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Gloria de la Fuente, exsubsecretaria de Relaciones Exteriores. Foto: Agencia Uno.

Política

8 de Abril de 2026

Gloria de la Fuente y los cambios a la división de género en Cancillería: “Una política pública no se sostiene solo con declaraciones, sino con institucionalidad”

La exsubsecretaria de Relaciones Exteriores del Gobierno de Gabriel Boric fue una de las impulsoras de la Política Exterior Feminista. En entrevista con The Clinic, defiende su mantención y asegura que es una iniciativa que va más allá de la "caricatura de la ideología de género”. Aquí expresa en qué se avanzó, las implicancias de la decisión de Cancillería de modificar el equipo de la división de asuntos de género y advierte que “cuando las modificaciones responden más a criterios políticos que técnicos, el riesgo es perder acumulación institucional, redes internacionales y posicionamiento ganado”.

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La exsubsecretaria de Relaciones Exteriores, Gloria de la Fuente, se encuentra actualmente en Panamá, participando en un encuentro de la CAF —Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe— en el marco de sus funciones académicas como miembro de la Escuela de Gobierno de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

A pesar de que está ad portas de cumplir un mes fuera del Ministerio de Relaciones Exteriores, de la Fuente sigue de cerca la política nacional y, especialmente, lo que ocurre en la Cancillería, hoy bajo la administración del Gobierno del Presidente José Antonio Kast.

Ejemplo de ello fue cuando el Ejecutivo comunicó que no apoyaría la candidatura de Michelle Bachelet para asumir como secretaria general de las Naciones Unidas, sostuvo en entrevista con La Tercera que “hay una mirada mezquina sobre la política exterior, muy alineada con ciertos objetivos, en términos de una visión más ideológica o de la posición frente a los organismos internacionales”.

A eso agregó una cuota de esperanza, aludiendo a que los Estados de Brasil y México :continuarían respaldando dicha candidatura sin Chile: “No es el escenario óptimo, pero es un escenario que es perfectamente enfrentable”.

Ahora, de la Fuente se refiere a la remoción de funcionarios que estuvieron a cargo de implementar uno de las iniciativas que marcó la administración Boric en materia internacional: la Política Exterior Feminista. Si bien tiene reparos con el nombre de la iniciativa, no ocurre lo mismo con sus resultados, y manifiesta diferencias con las decisiones que han afectado la magnitud del equipo que trabajaba en esa división.

En 2023 se presentó la Política Exterior Feminista. En la foto, a la derecha de Gloria de la Fuente aparece el excanciller Alberto van Klaveren, junto la ex ministra de Relaciones Exteriores, Antonia Urrejola y la subsecretaria de Relaciones Económicas Internacionales, Claudia Sanhueza. Foto: Agencia Uno.

—Cuando hablamos de “Política Exterior Feminista”, ¿de qué estamos hablando en concreto? ¿Es solo un enfoque discursivo?

—La Política Exterior Feminista no es un eslogan ni una etiqueta. Es una forma de entender la política exterior desde los derechos humanos y desde la promoción de la democracia, ambos pilares históricos de la política exterior de nuestro país. Hay que pensar que más de 15 países han adoptado una estrategia de estas características y sus enfoques están alineados con sus propias definiciones de política exterior.

Si uno mira la historia, ha habido momentos donde la inclusión ha tomado fuerza y ha sido necesaria; por ejemplo, sin las sufragistas a fines del siglo XIX y principios del XX, no habríamos tenido derecho al voto, o sin la resolución 1325 no tendríamos hoy una mirada que se haga cargo del rol de las mujeres en situaciones de conflicto. La humanidad ha avanzado haciendo visible lo invisible. Excluir la perspectiva de género en la política exterior es dejar fuera a más de la mitad de la población mundial.

Pero también me parece importante desmantelar esta caricatura de la “ideología de género” y destacar que realmente hubo avances. En la práctica, el trabajo realizado se tradujo en dos planes de acción y medidas concretas: importantes liderazgos en organismos multilaterales, incidencia real en resoluciones internacionales como las de economía del cuidado, más de 10 acuerdos bilaterales en materia de género, protocolos consulares para mujeres y niñas que viven violencia en el exterior y una mayor presencia de mujeres en el servicio diplomático, además de toda la experiencia y los resultados concretos acumulados en acuerdos comerciales con capítulos de género que han sido una posibilidad real de incidir en mejores posibilidades de desarrollo para las mujeres de nuestro país.

