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La historia real de adicción y redención de “PA$$$TA(YO)BA$$$E!!!!”, la aplaudida obra revelación del teatro independiente

La aplaudida obra "PA$$$TA(YO)BA$$$E!!!!", nacida desde la experiencia personal de su director, Nicolás Bascuñán, vuelve a escena en el Teatro Ictus tras convertirse en uno de los fenómenos del boca a boca de las tablas chilenas. Junto al actor Felipe Zepeda, repasan el largo camino detrás del montaje que ha generado impacto en su audiencia. "La gente parece que quiere que la escuchen, quiere contar su testimonio", dicen, sobre encuentros con el público que demuestran el protagonismo que tienen las drogas, y el consumo, en nuestra sociedad.

Sigue a The Clinic en Google News Por 1 de Agosto de 2026
Foto: Carlos Rodríguez / The Clinic
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Resúmenes generados por Intelgencia Artificial Resúmenes inteligentes

“PA$$$TA(YO)BA$$$E!!!!”, obra nacida de la experiencia personal de Nicolás Bascuñán con la adicción, vuelve al Teatro Ictus tras ser fenómeno del boca a boca. El montaje unipersonal de Felipe Zepeda, hecho con autogestión, “ha generado impacto en su audiencia” y abrió conversaciones sobre consumo y testimonio.

  • La obra vuelve al Teatro Ictus tras llenar funciones en 2025 en Teatro del Puente.
  • Nicolás Bascuñán la escribió desde su propia experiencia con la adicción a la pasta base.
  • Felipe Zepeda interpreta varios personajes en un montaje unipersonal y físico.
  • La producción fue levantada con autogestión, rifas y apoyo de salas prestadas.
  • Tras las funciones, el público suele quedarse a conversar y contar sus testimonios.

El artículo cuenta la historia detrás de “PA$$$TA(YO)BA$$$E!!!!”, una obra de teatro independiente que mezcla la experiencia personal de Nicolás Bascuñán con un montaje interpretado por Felipe Zepeda. La nota destaca su recorrido, el trabajo autogestionado y la reacción del público, que ha convertido la obra en un espacio de conversación sobre drogas y consumo.

Estos resúmenes son generados por inteligencia artificial y chequeados por el periodista a cargo.

Las latas de Coca-cola son un tema. Miles, que en el momento más álgido de la obra “PA$$$TA(YO)BA$$$E!!!!”, repletan el escenario, casi como un coprotagonista del monólogo, testigos silenciosas e instrumentales en la drogadicción.

Para el dramaturgo y director Nicolás Bascuñán y el actor Felipe Zepeda, de la compañía Teatro del Amor, son además un tema logístico: para la temporada que presentan en Teatro Ictus, tienen dos bares que les guardan las latas vacías; mientras se hace la entrevista, hay un par de llamados para coordinar el pasarlas a buscar.

Pero cuando fueron de gira al norte del país hubo que mandarlas en camión, con el resto de la escenografía. Y ya para cuando se presentaron en España, se requirió esfuerzos internacionales de acumulación.

Cuando comenzó todo esto, después de años de escritura y ensayos y rifas y fiestas para juntar dinero y lograr presentar la obra independiente, se conseguían las latas en locales que echaban todo en una bolsa, sucio, y debían rescatarlas con restos de comida y colillas de cigarro, y ponerse a lavar.

“Mi hija me miraba lavando y yo le decía: ‘Hay que amar mucho el teatro'”, cuenta Bascuñán, riendo.

Los esfuerzos han dado frutos: “PA$$$TA(YO)BA$$$E!!!!” se presentó a tablero vuelto en 2025 en el Teatro del Puente, impulsada en buena parte por el boca a boca que agotaba entradas rápidamente: un montaje unipersonal donde Zepeda interpreta a varios personajes, partiendo por un adicto a la pasta base. Cruda, chistosa, físicamente asombrosa en la actuación, libre y arrojada en la dramaturgia, es una experiencia impactante para quienes ocupan las butacas.

Y, claro, tiene otro gancho: “PA$$$TA(YO)BA$$$E!!!!” usó la propia experiencia de adicción de Bascuñán con una de las tres drogas más consumidas en nuestro país -pero siempre envuelta en el tabú-. “Esta obra para mí es súper terapéutica, como que siento que es parte de mi rehabilitación”, dice, sobre un montaje que empujó a pulso, y donde Zepeda tuvo que encarnar sus experiencias. “Era como que tenía que cerrar así un capítulo”.

La génesis

Cuando se les pregunta a Zepeda y Bascuñán desde cuándo son amigos, cuentan que se conocieron hace un par de años en un cumpleaños y sintetizan: son los dos chunchos y de La Florida. El trabajo de “PA$$$TA(YO)BA$$$E!!!!” ha sido tan intenso y colaborativo, de un actor poniéndose en la piel de un director y su pasado, que -dicen con humor- en un momento se empezaron a enfermar al mismo tiempo.

