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Mac DeMarco en el Teatro Caupolicán
Gary Go para @faunaprod

Tiempo Libre

20 de Abril de 2026

La personal entrevista a Mac DeMarco en su paso por Chile: “Soy alcohólico y probablemente estuve cerca de morir un par de veces”

Mac DeMarco cerró este fin de semana su exitoso regreso a los escenarios en Chile. La estrella del indie vendió dos Teatro Caupolicán en pocas horas, volviendo al país luego de ocho años. Un esperado retorno para la generación sub 40, que ve en el canadiense la última gran figura del indie y la posibilidad de crear desde lo más honesto. Antes de sus conciertos, el canadiense conversó con The Clinic y habló sobre su regreso a las giras, sus cuatro años sobrio y qué significa ser indie hoy en día.

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Mac DeMarco está un poco enfermo antes del primero de sus shows en el Teatro Caupolicán. Toma una bebida caliente y atiende a la prensa chilena en uno de los túneles del recinto. Jockey, Vans rojas, camisa verde y pantalones de trabajo con reflectantes: habla calmo y con un tono suave que a veces es difícil de escuchar entre las pruebas de sonido que ocurren al mismo tiempo en el escenario.

El candiense ahora tiene un aura de relajo. Atrás quedaron las imágenes del músico salvaje y desvergonzado que hacía de todo sobre el escenario para tener la noche más loca posible. Un sello que marcó la primera parte de su carrera y del que en YouTube abundan videos de esos momentos. 

Fue en 2014 cuando el canadiense visitó Chile por primera vez; la última fue en el marco de Lollapalooza en 2018. Hoy, convertido en una figura de culto del indie y venerado por la subcultura, se mantiene fiel a su estilo, redefiniendo el margen entra la industria musical y lo independiente.

Su último álbum, “Guitar”, que es la base de esta gira, fue grabado en 12 días, en un trabajo en solitario y con el sonido más fiel posible. Y así suena: crudo, honesto y nostálgico. “Mira lo lejos que hemos llegado”, canta en “Shining”, el track que abre su último trabajo. Y en Chile eso queda de manifiesto: dos shows en el Caupolicán agotados en pocos minutos, sin la necesidad de grandes anuncios o publicidad.

“La primera vez recuerdo que fue bastante impactante estar tan lejos de casa y tener gente —gente que, como decía, justo antes de que saliera mi álbum Salad Days—. Se había filtrado y todos sabían todas las letras, y yo cantando… realmente fue una locura”, recuerda Mac DeMarco sobre su primera visita a Chile. Sobre su segunda vez, en el marco del festival, reconoce que se sintió como un evento más dentro de un circuito lleno de artistas norteamericanos.

En 2025, el canadiense decidió salir de gira como no lo hacía desde 2019. El año pasado dio cerca de 60 shows y para este año mantiene la misma intensidad. “Me encanta. Me encanta hacer giras. Me encanta viajar. Siento que no pude expandirme en ciertas cosas y trabajar en ellas como ahora. Así que, sí, me siento emocionado. No quiero que termine. Quiero que dure para siempre”.

Gary Go para @faunaprod

—Por ejemplo, en Brasil tocaste en ciudades donde la mayoría de las bandas no suele ir, como Belo Horizonte o Florianópolis. ¿Cómo fue esa experiencia y por qué decides incluir destinos más pequeños, más allá de São Paulo o Río de Janeiro?

—Estoy dispuesto a ir a cualquier lugar donde podamos hacer un show. Obviamente es agradable tocar en ciudades grandes, donde todo es más masivo, pero para mí una parte fundamental de salir de gira es viajar, conocer lugares nuevos y gente distinta.

Incluso antes de Brasil, por ejemplo, estuvimos de gira en China.

—¿Era tu primera vez ahí?

—No, era la segunda. La primera fue hace como catorce años, tocando en shows muy pequeños. Recuerdo que tocamos para unas 150 personas en Wuhan, algo que nunca imaginé que pasaría. Fue increíble, y creo que eso es lo que quiero seguir haciendo.

—¿Cómo se siente tocar frente a 100 personas y luego ante 5.000? ¿Es raro?

—Sí, un poco. Pero también, por la forma en que está armada la banda y cómo funcionamos, creo que eso es una fortaleza. Podemos hacer un show en una cafetería y también en un recinto mucho más grande. No sé si llegaríamos a una arena, pero sí podemos tocar en lugares bastante amplios.

Creo que esa flexibilidad es algo muy valioso. No usamos pistas ni elementos que nos obliguen a hacer el show de una sola manera. Podemos tocar solo con guitarras, incluso acústicas, y seguir funcionando. Me gusta tener esa flexibilidad, esa capacidad de adaptación.

Su último álbum fue grabado en un trabajo solitairo.grabó y produjo su álbum de 2025, Guitar, completamente solo en su casa de Los Ángeles. El disco es una obra minimalista centrada en guitarras y voz, con un enfoque íntimo y artesanal, siendo la masterización el único trabajo externo realizado por David Ives

—¿Por qué prefieres trabajar solo en lugar de colaborar con otros músicos o con una banda al momento de grabar?

—No lo sé, siempre he sido así. Y quizás, en algunos aspectos, incluso juega en mi contra. Tal vez si trabajara con ingenieros de sonido más sofisticados, con mejores mezcladores o con otros músicos, el resultado sería distinto. Pero me gusta lo que puedo lograr haciéndolo por mi cuenta.