—El Gobierno decidió remover al equipo que impulsaba esta política, aunque asegura que no la elimina. ¿Qué diferencia hay?

—Lo lamento mucho porque la diferencia es realmente sustantiva. Una política pública no se sostiene solo con declaraciones, sino con institucionalidad. La creación de una división específica, integrada en la orgánica del Ministerio, tenía precisamente el objetivo de dar coherencia, seguimiento y capacidad de implementación a este eje estratégico. Al desarmar ese equipo, lo que ocurre en la práctica es que la política pierde capacidad de ejecución. Puede mantenerse en el discurso, pero se debilita en su impacto real.

—Desde Cancillería se ha hablado de reasignaciones y pérdida de confianza. ¿Qué tan habitual es esto?

—Los cambios en equipos son parte de cualquier administración. Pero en política exterior, donde se requiere continuidad técnica, es relevante distinguir entre ajustes normales y decisiones que afectan capacidades estratégicas. Cuando las modificaciones responden más a criterios políticos que técnicos, el riesgo es perder acumulación institucional, redes internacionales y posicionamiento ganado.

—En política exterior se habla de “política de Estado”. ¿Esto rompe esa continuidad?

—La política exterior efectivamente tiene una dimensión de Estado, pero eso no significa que no existan ajustes entre gobiernos.

El punto es si esos cambios afectan principios o capacidades estructurales. Cuando se desarma una institucionalidad que permitía implementar una política, ahí sí se puede tensionar esa continuidad, pero no soy yo, como ex autoridad, quien puede responder lo que se arriesga con esta decisión.

—Más allá del debate político, ¿qué efectos prácticos puede tener esto?

—Yo veo varios efectos concretos; por ejemplo, dificultades para sostener compromisos internacionales ya adquiridos (por ejemplo, acuerdos bilaterales en materia de género) y la pérdida de liderazgo en espacios multilaterales donde Chile había logrado posicionarse. Por otro lado, Chile tendrá menos capacidad de incidir en agendas globales, como economía del cuidado o derechos de las mujeres, con un impacto en cooperación internacional y proyectos en terreno.

Por último, hay un efecto reputacional: Chile había construido una imagen internacional asociada a estos temas, incluso con premios y reconocimientos relevantes. Esta nueva administración ha dicho que tiene una preocupación por la imagen del país. Lo que hicimos con esta estrategia de inserción internacional fue precisamente preocuparnos de aquello con resultados concretos: destaco, por ejemplo, el Sello Igualdad de Género PNUD nivel Oro; el Premio Internacional a la Igualdad de Género en el Comercio de la OMC de la SUBREI; el premio Hän Honours de la Embajada de Finlandia, al igual que un reconocimiento de la embajada palestina por este trabajo en temas de igualdad de género. En este contexto, también fuimos reconocidos por el trabajo de la PEF por el Women Economic Forum en 2024.

A nivel nacional también fue un incentivo para mejorar la gestión. Gracias a las múltiples iniciativas en materia de transversalización de igualdad de género, nuestra subsecretaría se ganó por primera vez el año 2025 el Premio a la Excelencia institucional. Si todo esto no es una política coherente, sistemática y con impacto, entonces no sé qué es.

—¿Cree que esto es un ajuste puntual o un giro más profundo?

—Hay que mirar esto con atención. Si esta decisión se suma a otras señales en materia multilateral, como las que hemos visto en la OEA y en Nueva York, podría indicar un cambio más profundo en la orientación de la política exterior. Es una señal de alerta preocupante.

—¿Nombrarla “política exterior feminista” fue un error?

—Los nombres pueden cambiar entre administraciones, y eso es parte de la política. Eso está más bien en el plano de lo simbólico, y con ese nombre nos sumamos a países como Francia, Alemania, México, Canadá y España, entre otros, que han adoptado su propia PEF. Pero lo importante no es el nombre, sino el contenido: que exista una política con enfoque de derechos humanos y un equipo que la implemente.

El problema no es cómo se llame, sino si efectivamente se sostienen o no, en la práctica, los principios que dan vida y proyectan nuestra política exterior.

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