Las huellas del “Mencho” en Chile: cómo el Cartel de Jalisco planificó un laboratorio de metanfetaminas en Antofagasta y visó envíos desde México durante la pandemia
Los puertos chilenos entraron en el radar del Cartel Jalisco Nueva Generación hace seis años. Primero, intentaron conectar durante la pandemia envíos de marihuana en toneladas desde Manzanillo y Lázaro Cárdenas, zonas controladas por la red narco que era liderada por Nemesio Oseguera, alías “El Mencho”, abatido el pasado 26 de febrero. Pero no fue el único intento: en 2025 hubo dos casos asociados a cargamentos de metanfetamina, la droga estrella de esta agrupación. La Fiscalía desbarató un laboratorio que buscaba crear los cristales en Antofagasta para enviarlos a Oceanía. Mientras que también se detuvo a cuatro ciudadanos chinos, quienes intentaron ingresar 100 kilos del cristal sintético por el Aeropuerto, cuya coordinación habría sido con los narcos mexicanos.
Por Jaime Pinochet 6 de Marzo de 2026
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Una información residual dio las primeras alertas. El antecedente tenía tal nivel de reserva que no se identificó si se había obtenido en una escucha telefónica a un narco de Antofagasta o Bolivia. Tampoco si fue durante un interrogatorio o en medio la revisión de un cuaderno incautado en un operativo de drogas.
El dilema es que el reporte generó preocupación y a la vez el armado de un equipo de élite para corroborar lo que se decía en el informe de inteligencia que llegó al despacho del fiscal regional de Antofagasta, Juan Castro Bekios, en mayo de 2024.
La información aseguraba que una organización mexicana –muy probablemente el Cartel de Jalisco Nueva Generación– tenía dentro de sus planes posicionar a Chile como centro de recepción, acopio y procesamiento de metanfetamina para exportar a Europa y Oceanía.
Con apoyo de agentes del OS.7 de Carabineros y la Policía Marítima de la Armada –expertos en bandas narcos que operan en los puertos chilenos– pusieron sus ojos en esta presunta célula que podría estar operando en suelo nacional. La instrucción era una sola: infiltrarse en ella.
Mientras empezaban las primeras diligencias secretas, dos mexicanos arribaron a Chile desde Jalisco para observar en terreno las cualidades “técnicas” del puerto de Antofagasta.
Según la carpeta investigativa, Eduardo Jiménez Rangel y Eduardo Michel Ávalos pasaron por Policía Internacional del Aeropuerto Arturo Merino Benítez con sus identidades verdaderas, pues no estaban “contaminados” con alertas de Interpol y de la DEA de Estados Unidos.

La droga sintética la habían enviado unos meses antes por medio de una encomienda oculta en un motor de auto. De acuerdo a las pesquisas, era una dosis pequeña de metanfetamina. El objetivo era probar la ruta y jactarse del producto en Chile.
Todos estos movimientos fueron detectados por el equipo secreto creado en la Fiscalía de Antofagasta. Tras varias reuniones, determinaron no intervenir y averiguar más información de la célula mexicana.
Los narcos de Jalisco volvieron a su país, pero sin saber que ya estaban infiltrados por policías chilenos.
Esto permitió tener los primeros reportes relevantes: El cartel, liderado todavía en ese momento por Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”, había escogido Antofagasta por su capacidad estratégica para sus negocios: comercio marítimo directo con el Puerto de Manzanillo–controlado en su totalidad por la organización mexicana–y la capacidad industrial de la ciudad que mueve varias toneladas de precursores químicos, esenciales para convertir la metanfetamina en cristales.
Así, Jiménez y Michel regresaron en diciembre de 2024 para concretar el plan maestro: un laboratorio de esta droga, que necesitaban colocar en Oceanía, dado la demanda y alto valor que estaban pagando los narcos locales en Australia y Nueva Zelanda. De acuerdo a informes policiales, cinco veces más de lo que se pagaba en Estados Unidos. Un negocio redondo.
Para ello, dos meses antes había zarpado desde Manzanillo una embarcación con más de 800 kilos de metanfetamina líquida. Eso sí, en medio de esta planificación, tuvieron que cambiar la ciudad que recibiría la droga.
El barco “contaminado” con la mercancía ilegal modificó su arribo. Ya no sería Antofagasta sino que el Puerto de Valparaíso. Por tanto, la agrupación internacional tuvo que escoger la zona rural de Lolol–Región de O´Higgins– para levantar el laboratorio en una parcela, debido a que la logística para trasladar el “paquete a la Segunda Región era altamente compleja.
“Lo que no sabían los mexicanos, es que estaban infiltrados. Por eso, dejamos que este cargamento llegara a su punto final”, comenta a The Clinic, un conocedor de las labores de inteligencia. La misma fuente, incluso agrega, que no informaron a las autoridades mexicanas, dado que no se podía confiar en ellos por las redes que tienen con estas agrupaciones: “Fue una operación de mucho riesgo”, dice.
