Rishtedar: cómo un restaurante de comida india, nacido en una cocina familiar, terminó expandiéndose con cuatro locales al sector oriente de Santiago y hasta Miami
A casi 20 años de haber instalado su primer local en Providencia, hoy el restaurante de comida india Rishtedar se consolida en cuatro comunas del sector oriente de Santiago y se expande hasta Miami. A dos semanas de haber inaugurado su nuevo local en La Dehesa, su dueño conversa con The Clinic y recuerda sus inicios, cuando su madre y tías cocinaban los platos.
Por Colomba Bolognesi 26 de Abril de 2026
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“Namasté”, saluda un mesero con una leve inclinación de cabeza al cruzar la puerta de Rishtedar. De inmediato, la mirada se pierde entre espejos, lámparas coloridas y metales brillantes que envuelven el espacio y lo convierten en un viaje a la India.
En la entrada, un detalle se repite en todos sus locales: limones y ajíes, colgando como amuleto, siguiendo una tradición hindú que busca alejar las malas energías. Entre mesa y mesa, los meseros ofrecen aplicar un bindi en la frente de las mujeres, un pequeño punto que en la tradición india indicaba el estado civil y que hoy, en occidente, se usa como accesorio.
El olor a especias despierta inmediatamente el apetito, y desde la cocina empiezan a desfilar los platos, todos hechos por chefs de la India. Fiel a su país de origen, donde gran parte de la población es vegetariana, el 70% de su carta está compuesta por platos sin carne. Ya terminada la comida, los meseros aparecen con un aguamanil: un jarro para lavarse las manos al estilo hindú, como cierre ritual para dejar atrás los aromas.
Su dueño, Vikram Thadani llega acompañado de su madre, figura clave en la historia de Rishtedar, a su nuevo local, inaugurado hace dos semanas, en El Rodeo, La Dehesa. Es el cuarto restaurante de la marca en Chile, junto a otros tres en el sector oriente de Santiago: Providencia, Vitacura y La Reina. A ellos se suma otro en Miami, en una expansión que refleja un largo camino de negocios con tradición familiar.
Vikram cuenta que se enamoró de Miami en 2002, cuando la visitó por primera vez. En 2024, se trasladó a vivir allí junto a su familia, instancia en la que abrió un local en el turístico barrio de Wynwood. Impulsado por su esposa e hijos, en 2025 regresó a Chile, aunque sin desligarse del negocio, que hoy administra a la distancia.
Sus padres llegaron desde la India a Chile en 1981 y años más tarde instalaron su negocio en Estación Central. Se dedicaban a la venta de productos importados desde la India, emprendimiento en el cual Vikram ayudaba en su juventud. “Traíamos incienso, artesanía, y ropa hindú”, cuenta. A los 20 años de edad, a Vikram se le vino una idea: adentrarse en el negocio de la gastronomía.
Cocina casera con sabor a la India
Por esos mismos años, la casa de Vikram se había convertido en el punto de encuentro para estudiar con sus amigos de la universidad. Con el tiempo, él mismo empezó a sospechar la verdadera razón: la comida que su mamá les preparaba, especialmente el clásico pollo tikka. Siempre había gente, siempre había ruido. Pero por sobre todo, siempre había comida. “Mi mamá cocinaba para todos los cabros y comían felices”, recuerda. Con el tiempo, la frase se volvió inevitable entre quienes cruzaban esa puerta: ‘Qué buena la comida de tu mamá’.
Acostumbrado desde siempre a la cocina de su madre, nunca la había mirado como una oportunidad de negocio. Pero los comentarios eran demasiado insistentes como para ignorarlos, sobre todo para alguien como Vikram, que había crecido en una familia de emprendedores y que estudiaba administración de empresas. Si a sus amigos les gustaba tanto la comida india, entonces había que acercarla al paladar chileno.
Así, con su madre a cargo de la cocina y el asesoramiento financiero de su padre, el 6 de agosto de 2006 abrió su primer local en Holanda 160, Providencia, restaurante que se mantiene hasta hoy. En 2008, el proyecto se bautizó con el nombre Rishtedar.
