Opinión
3 de Mayo de 2026
La mujer más poderosa del fútbol chileno: Pérez soy
Por Kike Mujica
Self-made woman y orgullosa de un origen social alejado de la elite de la derecha. En 15 años paso del anonimato público a ser una de las personas más cercanas a Piñera -dos veces ministra- y figura política. Hoy seguirá en el protagonismo: es la primera mujer en presidir un equipo de Primera División: la U. Muy amiga de sus amigos y muy enemiga de sus enemigos. Este es el estilo de Pérez.
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Cecilia Pérez es floridana, “la” piñerista de los piñeristas y azul hasta la médula. Es la primera mujer en la historia en presidir Universidad de Chile y también la primera en dirigir un equipo de Primera División.
El sábado pasado se le vio en la platea del Estadio Nacional. Concentrada, muy sociable y nerviosa. La U le ganó el clásico a la UC y el triunfo para ella fue doble: ya sabía que iba a ser ungida por el directorio de Azul Azul.
No será fácil. La U es un eterno y hermoso hervidero. Los hinchas -fanáticos y apasionados- exigen resultados: no son campeones desde 2017.
Vota Pérez
Cecilia Roxana Pérez Jara nació en Santiago el 23 de septiembre de 1974. Es abogada de la Universidad Andrés Bello.
Su carrera política parte cuando se cruzó con Lily Pérez.
“Debe haber sido más o menos en 1995. Un grupo de universitarios me pidió acompañarme en el trabajo político en terreno. Ahí conocí a la Cecilia”, cuenta la ex parlamentaria, ya retirada de la política.
En 1998, Lily ganó la diputación por La Florida. Nombró a Cecilia como jefa de gabinete. “Luego, en 2000, le propuse que fuese candidata a concejala por La Florida. En los afiches de la campaña aparecíamos las dos, con el slogan ‘Vota Pérez’. Ganó”, recuerda Lily.
“Fue por mucho tiempo mi mano derecha. Y siempre amiga”, agrega.
Cecilia fue reelecta en tres periodos consecutivos (2000-2012). Cecilia ya militaba en RN. Escaló rápido: en 1998 era consejera general del partido. También fue secretaria general.
En agosto de 2011, se cruzó con Sebastián Piñera. El mandatario la designó subdirectora del Servicio Nacional de la Mujer (Sernam).
“En el rol de dirigente de RN, iba constantemente a La Moneda. Comenzó a forjar relaciones: con la “Mane” Piñera, con la Karla Rubilar, con la Carla Munizaga. Se puso a disposición de ellas. Era muy colaboradora con el gobierno”, me dice un funcionario de Piñera 1.0.
Un miembro de esa administración ejemplifica el alineamiento leal de Pérez con La Moneda: En 2010, Ximena Ossandón, entonces vicepresidenta de la JUNJI y militante de RN, enunció la ya histórica frase-meme: “Mi pega la he hecho bastante bien; ahora la paga es bastante reguleque”.
La clase política salió en masa a darle y darle. Tanto así que Ossandón renunció, no sólo por la presión de la oposición: también por la molestia del gobierno.
“La Cecilia se alineó con La Moneda, pese al enfado en RN por el despido de una militante con un apellido con mucho ascendiente en el partido”, me dice.
La distinta de la derecha
Piñera vio potencial en ella. Su nombre atrajo: una self-made woman, que rompía con el estereotipo de la “derecha pituca” que marcó el regreso de ese sector a La Moneda.
En 2011, el presidente la designó intendenta de la Región Metropolitana. Luego la nombró ministra Secretaria General de Gobierno. Reemplazó a Andrés Chadwick, que partió a Interior.
Pérez ya era militante de la primera división de la política.
“Cecilia no provenía de un colegio privado, como el resto del gabinete, ni se había criado en el sector oriente de la capital”, escribió Jorge Selume, jefe de comunicaciones de Piñera 2.0, en su libro Tiempos Mejores, un retrato personal-crudo del gobierno.
A Piñera -dijo Selume- le gustaba “el rasgo de popularidad que ella le inyectaba a la derecha… Cecilia Pérez era un buen rostro para un Gobierno cuyo presidente había estudiado en Harvard. A buenas y a primeras parece superficial, pero no por nada, en alguna entrevista, ella aseguró: “En el Gobierno, yo soy la negrita de Harvard”.
“Para quienes creen que el mérito es la mejor escuela, ella está doctorada. Formada en una familia de clase media, sin redes ni herencias, había llegado, por sus propios medios”, escribe Selume.
Traga vidrios
“Fue una muy buena vocera. Con carácter, personalidad, tino y excelente redes políticas”, recuerda un ex ministro de Piñera. “Eficiente como pocos políticos que he conocido”, agrega.
“El presidente veía en Cecilia virtudes como su excelsa capacidad para improvisar ante la más inesperada situación. No exagero si sostengo que Cecilia era capaz de sortear un relámpago. La podían pillar con un muerto en el maletero y era capaz de salir jugando sin que le sacaran siquiera un parte”, cuenta Selume.
