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25 de Marzo de 2026Caso Narumi: Nicolás Zepeda y el quién es quién de la desaparición que, en un tercer juicio, busca un culpable sin hallar el cuerpo
A casi una década de la desaparición de la estudiante japonesa Narumi Kurosaki, el caso vuelve a instalarse con fuerza tras el inicio de un tercer juicio en Francia, donde la fiscalía pidió 30 años de cárcel para el chileno Nicolás Zepeda. Sin cuerpo y con versiones enfrentadas, aquí los personajes más relevantes de un caso que aún tiene más preguntas que respuestas.
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No es la primera vez que el caso Narumi llega a tribunales en Francia. Tampoco la segunda. El proceso que hoy concentra la atención internacional es el tercero: una nueva instancia judicial tras la anulación de la condena anterior, en un caso que ha atravesado años de investigación, reconstrucciones y versiones contradictorias.
Esta vez, la Fiscalía endureció su postura y solicitó 30 años de prisión para Nicolás Zepeda. La historia, sin embargo, sigue pareciendo dar vueltas por lo mismo: una desaparición sin cuerpo, una última noche marcada por gritos y una pregunta que nadie ha logrado responder.
En ese tablero hay nombres que se repiten una y otra vez. La estudiante japonesa que desapareció en una residencia universitaria en Besanzón. El exnovio chileno que dice haberse ido y no haber sabido nunca más de ella. Un novio italiano que golpeó una puerta sin respuesta. Una madre que transformó el dolor en acusación y que viajó a Chile buscando respuestas. Dos hermanas que sostienen la memoria y un padre que defiende la inocencia de su hijo. Este es el quién es quién de un caso que, pese a los años y los juicios, sigue sin cerrar.
Narumi Kurosaki: la estudiante brillante que salió de Japón para no volver
Narumi Kurosaki nació el 23 de julio de 1995 en Japón. Medía 1,62 metros y pesaba 54 kilos. Según relataron sus familiares en juicio, creció en un entorno de esfuerzo económico, con una madre que dividía su tiempo entre varios trabajos, y desde temprana edad mostró un alto rendimiento académico.
Su trayectoria estuvo marcada por decisiones orientadas a mejorar sus condiciones de vida y las de su familia. Si bien había aprobado el ingreso a una universidad privada, optó por rendir nuevamente para ingresar a una universidad estatal, considerando el impacto económico que eso tendría en su entorno familiar. Posteriormente, obtuvo una beca para viajar a Francia, lo que, según su familia, representó un logro personal relevante dentro de su proyecto de vida.
En agosto de 2016 llegó a Besanzón, donde estudiaba francés en el Centre de Linguistique Appliqué. Profesores del programa la describieron como una de las estudiantes más destacadas de su grupo, señalando su rendimiento académico y su capacidad de integración en un entorno extranjero.
De acuerdo con los antecedentes presentados en juicio, Narumi tenía como objetivo proyectarse profesionalmente en el ámbito público en Japón, con interés en trabajar en instituciones vinculadas al sistema judicial.
Su desaparición se sitúa en la madrugada del 5 de diciembre de 2016, en la residencia universitaria Theodore Rousseau de Besanzón. Según la tesis sostenida por la policía judicial, la fiscalía de Besanzón, la familia de la víctima y su entorno cercano, Narumi fue víctima de un homicidio ocurrido en su habitación, luego de haber regresado desde una cena con Nicolás Zepeda.
Testimonios recogidos durante la investigación indican que alrededor de las 3:20 de la madrugada se escucharon gritos provenientes de la habitación, descritos por residentes como gritos de “terror”, seguidos de un ruido seco y un posterior silencio.
Desde ese momento, no se registran comunicaciones verificables de Narumi ni movimientos bancarios, académicos o personales. Su cuerpo no ha sido encontrado, lo que ha sido uno de los elementos centrales del caso tanto para la acusación como para la defensa.
Nicolás Zepeda: el exnovio, el acusado y el eje de todas las versiones

Nicolás Humberto Zepeda Contreras nació en 1990 en Chile. Creció en Temuco, luego vivió en Antofagasta y La Serena, y finalmente se instaló en Santiago, donde estudió Administración de Empresas en la Universidad de Chile.
Su entorno lo describe como aplicado, sociable y con buen rendimiento académico. Pero en el juicio, su figura ha sido leída desde otro lugar: el de un exnovio celoso, insistente y que no aceptaba el quiebre de la relación.
Antes de la desaparición, grabó un video dirigido a Narumi en el que le planteaba una especie de ultimátum emocional. Él ha dicho que era un ejercicio personal, casi un “diario”, pero en el juicio ese registro ha sido interpretado como una señal de control.
Su relato sobre los días clave también ha cambiado con el tiempo. Primero sostuvo que Narumi lo había echado temprano del departamento; luego afirmó que pasaron más de 30 horas juntos, viendo películas y teniendo relaciones sexuales, sin que nadie los escuchara porque usaban audífonos.
Hay otros puntos que tensionan su versión: compras de detergente para limpiar el auto, adquisición de combustible en un contenedor, visitas reiteradas a zonas rurales y explicaciones que han sido cuestionadas por los jueces.
Pese a todo, Zepeda dice que no mató a Narumi y que tampoco sabe qué ocurrió después de que se fue de su habitación. Su defensa ha insistido en que no existe prueba directa de muerte y que el caso se sostiene solo en indicios.
Arthur Del Piccolo: la última pareja y el testigo que empuja la pregunta clave

