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21 de Julio de 2026“Para mí se estaba quemando todo el mundo”: Sobreviviente de la explosión de Gasco en Renca revive el momento en que quedó envuelto en la nube de fuego
La abogada querellante Vivienne Guevara, quien representa a Emerson junto a otra víctima, adelantó a The Clinic que la investigación fiscal "ha sido totalmente escueta, lenta" pese a la gravedad del caso
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Emerson Urrutia recuerda el momento exacto en que todo cambió: los vehículos frenando en seco a la altura del acceso a Vespucio, el humo que no era humo, sino una nube que avanzaba sobre la Ruta 5. “Le digo a mi pareja: mira, hay una nube que se está acercando a la ruta”, relató a The Clinic en el marco del ciclo Conversaciones de Clinic, donde repasó en primera persona la explosión del camión de Gasco en Renca, ocurrida en febrero de 2026 y que dejó 15 fallecidos.
Urrutia, quien se dedica a pilotear drones, viajaba esa noche junto a dos compañeras de trabajo cuando la nube los envolvió por completo. “Fue como en un chasquido, quedamos envueltos, que no veíamos nada, nada, absolutamente nada”, describió. Lo que siguió fue una secuencia que hoy sigue reviviendo en terapia: la nube blanca virando a un naranjo intenso, las palmeras del sector prendiéndose “como un fósforo” y un calor que, según graficó, sentía “como cuando estás metiendo o sacando un queque del horno, pero en todo el cuerpo”.
Entre sus recuerdos de la explosión, Emerson Urrutia recuerda el momento como una escena apocalíptica. “Veo las palmeras quemándose como fósforos y veo que saltan desde el lado como unas bolas de fuego. Como una pelota negra, que quedaban como pegadas en el pavimento. De hecho, cuando veo eso, corro la vista a mirar a mi derecha para ver si la flama seguía, porque yo en verdad no veía nada. Para mí se estaba quemando todo el mundo, como que era un apocalipsis”, rememora.
La acción que le salvó la vida en medio de la explosión de Gasco
Un pequeño detalle los salvó de terminar como las otras víctimas: haber subido los vidrios del auto minutos antes, casi por instinto, huyendo del olor a levadura de una cervecería cercana.
“Fue milagroso que subimos el vidrio”, reconoció Urrutia, consciente de que ese detalle azaroso marcó la diferencia frente a quienes circulaban con las ventanas abiertas y terminaron con el cuerpo gravemente quemado. Pero ni el instinto de supervivencia bastó cuando el fuego los rodeó por completo: paralizado por el shock, incapaz de reaccionar, fue su compañera Piera quien, entre gritos, lo sacó del trance. “Acelera”, le repitió una y otra vez, hasta que él logró pisar el acelerador y sacarlos de la bola de fuego.
Las secuelas, dice, no se fueron con el auto quemado que debió reportar como siniestro laboral. Hoy convive con fotofobia y lesiones oculares que no le permiten retomar su trabajo nocturno, además de reacciones de sobresalto ante cualquier emisión de gas blanco o alza súbita de temperatura. “Literalmente me acelera el corazón”, contó sobre el simple hecho de acercarse al fuego.
El trámite legal y la postura de la abogada
Urrutia decidió querellarse después de que una abogada se contactara con su pareja al leer los informes del caso. Se trata de Vivienne Guevara, del estudio Guevara y Asociados, quien representa a Urrutia y a otra víctima, Cristóbal Ayarza. “Como llegamos al caso Gasco fue producto de que ellos nos contactaron como estudio jurídico”, explicó Guevara a The Clinic, y detalló que la estrategia apunta primero a establecer responsabilidades —tanto penales como de la persona jurídica de Gasco— y luego a lograr una indemnización o acuerdo reparatorio.
La abogada fue crítica del ritmo de la investigación, a cargo del fiscal Francisco Bravo. “Ha sido una investigación totalmente escueta, lenta”, afirmó, y precisó que la causa se mantiene desformalizada, sin plazo fijo, y que aún no se ha citado a las víctimas al Servicio Médico Legal para acreditar lesiones como la afectación ocular que sufre Urrutia. Consultada sobre a quién debería formalizarse, fue directa: “Gasco, como empresa, como personalidad jurídica y su representante legal.”
Para Urrutia, más allá del proceso judicial, lo que persiste es la certeza de que la vida no volvió a ser la misma. “Para nada”, respondió cuando se le preguntó si podía decirse que había vuelto a la normalidad.