Secciones

The Clinic
Buscar
Entender es todo
cerrar
Cerrar publicidad
Cerrar publicidad

Tendencias

27 de Mayo de 2026

La historia de reinvención del suplementero de La Moneda: cientos de personas lo visitan a diario para intercambiar láminas del Mundial

Julio Malvino tiene 72 años, y trabaja desde los ocho. Su vida ha estado ligada a la venta de diarios, a pesar de que no vive de eso. La digitalización lo ha obligado a reinventarse y hoy es el único suplementero que hace intercambio de láminas para el álbum del Mundial.

Sigue a The Clinic en Google News
Por
Compartir

Julio Malvino tiene más de 60 años vendiendo periódicos en la esquina de Morandé con Alameda, a pasos de La Moneda, aunque ya no vive de eso. Hoy, es el único suplementero que intercambia láminas del mundial, y lo hace desde la copa del 82 en España.

En medio de clientes demandando café y láminas del álbum del Mundial, Julio conversó con The Clinic sobre sus seis décadas de trabajo y la oportunidad de negocio que vio hace 44 años, y que hoy hace que lo visiten más de mil personas a diario.

La pasión por el fútbol y la colección de láminas

Son las 14:00 horas en pleno centro de Santiago, y en la esquina de Morandé con Alameda, hay un grupo de personas haciendo fila hacia el quiosco de Don Julio, que, sin discriminación de edad o género, esperan pacientemente para intercambiar las láminas repetidas del álbum del Mundial. Algunos tienen más de media hora en el lugar.

Julio abre su quiosco de lunes a viernes a las 6:00 de la mañana y se va a las 22 horas. Cuenta que cuando llega, ya hay personas esperándolo: “Es una pasión coleccionista, incluso no importa que esté o no esté Chile en el Mundial, el álbum lo coleccionan igual”.

Cuenta que en los mundiales anteriores, no se había tanto furor por el álbum, pero desde el 2015 la venta ha incrementado, cuando Chile salió campeón de la Copa América. A como lo ve él, ya no es un simple hobby, ahora coleccionar es una pasión.

Hoy, los sobres y las láminas están completamente agotados, para el pesar de las personas que vienen constantemente al puesto de Julio a preguntar. “A mí en esta temporada siempre me va bien. Porque soy el único que tiene este sistema de cambiar láminas repetidas y vender las láminas por unidades”, expresa.

“Si tú me compras el álbum completo te sale exactamente $300 mil, que son 1000 láminas. Pero si tú compras este $100 mil en sobres, no llegas ni siquiera a la mitad del álbum, porque salen todas repetidas. Por eso es la gente de acá, aprovecha las láminas que tiene repetidas y después que si le faltan 10, 20, 30 láminas, mejor comprar las otras y comprar tantos sobres. Ese es el negocio”, cuenta.

Esta es una actividad que ha hecho por 44 años, desde el Mundial de España, en 1982. Relata que empezó por casualidad, cuando una señora le pidió cambiar láminas para su hijo: “Le doy dos láminas por una que me falte”, le dijeron en ese entonces, y fue cuando vio una oportunidad de negocio que mantiene hasta hoy.

“Partió totalmente de la nada. Y ahí le tomé el gustito a cambiar dos por una, y de abrir los sobres para venderlos por unidad”, agrega.

Su relación con la política

En más de seis décadas instalado a una cuadra del palacio presidencial, he presenciado de cerca el trabajo de muchos gobiernos. Conoció presencialmente a Jorge Alessandri Rodríguez, Eduardo Frei Montalva, Salvador Allende y Gabriel Boric. Recuerda con especial cariño la conversación que tuvo con el anterior ocupante de La Moneda.

“Paula, su pareja, tiene un hijo y ella me compraba los láminas antes de que fuera pareja de él. Un día pasaron los dos a comprar, y Boric me compró láminas para el niño” recuerda. “Él fue una persona muy muy cercana. Cero política. Hablamos de mi tiempo aquí en el quiosco, de las láminas”.

Contó que Boric le insistió en que escribiera un libro de las anécdotas e historias que ha recolectado en sus años de trabajo. Él recuerda la historia entre risas.

Dice que aún no conoce al presidente Kast, y que nadie de su equipo ha visitado el puesto

Un oficio olvidado

Julio cuenta con orgullo que fue “canillero” cuando era niño. Se levantaba temprano a recoger paquetes de periódicos para vender en las micros. Como los zapatos de ese tiempo eran muy duros, los niños se los sacaban para ir más rápido: “El que corría más, vendía más”, recuerda Julio.

Años después se quedó en el puesto que era de sus padres, donde se le ve hasta el día de hoy. Cuenta que los suplementeros han ido perdiendo identidad con el paso de los años.

Hoy, Julio cuenta que nadie vive de esto. Solía comprar centenares de diarios de una gran variedad de medios escritos. Hoy, apenas llega a la decena.

“Lamentablemente estamos perdiendo identidad. Porque la patente del puesto dice “Diarios y revistas.” Y ningún suplementero vive de los diarios. Antiguamente sí. Pero hoy hay que reinventarse”, dice.

En su puesto ofrece cafés, sándwiches y otros comestibles, además de diferentes álbumes de láminas, y los pocos ejemplares de diarios que alcanza a vender.

“A mí me da mucha pena tener que perder la identidad. Yo soy canillero de nacimiento”, relata.

Notas relacionadas