Los equipos encubiertos sumaron el apoyo de Aduanas para que la droga pudiera entrar a Chile sin que los narcos de Jalisco sospecharan los seguimientos secretos. Así, el 7 de enero de 2025, la metanfetamina salió rumbo a Lolol oculta en pallets de carga con 36 tinetas de pintura, de 20 litros cada una.
Al llegar, los narcos mexicanos demostraron su expertice: no eran sicarios ni brazos armados de seguridad, sino que su rol era de cocineros tal como personificaron los protagonistas de la serie Breaking Bad. La droga llegó en formato líquido. Por tanto, con el apoyo de químicos el plan era convertirla en cristales para enviarla al extranjero. Según la investigación, ya habían acordado US$20 mil dólares por cada kilo de los 844 que ingresaron a Chile.
En ese sentido, en esa bodega campestre tenían un negocio multimillonario: si enviaban a Europa se calculaba una ganancia de US$16.880.800, mientras que en Oceanía la cifra podría llegar a un estimado de US$160 millones.

Mientras cocinaban la metanfetamina, el fiscal Juan Castro Bekios consiguió la orden de captura. Si bien habían identificado a cuatro mexicanos, sólo dos llegaron a la parcela de la Región de O´Higgins. El persecutor regional lideró personalmente el operativo que fue denominado como “Cristales del Pacífico” y ejecutado por el OS.7 de Carabineros.
La detención ocurrió el 10 de enero de 2025 y desde esa fecha los ciudadanos mexicanos están presos en la cárcel de Alta Seguridad en Santiago. La incautación se convirtió en el decomiso más grande de esta droga en la historia de Chile. Y para los investigadores, no hubo dudas de que se trataba de una operación de “El Mencho”.
“El Puerto de Manzanillo ha sido vinculado innumerables veces a las actividades del CJNG, incluso varias agencias antinarcóticos consideran que este grupo criminal ejerce control sobre este puerto para la recepción y envío de estupefacientes y precursores químicos. Eso, sumado a otros elementos obtenidos durante la investigación, nos hacen presumir que la operación que logramos neutralizar en Chile fue el primer intento del cartel por establecer una nueva plaza para la exportación de drogas sintéticas a mercados lejanos”, reveló el fiscal regional Juan Castro Bekios.
Jalisco Nueva Generación: El cartel narco más peligroso del mundo busca a su nuevo líder
Nemesio Oseguera Cervantes se demoró casi 10 años en construir su imperio narco. En esa década, su competidor directo era Joaquín Guzmán Loera–”El Chapo”–, quien dirigía el Cartel de Sinaloa. Ambas organizaciones se disputaban las mejores rutas para ingresar diferentes drogas a Estados Unidos, en especial cocaína, heroína y fentanilo.
Esta competencia además de generar redes de corrupción a alto nivel en México, también provocó miles de muertes violentas de civiles y autoridades locales. Tanta importancia tomó “El Mencho” con Jalisco Nueva Generación que el gobierno americano tildó a su agrupación como terrorista y ofreció US$15 millones por información de su paradero.
A ratos, este capo narco parecía una especie de mito. Con la captura del “Chapo” Guzmán, tomó varios resguardos de seguridad y por lo general se mostraba poco en público. No dormía siempre en la misma casa y la comunicación con sus jefes de plaza era esporádica. Esa relación, por tanto, se basaba en estricta confianza y lealtad.
Pero ese imperio se terminó el 26 de febrero pasado en medio de un operativo de la armada mexicana con apoyo logístico de la DEA de Estados Unidos. La inteligencia lo situó oculto en una montaña en la localidad de Tapalpa, en el Estado de Jalisco. Fue capturado, pero por situaciones no declaradas, murió en un helicóptero militar camino a una cárcel.

Esta noticia corrió como el agua entre los integrantes del cartel mexicano, cuyas jefaturas dieron órdenes de generar casos y bloqueos en Jalisco a modo de respuesta por el deceso de su líder.
Esta acción no pasó desapercibida por las autoridades, pues de inmediato comenzó a correr la competencia por quién de toda la cúpula “militar” de Jalisco Nueva Generación tomaba el mando. Esto, porque el heredero directo–el único hijo de “El Mencho”– fue detenido y trasladado a Estados Unidos para enfrentar cargos que lo dejarían de por vida en una cárcel federal.
De acuerdo a diversos análisis gubernamentales, el cargo vacante de jefe narco caería en su hombre de más confianza: Juan Carlos Valencia González, conocido como “03” o “Tricky Tres”, quien tiene el rango de comandante del grupo paramilitar de la organización. Además, interviene directamente en las maniobras de lavado de dinero del cartel, lo que le permite tener al detalle el funcionamiento y estrategias de las operaciones.
