está frente al micrófono en su labor informativa en Radio Infinita. Duerme apenas una hora y media después de las largas jornadas del festival.
Durante el día se desenvuelve con soltura junto al jurado, tal como lo proyecta en redes sociales, donde muestra su cercanía con la Miss Universo Fátima Bosh, el cantante italiano Mateo Bocelli y la estrella juvenil del momento, Milo J. Antes del ritual de volver a la Quinta Vergara intenta dormir una siesta, así durante toda la semana. Esta entrevista, de hecho, le quitará unos minutos de sueño.
— ¿Sientes que ser jurado de Viña es una revancha personal?
— No, no acumulo rencor en mi vida, en general no tengo ese desperdicio de energía. Esto es como cuando te picas en un partido de fútbol con un rival, después igual todos al final van a tomar cerveza juntos. Yo lo entiendo de la misma manera, como aparte del juego que es este trabajo. No lo miro como una revancha, pero lo miro como una súper oportunidad, como el inicio de un nuevo ciclo, una nueva etapa en el canal. Lo he pasado increíble, me he entretenido mucho y estos días me la pesado mejor de lo que creía.
—¿Cómo te has integrado al jurado? Se te ha visto cercano a Fátima y también a Mateo Bocelli.
—Me he llevado muy bien con todos, soy supersociable. Crecí con muchos hermanos y con la lógica de ser amigo de los amigos de mi hermano. Desde el primer día conectamos muy bien. Conectamos muy rápido con Fátima y con Mateo, que me tocó sentarme al lado en el almuerzo. Milo J es encantador, es introvertido pero luego entra en confianza. Hemos hablado de montones de cosas, yo viajo harto a Buenos Aires y hablamos de fútbol y de música. Pablo Chill-E también es encantador, tiene una mirada social muy atráctiva.
—¿Y la invitación a Italia de Mateo es real o es parte del juego festivalero?
—No, es real. Yo le conté que estoy planificando un viaje a Italia a mediados de año y Mateo me dijo que fuera a verlo tocar, porque él vive allá. Me dijo: “Feliz, anda a verme a mi casa a La Toscana”. Mateo es muy encantador, muy cariñoso, es así. Y en general ha sido igual con todos. Con Verónica Villarroel, por ejemplo, uno conoce la carrera del otro, entonces se ha generado una dinámica de jurado que superó mis expectativas.
Las fronteras del periodismo
Hace algunos días, el conductor recibió “hate” por una foto tomada al interior de su casa en una entrevista con el Diario Financiero. Las críticas apuntaron a la decoración, cuestionamientos que, según él, ni siquiera vale la pena comentar porque le parecen un tema “nimio”.
Además, explica que esa sala es un lugar de grabación: “Es un estudio de grabación que tiene distintos rincones. Entonces, el que no lo entiende, no lo entiende”, asegura.
—¿Te asustó, siendo de un medio más formal o tradicional, esa línea divisoria entre el espectáculo y la prensa? ¿Hiciste esa ponderación antes de aceptar?
—Sí hice la ponderación, pero por razones más bien prácticas. Venía de un año muy político, de un fin de año muy político y de un comienzo también marcado por la contingencia, con el nombramiento del gabinete del presidente electo y considerando que doce días después del festival es el cambio de mando. Mi reflexión iba más por ahí.
Pero esto es como decir que un periodista político no puede hablar de fútbol. El espectáculo es una parte del espectro del periodismo, al igual que la farándula. Sé que hay muchos periodistas más “serios”, entre comillas —me refiero a quienes cubren noticias más formales, más propias de un noticiero— que tienden a mirar en menos la farándula. Pero la farándula también es parte del ejercicio periodístico; uno puede conectar más o menos con ella, pero forma parte del mismo oficio.
—Pero igual hay algunos “talibanes” del periodismo…
—Yo no soy talibán en ningún aspecto. Porque, además, uno nunca sabe: mañana, a lo mejor, me puede resultar atractivo trabajar en ese mundo. Creo que hay que entenderlo y tratar de comprenderlo. Eso no significa idealizarlo, pero tampoco despreciarlo ni rehuirle. Y no creo en esa supuesta frontera infranqueable.
Es evidente que hay cruces: el espectáculo se cruza con la economía y también con la política. Cuando ves los contenidos sociales de las canciones de Bad Bunny, ¿qué es eso? Es política. No es política partidaria, pero sí es política social.
—¿Se hizo algún plan de contingencia en caso un inesperado evento en la última semana de febrero?
—No hay un plan formal, pero es bastante evidente que, si pasa algo, estoy obligado a volver a mi rol principal. Nadie lo pone en duda ni en discusión; eso va a ocurrir. No es que me digan “te tienes que quedar porque eres jurado”. Si uno pondera ambas situaciones, mi responsabilidad principal es la informativa.
