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Reportajes

Roberto Cox, el nuevo rostro de “Contigo en la Mañana” en CHV: “No veo que yo sea el reemplazo de alguien”

La salida de Julio César Rodríguez de Chilevisión abrió la interrogante sobre quién sería su reemplazante en “Contigo en la Mañana”. Aunque se barajó la idea de buscar un rostro fuera del canal, la señal optó por potenciar a Roberto Cox en ese puesto. El periodista de 42 años, que hasta ahora conducía el noticiero matinal de la estación, enfrenta ahora un nuevo desafío televisivo. Cox, que logró hacerse un espacio gracias a sus coberturas internacionales, reconoce que siempre ha tenido la fortuna de estar en los lugares indicados, pero que la preparación ha sido clave en su carrera. Sobre esta nueva etapa, asegura en esta primera entrevista en su nuevo rol con The Clinic, que no se la esperaba ni tampoco la pidió, pero que no dudó en aceptarla. Ahora, formará parte del equipo titular del matinal.

Por 9 de Mayo de 2026
Felipe Figueroa
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Roberto Cox despacha desde Kuala Lumpur, la capital de Malasia. Es 2018 y el periodista viajó desde Barcelona para cubrir el caso de dos compatriotas acusados de matar a una persona en esa ciudad y que arriesgaban morir en la horca. Luego de 15 meses, ambos logran salir de la cárcel para enfrentar en libertad lo que queda del juicio. Cox está en el gigantesco edificio de migraciones de la ciudad para obtener la exclusiva: las imágenes de su liberación.

El edificio tiene varias salidas. Los periodistas deciden hacer un pacto: cada uno resguarda una puerta y quien consiga las imágenes las comparte con el resto. Para fortuna de Roberto Cox, los imputados salen por la puerta que tenía asignada. Corre hacia ellos, con las manos temblorosas. Sabe que está frente a la imagen que todos esperaban. Las imágenes salen al aire por Canal 13, señal de la que era corresponsal en el extranjero, y también por el resto de los canales nacionales, el pacto se cumplió.

La cobertura del mediático caso impulsó la carrera de Cox, quien ha destacado en coberturas internacionales como el caso Narumi. Luego de volver a Chile en 2019, fue contratado por Chilevisión para integrarse al departamento de prensa y conducir “Chilevisión Noticias” junto a Macarena Pizarro. Un reconocimiento a su trayectoria como corresponsal en el extranjero, que comenzó en Buenos Aires para TVN y continuó en Barcelona para Canal 13, donde cubrió, entre otros hitos, la llegada de Arturo Vidal al FC Barcelona y la ola independentista que revolucionó la capital de Cataluña.

Seis años después, el canal vuelve a confiar en él, esta vez para integrarse a la conducción de “Contigo en la Mañana”, tras la salida de Julio César Rodríguez de la señal.

Un día antes de ser anunciado oficialmente, Cox aparece vestido con un terno azul junto a sus nuevos compañeros: Eduardo de la Iglesia, Andrea Arístegui y Alison Göhler. Juntos posan para las cámaras de Chilevisión en la actualización de las fotografías promocionales del matinal. Ellos serán los conductores estables del programa durante este año.

El nuevo equipo de animación del matinal de CHV.

Aunque Cox no fue presentado oficialmente como el reemplazante de Julio César Rodríguez, es inevitable la comparación. Existía expectación por conocer quién sería el animador o animadora que completaría el equipo del matinal, actualmente el segundo más visto de la televisión chilena.

—¿Te sientes con la responsabilidad de ser el reemplazante de Julio César?

—No, no me siento con esa responsabilidad.

—¿Te lo transmitieron cuando te ofrecieron el rol?

—No, para nada. No me lo transmitieron así y tampoco siento la presión de ser “el reemplazo de”. Creo que con Julio somos muy distintos y llego en una etapa muy diferente del matinal. En ese sentido, no siento la presión de ocupar ese lugar, porque no veo que yo sea el reemplazo de alguien. Son etapas distintas.

—¿Es el desafío más importante de tu carrera?

—Hoy por hoy, sí. Llevaba más o menos cinco o seis años como conductor del noticiero AM, que es bastante tiempo, y hace pocos días me comunicaron esta posibilidad de integrarme como conductor del matinal, algo que no esperaba que me ofrecieran. Sin duda, que te hagan una propuesta así implica una responsabilidad gigantesca y también un gran honor. Sabía que estaban buscando a alguien para ese rol y que me lo hayan ofrecido a mí, sin duda, me tomó completamente por sorpresa.

