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Divertimento Chileno: la historia del restaurante de cocina chilena que colonizó hace 35 años el cerro San Cristóbal

El Divertimento Chileno cumple 35 años en las faldas del cerro San Cristóbal, consolidado como un restaurante familiar que nació en un antiguo cine para autos y que, con el tiempo, se transformó en un referente de la cocina chilena, punto de encuentro de actores, turistas y trabajadores, en medio de la evolución del barrio Pedro de Valdivia Norte y los cambios en la forma de comer en Santiago. En manos de la familia Sacco, hoy lo lidera Flaminia quien repasa cómo ha evolucionado su carta con acento chileno y el desafío de ser un destino en sí mismo: “La gente viene porque lo eligió, no porque esté caminando por Providencia y diga ‘vamos al Divertimento’”.

Por 14 de Junio de 2026
Divertimento Chileno
Divertimento Chileno
Foto: Carlos Rodríguez / The Clinic
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Cuando el cerro San Cristóbal aún no había sido reforestado ni contaba con zoológico, desde sus canteras se extrajeron las piedras que sirvieron para construir el Palacio de La Moneda y el Puente Cal y Canto. Ese episodio es solo una de las muchas historias que marcan la relación entre la ciudad y su monumento natural más imponente.

En sus faldas, hace 35 años, nació el Divertimento Chileno: un espacio que se convirtió en punto de encuentro de trabajadores, artistas que visitan el país y una reconocida atracción turística. Hoy, el restaurante es administrado por la segunda generación de la familia Sacco, que en este aniversario revisita su historia y su evolución hacia una cocina centrada en las preparaciones chilenas.

Pero lo que se ve hoy en avenida El Cerro dista mucho de sus orígenes. Donde ahora hay una terraza consolidada, con vista al teleférico y una barra interior, hace tres décadas había apenas un par de mesas con manteles cuadrillé. El lugar, recuerda Flaminia Sacco, hija de Bruno Sacco y Carmen Aquino, funcionaba antes como un cine para autos, hasta que la administración decidió darle un nuevo uso mediante una licitación.

Fue en ese proceso cuando la familia Sacco entró en la disputa por la concesión. La idea venía de antes: replicar la experiencia de “La Divina Comida”, el primer restaurante que habían abierto en Bellavista. “Entonces mi papá, que ya era conocido en el ámbito de los restaurantes, vino y dijo: ‘quiero abrir esto’. A la gente del parque le interesó”, recuerda Flaminia.

El proyecto, sin embargo, debía pasar por un concurso público. Se presentaron distintos postulantes y finalmente Bruno Sacco se adjudicó la concesión por 15 años, en un proceso estrecho donde debió cumplir exigentes requisitos de inversión, infraestructura y propuesta.

Así nació el restaurante, inicialmente llamado simplemente Divertimento. La apuesta original era de inspiración italiana, con una escala más reducida de la proyectada: dos pérgolas que aún existen y que forman la base estructural del lugar, con una estética sencilla que lo mantenía en una etapa inicial de desarrollo.

Con el tiempo, el proyecto comenzó a cambiar de rumbo. Su padre se fue involucrando cada vez más en iniciativas vinculadas a Achiga (Asociación Chilena de Gastronomía) y a distintas acciones para promover el turismo y revalorizar la cocina chilena. En ese proceso, surgió una convicción: la gastronomía local no estaba siendo suficientemente valorada.

“Había como esta idea de que la cocina chilena era fome o no existía, o que no tenía valor”, relata Flaminia. Desde ahí impulsó actividades como concursos de cocina dirigidos a dueñas de casa, donde se invitaba a presentar recetas de todo el país, con un único requisito: que fueran preparaciones de raíz chilena.

Ese tipo de experiencias reforzó la percepción de que en Santiago había pocas opciones para comer cocina chilena fuera de las picadas tradicionales. Fue entonces cuando el restaurante comenzó a transformarse y asumió una nueva identidad: Divertimento Chileno.