Felipe Zepeda es una cara muy reconocible en teatro: partió con la compañía La niña horrible, y en los últimos años ha sido dirigido por Leonart, Griffero y más; actualmente protagoniza el montaje de “Flores de papel”, bajo las órdenes de Francisco Krebs. Ha estado en cine (“El lugar de la otra”) y series (“Vencer o morir”).

Felipe Zepeda y Nicolás Bascuñán, en el Teatro Ictus. Foto: Carlos Rodríguez.

El camino de Bascuñán es un poco más zigzagueante y este es una especie de regreso al mundo del teatro, del cual se apartó un buen rato.

Lo que nos lleva a la raíz autobiográfica de “PA$$$TA(YO)BA$$$E!!!!”.

“Hubo una etapa muy anarco, muy metal. Empecé a tomar muy chico, a fumar muy chico, rápido pasé la cocaína”, recuerda el director, quien estudió en el Instituto Nacional, pero fue expulsado. Aterrizó en tercero medio en un liceo de San Miguel, donde dice que, en plenos 90, la pasta base abundaba.

“Gran parte de mi curso fumaba. Tomábamos Tonaril, era una ensalada, un montón de droga, floripondio, la cosa reventarse. En esa primera etapa nos gustaba mucho la pasta y ese curso era muy pastero, uno iba a La Legua a comprar, después de clase, fumábamos todos en la plaza”, recuerda.

Entró a la Escuela de Teatro de la Universidad Católica y cambió el ritmo. “Seguramente seguí carreteando, ya más cocaína, cosas así, pero no pasta”, dice. También fue expulsado de ahí, tras una hoy mítica performance hecha durante Semana Santa con cruces invertidas que terminaban quemadas, una virgen ensangrentada y hasta un personaje que representaba a Jaime Guzmán y era decapitado. De una decena de alumnos sumariados y suspendidos, Bascuñán fue uno de los dos expulsados, ya que se negaron a pedir disculpas. El otro hoy fue Francisco Jara, quien hoy también es parte de Teatro del Amor.

Bascuñán dio un giro y se lanzó a la música con una banda que había formado con amigos, llamada Anarkía Tropikal, con la que en los siguientes años estuvo al ritmo de la cumbia, con letras combativas, presentándose arriba del escenario como encapuchados.

“Ahí ya volviendo al movimiento Okupa, viviendo en una okupa que abrimos Lo Espejo, después en una okupa que abrimos también en San Ramón, conocí muchos punkies que también les gustaba fumar pasta”, dice.

Fue entonces cuando empezaron las pesadillas, en una pieza oscura, en un colchón en el suelo, en una casa abandonada.

“Era muy ‘Trainspotting’. Sentía que me gustaba mucho la dramaturgia, pero la había dejado un poco de lado. Pero ahí empecé a pensar cómo llevar al teatro esta pesadilla que tenía que ver con un ritmo, tenía que ver con una forma, de la imagen que se componía, hacía que fuera muy angustiosa, yo me sentía absolutamente separado de todo, incluso de mi cuerpo”, recuerda.

Y agrega: “También pensaba qué es lo que la pasta me activa y qué es lo que me deja. Hay una cosa del ego, como que se me inflara, creo que eso tiene la coca y la pasta y todos sus derivados. Te infla y después te abandona. Y por eso siento un vacío tan grande. Y eso es lo que intenté de cierto modo contar. Tuvo varias versiones de esta obra, yo creo que me demoré como 10 años en escribirla”.

Hoy, dice Bascuñán, sus pasiones están en otro lugar: “Ahora estoy en una etapa en que me centro en dos cosas: una es mi familia, que es muy importante, y la otra es la creación. Siento que ya carretee todo lo que tenía que carretear. Mi objetivo, la vida que me queda, es para dedicársela a la creación, en teatro, en escribir y a mi familia”.

La pasta base y un monólogo de múltiples voces

“PA$$$TA(YO)BA$$$E!!!!” fue tomando forma: Bascuñán trabajó de DJ, hasta incluso un año en una construcción, mientras hacía el camino de regreso al teatro. La obra fue seleccionada en el encuentro de
dramaturgia La rebelión de las voces en 2022 y el director hizo después una residencia en Nueva York con el texto.

Actor y dramaturgo armaron una compañía, incluyendo a la pareja de Bascuñán, la coreógrafa Andrea Amaro, entrenando un tremendo trabajo de corporalidad para Zepeda, quien se transforma en varios personajes: la abuela aymara de un narcotraficante, un actor narcisista, el pastabasero que es crucificado en un poste de luz de una población.

La dupla habla de un “match artístico” que nació en el proceso de construcción. Un dramaturgo buscando el camino para personificar sus pesadillas y un actor dispuesto -como se ve en escena- a darlo todo. “Me entrego a los personajes a corazón abierto, voy así de hocico al suelo, porque así voy nomás”, dice Zepeda. Bascuñán dice riendo: “Una programadora de un festival de España, como crítica a mí, dijo, ‘¿Qué más le vas a pedir a ese actor? ¡Le pides demasiado!'”.

