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“Es imposible comprender que nuestra vida termine así”: La desconocida declaración de la madre de los mellizos Cruz-Coke, víctimas del triple crimen de La Reina

En su testimonio, la exesposa de Eduardo Cruz-Coke reconstruye la historia familiar: los años marcados por las complejidades de salud de sus hijos, las tensiones vinculares y económicas con la familia paterna y la relación con su cuñada Trinidad —hoy imputada en la causa— y con el marido de ella, Jorge Ugalde, la única persona que permanece en prisión preventiva por el triple asesinato. La declaración también aborda el episodio del presunto envenenamiento ocurrido meses antes del crimen.

Por 5 de Marzo de 2026
Sandro Baeza
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El triple crimen ocurrido el 18 de octubre de 2025 en la comuna de La Reina —donde fueron asesinados el fotógrafo Eduardo Cruz-Coke y sus dos hijos mellizos de 17 años al interior de su vivienda en La Reina— sigue sumando capítulos en los tribunales. Por este caso permanece en prisión preventiva el psicólogo Jorge Ugalde, cuñado de la víctima, formalizado por tres homicidios calificados.

Esta semana la causa volvió a moverse en el Cuarto Juzgado de Garantía de Santiago, luego de que la defensa del imputado solicitara una audiencia de cautela de garantías. En ella acusaron falta de acceso a antecedentes relevantes de la investigación y cuestionaron diligencias realizadas por la Fiscalía, planteamientos que fueron rechazados por el Ministerio Público, que aseguró haber entregado los antecedentes disponibles de la carpeta investigativa.

En medio de ese nuevo episodio judicial, The Clinic accedió a un documento hasta ahora desconocido en la causa: la segunda declaración entregada por Carolina Grellet —ex esposa de Eduardo Cruz-Coke y madre de los dos adolescentes asesinados— ante los investigadores el 17 de diciembre pasado.

La mujer reconstruye los meses previos al crimen y el momento personal que atravesaba la familia. “Estábamos pasando el mejor momento de nuestras vidas”, afirmó en ese relato, antes de agregar que le resulta desgarrador que, tras años de esfuerzo, sus hijos hayan sido asesinados “de una manera tan cruel y desalmada”.

Cruz-Coke investigación parricidio
Cruz-Coke investigación parricidio

El recorrido familiar de Carolina Grellet

El testimonio de Carolina Grellet bien podría dividirse en tres partes. La primera corresponde a una reconstrucción familiar en la que detalla los duros primeros años de vida de sus hijos, quienes —debido a distintas patologías— fueron usuarios de la Teletón, institución en la que su padre también trabajó como fotógrafo. 

En su declaración, Carolina Grellet parte reconociendo que aún no logra dimensionar lo ocurrido.

“Que nuestra vida termine así es imposible de comprender para mí aún. Es como si no fuera real. En esta declaración quiero relatar la historia de nosotros, los hechos que creo relevantes, por si algo de esto puede ser útil para la Fiscalía”.

Luego reconstruye el inicio de su relación con Eduardo Cruz-Coke Japke. Según relata, comenzaron a estar juntos en agosto de 2002 y, pese a una etapa de distanciamiento que describe como conflictiva a raíz de su reparación, mencionó que su relación estuvo marcada principalmente por el cariño y el respeto hasta el día de su muerte.

“Desde el comienzo fue todo muy intenso. Al año de relación nos fuimos a vivir juntos y teníamos la intención de ser padres”.

Ese deseo, sin embargo, estuvo marcado por una serie de infructuosos intentos de tener hijos que incluso llevaron a que Carolina estuviese internada en el año 2005. La pareja se casó el 22 de octubre de 2004 por el civil, bajo régimen de sociedad conyugal, y en diciembre de ese mismo año lo hicieron por la Iglesia Católica. Según relata en su declaración, todo esto marcó profundamente al matrimonio. “Fue un golpe tremendo para nosotros, porque lo que más deseábamos en la vida era ser padres”, indicó.

A pesar de esa dificultad, la pareja decidió intentarlo nuevamente. En julio de 2006 iniciaron un tratamiento de fertilización in vitro en la Clínica Las Condes.

El embarazo que finalmente prosperó también estuvo marcado por dificultades. Según relata, fue un embarazo de alto riesgo y en abril de 2008 debió someterse a una intervención quirúrgica. A las 24 semanas de gestación se rompió la bolsa amniótica de uno de los mellizos, lo que la mantuvo durante cerca de cuatro semanas en una situación médica compleja. Finalmente, sus hijos nacieron el 2 de agosto de 2008 mediante una cesárea de urgencia.