El cambio también se inscribió en una transformación más amplia del consumo. “Hace 20 años la gente quería comer carne y de pescado nada. La pescadería era baratísima. Y ahora eso se revirtió: hoy la gente quiere comer pescado, mariscos, y se está consumiendo menos carne”, comenta.

“Estamos teniendo más diversidad de pescados en Chile, con 4.000 kilómetros de costa, ¿cómo puede ser que siempre comamos salmón y reineta? Ahora el chileno está apreciando más su comida y su valor cultural dentro de lo gastronómico”, agrega.

Punto de encuentro de actores y estrellas mundiales

En los años de mayor movimiento del restaurante, el lugar se transformó en un punto de encuentro habitual para figuras de la televisión chilena. Llegaban equipos completos de Canal 13, Chilevisión y Mega y TVN.

En ese tiempo —especialmente durante la etapa en que Jaime de Aguirre estaba vinculado a grandes producciones en Televisión Nacional— el flujo de rostros conocidos era constante. El ambiente era relajado, casi de camaradería: la gente se levantaba de una mesa a otra, se saludaban entre todos y el restaurante funcionaba como un verdadero espacio de encuentro.

Más que turismo, lo que predominaba entonces eran figuras del espectáculo, actores y visitantes ligados al mundo televisivo. Incluso, en algunos casos, llegaron nombres internacionales como Quincy Jones, Miguel Bosé o Chayanne, siempre a través de contactos de producción o recomendaciones informales.

La lógica era discreta. Las visitas se manejaban con reserva absoluta: se avisaba con anticipación, pero sin difusión. La idea era mantener un ambiente tranquilo, sin exposición innecesaria.

Con el paso del tiempo, ese escenario fue cambiando. El flujo de turistas aumentó de manera significativa, impulsado por la llegada de cruceros y recorridos organizados por el cerro. También creció con fuerza el turismo brasilero, especialmente en temporada de invierno, junto a visitantes de distintos países de Sudamérica, Norteamérica y Europa.

Ese nuevo público trajo consigo otro desafío: la carta. Platos tradicionales chilenos como la mechada o el pastel de choclo comenzaron a generar dudas y preguntas frecuentes. Preparaciones que para el comensal local son habituales, para muchos extranjeros requieren explicación detallada.

Por eso, el restaurante fue adaptando su comunicación y hoy cuenta con cartas en distintos formatos, incluyendo versiones en inglés y portugués. No solo con traducciones del nombre de los platos, sino también con descripciones que permitan entender qué se está pidiendo.

Aun así, la experiencia sigue siendo muy distinta según el origen del visitante. Muchos turistas se dejan sorprender y prueban sin reparos, mientras que otros —especialmente brasileros— tienden a ser más estructurados en sus elecciones y costumbres alimentarias.

El orgullo por la carta local

Flaminia Sacco reconoce que se siente orgullosa de casi toda la carta del restaurante. No lo atribuye a una sola persona, sino a un trabajo colectivo junto a su equipo de cocina y los dos chefs que lideran el área.

Entre los platos que destaca hay uno especialmente veraniego que ha tenido buena recepción: el “Salmón a la Chancaca”. La preparación, explica, incorpora chancaca en una versión salada —algo poco habitual— junto a una base que incluye jengibre, cacho de cabra, limón y otros ingredientes. Es una salsa que nació como una idea experimental, pero que terminó convirtiéndose en uno de los platos más pedidos.

También menciona las preparaciones más tradicionales, como las cazuelas, el pastel de choclo y otras recetas que considera parte fuerte de la identidad del lugar. A eso se suman platos menos comunes, como la lengua nogada, y otras preparaciones más lúdicas como la “pichanga”, bautizada como “cuica” en la carta, que mezcla huevo de codorniz, tomate cherry y palta, alejándose de la pichanga tradicional.

