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Opinión

10 de Mayo de 2026

Columna de Kike Mujica: Parisi y Jiles, un capítulo de Primer Plano

Foto autor Kike Mujica Por Kike Mujica

En esta pasada se convirtieron en el tándem político con más luces de la política nacional. Full mediáticos, el gobierno los ayudó: los ungió como los protagonistas de la negociación por el megaproyecto. ¿Cómo surgió esta alianza? ¿Cuál es el plan maestro? ¿Podrán convivir hasta el 2030? Y lo fundamental: ¿cuál es su método para hacer de la política una performance?

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Parisi-Jiles. O viceversa. Hacen y deshacen. Literalmente. Detonaron un intríngulis para el gobierno: pactaron con Kast, luego declararon muerto el acuerdo por culpa de La Moneda. Hoy no sabemos si los votos de los trece de la fama están o no están. 

Parisi-Jiles, o viceversa, van por las luces. Son performáticos. Ambos pasaron por la televisión. Ahí acopiaron kilometraje mediático. Ella, periodista política y de la farándula. Él, asiduo de matinales, pizarra incluida, para explicar la economía en simple para las dueñas de casa. 

Hoy, guste o no guste, es la dupla más popular de la política chilena. Parisi se convirtió en las últimas semanas en “el” interlocutor opositor —ellos se definen como “proposición”—. Pesan los 2.550.770 votos que obtuvo en la presidencial. Le ganó a Kaiser y a Matthei. 

El tándem irrita a izquierdas y derechas. Los miran y tratan con desdén: los acusan de ser el epítome del populismo, de los retiros de fondos, de las cárcel-barcos y de un sinfín de ideas vendehúmos. 

En el oficialismo aceptan los votos del PDG a regañadientes. Critican que el gobierno se haya concentrado en el partido de Parisi y no haya buscado apoyos en las tiendas de la ex Concertación. Así lo dejó escrito el propio presidente de los Republicanos, Arturo Squella. 

“Es una irresponsabilidad política inflar así al PDG y a Parisi”, dicen. La Moneda estaría jugando de Doctor Frankenstein, alimentando con entusiasmo a un monstruo que ya existe: Parisi presidente.

Así partió todo

Parisi es ingeniero comercial de la U. de Chile. Tiene 58 años. Jiles es periodista de la UC y tiene 65. Él proviene de una familia de clase media. Ella, de una de clase alta. Su abuela fue una prócer del feminismo: Elena Caffarena. Parisi entró a las ligas políticas en 2021. Jiles militó en el PC durante la dictadura. 

Jiles dice que se cruzó con Parisi hace tantas décadas que no recuerda exactamente cuándo. “Fue en una actividad en el Campus San Joaquín de la Católica”, dice. 

Parisi cuenta que en la facultad de economía había un alumno que era muy querido: se llamaba Juan, pero le decían Joao. Joao Jiles. “Siempre me hablaba de su hermana, que era famosa. La Pamela”. 

Jiles recuerda haber visto a Parisi y su hermano, Antonino, en un programa del canal Vía X. “Me llamó la atención lo carismático que era Franco y la facilidad que tenía para explicar cuestiones complejas de economía a la masa, a la gente común y corriente”. 

“Tenía una tremenda habilidad política”, agrega. 

Jiles atisbó un liderazgo en ciernes. Poco a poco, comenzaron a reunirse. “Probablemente fui una de las primeras personas que le dijo a Franco que él era un político. Ya sosteníamos conversaciones sobre su incipiente liderazgo y sobre lo que estaba pasando en el país”. 

Jiles recuerda particularmente una conversación. 

“Quizá la más marcadora”, dice. 

“Yo le pregunté, inmiscuyéndome con cierto pudor en su intimidad, sobre su situación judicial y familiar que ya era de público conocimiento. Fue claro y honesto. Le pedí que lo resolviera. Franco hizo lo que me había prometido: solucionar ese problema, que a él lo afectaba mucho”. 

“Ella es una persona extremadamente inteligente, está en todos los frentes, es muy analítica, ve debajo del agua, y eso es muy importante en la política”, elogia Parisi.

Parisi y Jiles: de taquito

En 2021, la relación se estrechó porque el PDG arribó al Congreso. Parisi, además, obtuvo un sorpresivo tercer lugar en la presidencial. Jiles se acercó a la nueva bancada y “los agüaché en el quinto piso”, ha dicho. 

Parisi dice que Jiles “cuidó a la bancada”. Y resalta el rol de Pablo Maltés —”el abuelo”— en esos primeros acercamientos. “Pamela es de personalidad fuerte; él es muy componedor, muy tranquilo, con mucha prudencia política”. 