“Cuando nació Federico lo desahuciaron”, recuerda en su declaración. El niño fue dado a luz con diversas complicaciones de salud que obligaron a intervenirlo y a mantenerlo bajo estrictos cuidados médicos durante sus primeros meses de vida.

Pese a ese escenario inicial, Federico logró salir adelante. Durante su infancia y adolescencia debió someterse a diversas operaciones y tratamientos asociados a una condición neurológica que afectaba principalmente su movilidad. Caminaba con bastones y utilizaba ortesis en ambas piernas.

Sin embargo, según relató su madre, su desarrollo intelectual nunca fue una limitación. “El Fede tenía una mente fantástica. Era muy inteligente, iba a un colegio tradicional y cursaba segundo medio”.

En su testimonio también lo describe como un joven especialmente interesado en la política y la historia. “Hacía grandes análisis de la política nacional e internacional. También le fascinaba la historia; era una enciclopedia al respecto”.

Su hermano mellizo, Eduardo, tuvo un inicio de vida menos complejo desde el punto de vista médico. Durante la infancia enfrentó algunas dificultades de salud que con los años fueron superadas.

Al momento de su muerte cursaba primero medio en un colegio tradicional. Según relata Grellet, no presentaba mayores dificultades cognitivas y llevaba una vida escolar normal.

“Mis hijos nacieron con muchas dificultades, pero para mí eso fue una razón para esforzarme aún más por sacarlos adelante”, señala Grellet en su declaración. “Más aún cuando veía cómo ellos se superaban día a día y enfrentaban todo con alegría”.

Homenaje Cruz-Coke
Homenaje Cruz-Coke

Según relata, desde el primer momento la relación con sus hijos fue profundamente cercana. “Los amé desbordadamente desde el día que nacieron. Amé cada cosa de ellos y sin duda fueron una bendición”.

Durante los primeros años, explica, la vida familiar estuvo marcada por exigencias médicas y cuidados permanentes. “Siempre fuimos muy unidos. Es verdad que al comienzo fueron años muy difíciles. Yo dedicaba prácticamente todo mi tiempo a cuidarlos, debiendo además mantener mi trabajo”.

Los traslados constantes a consultas médicas, tratamientos y controles implicaban una logística compleja y también altos costos económicos. En ese contexto, cuenta, su familia jugó un rol clave para poder sostener esa etapa.

“En algún minuto incluso toda mi familia se concentró en reducir gastos para que ellos pudieran atenderse y ayudarme también a mí”, relata.

Según explica en su declaración, ese apoyo fue fundamental para enfrentar los primeros años de vida de los niños. “Todo esto era un gran esfuerzo mancomunado, donde mi familia estaba ampliamente comprometida”.

En contraste, sostiene que con el tiempo percibió poca participación de la familia de su entonces esposo en ese proceso.

Problemas de pareja a raíz de la separación

En su declaración, Carolina Grellet también aborda la relación que mantuvo durante años con Eduardo Cruz-Coke Japke, marcada —según explica— por el desgaste que significaron los cuidados médicos de sus hijos y las dificultades económicas asociadas a ese proceso.

Mi relación con Eduardo estuvo muy estresada, debido a la condición de nuestros hijos, los gastos asociados y los cuidados que requerían”, señala. Esa presión, agrega, fue deteriorando el vínculo hasta que finalmente decidieron separarse en junio de 2012.

Pese a ese quiebre, en su relato subraya que la relación estuvo mayoritariamente marcada por el afecto. “Mayoritariamente nuestra relación fue buena. Eduardo fue una gran persona y por eso actualmente tantas personas lo apoyan”. Sin embargo, reconoce que la imposibilidad de cubrir en conjunto los altos gastos médicos y de cuidado de los niños generó tensiones recurrentes entre ambos.

Según relata, las diferencias económicas terminaron por judicializar parte de su relación. “Tuve que demandarlo por pensión de alimentos para mis hijos y, dado los ingresos reducidos de Eduardo, se estableció de común acuerdo que debía pagar $580.000, además de contribuciones e Isapre”, explica. Ese monto, sin embargo, estaba lejos de cubrir las necesidades que —según detalla— se habían estimado en alrededor de $2.500.000 mensuales.

La situación incluso derivó en nuevas tensiones familiares. “Como él no tenía forma de costear los gastos en un monto mayor, tuve que demandar también a sus padres, lo que tensó mi relación con ellos”, señala. Según su relato, Eduardo mantuvo una actitud más bien pasiva frente a ese conflicto. “Los que lo conocían saben que a Eduardo no le gustaban los conflictos”.

Con el paso del tiempo, sin embargo, el vínculo volvió a recomponerse. “Nuestra relación con Eduardo ahora estaba recompuesta desde hace algún tiempo, al menos dos años”, afirma en su declaración.