Arthur Del Piccolo era estudiante de la Escuela Nacional de Mecánica y Microtecnología en Francia. Conoció a Narumi Kurosaki en septiembre de 2016 y, según declaró en juicio, a fines de ese mes iniciaron una relación sentimental.
Durante los meses previos a la desaparición, ambos compartieron actividades culturales y deportivas, además de un viaje a Bruselas. De acuerdo con su testimonio, la relación se desarrollaba con normalidad y tenían planes para las vacaciones de diciembre, incluyendo la posibilidad de que Narumi conociera a su familia.
Del Piccolo fue una de las últimas personas en intentar contactar a Narumi en la noche del 4 al 5 de diciembre de 2016. Según su relato, acudió a la habitación de la joven en la residencia universitaria, tocó la puerta y no obtuvo una respuesta clara. Este episodio ha sido incorporado en la reconstrucción de los hechos presentada en juicio.
Posteriormente, al no tener noticias de ella, comenzó a indagar en su entorno cercano. Entre los elementos que le llamaron la atención estuvo el hecho de que Narumi no se hubiera llevado pertenencias básicas para el clima invernal, como abrigo y bufanda, lo que consideró inusual para la época del año en Francia.
También organizó reuniones con personas que conocían a Narumi en Francia con el objetivo de reconstruir sus últimos días y entender las circunstancias de su desaparición.
En el juicio, su testimonio ha estado orientado a aportar antecedentes sobre la relación que mantenía con la víctima y a precisar el contexto en que se produjo su desaparición. Asimismo, ha planteado interrogantes respecto de lo ocurrido durante la noche en que Narumi fue vista por última vez, en particular en relación con la secuencia de hechos posteriores a su encuentro con Nicolás Zepeda.
Su declaración también incluyó referencias a antecedentes que Narumi le habría comentado sobre su relación previa con Zepeda, entre ellos conductas que, según señaló, buscaban limitar su autonomía, así como el acceso a sus cuentas personales.
Del Piccolo ha mantenido participación activa en el proceso judicial, tanto en su calidad de testigo como en su vínculo con la víctima, siendo una de las personas que ha insistido en la necesidad de esclarecer las circunstancias de la desaparición y determinar qué ocurrió la noche del 4 al 5 de diciembre de 2016.
Taeko Kurosaki: la madre que convirtió el dolor en acusación

Taeko, la madre de Narumi, es una de las figuras más impactantes del juicio. Su relato mezcla recuerdos íntimos —la crianza, la infancia, los sueños de su hija— con una rabia abierta hacia el acusado Zepeda.
En tribunales, ha tenido intervenciones durísimas. Lo ha llamado mentiroso, lo ha acusado de ser un monstruo y ha dicho que no puede permitir que quede en libertad.
Pero su testimonio también ha expuesto otra dimensión: el daño prolongado. Ha relatado intentos de suicidio, episodios de deterioro físico y mental, y una vida marcada por la imposibilidad de cerrar la historia.
En paralelo al proceso judicial en Europa, Taeko Kurosaki también viajó a Chile (en 2017) durante la etapa de extradición de Nicolás Zepeda, aseguró seguir a Zepeda por Santiago. En enero de 2020, la familia envió una carta al consulado de Japón en Santiago, en la que expresó su posición respecto del caso y solicitó que se facilitara el traslado del imputado a Francia para enfrentar la justicia.
El 13 de enero de 2020 (durante el proceso de extradición de Zepeda) la familia de Narumi escribió una carta y la envió al consulado de Japón en Santiago. Esta es la parte de Taeko:

Honami y Kurumi: las hermanas que sostienen la acusación

Las hermanas de Narumi han tenido un rol activo en el proceso. Honami, la mayor después de la víctima, ha sido una de las voces más claras al momento de apuntar responsabilidades: ha dicho abiertamente que cree en la culpabilidad de Zepeda.
También ha aportado contexto sobre la relación: lo describió como alguien que buscaba aislar a Narumi, que quería ser su prioridad absoluta y que interfería incluso en los momentos familiares.
Kurumi, la menor, tenía 17 años cuando ocurrió la desaparición. Su testimonio ha sido más emocional, pero igual de potente. En el juicio relató cómo la familia entera atravesó pensamientos suicidas tras la pérdida y cómo han tenido que sostenerse entre ellas para no quebrarse.
Ambas han estado presentes en las audiencias, tomando notas, acompañando a su madre y enfrentando una y otra vez la exposición pública del caso.
Humberto Zepeda: el padre que defiende la inocencia
El padre del acusado ha sido el principal respaldo público de Nicolás Zepeda. Desde el inicio, ha sostenido que su hijo es inocente y que el proceso ha estado marcado por vacíos e inconsistencias.
Ha intentado instalar otra narrativa: la de un joven sin antecedentes violentos, proveniente de una familia que valoraba el esfuerzo y la educación, y que —según él— no sería capaz de cometer un crimen de este tipo.
También ha denunciado irregularidades, como presuntos malos tratos durante la detención de su hijo en Francia, y ha llamado a que aparezcan testigos que puedan aportar nuevas pistas sobre la desaparición.
Su figura introduce otra capa en el caso: la de dos familias enfrentadas, cada una con su propia verdad.
Una causa sin cuerpo, tres juicios y una pregunta que persiste
El caso Narumi se ha transformado en un fenómeno judicial poco habitual: tres juicios en Francia, condenas anuladas y un expediente que sigue creciendo en base a indicios más que a certezas materiales.
La ausencia del cuerpo es el punto más crítico. Para la defensa, es la grieta que impide cerrar el caso. Para la fiscalía, en cambio, no borra los hechos: los gritos, la desaparición total y la falta de contacto posterior.
En ese cruce —entre lo que no está y lo que sí ocurrió— se ha sostenido durante años una historia que vuelve a Lyon, una vez más, buscando una respuesta definitiva.