En la línea de los postres, destaca especialmente la leche nevada, que —dice— no es fácil de encontrar en otros restaurantes. Y junto con rescatar lo clásico, también han ido incorporando alternativas para personas con restricciones alimentarias. Hoy cuentan con preparaciones sin gluten, como una torta tres leches hecha con harina de arroz, además de opciones veganas, con el objetivo de que cualquier persona pueda encontrar alternativas en la carta.

Más allá de los platos en particular, insiste en que el valor está en el conjunto de la cocina chilena: las cazuelas, los porotos granados en temporada, y el trabajo con pescados frescos todos los días. En ese punto destaca la experiencia del equipo, donde hay trabajadoras que llevan casi tres décadas manejando el producto y dominando los puntos de cocción.

Ese trabajo sostenido, dice, es parte clave de la consistencia del restaurante. El equipo, en su mayoría antiguo, ha permitido mantener una continuidad en la calidad y en la forma de hacer las cosas.

La carta, eso sí, ha ido cambiando con el tiempo. Antes se trabajaba con temporadas más marcadas, con platos que entraban y salían según el momento del año. Con el tiempo, optó por una carta más estable, donde la mayoría de las preparaciones se mantienen de forma permanente.

El cambio del Barrio

El barrio ha ido cambiando con el tiempo. Antes era completamente residencial, y lo fue por muchos años. Pedro de Valdivia Norte siempre tuvo ese carácter tranquilo, pero eso se ha ido transformando.

“Uno lo ve, se ha ido modificando, especialmente por Pedro de Valdivia mismo. Desde Los Conquistadores hacia acá han aparecido más cafés”, comenta. Hoy incluso hay nuevos locales y un hotel en el sector, lo que ha ido cambiando la fisonomía del barrio.

Ese cambio, dice, ha convertido la zona en un polo más turístico y gastronómico. “Antes la única razón por la que la gente venía era el cerro, el teleférico o el Divertimento. Ahora hay más vida de barrio, con locales y otras cosas. No solo es residencial”.

Desde su mirada, la transformación es positiva. “A mí me fascina, lo encuentro genial. Pero creo que a la gente que vive hace mucho tiempo en el barrio eso no le agrada tanto, están acostumbrados a otra cosa”.

Y agrega: “Si uno es receptivo a las cosas nuevas, puede ser algo muy bueno para el barrio, reactivarlo, no solo desde lo turístico, sino también inmobiliario”.

En ese contexto también aparece la discusión por los horarios y la vida nocturna del sector. “Imagino que el Divertimento tiene que mantenerse abierto lo más que se pueda, pero con una decisión que sea sostenible”, plantea.

Recuerda que los cambios no han sido solo urbanos, sino también de contexto social. “Después del estallido fue bien difícil. La gente no quería salir de noche, estaba todo más complicado. Hubo una época relativamente violenta”.

“Para nosotros lo primero era nuestra gente, nuestros trabajadores tienen que llegar a sus casas. No podíamos exponerlos a que salieran más tarde o les pasara algo en el camino”, explica. Por eso, dice, fueron ajustando los horarios.

Luego vino la pandemia y todo volvió a cambiar. “Lo hicimos por cuidar al equipo, para que estuvieran bien y resguardados. Y también porque en Chile el transporte público funciona hasta súper temprano, el metro, por ejemplo, hasta las 10:30”.

A eso se suma la percepción de seguridad. “La gente no se siente muy segura en la noche, entonces nos fuimos adaptando”.

Hoy, la operación es distinta a la de años anteriores. “Antes trabajábamos de lunes a lunes hasta las 22:00. Ahora de lunes a miércoles hasta las 18:30, y de jueves a sábado hasta las 22:30 u 23:00, y los domingos hasta las cinco o seis”.

Y aunque el lugar no es de paso, sino de destino, sigue manteniendo su actividad. “La gente viene porque lo eligió, no porque esté caminando por Providencia y diga ‘vamos al Divertimento’”.

“Entonces eso también lo complica un poco, pero igual nos movemos, tenemos hartos eventos de noche”, dice.

Con todo, asegura que el balance es positivo: “El Divertimento Chileno, a los 35 años, goza de buena salud”.

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