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5 de Agosto de 2026La carta que conmovió a Chile en 1994 y el inesperado destino de una guagua abandonada en el centro de Santiago: 32 años después dedica su vida a proteger la infancia
Un recorte de diario publicado en 1994 volvió a circular en redes sociales con una historia que, pese a su duro comienzo, terminó con un lindo final. La noticia relataba el caso de una recién nacida abandonada en el alero de una casa en Santiago, junto a una carta en la que su madre explicaba que no tenía los medios para cuidarla y que el embarazo había sido producto de una violación. Esa recién nacida que protagonizó la noticia hoy tiene 32 años, es abogada especializada en protección de la infancia y se llama Paz Álvarez Silva. En conversación con The Clinic, reconstruye la historia detrás de aquel recorte de diario.
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Una historia digna de una película se volvió viral luego de que su propia protagonista compartiera un recorte de Las Últimas Noticias de 1994. La nota, titulada “María José necesita mamá”, relata el caso de una recién nacida que había sido abandonada y el llamado de Carabineros para ubicar a su madre.
La pequeña fue dejada en el alero de una casa en la comuna de Santiago, abrigada sobre un almohadón en el suelo. Al lado, había una bolsa plástica, con algunos pañales y $1.000 pesos. Entre la ropa, una pequeña carta escrita por su madre biológica:
“Por favor ayúdenme. Estoy sola, no tengo a quien acudir. Mi guaguita fue producto de una violación y mis papás no la aceptan ni a ella ni a mí por eso. Por favor entréguenla en un hogar para que me la cuide alguien que la quiera, ya que yo no tengo los medios para darle lo que ella se merece y necesita. Por favor no la deje sola. Le dejo lo único que tengo en dinero”.
Hoy, el paradero de su mamá sigue desconocido, pero sí sabemos quien es María José, nombre que pusieron las funcionarias cuando llegó a la 48° Comisaría “Asuntos de la Familia” de Santiago. Su nombre real es Paz Álvarez Silva (32), y en conversación con The Clinic, cuenta cual fue el desenlace de su historia.
El día de su abandono, Ana Labbé, quien en ese entonces tenía 65 años, abrió la puerta de su casa y encontró a la recién nacida en el alero. De inmediato llamó a Carabineros, pero ni la institución ni la mujer lograron dar con el paradero de la madre. “Nunca nadie me reclamó. Se dio los avisos correspondientes en el diario y no hubo nadie que preguntara por mí, que se presentara, ni un abuelo, ni abuela, nada“, cuenta Paz a The Clinic.
Lo único que recordaba Ana, y que se lo comentó a Paz cuando la conoció de adulta, era que días antes, una misteriosa mujer embarazada había tocado a su puerta, pidiendo agua y fruta.
“Lo que ella recordaba es que días antes había pasado una mujer embarazada, pero nunca pudo recordar su edad aproximada, ni vestimenta, nada. Solamente recuerda una mujer embarazada que le había pedido un vaso con agua, y que ella le dio agua y fruta, nada más”, agrega.
Más que eso nunca pudo conocer de su progenitora. De haberla conocido, Paz podría haberle dicho que está bien, que creció rodeada de amor junto a sus dos padres adoptivos y dos hermanas en San Pedro de Melipilla. Que hoy tiene un hijo de 10 años, y que es abogada especializada en infancia, dedicando la mayor parte de su vida laboral a la protección de la niñez.
“Hoy trabajo en un programa de reparación de maltrato y abuso. Siempre he trabajado en infancia, antes en la Oficina de Protección de Derechos”, cuenta.
La familia que la eligió
Su madre y padre adoptivo, Vilma Silva y Luis Álvarez, se encontraban en pleno proceso de adopción cuando vieron la noticia en el diario. A los días, los llamaron desde la Casa Nacional del Niño, equivalente a Mejor Niñez de la época, para contarle que habían encontrado a una pequeña que podían adoptar: la misma que habían visto en Las Últimas Noticias.
“Mi mamá siempre me dijo que ella no me había tenido por la guatita, si no que por el corazón”, recuerda Paz.
Paz llegó a los cuatro meses a su casa, por lo que no recuerda haber vivido en hogares. “A mí en alguna oportunidad me han preguntado ‘¿y cómo ha sido tu experiencia de ser adoptada?’. Pero mi experiencia no ha sido como la de otros niños adoptados, porque yo no conozco otra vida, no conozco otra familia“, relata.
La pareja no podía tener hijos, por lo que su hermana cuatro años mayor también fue adoptada. Con Paz recién llegada a la casa, Vilma quedó embarazada de su tercera hija.
“Cuando yo llego a la casa, mi mamá se entera que está embarazada, cuando ella tenía cero posibilidades de concebir. Ella es súper católica, entonces ella considera que ese embarazo fue un agradecimiento que Dios le da por el gesto que tuvo conmigo y con mi hermana“, cuenta Paz.
Cuando Paz quedó embarazada de su hijo a los 22 años, tuvo una familia y una red de apoyo que la contuvieron, una diferencia que reconoce respecto de la experiencia que enfrentó su madre biológica. Con los años, esa propia historia terminó cruzándose con su vocación: hoy dedica su vida a proteger a niños y niñas.