Parisi y Jiles coincidieron en el diagnóstico político: 

—Los ejes de las futuras elecciones se jugarían entre el pueblo y la elite, entre la gente y la clase política. 

— Existe una crisis profunda de legitimidad de los partidos políticos y de la clase política en general. 

De esa reflexión vendría la estrategia para llegar a La Moneda, dicen en el PDG. 

¿La táctica? Jiles le aportaría a Parisi crecimiento en el electorado femenino, que hasta entonces le había sido esquivo. También en un electorado joven y progresista, que tampoco votaba por Parisi. 

“Franco siempre dijo que con el voto obligatorio se sumarían electores de esos segmentos en los que yo tenía adhesión y él aún no”, dice Jiles. 

“Me di cuenta de que pensábamos de la misma forma, sí con distintos estilos. Fue una reacción química, política, intelectual. Trabajamos de taquito. Somos capaces de leer bien la realidad y hasta ahora no hemos tenido roces. Y si llegara a ocurrir uno, estoy seguro de que tenemos al consigliere, Pablo Maltés, quien será mi ministro secretario general de la presidencia”, sentencia Parisi.

Nace una abuela

El 1 de agosto de 2025, Jiles confirmó públicamente su incorporación al PDG y su respaldo a Parisi como candidato presidencial. En redes sociales publicó una foto con él y un mensaje: “Amados nietitos, unidos La Abuela Pamela Jiles y Franco Parisi por el poder de la gente”. 

Jiles y Parisi cuentan que eligieron con pinzas el momento y el modo para comunicar la alianza y así sacarle el mayor dividendo mediático. 

Así son: el impacto es su modo. Siempre. 

Jiles reivindica la política performática, con disfraces y coreografías y el hemiciclo como escenario. Parisi ha hecho campaña por redes sociales. De hecho, en una de las postulaciones ni siquiera estuvo en Chile. Recordada es su franja electoral: manejaba un Porsche. En los debates hablaba por teléfono con su hijo. “Hello Nino”. 

Jiles se inventó un personaje político: “la Abuela”. “Así me llaman los funcionarios, los oficiales de sala, el secretario general de la cámara, los diputados de todos los sectores… Franco me dice abuela”, cuenta. 

El alias surgió en la TV y luego se mantuvo en la vida política. “Yo formaba parte del panel del programa SQP. Un día hicimos un móvil desde la calle Providencia. Una señora dijo en cámara que quería hablar con ‘la abuela’ del panel. Esa era yo: tenía apenas 40 años, pero lo encontré fantástico. Ahí me comenzaron a llamar así”, cuenta. 

“Soy una abuela chilena típica, una vieja de mierda que no quiere caer simpática, pero que es feroz en la defensa de sus nietos”, dice a modo de declaración de principios, riéndose de sí misma y a la vez tomándose muy en serio. Eso es muy propio de ella.

Ni facho ni comunacho

Parisi inició su carrera mediática en 2006 en Radio El Conquistador. Compartió micrófono con el analista internacional Libardo Buitrago. “A él le tengo mucha admiración. Lo molestaba: si soy presidente entrarás a La Moneda conmigo, como ministro sí o sí. Lo veo como vocero o canciller”, dice el líder del PDG. 

Nacía la dupla Parisi: Franco y Antonino. Cuentan que el padre los conminó a “democratizar el conocimiento” y ellos se abocaron a crear “la caja de resonancia”. 

Entonces emergió la famosa pizarrita, el artefacto esencial del parisismo. “Surgió en Mentiras Verdaderas de La Red. Pensé: ‘soy profe, entonces tráiganme la pizarra’. La ocupé en la primera campaña”, cuenta. 

Los Parisi se paseaban por matinales, estaban en el canal Vía X, compartían pantalla con Camiroaga —”un crack de las comunicaciones, siempre se portó bien con nosotros”— y Julio César Rodríguez —”nos ayudó mucho invitándonos a su late”— y se inspiraban con Bonvallet. 

Cuando Parisi decidió ser candidato online y no presencial —una especie de holograma— sacó partido a las redes sociales. Inventó una marca: Bad Boys, un streaming donde conversaban —como patota de amigotes— él, Giancarlo Barbagelata, Juan Marcelo Valenzuela y Pedro Gubernatti. Era una reunión de comando presidencial pero al aire, en vivo y en directo. 

Pura testosterona. Políticamente incorrecto, sobre todo para un personaje que fue acusado de no pagar pensión alimenticia.