“Estaba más comprometido que nunca con los niños y se sacaba la mugre para llevarlos a sus tratamientos”. El acercamiento llegó incluso a reconfigurar la dinámica familiar: Grellet relata que Eduardo tenía una habitación en su casa para poder compartir más tiempo con los niños y que con frecuencia pasaban tiempo juntos como familia. En ese período, además, viajaron los cuatro al norte de Chile y a Brasil.

En 2023, agrega, incluso firmaron un acta de mediación que buscaba regular el pago de deudas y ordenar el cuidado de los hijos para facilitar que ambos compartieran la misma residencia. El acuerdo, sin embargo, no prosperó por razones técnicas.

“Mi relación con Eduardo desde 2024 iba solo en mejoría”, señala. Según recuerda, incluso su hermana Trinidad (hoy imputada en la causa) le comentaba a Eduardo, en tono de broma: “Falta puro que te quieras casar de nuevo”.

La relación con Trinidad Cruz-Coke y los conflictos económicos familiares

En su declaración, Carolina Grellet también aborda la relación que mantuvo durante años con la familia de su exmarido, especialmente con su cuñada Trinidad Cruz-Coke, quien hoy figura como imputada en la investigación por el triple crimen ocurrido en La Reina. En ese apartado de su testimonio, la mujer describe una relación que —según sostiene— estuvo marcada por tensiones familiares y conflictos económicos vinculados al financiamiento de los tratamientos y cuidados que requerían sus hijos.

Según relata, con el paso del tiempo comenzó a percibir una escasa disposición de parte de la familia Cruz-Coke Japke para colaborar con los gastos asociados al cuidado de los niños. “En lo que respecta a la familia de Eduardo, fue quedando en evidencia poco a poco su nula intención de ayudarnos”, afirma en su declaración.

Ese escenario, explica, la llevó a iniciar acciones judiciales para asegurar recursos destinados a sus hijos. “Para mí fue muy humillante tener que demandar y casi rogarle a la familia Cruz Coke Japke para que ayudaran a mis niños”, señala. Finalmente, el 8 de enero de 2014 se alcanzó un acuerdo con los abuelos paternos de los menores, fijando un aporte de $260.000 mensuales por ambos niños, reajustable según el IPC.

En su relato también menciona que en 2014 se constituyó una sociedad familiar en la que —según su interpretación— se incorporaron distintos bienes inmuebles del grupo familiar. A su juicio, esa estructura se habría creado como una forma de proteger esos activos frente a eventuales solicitudes vinculadas a la mantención de sus hijos.

“Creo que como una forma de protegerse de solicitudes futuras vinculadas a la mantención de mis hijos, en el año 2014 se creó la sociedad de la familia Cruz Coke Japke”, afirma. Según describe, en esa sociedad se incorporaron distintos inmuebles de la familia, entre ellos varios departamentos y la propiedad donde actualmente reside Trinidad.

Grellet señala que tomó conocimiento de esa sociedad años después, durante un juicio iniciado en 2017 por la madre de Eduardo, Herta Japke, luego del fallecimiento del padre de la familia. En ese proceso —según relata— se buscaba poner término al pago de la pensión de alimentos de los niños, que entonces tenían nueve años y que ascendían a algo así como 260.000 pesos mensuales por los dos niños.

“Me dolía cómo trataban a mis hijos. A la menor posibilidad trataban de negarse a entregarles ayuda. No les importaba que ellos necesitaban tratamientos”, señala en su declaración. En ese mismo contexto menciona que Eduardo Cruz-Coke había firmado un testamento en el que beneficiaba a sus hijos, pero dejaba a su hermana Trinidad como tutora o curadora de los bienes.

Respecto de su relación personal con ella, Grellet asegura que el vínculo fue tenso desde el inicio. “Desde que supo que estaba embarazada demostró nula simpatía o empatía hacia mí. Recuerdo que una vez me dijo que nada de la familia iba a ser mío nunca”. Señala que eso le sorprendió debido a que es una mujer profesional e independiente económicamente. También recuerda otros hechos que a su juicio eran indolentes para con ella y sus hijos, como que no le prestó ayuda  en una urgencia en su embarazo, ni en el terremoto en que quedó su casa quedó con graves daños, por lo que tuvo que escapar con sus hijos de dos años. 

Hacia el final de ese apartado de su declaración, Grellet también sostiene que en distintas oportunidades integrantes de la familia Cruz-Coke Japke, luego del asesinato de su ex marido y sus hijos, se habrían acercado para plantear la posibilidad de “negociar” o alcanzar algún acuerdo económico.