El presidente le tomó alta estima y respeto. “Ella era soldado de Piñera. El le decía “mire Cecilia, mañana salga y diga esto, esto y esto otro. Y ella iba a la pelea comunicacional”, cuentan ex miembros del gobierno de Piñera.
Inquilinos de La Moneda recuerdan su resolución. Decidida, muy competente, me dicen. Fuma bajo el agua, me agregan. No dada a las minutas y los textos largos: acción y acción.
“El presidente atesoraba su estómago. Piñera pasó por tantas crisis durante su carrera política que, si hay algo que nadie cuestiona, es del grosor de su pared estomacal. Por lo mismo, buscaba rodearse de quienes portaban esa cualidad. Y de lo que no cabe duda, es de la alta tolerancia digestiva de Cecilia. Cuando ella comía vidrio, Piñera se sentía retribuido”, contó Selume.
Se acabó Piñera 1.0 y en el plan de retornar a La Moneda, Pérez fue clave. Acompañó al ex mandatario y virtual candidato en Avanza Chile, la plataforma del regreso a Palacio.
Piñera volvió. En el segundo gobierno, entre marzo de 2018 y octubre de 2019, volvió a ejercer como ministra Secretaria General de Gobierno. Sufrió el estallido. Su elogiada “pasión pero frialdad” se vio en cuestión. En La Moneda, por esos días, todos tragaban saliva.
La recuerdo muy molesta por la cobertura de los medios. No escondía sus reparos. Y su cara de enojo y reproche.
“Amiga a morir de sus amigos; enemiga a morir de sus enemigos”. Así la define una ex ministra de Piñera.
Selume describe en su libro su visión de cómo chocó con Pérez.
“(…) Puedo decir que era una ministra jovial y chispeante, un poco repetitiva y autorreferente, pero, fuera de eso, era fácil tratar con ella. Ahora, todo lo anterior era válido siempre y cuando no te interpusieras en su camino hacia la cima. Cuando eso acontecía, más valía afirmarse del primer poste que hallases. “Mientras no estés en contra de mí, estoy a favor de ti”, me advirtió en un par de ocasiones.
“Al igual que varios ministros y subsecretarios, me tocó ser blanco de esa creativa capacidad que tenía Cecilia para maquinar a su favor. Sucedió cuando dejé de guardarme mis opiniones y pasé a expresar abiertamente nuestras diferencias… en privado, me recriminaba y acusaba de desleal”, recuerda el ex Secom.
La leona
En abril de 2022 Pérez se unió al directorio de Azul Azul como vicepresidenta. Dijo: “Es un sueño y también una enorme responsabilidad” unirse al club que ama.
Hoy es presidenta. Lily Pérez me dice que su fin, antes de la política, era ser dirigente de la U. “Siempre le gustó el fútbol. Más que la política me atrevo a decir”.
¿Qué se le viene?
La barra brava, relacionada con el narcotráfico y la violencia, es una migraña institucional. No son pocos los dirigentes del fútbol chileno que capitulan por miedo a estas mafias. “Desde fuera, la prensa critica que interlocutemos con ellos. Pero si no lo hacemos, puede ocurrir lo peor. Es dramático, pero es la realidad”, me contaba hace un tiempo el ex dirigente de un club grande, quien reconocía amenazas contra él y su familia.
“Cecilia tiene carácter, calle, es viva e inteligente, sabrá moverse bien y controlar la violencia”, dice alguien que trabajó con ella en Piñera 2.0.
También deberá desplegar su experiencia política para sortear el desenlace de un capítulo nefasto para Michael Clark, el presidente saliente de Azul Azul.
En noviembre de 2024 la CMF detectó que Sartor AGF -uno de cuyos dueños era Clark- utilizó recursos de sus fondos para financiar empresas relacionadas con sus propios directores. La CMF calificó las operaciones como “manifiestamente perniciosas”.
Clark fue sancionado con una multa de 65.000 UF y la inhabilidad por cinco años para ejercer cargos de director o ejecutivo principal. Además tendrá defenderse de las querellas que han interpuesto en su contra los inversores afectados.
El ex dirigente y accionista de la U es muy cercano a Pérez. “Es doloroso, se va un amigo… siempre será mi amigo”, dijo ella emocionada a la hora de la despedida.
Pérez no tiene relación alguna con los líos financieros de Sartor. Pero políticamente, lo que ocurra con Clark la pueda salpicar. La prensa deportiva pone en duda quién realmente financió la compra del porcentaje que Clark posee.
Preguntan: “¿Quién es el verdadero dueño de la U?”
“Llevo cuatro años en el directorio de Universidad de Chile como vicepresidenta del club, que ha sido maravilloso y donde efectivamente, bajo el liderazgo justamente de Michael, se ha logrado tener la casa, tener una caja, digamos, bien sana en las finanzas para poder reforzar ambos planteles, el masculino y el femenino”, dijo Pérez antes de recibir la banda azul.
Pérez fue ministra. Ahora es presidenta. Todo en 15 años.



