Opinión
10 de Mayo de 2026
Columna de Juan Francisco Galli: ¿Es necesaria una renovación en las ideas de la derecha?
Por Juan Francisco Galli
Abogado y exsubsecretario del Interior
El columnista de The Clinic Juan Francisco Galli escribe sobre la renovación en las ideas de la derecha en Chile y el mundo. "La defensa de la libertad y el capitalismo parece ya no ser suficiente para llamar a un proyecto político de centroderecha. Esa base no define claramente cómo debiesen enfrentarse los que son los principales desafíos del siglo XXI para Chile. ¿Cuáles son los diagnósticos de la derecha sobre la crisis climática, la involución demográfica, la desesperanza juvenil y el desplazamiento del ser humano por la tecnología? ¿No será momento de pensar en las bases ideológicas que nos permitan tener una respuesta y una propuesta para esos desafíos de Chile?", reflexiona.
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José Joaquín Brunner debe ser de los intelectuales que mejor representa a la socialdemocracia en nuestro país. En los ochenta participó activamente, junto a Garretón y Moulian, en lo que fue la renovación socialista: un proceso de profunda reflexión sobre las causas y errores que, desde la izquierda, llevaron a Chile a la crisis del 73. Esa reflexión terminó de cuajar con la caída del muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética, en que la realidad forzó la renuncia a los socialismos reales e impuso un camino único de las democracias capitalistas.
El debate de ahí en adelante en las izquierdas fue cuánto Estado de Bienestar debía haber en las nuevas sociedades capitalistas y cuánta redistribución de las riquezas era necesaria para la estabilidad de las nuevas democracias. La excepción fueron los pocos países en que sobrevivió el partido comunista, que mantuvo (y mantiene) su fiel adhesión al marxismo-leninismo.
En los países latinoamericanos y los países de Europa del Este, que salían del yugo soviético, se impuso el Consenso de Washington que, mediante la doctrina económica más ortodoxa, confiaba en las fuerzas del mercado para traer prosperidad a aquellos países que había estado frenados por las políticas de economías centralizadas y autosuficientes. Muchos países mostraron cifras de crecimiento económico positivas y disminuyeron sus niveles de pobreza de manera radical. Sin embargo, una preocupación se mantuvo o se acrecentó: los frutos de ese desarrollo no llegaron a todos de manera equitativa.
Las izquierdas abandonaron sus posiciones más extremas, abrazando posiciones cercanas a la socialdemocracia, lo que se conoció como la Tercera Vía de Giddens y Blair, adoptada en América Latina por los presidentes Lagos y Cardoso. Las derechas recorrieron un camino similar por ejemplo en el partido conservador británico o la política de los acuerdos en Chile. El debate se centró más bien en el nivel de protagonismo que debía jugar el Estado en la vida de las personas y su rol en las sociedades capitalistas.
Sin embargo, ya sea por la trampa de los ingresos medios, la crisis subprime o la irrupción tecnológica de internet y las redes sociales, los polos se fortalecieron con el surgimiento de izquierdas identitarias y derechas nostálgicas de la ortodoxia.
En este contexto, Brunner retoma la reflexión sobre si no será necesaria una segunda renovación socialista que se haga cargo del fracaso del Frente Amplio en el poder y se separe del comunismo orgullosamente marxista.
En el otro lado del espectro, la derecha llegó al gobierno en la última presidencial principalmente en base a un concepto de emergencia, tanto económica como de seguridad. Sin embargo, ya en el pasado había señales de alerta. Lo ocurrido en 2019 con el Estallido Social, cuando gobernaba el presidente Piñera, quien era reconocidamente orgulloso del modelo del desarrollo chileno, no generó una reflexión sobre sus causas más profundas. En paralelo, surgían en el mundo movimientos que cuestionan los fundamentos mismos de esa derecha tradicional. Trump, Milei o Bolsonaro no son simplemente versiones más ruidosas del conservadurismo liberal de los noventa: representan una ruptura con él. Desconfían del libre comercio multilateral, desprecian las instituciones internacionales y sustituyen el argumento por el gesto. La pregunta que eso le plantea a la derecha chilena no es si adherir a ese estilo, sino si tiene una propuesta propia suficientemente sólida como para no verse arrastrada por él.
La defensa de la libertad y el capitalismo parece ya no ser suficiente para llamar a un proyecto político de centroderecha. Esa base no define claramente cómo debiesen enfrentarse los que son los principales desafíos del siglo XXI para Chile. ¿Cuáles son los diagnósticos de la derecha sobre la crisis climática, la involución demográfica, la desesperanza juvenil y el desplazamiento del ser humano por la tecnología? ¿No será momento de pensar en las bases ideológicas que nos permitan tener una respuesta y una propuesta para esos desafíos de Chile? Porque quizás la ortodoxia económica dejó de ser un sustento suficiente para lo que se viene. Y la endémica desconfianza de nuestra elite hacia la política profesional, poco ayuda a abordar estos desafíos con la profundidad y complejidad que el momento nos exige. Así como la renovación socialista tardó una década en cuajar pero terminó siendo la base de los gobiernos de la Concertación, una renovación de la derecha que comience hoy podría definir la política chilena de las próximas décadas.