—¿Y cómo te sientes?

—Todavía estoy en shock por este ofrecimiento y esta oportunidad. Pero todas las personas que trabajan conmigo acá en televisión, no hubo ninguna que me dijera “no lo hagas”. Todos, desde amigos hasta jefes y directores, me dijeron: “Roberto, aprovéchalo, es una gran oportunidad, no la dejes pasar”.

—Para la gente que lee o ve esta entrevista, ¿qué significa para un periodista que trabaja dentro de un canal ser llamado para conducir un matinal? ¿Qué importancia tiene dentro de la jerarquía de Chilevisión?

—Yo creo que un matinal, dentro de un canal de televisión en Chile, debe ser uno de los programas más importantes, o derechamente el más importante. Y no solamente hablando de Chilevisión, sino de todos los canales. Pensar que en Chile solo hay cuatro matinales y que a ti te den la posibilidad de conducir uno de ellos, imagínate lo que significa. Es un tremendo honor y también una responsabilidad gigantesca.

El regreso al matinal

Roberto Cox ya tuvo un paso por el matinal, estuvo dos años hasta que se despidió en pantalla el 2025. Eso sí, su rol era distinto, la figura de Julio César Rodríguez era el eje central de la conversación y los panelistas giraban en torno a su conducción. Sobre esos años Cox asegura que aprendió viendo a “JC” desde un lugar secundario. “En ese tiempo yo entendía perfectamente cuál era mi función: la de panelista, más acompañante que protagonista”. 

—A pesar de la salida de Julio César, el rating del matinal no se desplomó ni mucho menos. ¿Qué crees que perdió el programa con su partida?

—Yo creo que Julio tiene algo que valoro mucho en algunos comunicadores: genera una relación de amor y odio con la gente. No creo que sea positivo que todo el mundo te quiera. Tampoco lo es que todo el mundo te deteste, obviamente. Pero Julio logra esa ambivalencia de tener gente que lo quiere muchísimo y otra que no lo soporta.

Y eso me parece súper positivo, porque incluso quienes no lo pueden ver igual ponen el canal para escucharlo, esperando ver qué dice, quizás para confirmar por qué les genera rechazo. Creo que cuando se va una figura tan importante y popular como Julio —basta ver las encuestas, donde tiene un nivel de conocimiento gigantesco—, el matinal pierde algo de eso.

—¿Qué se te pidió o qué atributos creen que puedes aportar al matinal?

—Más que atributos personales míos, son características que tienen que encajar con lo que el canal quiere para el matinal. Un matinal noticioso, muy cercano, con mucha presencia en la calle, que sepa escuchar y empatizar con la gente y con sus problemas del día a día. Y, en ese sentido, adaptarme yo a eso. Creo que no va a haber problema, y siento que eso es lo que esperan de mí.

—En el matinal hay un tono más formal, que tú tienes porque vienes de prensa, desde lo más informativo. Pero también hay una parte más lúdica, más de juego, que va conviviendo. ¿Cómo te sientes con ese rol?

—Me encanta la posibilidad de poder ser más yo y mostrarme tal cual soy. No digo que en las noticias uno no lo haga, pero claramente el formato del matinal es un poco más relajado, más liviano, y eso también te permite relajarte frente a cámara. Y cuando estás relajado, puedes mostrarte como eres realmente.

—¿Pero no es un riesgo para tu carrera entrar a los matinales y salir un poco de la línea más informativa?

—No, no lo creo. Imagínate: tengo un podcast con un tono muy descontracturado y un lenguaje súper coloquial. Soy DJ, hice el curso de DJ y pongo música en fiestas. Creo que es súper válido, nutritivo y enriquecedor tener esa doble faceta: poder ser alguien serio al momento de informar una noticia, con la mayor objetividad posible, pero también ser una persona a la que le gusta reírse y echar la talla. Somos personas comunes y corrientes.

La guerra de los matinales

La batalla por el rating en la franja matinal es una de las que concentra mayor atención en la televisión chilena. Cinco horas de contenido en vivo, con movileros desplegados por las calles de Santiago y una pauta que cambia según el día a día, obligan a trabajar a un ritmo vertiginoso.

Hace un par de años, “Contigo en la Mañana” lideraba cómodamente la franja. Hoy ese lugar lo ocupa “Mucho Gusto”. Chilevisión, en tanto, se mantiene consolidado en el segundo lugar, aunque con la intención de volver a disputar el primer puesto frente a la competencia.