Su regreso a Viña
Juan Manuel Astorga se define como un fanático del Festival de Viña, dice que el único que no vio fue el del año pasado, simplemente no pudo debido al momento que estaba viviendo en Megamedia.
“Me desvincularon dos o tres días antes de que partiera y no quise verlo. Era muy duro ver a mis compañeros sentados ahí, así que simplemente no lo vi”, dice.
—¿Pero estuviste en la gala el año pasado?
—Sí, fui a la gala, porque la radio sigue siendo parte de MegaMedia y me parecía que tenía que estar. Soy la voz principal de la radio, así que correspondía ir. Pero fui igual, con un poquito de angustia.
—¿Pensaste qué hacer en ese momento, antes de que se produjera el “bumerán” de la vuelta? ¿A qué dedicarte? Dijiste que habías visto otros proyectos…
—Sí, yo ya había conversado con dos canales. De hecho, tenía bastante avanzado un acuerdo con uno, que no voy a decir cuál es por respeto a los ejecutivos con los que hablé. Mi destino en términos de televisión estaba bastante resuelto.
“No es que estuviera completamente seguro de que iba a volver, pero tampoco era una incertidumbre total. Y si no me hubiese llamado nadie, tampoco habría sido un drama”, agrega Astorga.
Además el periodista vuelve a un momento dificil de su vida para afrontar momentos de incertidumbre. “Tuve una depresión hace muchos años —hace diecisiete— y eso te cambia la perspectiva. Hay cosas que ya no me angustian como antes. Quedarme sin trabajo no es algo que me desespere. Si tengo que dedicarme a otra cosa para sostenerme económicamente, lo hago. No lo vivo como un drama estructural”, dice.
Astorga cuenta que va hace años a terapia, cuenta que le sirve para afrontar los elementos angustiantes de su trabajo. “Cuando uno relata un incendio en el que murió gente, muchos creen que llegas a la casa, te sacas el maquillaje y te acuestas tranquilo. Y no es así”, asegura.
“Hace dos años, con los incendios en Viña y después la muerte de Piñera, fueron casi dos semanas de una intensidad periodística enorme. Cuando terminé las transmisiones tras el funeral de Piñera —que fue como el cierre de esas semanas tan duras—, tomé un avión con un amigo y le dije: “Vayamos a cualquier parte, a algún parque”. Nos fuimos a La Serena”, relata Astorga.
—¿Y qué pasó?
—Esa noche terminé sentado a las tres de la mañana en el faro de La Serena, llorando a mares. Era la acumulación de angustia, de haber hecho durante horas y horas el relato de un drama que sabías que estaba golpeando a tanta gente. Uno es humano, y esas cosas te atraviesan. Por eso hago terapia: porque uno absorbe muchas cargas. No es solo por la exposición pública, sino por la necesidad de mantener el equilibrio.
—¿Tuviste que reconciliarte internamente o fue borrón y cuenta nueva el año pasado?
—La vuelta fue rápida en términos prácticos, pero en lo emocional fue más lenta. No con el equipo: con ellos tengo una relación de mucho cariño. Nos llevamos increíble, nos reímos, estoy muy compenetrado en el trabajo diario, revisamos notas, nos escribimos.
Pero, en lo personal, no hay que apurar nunca la cicatrización. Si apuras una herida, la cicatriz queda mal, y yo no quería que me pasara eso. Entonces me tomé mi tiempo. Reflexioné, traté de pensar qué errores pude haber cometido para que ocurriera lo que ocurrió. No fue llegar y decir “ya volví, listo”. Me senté a evaluar qué dinámicas no detecté a tiempo, qué señales debí haber advertido. Ese fue el verdadero cierre del círculo. Más allá de que cambiaran los jefes, tenía que preguntarme si las dinámicas habían cambiado o no.
—¿Y alguien te pidió disculpas por la forma, por la exposición?
—Buena pregunta. Los actuales ejecutivos y la propiedad del canal reconocen que lo que pasó fue bien impresentable. Intentaron dar una explicación, aun cuando no fueron quienes tomaron la decisión. No diría que me pidieron perdón —sería impreciso—, pero sí reconocieron que lo ocurrido fue inexcusable.
Institucionalmente sintieron una responsabilidad, sobre todo considerando que fueron ellos quienes impulsaron mi regreso, y así me lo hicieron saber. Pero yo no pedí que me pidieran disculpas, porque en rigor no les correspondía. De hecho, es evidente que quienes tomaron esa decisión ya no están. Y no digo que no estén solo por haberme sacado, pero en parte también tiene que ver con eso.