Otra cosa que le permite estar un escalón más arriba de otros “capitanes”, como Audias Flores Silva, “El Jardinero”–controlador de fábricas de metanfetamina– y Abraham Ambriz Cano, “El Yogurt”–líder de un ejército de mercenarios extranjeros como exsoldados colombianos al interior de CJNG–es que “03” era hijastro de “El Mencho”, lo que lo posicionó como otro de los príncipes de Jalisco. Una posición que el Departamento de Justicia de Estados Unidos también visualizó al ofrecer una recompensa de US$5 millones por su ubicación.
“Es posible que el cartel se fracture en algún momento a medida que surjan conflictos por el control de las ganancias, las rutas del tráfico y el contacto con funcionarios políticos”, comentó David Saucedo, experto político en seguridad, al ser citado en un reportaje de Los Ángeles Times, que indagó sobre esta lucha de poder.
Los otros casos que se vincularían con el Cartel de Jalisco y sus redes en Chile
Incautar metanfetamina es señal inequívoca de la presencia de redes mexicanas. No es posible imaginar otra cosa en el contexto actual de crimen organizado mundial. Así ocurrió el 11 de febrero de 2025. No había pasado ni un mes del espectacular operativo en Lolol, en la Región de O´Higgins con la detención de una célula del Cartel de Jalisco Nueva Generación, cuando las alarmas se activaron nuevamente.
En esta oportunidad, un hallazgo de la inteligencia aduanera en el Aeropuerto de Santiago permitió detectar un envío de 102 kilos de metanfetaminas que venían desde México. Tras pasar un cargamento por el escáner de alto volumen, el personal especializado levantó la mercancía ilegal al interior de una máquina insertadora industrial de tapas.
El hallazgo fue rápidamente tomado por la Fiscalía Metropolitana Occidente, donde instruyeron a la PDI realizar varias diligencias. Esto permitió obtener antecedentes sorprendentes sobre las redes internacionales que operaban en el Aeropuerto capitalino.
De acuerdo a fuentes del caso, las pesquisas dieron con una red de cuatro ciudadanos chinos, quienes se habrían asociado con integrantes del Cartel de Jalisco Nueva Generación para la internación de esta droga en Chile.
Los narcos asiáticos fueron detenidos y hoy permanecen en prisión preventiva a la espera de iniciar un juicio oral por narcotráfico.
“Se trata de un hallazgo de más de 100 kilos de metanfetaminas, lo que es bastante novedoso, porque no suelen ocurrir este tipo de ingresos. Es una droga de alto impacto”, afirmó la fiscal regional (s) Occidente, Paulina Díaz, el día de los operativos.

Los sucesos de 2025 no fueron los primeros intentos de esta organización mexicana de usar a Chile como centro de acopio para internacionalizar sus redes. Durante la pandemia–y con el cierre de las fronteras terrestres–vieron la oportunidad de enviar cargamentos vía marítima.
Esta célula estaba compuesta por ciudadanos de República Dominicana, liderados por Andrix Alexander Aquino Girón, quien estableció casos de seguridad en Pudahuel y Lo Prado. Según el seguimiento de la policía, que incluyó agentes encubiertos e informantes, estos narcotraficantes recibían el dinero desde México para pagar los trámites aduaneros en el Puerto de San Antonio.
En total, las maniobras de esta red internacional vinculada a Jalisco, intentó internar 2.570 kilos de marihuana desde los puertos Lázaro Cárdenas y Manzanillo controlados por el cartel del fallecido Nemesio Oseguera.
El 22 noviembre de 2023, Aquino y su organización fueron condenados a 17 años de prisión. Si bien, los antecedentes muestran un vínculo evidente con los carteles mexicanos, no se pudo corroborar un enlace directo, a pesar de que una de las incautaciones se hizo directamente en Manzanillo por parte de la policía local con ayuda de los informantes chilenos.
El silencio es una condición inquebrantable en estas mafias. Una palabra o revelación de datos sensibles puede influir en la ejecución de toda la familia del soldado del cartel.
Un patrón que se ha repetido con los mexicanos detenidos en Rancagua, quienes fueron capturados “cocinando” los cristales de metanfetamina. Desde que cayeron hace 13 meses, no han querido declarar y han optado por mantenerse en silencio.
Por lo mismo, la Fiscalía de Antofagasta decidió cerrar la causa hace unos días y pidió una condena de 35 años para cada uno de los imputados vinculados a la red narco de Jalisco. Un paso importante para el Ministerio Público, aunque advierten que los puertos están en riesgo.
El fiscal regional Juan Castro Bekios, en esa línea, ha insistido en varias oportunidades que no sólo las agrupaciones mexicanas, sino que otras redes internacionales, podrían estar interesadas en buscar nuevas rutas para sacar sus productos desde las costas del Pacífico sur. Estas fronteras marítimas son menos vigiladas y ofrecen una vía directa para arribar a mercados de Asia y Oceanía, donde el precio de las drogas sintéticas se multiplica.



