
El 3L Challenge de Geely puso al EX5 EM-i a prueba en más de 800 kilómetros entre Iquique, Tocopilla, San Pedro de Atacama y Antofagasta. El rendimiento rozó, tramo a tramo, la meta de 33,3 km/l, aunque la altura de la Cordillera de Domeyko y los caminos de ripio dejan una duda abierta sobre cuánto pesó el terreno en el objetivo.
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El 3L Challenge de Geely puso al EX5 EM-i a prueba en más de 800 kilómetros entre Iquique, Tocopilla, San Pedro de Atacama y Antofagasta. El rendimiento rozó, tramo a tramo, la meta de 33,3 km/l, incluso a pesar de que la ruta parece haber sido trazada a propósito para no cumplirla: la altitud, las pendientes, los caminos de ripio y el calor de hasta 30°C claramente no favorecieron los resultados.
Manejé ese mismo SUV Súper Híbrido Enchufable durante tres días de recorrido y la cifra resultó alcanzable en tramos puntuales, aunque exigente como promedio sostenido a lo largo de toda la travesía.
¿Qué es el 3L Challenge y qué busca demostrar Geely?
El nombre «3L» corresponde literalmente a la meta de 3 litros por cada 100 kilómetros que persigue la tecnología híbrida NordThor EM-i del EX5. Geely Chile organizó el desafío entre el 28 y el 30 de julio, con un recorrido de más de 800 kilómetros por el desierto nortino, buscando validar en condiciones reales —y no en un banco de pruebas— la autonomía, resistencia y eficiencia de su arquitectura Súper Híbrida. El objetivo declarado por la marca no es solo técnico: es también un ejercicio de transparencia frente a un consumidor que suele desconfiar de las cifras de catálogo.
Mi propia experiencia al volante confirma que la meta existe y en algunos tramos incluso se superó con holgura: llegué a registrar hasta 55 km/l en secciones favorables, con tráfico fluido y perfil relativamente plano. Pero ese no fue el número habitual del viaje.
¿Qué rendimientos entregó realmente el EX5 EM-i en ruta?
Lo que predominó, tramo tras tramo, fue un rendimiento cercano —o muy cercano— al objetivo de 33,3 km/l que plantea el propio desafío de Geely. No fue la excepción puntual de un solo sector favorable, sino la tónica general de buena parte del recorrido entre las cuatro ciudades. Eso valida la propuesta técnica del EX5 EM-i, aunque abre una pregunta legítima sobre cuánta parte de ese resultado responde al vehículo y cuánta a las propias condiciones del terreno recorrido.
La topografía como variable, no como truco
No creo que el trazado del 3L Challenge se haya diseñado a propósito para cumplir con la meta de consumo. Más bien al contrario. Pero sí me parece evidente que la geografía del norte influyó en el resultado, y no siempre en un solo sentido.
El cruce de la Cordillera de Domeyko, entre Tocopilla y San Pedro de Atacama, implica primero una subida sostenida hasta un punto donde los altímetros marcaron una cifra cercana a los 3.400 metros, y luego un descenso prolongado hacia el oasis, situado a unos 2.400 metros. En un motor de combustión de aspiración natural, la altura reduce la densidad del aire disponible para la mezcla combustible, lo que típicamente empeora el rendimiento y obliga al motor a trabajar más para sostener potencia. Las pendientes de subida añaden esa misma penalización. Pero el descenso largo que sigue funciona en sentido contrario en un híbrido enchufable: permite recuperar energía por frenado regenerativo y recargar la batería sin gasto de combustible, lo que puede compensar parcialmente lo perdido en la subida.
¿Los malos caminos afectaron el rendmiento?
Los tramos de camino en construcción y de ripio que enfrentamos, en cambio, no tienen una lectura ambivalente: aumentan la resistencia a la rodadura y exigen más energía por kilómetro recorrido, en cualquier tipo de motorización. Y el calor ambiental, que llegó a los 30°C en algunos sectores del desierto, incrementa el uso de aire acondicionado (aunque algunos participantes lo apagaron buscando disminuir el consumo energético) y puede restar eficiencia térmica al conjunto, aunque su efecto es menor que el de la altura o el estado del camino.