—¿Cuál es el objetivo de “Contigo en la mañana” frente a la competencia? 

—Lo principal es seguir por la senda de ser un matinal informativo, cercano y empático. Y también se nos ha pedido tratar de ser más luminosos, intentar quitarle un poco de seriedad o de angustia a todo lo que estamos viviendo como país. La seriedad siempre va a estar, porque sabemos que hay mucha gente que lo está pasando mal, pero también queremos acompañar desde un lugar más amable, más cálido y más luminoso. No sé si diría más lúdico, pero sí más empático y cercano.

—Eso es difícil considerando la pauta de los matinales: secuestros, asesinatos, robos…

—Claro. A veces la actualidad te come y tienes que informar cosas que no son amables. Pero creo que la búsqueda siempre va a estar en lograr un equilibrio entre la noticia seria —que muchas veces no es feliz— y un lado un poco más amable, que permita también sacarle sonrisas a la gente en la casa.

El matinal va a seguir teniendo su veta informativa, eso no está en duda. Pero si logramos, al menos desde mi parte, que la gente termine de verlo con una sensación de esperanza y alegría, yo me voy a sentir cien por ciento satisfecho.

—¿Y cuánto te importa el rating? ¿Lo revisas, estás pendiente?

—Obviamente se revisa, no te voy a mentir. Siempre se mira. Pero no me quita el sueño. Sabemos que hoy la competencia está durísima, pero no lo veo como una presión de tener que llegar mañana y salir primeros inmediatamente.

Creo que, si hacemos un trabajo responsable y tenemos claros nuestros objetivos a mediano plazo, vamos a lograr resultados positivos. Hoy sería muy difícil dar vuelta el partido en el primer tiempo. Este es un partido de 180 minutos, y estoy convencido de que en esos 180 minutos lo vamos a dar vuelta y la gente nos va a premiar eligiéndonos.

Con este objetivo, Cox se prepara para debutar en el matinal. Además, durante junio también tendrá un rol protagónico en el canal, ya que será uno de los pocos periodistas que Chilevisión enviará a la cobertura del Mundial de Fútbol.

Roberto Cox, el periodista

Sentado en uno de los camarines del canal, ya sin el terno azul y vestido con una polera negra, Cox cuenta que desde los siete años quiso ser periodista. Eso sí, reconoce que nunca estudió pensando en conducir un matinal ni tampoco un noticiero.

Tras graduarse de la Universidad de los Andes, entró a Mega a hacer lo que suelen hacer los practicantes y recién egresados: notas y labores en un rol completamente secundario. Estuvo ahí un tiempo hasta que decidió migrar a Argentina —su madre es argentina y tiene familiares al otro lado de la cordillera—, donde cursó un magíster y tomó contacto con TVN para convertirse en corresponsal.

—¿Crees que la cobertura del caso de los chilenos en Malasia fue tu gran momento para brillar o para hacerte popularmente conocido en televisión?

—Fue mi golpecito de suerte. En ese entonces —año 2018— yo era corresponsal de Canal 13 en Barcelona. Sabía que venía este caso de los chilenos que arriesgaban pena de muerte en Malasia y le propuse al canal ir a cubrirlo. Creo que fue una buena cobertura, se hizo bien, pero además me favoreció mucho que ningún otro canal chileno mandó un periodista a cubrir ese caso. Entonces era como correr una carrera solo.

Cox tuvo otro momento de alta atención mediática en su carrera televisiva con el caso Narumi. Aunque todos los canales volcaron su cobertura al juicio de Nicolás Zepeda por la desaparición y asesinato de su expareja, Narumi Kurosaki, en Francia, el trabajo del periodista logró destacar por distintos factores.

Entre ellos, el seguimiento extensivo del caso desde sus inicios, con Cox como enviado especial, y también su dominio del francés —idioma que aprendió en el colegio—, el que mostró en entrevistas con testigos, abogados y otras personas ligadas al juicio que terminó con Zepeda condenado a cadena perpetua.

“Con el caso Narumi, cuando me enteré de que iba a haber un juicio en Francia contra un chileno acusado de la desaparición de una joven japonesa, empecé a golpear puertas diciendo: ‘Tenemos que ir, tenemos que ir, tenemos que ir´”, recuerda Cox sobre la cobertura.