El episodio del presunto envenenamiento en 2024

En su declaración, Carolina Grellet también aborda un episodio ocurrido meses antes del crimen y que, según su relato, marcó un punto de quiebre en la relación de Eduardo Cruz-Coke con su propia familia.

De acuerdo con su testimonio, durante 2024 Eduardo habría intentado ordenar la estructura patrimonial familiar con el objetivo de asegurar recursos para sus hijos, un proceso que —según afirma— generó tensiones al interior del grupo familiar.

“Previo a esto, Eduardo quiso ordenar la sociedad familiar para asegurar recursos a sus hijos. Pero su familia fue poco colaborativa y nunca firmó la cesión de derechos”, señala. En ese contexto, agrega, le llamó la atención el cambio de actitud que notó en su exmarido respecto de su hermana. “Me sorprendió que se mostrara abiertamente molesto con su hermana, ya que en general él tendía a someterse y creer en ella”.

Según relata, el episodio ocurrió el 3 de noviembre de 2024, durante una reunión familiar en la propiedad conocida como La Cañada. Esa noche, recuerda, Eduardo la llamó por teléfono en lo que describe como un mensaje de auxilio. “Carola, la Trinidad me trató de envenenar, por favor ven a ayudarme”, habría dicho. Grellet afirma que su voz sonaba somnolienta y debilitada. De inmediato le preguntó por los niños, y Eduardo le respondió que estaban bien porque apenas habían probado el postre que se había servido en la reunión.

Tras esa llamada, cuenta que se dirigió rápidamente al lugar junto a su hermano Jaime y que, en paralelo, solicitó asistencia médica de emergencia a través del servicio Help, que tenía contratado para sus hijos debido a sus condiciones de salud. Cuando llegó al domicilio —según su relato— Eduardo se encontraba en mal estado, por lo que decidieron trasladarlo a la Clínica Cordillera.

En el trayecto, afirma, Eduardo presentó vómitos reiterados. Una vez en el centro asistencial, relata que explicó a los médicos lo ocurrido y planteó la posibilidad de que se tratara de un intento de envenenamiento. Según le habrían indicado entonces, la única forma de comprobarlo era mediante un examen toxicológico cuyo resultado tardaría varios meses y cuyo costo era elevado, por lo que finalmente no se realizó.

Grellet sostiene que insistió en que el episodio debía denunciarse, pero que con el paso de los días Eduardo comenzó a restarle gravedad a lo ocurrido. Según su versión, él llegó a plantear que el malestar podría haber sido consecuencia de un accidente doméstico, como el derrame involuntario de un medicamento mientras se servía el postre.

“Supongo que era muy difícil aceptar que tu propia familia te quisiera matar”, señala en su declaración. Aun así, afirma que durante un tiempo le pidió a Eduardo que evitara llevar a los niños nuevamente a esa casa.

La respuesta ante supuestos intereses económicos

En medio de la investigación también surgieron cuestionamientos respecto de un supuesto interés económico de Grellet tras la muerte de sus hijos. En su declaración, la mujer aborda directamente esas versiones y las descarta de plano.

Según explica, esas sospechas surgieron luego de que solicitara de manera informal algunos objetos personales de Eduardo y de los niños: una bicicleta sin marca, ropa, fotografías y registros audiovisuales producidos por el propio Cruz-Coke.

“Me gustaría poder conservar el trabajo de Eduardo, hacer una exposición o algo así”, señala.

También afirma que su interés no está puesto en bienes materiales de la familia paterna.

“Quiero dejar en claro que no tengo ningún interés de quedarme con algo de esa casa que sea de ellos —cuadros, muebles, etc.—. Solo quiero un par de cosas con valor sentimental y que eran de mi familia. Esa casa para mí es una pesadilla”.

En su relato agrega que su temor era que esos recuerdos pudieran desaparecer. “Mi miedo era que la familia Cruz Coke Japke destruyera algo de todo eso, lo que sería irreparable”. Por esa razón —explica— sus abogados optaron por presentar una acción judicial para resguardar esos objetos y evitar que alguien ingresara a la vivienda para retirarlos.

Luego, vuelve sobre el vínculo entre Eduardo y los niños.

“Eduardo amaba a nuestros hijos con el alma. Eduardo fue el mejor padre que mis hijos pudieron tener (…) Estábamos pasando el mejor momento de nuestras vidas desde que nacieron los niños y ellos estaban bien de salud, siempre con particularidades, pero estaban haciendo una vida, habían salido adelante con mucho esfuerzo, por lo que me desgarra que luego de tanto esfuerzo los hayan matado y de esta manera tan cruel y desalmada, horrible.

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