También creo que hay algo en la industria musical que empuja a hacer todo “de la mejor manera posible”, como si siempre hubiera que escalar la montaña y alcanzar una especie de estándar máximo. Y eso, la verdad, no me resulta tan interesante.

Prefiero hacer algo que funcione como una especie de registro del momento, casi como una marca en el tiempo. Esa idea de capturar algo más puro es importante para mí. No sé qué tan “puro” es realmente, pero me gusta pensar la música desde una lógica más cercana al wabi-sabi, esa belleza de lo imperfecto.

—Has estado sobrio durante cuatro años, creo. Muchas personas lidian con la soledad o la ansiedad con alcohol, bebiendo una cerveza o lo que sea. ¿Cómo manejas esos momentos ahora? Por ejemplo, en una gira larga, en otro país, de ciudad en ciudad, ¿cómo te sientes? ¿Cómo enfrentas esos momentos en que aparece la soledad, la ansiedad o la tristeza?

—No tengo nada en contra de las personas que usan sustancias o beben. Que hagan lo que quieran. Pero, para mí, lo interesante es que no hay una división entre yo y la emoción. Y a veces se siente bastante mal. Las cosas pueden sentirse muy mal, pero se trata de estar ahí y dejar que sigan su curso.

Es como ese meme de las personas que se sientan en aviones y se quedan mirando el respaldo del asiento todo el tiempo. Es un poco lo que intento hacer con la vida. No me gusta que todo se lleve al punto medio. Aunque el equilibrio me parece valioso en muchas otras facetas, también quiero experimentar los extremos: estar en la cima de la montaña y también en el valle. Quiero estar en ambos.

—¿Qué cambió en tu vida para tomar esa decisión o llegar a esa reflexión sobre empezar a estar sobrio y ver la vida de otra manera?

—Creo que fue, en parte, una consecuencia del COVID. Hay muchas cosas que antes me decía a mí mismo, como “esta es la razón”, pero la verdad es que todavía estoy tratando de entenderlas. Para ser honesto, estaba bastante mal. No estaba en buena salud. Soy alcohólico y probablemente estuve cerca de morir un par de veces. Y creo que es solo que simplemente maduré, así que aquí estamos. Me siento mejor ahora.

—En la misma línea, has dicho que estar sobrio hace que tu experiencia en vivo sea distinta. Cuando un show no sale tan bien, ¿cuánto importa la perfección y cuánta presión sientes para que todo funcione?

—La forma en que lo tengo armado con los músicos con los que toco ahora es bastante abierta. Les dejo hacer lo que quieran. Pueden cambiar los arreglos; hay ciertas cosas que deben mantenerse para que la canción siga siendo reconocible, pero quiero que cada uno pueda mostrar su personalidad musical.

Obviamente hay aspectos en los que trabajo: siempre intento mejorar en la interpretación. No hay reglas estrictas, pero sí buscamos hacer el mejor show posible. Quiero cantar lo mejor que pueda, dar un buen concierto, aunque todavía estoy tratando de definir qué significa eso para mí. Antes, quizá, bastaba con hacer algo completamente loco en el escenario y que todos dijeran “ese fue el show más salvaje”. Y a veces todavía pasa, claro.

Pero ahora también hay otros caminos que me dejan más satisfecho, como simplemente cantar muy bien y que eso sea lo que la gente recuerde.

Gary Go para @faunaprod

—¿Y sigues disfrutando el escenario sin ese lado más caótico o salvaje?

—Sí, mucho. Me encanta. Es muy bonito poder tocar estas canciones, incluso las más antiguas, y entregarse a ellas frente al público. No sé si la gente las recibe de la misma manera, pero yo sí lo siento, y ahora eso me basta.

—Viviste en Nueva York y en Los Ángeles, pero decidiste establecerte en una casa de campo en una zonca rural de Canada. ¿Qué te llevó a ese cambio?

—No es que haya perdido el interés por la ciudad. Me gusta Los Ángeles, viví ahí mucho tiempo y tengo muchos amigos. Pero también es un lugar bastante caótico; creo que cualquiera que viva ahí lo entiende. Tiene cosas muy hermosas, pero también es intensa.

He tenido la suerte de poder pasar tiempo en otros lugares, especialmente en Canadá. Siento una especie de atracción hacia eso: mi familia, mis raíces… Hay algo ahí que simplemente se siente bien. A veces incluso me cuestiono si estoy proyectando una idea de lo que significa ser canadiense, pero más allá de eso, ahora intento estar cerca de mi mamá, de mi hermano, de la familia de mi pareja. Y eso se siente bien.

—En un perfil de The New Yorker se preguntaban si podrías ser la última “estrella de rock herida”. ¿Qué piensas de esa idea?

—No tengo idea. Creo que las estrellas de rock hoy se miden de una forma muy distinta a como se hacía antes. En cierto sentido, sí intento ser un ejemplo de una forma de crear que quizás ya pertenece más al pasado.

No me considero una estrella ni nada por el estilo, pero me gustaría representar una manera específica de hacer música. Tal vez lo logro, tal vez no.

La idea de lo “indie” también ha cambiado. Antes significaba algo muy claro, y hoy se ha vuelto un poco extraño. Lo he dicho en otras entrevistas: a veces siento que alguien debería juntar todo el dinero y prenderle fuego.

—¿Aun así te sientes parte de lo indie?

—Sí, en cierto modo. Hago muchas cosas por mi cuenta, aunque también trabajo con un sello que distribuye mi música. Estoy conectado a la industria, claro, pero siempre que puedo intento hacer las cosas de una manera más cercana, más local, más satisfactoria para mí. Y voy a seguir por ese camino.

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