Dos décadas después, sus padres siguen vinculados al proyecto y ahora también se suma su esposa, Javiera Lora, quien lidera el área financiera.
Su extensa carta presenta desde naans, típicos panes indios, hasta 12 opciones de murgh, clásicos platos de curri de pollo. Para su dueño, hay dos que destacan por sobre todos: El Achari Bengan, berenjenas con salsa achari que da un sabor ácido picante y su clásico pollo rojo Karay Murgh Tikka.

(Foto: Francisco Paredes / THE CLINIC)
Rishtedar: el nombre que nació de una lectura de carta astral
Para elegir el nombre del restaurante, su madre le aconsejó sacar la carta astral. Una practica que en la India se usa mucho para el buen augurio y las buenas vibras. Para ellos, el nombre tiene mucho peso. “Mi mamá nos sacó la carta astral a mí y a mi socio de este entonces, y me dijo ‘tiene que ser un nombre con parta con la letra R'”. Así nació Rishtedar, que en hindi significa “pariente”. A Vikram no le convenció el nombre al principio, fue más una idea de su socio, pero con el tiempo y la labor de sus padres, el nombre hizo todo el sentido del mundo.
Para Vikram, su llegada a la gastronomía terminó por sentirse menos como una decisión y más como una herencia que se reveló con el tiempo: “Lo más lindo es que después de que yo abro el restaurante, mi papá me cuenta que su papá tenía un restaurante. No me había contado antes. No sé si has escuchado el dicho que dice ´la familia o la sangre tira´. Bueno, yo creo que estos negocios sí tiran. Están en el seno de las familias que hacen comida. Porque no cualquiera sabe llevar a un restaurante o le gusta. Porque en realidad no es llevar, es que le guste, que le obsesione“.
—¿Cómo funcionaban al principio? Cuando no tenías chefs y tu madre cocinaba.
—La carta no era tan amplia como ahora. En ese tiempo era una carta básica, el pollito tikka, las samosas. Tenía dos o tres tías a las que llamaba y les pedía que me ayudaran. Teníamos una carta base, el arroz Kashmiri se hacía en el local, y mi mamá me enseñó un par de cositas más, con esos ingredientes preparábamos todo en el local. Las salsas base venían de la casa. Pero no era viable vender tanto con una persona. Pero ella (su madre) fue la que partió con el negocio y estructuró la materia prima o las bases de la receta que le gusta a la gente chilena.
—Retrátanos cómo es venir a comer a Rishtedar.
—El cliente no solamente quiere comer, quiere vivir una experiencia. Y eso lo aprendí en Estados Unidos cuando abrimos el local en Miami. Los gringos trabajan muy bien eso. Entonces, lo que nosotros queríamos hacer es que cuando tú vengas a Rishtedar, no solamente sea por la comida. Porque tú puedes comer rico en diez partes. Pero acá tú vas a sentir la experiencia de comer en la casa de un living de la India. Siempre hemos buscado eso, desde el primer local en Holanda. Que te traten como en el living de una casa hindú.
—¿Te gustaría ampliarte otros sectores, fuera del sector oriente?
—Sí. Yo lo vengo peleando hace rato. Quiero abrir en otros sectores, pero con otra marca porque esto es muy caro. La idea es el día de mañana abrir uno solo de sándwiches. La idea es hacer modelos más fáciles de replicar.
—¿Crees que tener un menú vegetariano tan grande les ha dado también este éxito?
—Sí, cien por ciento. Porque mientras más antiguo el origen de la comida, es mejor. Mientras más simple, es mejor también. Cuando uno empieza a mezclar y fusionar mucho, de alguna forma se va perdiendo la esencia. La comida india antigua era vegetariana. Ósea, los orígenes de la comida india son vegetarianos. Y si tú pruebas los sabores de la comida India vegetariana, se siente mucho más el aliño que en un cordero. En un inicio, había un gap gigante para todos los vegetarianos. Yo siempre he sido vegetariano, pero en ese tiempo era como el bicho raro. Entonces eso (tener una carta vegetariana) ayudó mucho también.