“En la obra transitamos por distintos personajes y pasamos en algún minuto por este pasta basero, también hay un momento de extinción de este ser humano, de este residuo máximo. Lo que sí teníamos claro es que queríamos que fuera un ser hermoso”, dice Zepeda. “Además, Nico quería que esta obra, de alguna u otra manera, entregara amor, de que hubiese ahí una luz. De tratar de comprender y empatizar con ese pastabasero”.

¿Fue más difícil recaudar fondos para esta obra por su temática? ¿O había fe de que se iba a convertir en lo que ha sido, un éxito del boca a boca?

—Zepeda: No sé, así como fe…(risas) Nosotros siempre hablamos de que hay que tener fe, el público va a llegar, va a llegar. Nosotros con el Nico empezamos a ensayarla solos nomás, de a poco se fue sumando un equipo. Y por ahí fuimos buscando fondos, pero no sé si por la temática, puede que sí, pero esta obra se postuló dos o tres veces a Fondart y no pasó nada. Tuvimos el apoyo de Santiago Off, nos fueron prestando una sala. Pero fue todo desde la autogestión. Y del bolsillo del Nico.

—Bascuñán: Es un poco la realidad del teatro. Para mí esperar que salga un fondo es bacán, ahora por primera vez nos salió uno para crear y producir. Pero yo igual volví recién al teatro, tengo 40 años, entonces mi idea es tengo que hacer la obra sí o sí, el que se pude sumar se puede sumar. El Felipe fue súper amable, sin conocernos mucho, dijo ya te apaño, después vemos lo de las lucas.

—Cómo han sido los encuentros con el público, el compartir después con las personas que ven la obra.

—Zepeda: Hace poco estuvimos en Arica, en el Carnavalón, y después de eso tuvimos un conversatorio. La chica que estaba ahí dijo, ‘mi pareja decía esos mismos textos que dices tú. Yo veía el cuerpo tuyo y veía a mi pareja buscando algo, no sabía qué buscaba’. Entonces ella se sentía también parte de la obra.

A nosotros eso nos toca mucho, porque también la gente nos escribe por Instagram, muchas gracias, llevé a mis hijos, su padre está sumergido en la pasta base, o su madre está sumergida en la pasta base, o no solamente la pasta, sino la coca y otro tipo de droga. Nosotros con el Nico de prestar paila a todo el mundo.

La gente que nos escribe, nos dice oye, ¿cómo fue el proceso? ¿Tú consumiste pasta base? ¿A quién observaste?, ¿A quién miraste?

—¿Y? ¿Consumiste pasta base para la obra?

—Zepeda: No, no lo hice. Siento que tengo personalidad un poco adictiva. Preferí no hacerlo, también siento que no era necesario. Creo que podía llegar a través del ejercicio del cuerpo.

También nos impresionó harto, sobre todo ahora en el norte, es que la gente se quería quedar y conversar, todos tenían algo que decir, algún testimonio en relación a la droga, no solamente la pasta base. De repente se quedan, se quedaba la carpa entera, se quedaba el teatro entero, y todos querían hablar. Y decíamos, la gente parece que quiere que la escuchen, quiere contar su testimonio.

Entonces, de alguna u otra manera, algo hace la obra. Y nosotros todavía creo que estamos en ese descubrimiento de por qué, qué es lo que hace que el público la quiera ver.

—Bascuñán: Más allá de lo que yo te pueda decir, esta obra es como real, nomás, mi proceso. Y no lo queremos poner desde ese lado, como una obra terapéutica, pero sí, yo lo siento como un espacio de purga.

Y también, cuando me planteo por qué uno es adicto, por qué se produce el consumo, ahí empieza el análisis. Esto tiene que ver más allá de una situación particular. Es una forma muy profunda de cómo entender la relación con la naturaleza. Por eso intentamos poner un poco la visión desde la aymara con la hoja de coca, la visión del consumo capitalista, la visión de cómo se procesan lo religioso y lo espiritual.

Tiene que ver cómo nos comportamos con las cosas y cómo las consumimos, en ese sentido quizá la fama también es una pasta base. Todo consumo. Nosotros ocupamos la imagen de Jesús constante en la obra. Hay que cuestionarnos por qué un mensaje que es de amor, de igualdad, de libertad, lo terminamos transformando en una forma de pensar tan violenta, tan discriminatoria, tan de odio.

¿Qué pasó en ese proceso? ¿En qué momento tomaste esa imagen y la transformaste? ¿Qué es consumo?

Y eso obviamente es el mismo proceso que hace el capitalismo con todas las materias. Y de una de esas materias, la hoja de coca, una planta sagrada que venía culturalmente de miles de años de uso de comunidad, extraen un producto para ocuparlo económicamente y se dan cuenta que lo pueden ocupar para otra cosa. Y otro mercado. Y otro mercado.

Entonces siempre el mercado fue regulando cada cosa para transformarla en un veneno. Y creo que ese mismo veneno se está produciendo en las redes sociales, en el narcisismo extremo que estamos viviendo ahora, donde cada persona se quiere salvar sola y está en la misma angustia que yo siento cuando estoy en el colchón, es esta gente que está angustiada por recibir likes.

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