Jiles y Parisi frasean de memoria los mensajes o “cuñas” que el comité creativo —ellos mismos y Maltés— cranean. Simples y creativas. “Al PDG lo han ninguneado”, “Ya no existe la división entre derechas e izquierdas: ahora es entre la elite y el pueblo”, “somos los defensores de la clase media emergente”. 

La cuña más exitosa fue la que inventaron en la última presidencial: “ni fachos ni comunachos”. Cuatro palabras prosaicas convertidas en manifiesto político. 

El origen del statement devela el “método Parisi”:

“Esa frase se me ocurrió a las 3 de la mañana. Desperté a mi señora y le gustó la idea. A las 5 de la mañana estaba llamando para contarles al abuelo, a la abuela, a Giancarlo Barbagelata, Juan Marcelo Valenzuela y a la Zandrita (su hermana). Hace rato que buscaba un concepto corto para explicar nuestra crítica a la derecha y a la izquierda. ‘No somos ni extrema derecha, ni extrema izquierda’ era muy largo. En un acto político, en Castro, un hombre comenzó a gritar en mi contra. Entonces le dije: ¡fuera facho, fuera comunacho! El tipo se fue. Así me convencí de que era ‘el’ eslogan. El ‘comité creativo’ me dio el OK, lo probé en un programa de Mauricio Israel y fue un exitazo en redes sociales. Yo creo que los fachos y comunachos son una minoría en Chile, muy ruidosa, pero minoría. El 80% o 90% piensa igual que nosotros: ni fachos ni comunachos”. 

De este supuesto de Parisi surgen las aprensiones de la política tradicional respecto de un devenir populista, encarnado en “un irresponsable como Parisi”. Si los proyectos de Boric y Kast —”comunacho y facho”— no funcionaron, ¿a quién le toca el 2030? 

Parisi, responden, con espanto. 

Y Jiles, agregan pasmados.

La hoja de ruta de Jiles y Parisi

El plan es claro: “2030: Parisi presidente y la Abuela senadora”. 

Cada puntada es con ese hilo. 

Parisi sabe que para llegar a La Moneda —sería su cuarta aventura— debe estar presente —pretende vivir 15 días acá y 15 en EE.UU.—; mantener unida a su bancada —existe el trauma con la descomposición de la bancada del 2021—; preparar plantillas competitivas para todos los cargos de representación popular que se vienen por delante. 

“Necesito infantería”, ha dicho.

La falta de elenco le ha pesado. Nadie sabe con quién gobernaría. En la última campaña mencionó a Laurence Golberne como nombre para su gabinete. Golborne lo desmintió rápidamente.

Boric “externalizó” su equipo político en el Socialismo Democrático. 

Kast, en Chile Vamos.

¿A quién acudiría Parisi?

¿Y qué pasa con el ego?

Son muchos los que le dan corta vida a la alianza. “Jiles no es confiable”, me dice un parlamentario del PS, que augura un quiebre antes del 2030. 

De Parisi piensan que es un lobo solitario, que no logró manejar la bancada en 2021, y que esta bancada huele a división. “Ya se le fue uno”, dice un diputado del oficialismo. 

Jiles ha dicho que la bancada está unida y que ella se encargará de que así se mantenga. Que el gobierno busca dividirlos, pero que no les ha resultado. 

Cuando difundieron su alianza, periodistas y políticos auguraban que Jiles le expropiaría el PDG a Parisi. El buen resultado electoral del candidato aplacó esa sospecha. Pero muchos no lo descartan. 

Los egos son otro tema peliagudo. Los dos brillan a la par. Por ahora. Pero en política el resplandor siempre es una tentación. Y el resplandor es solo para uno. O una. 

Jiles es enfática: “no cabe ninguna duda de que Franco es el líder y yo soy la abuela de este proyecto político”. 

“Somos una pareja virtuosa. Nos complementamos y nos agrada trabajar juntos. Nos sale cómodo. Existe una tremenda complementariedad justamente porque somos distintos”, agrega. 

Jiles desmiente intenciones presidenciales propias: “Él me sugirió que hiciéramos una primaria. Yo le dije que me parecía absurdo, que su liderazgo presidencial era evidente. Y que debíamos concentrarnos en proyectar eso, porque el signo de los tiempos indica que él será presidente de la república”. 

Parisi vaticina: “La abuela será senadora de la república por la Región Metropolitana. Esto no le va a gustar, me tirará la oreja: voy a tratar de que sea la primera mayoría a nivel nacional”.

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