Al principio le respondían: “¿Para qué vamos a ir?”. Pero yo insistía. Golpeé la puerta de prensa, la del matinal, la de “Contigo en Directo”. Les decía: “Por favor, pongamos plata entre todos y lo logramos”. Hice casi una teletón para poder ir a cubrir el caso Narumi.

Al final le dijeron: “Ya, anda”.

—¿Qué destacas de esa cobertura?

La historia fue —aunque suene duro decirlo porque es una tragedia— un éxito a nivel de audiencia. Nosotros salíamos al aire con el caso Narumi y subíamos cuatro puntos de rating al tiro. Y volvió a pasar lo mismo: fuimos el único canal chileno que mandó un equipo especialmente a cubrir esa historia. Después se sumaron otros canales.

—En Chile el impacto del caso fue inmediato…

Era una muy buena historia, porque el caso Narumi es tremendo. La gente empezó a interesarse y a seguirlo casi como si fuera una novela. Cuando me fui a Francia, le dije a quien era mi jefe en ese entonces: “Esto no es solamente una historia que hay que informar y contar. Tenemos que contar una película”. Porque la historia de Narumi, pese a ser trágica, tiene giros dramáticos propios de un guion de cine o de una serie. Entonces les dije: “Tenemos que narrarla así, para que la gente prenda las noticias todos los días y quiera ver el siguiente capítulo”. Y creo que logramos enganchar mucho al público de esa manera.

—Como periodista y observador, ¿cómo viste la evolución de Nicolás Zepeda durante todo el proceso? Desde el primer juicio hasta el tercero.

—La verdad es que fue siempre el mismo semblante. Lo único que evolucionó fue el idioma: en el primer juicio habló en español y en los dos siguientes ya hablaba en francés. Pero su actitud frente a los relatos escalofriantes de los testigos siempre fue la misma: distante, sin demasiada expresión. No se conmovía cuando hablaban de Narumi. Me parece que fue el mismo Nicolás en los tres juicios.

—¿Y qué viste en la familia de Narumi? Porque las imágenes que llegaban acá eran muy tristes, sobre todo con la mamá y la hermana.

—Sí. Era una familia completamente desolada por la situación. Y te diría que lo que nosotros podíamos mostrar en pantalla no reflejaba en nada el dolor que realmente se percibía dentro de la audiencia, porque ahí no podíamos grabar. La madre lloraba constantemente. En un par de ocasiones se desestabilizó tanto que tuvieron que sacarla de la sala porque se desmayaba. Era muy fuerte todo lo que le tocaba escuchar.

—Cuando surgieron rumores de un romance con Maite Orsini tras tu cobertura, ¿qué te pasó al verte convertido en tema de programas de farándula?

—Nada, en verdad. Sabía que, desde el momento en que entrevisté a Maite Orsini —porque fue todo en vivo y muy espontáneo—, que eso podía pasar. Pero no me provocó nada especial. Lo único que me dio lata fue que se diera por hecho que existió un romance y que la periodista que dio esa información nunca me mandara un mensaje para preguntarme si era verdad o no. Eso sí me molesta, porque es una deformación profesional. Si a mí me cuentan algo de ti y tú eres protagonista de la historia, lo primero que voy a hacer, porque me lo enseñaron en primer año de Periodismo.

—¿Y cómo has lidiado con el hate? Hubo una época en que recibías muchos comentarios en redes sociales, descalificaciones…

—Sí. Creo que el hate contra mí tuvo su peak durante el estallido social. Eso fue en 2019, hace ya varios años, y ese nivel de odio bajó muchísimo con el tiempo.

—¿Y cómo era ese hate en esa época?

—El “zorrón”, el “facho”, el “apitutado” que llegó a televisión porque supuestamente era hijo de Tomás Cox. Y Tomás Cox nunca fue mi papá. La verdad es que nunca me importó demasiado que dijeran esas cosas. Sí se generaba un ambiente muy bélico y desagradable, pero no era algo que me afectara personalmente. Pero ese nivel de odio fue disminuyendo constantemente.

—¿Y por qué crees que pasó eso?

—Porque, afortunadamente, la televisión me dio la posibilidad de seguir trabajando y mostrarme tal cual soy, haciendo mi pega. Y creo que, con el tiempo, la gente fue viendo mi trabajo y conociéndome un poco más, y se dio cuenta de que muchas de las cosas que se decían no tenían mucho sentido. Mucha gente que antes insultaba dejó de hacerlo. Ahora, claro, eso siempre puede volver si uno se manda un condoro, porque la exposición siempre está ahí.

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