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Hace unos días fui a comprar hallulla, el kilo marcó $2.300 pesos, algunos dirán barato y otros caro, pero me preocupó. Esa panadería mantuvo el precio del pan más de lo que puedo recordar, siempre a $2.000 aun cuándo en el centro estuviera más caro.
A eso se suma un café Marley que compré el otro día, marcó $2.500 (antes $2.250), como había que desayunar tuve que comprar. Si el Marley subió no me imagino el Nescafé.
Quizá lo anterior suena como anécdota, pero esos $250 (+11%) y $300 (+15%) pasaron en menos de la mitad del año, son indicadores de un alza en productos que se compran a diario, si un negocio de barrio o un local del centro suben esos precios no es por ánimo de lucro sino por una presión en costos que ya no fue sostenible.
Varios podemos asumir ese costo, pero hay familias que van a pensar en sacar un pan de la bolsa o no comprarse ese café, y eso es lo más preocupante, si en la plaza hay que renunciar a un pan o una bebida caliente, los gobernantes tienen que tomar una medida.
Y todo lo que digo no es una cuestión aislada, la UF marcó $40.120,20 el 30 de abril, hace recién una semana. Si ya cuesta imaginarnos sacando un pan de la bolsa, que sentiremos cuando toque pagar el arriendo y los dividendos.