En síntesis: la ruta del 3L Challenge combina factores que perjudican el consumo —altura, pendientes de subida, ripio, calor— con al menos uno que puede favorecerlo —los descensos largos con recuperación de energía—. Que el resultado promedio se haya acercado tanto a la meta sugiere que el sistema híbrido logra un balance razonablemente eficiente entre esas fuerzas contrapuestas, más que una ruta acomodada de antemano para lucir bien.
¿Cómo se compara con otros desafíos de eficiencia de Geely?
En diciembre de 2025, la misma plataforma EM-i —bajo el nombre Starray EM-i en el mercado australiano— certificó ante Guinness World Records un consumo de 3,83 L/100 km (cerca de 26,1 km/l) en un recorrido de 1.056 kilómetros entre Sídney y Melbourne, según informó Geely Australia. Esa cifra superó el dato NEDC de fábrica de 4,4 L/100 km, pero se logró en una ruta costera, urbana y de colinas suaves, sin los desniveles de altura ni los caminos de ripio del norte chileno. La comparación refuerza la idea de que el terreno es una variable determinante: el mismo vehículo puede acercarse más o menos al límite según el escenario que enfrente.
Gestionar la energía, la variable que decide el resultado
Ningún resultado de este tipo aparece solo. Acercarse al objetivo de 3 litros exige conocer con precisión cómo administra el EX5 EM-i sus modos de manejo —eléctrico puro, motor de combustión o híbrido— y decidir en qué momento conviene forzar cada uno según la pendiente, el tráfico o el estado del camino. Esa gestión no es fija: hay que modificarla constantemente según las condiciones que la ruta va presentando en tiempo real, y conocer el trazado de antemano ayuda a anticipar cuándo conviene privilegiar la carga de la batería o el uso del motor térmico.
Esa es también la principal limitación del ejercicio: nada de esto está necesariamente al alcance de cualquier conductor, ni tiene por qué interesarles a todos. En el uso cotidiano, sin la preparación ni el conocimiento previo de la ruta que tuvimos durante el desafío, estos resultados no son automáticamente reproducibles. Tampoco lo son si el usuario no se la pasa modificando los modos de manejo y siendo plenamente consciente de la necesidad de hacerlo de acuerdo a los requerimientos de la ruta.
Una prueba distinta: tres días de asiento trasero
Más allá del consumo, el 3L Challenge sometió al EX5 EM-i a una circunstancia poco habitual en una prueba de manejo: una travesía larga, de tres días, transcurrida casi por completo en carreteras y caminos secundarios, con pocos tramos urbanos. En ese formato, los asientos traseros —con espacio generoso y buen soporte— resultaron especialmente cómodos para descansar mientras otros colegas se encargaban del manejo, un detalle que rara vez se pone a prueba en estas presentaciones.
El EX5 EM-i que recorrió esta ruta monta un motor de 1,5 litros combinado con un sistema eléctrico de imanes permanentes que suma 215 CV y 262 Nm de torque, alimentado por una batería de fosfato de hierro y litio de 29,8 kWh en su versión de mayor autonomía, según la ficha técnica del fabricante. Esa configuración entrega hasta 170 kilómetros de autonomía eléctrica NEDC combinada y admite carga de 30% a 80% en 16 minutos con corriente continua, cifras que explican por qué el vehículo puede sostener tramos completos en modo eléctrico antes de recurrir al motor a gasolina.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa el «3L» del 3L Challenge de Geely?
Representa la meta de consumo que la marca buscó validar en ruta: 3 litros de combustible cada 100 kilómetros, equivalentes a unos 33,3 km/l, con el EX5 EM-i.
¿La ruta del desafío estaba diseñada para facilitar ese resultado?
No hay indicios de eso. Pero la altura, las pendientes, el ripio y el calor sí parecen haber influido en el resultado, unos factores en contra y al menos uno —los descensos con recuperación de energía— a favor.
¿Es reproducible este rendimiento en el uso diario?
Solo parcialmente. Acercarse a la meta exige conocer la ruta y gestionar activamente los modos de manejo, algo que no todos los conductores buscan ni necesitan en su día a día.