Opinión
15 de Agosto de 2026
Columna de Danilo Herrera: Presidente Quiroz
Por Danilo Herrera
Un ministro que mantiene al margen al propio vocero de Gobierno, avanza por decreto cuando el Congreso se interpone y termina convertido en la principal voz económica de La Moneda. Para el columnista Danilo Herrera, la creciente influencia de Jorge Quiroz revela algo más profundo que un problema de coordinación: una concentración de poder que el propio Presidente parece avalar.
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El vocero de Gobierno se enteró por la prensa de una decisión del propio Ejecutivo. El sábado 8 de agosto, el Ejecutivo ingresó un requerimiento ante el Tribunal Constitucional. Dos días después, Claudio Alvarado, jefe de gabinete y vocero de La Moneda, salió a explicar la agenda de La Moneda sin saber siquiera que ese requerimiento existía. Cuando los periodistas le preguntaron, él solo pudo reconocerlo: “Esa información yo no la tenía”.
Consultado por el episodio, el ministro Jorge Quiroz respondió: “No es mi responsabilidad estarme haciendo cargo de informar a cada persona”.
El problema es que Alvarado no es “cada persona”, es el jefe de gabinete y vocero de La Moneda. Quiroz se siente tan dueño del Gobierno que no cree que deba informar siquiera a quien no solo ejerce el rol de primus inter pares, sino que además habla en su nombre. Esto, dice mucho más que un simple problema de coordinación, muestra dónde está concentrado el poder.
La doctrina Quiroz tuvo un objetivo claro: sacar adelante su megarreforma tributaria. Una reforma que baja el impuesto a las grandes empresas, promete certeza jurídica y agilizar permisos a cambio de una inversión futura que nadie garantiza. Es una apuesta política basada en la convicción de que entregar beneficios al empresariado traerá, más adelante, beneficios para el país.
Cuando el Congreso se interpone, Quiroz tampoco parece demasiado preocupado. En mayo, en un seminario de Clapes UC, lo dijo explícitamente: si la reforma no avanza, “vamos a seguir gobernando igual, porque también existe la gestión y también están los decretos”. Es decir, el Gobierno puede seguir adelante, incluso, sin el Congreso.
Eso es precisamente lo que ha ocurrido con el presupuesto. Mientras la reforma tributaria beneficia a las grandes empresas, los recortes fiscales han alcanzado áreas como salud y educación. No se trata solo de una discusión ideológica, sino que son decisiones adoptadas mediante decretos que fueron tomados de razón por la Contraloría.
Y cuando el Tribunal Constitucional puso un límite a la megarreforma, declaró inconstitucionales varias de sus disposiciones centrales, entre ellas, algunos beneficios tributarios para grandes proyectos de inversión y mecanismos que trasladaban al Estado riesgos que correspondían a los privados. El corazón proempresa de la reforma se debilitó.
Ahora, hagamos la suma. Un ministro que no informa al jefe de gabinete, que modifica el presupuesto mediante decretos y que desliza la idea de avanzar sin el Congreso. Eso ya no es simplemente un ministro poderoso, parece un ministro que concentra una cuota de poder impropia de su cargo. Y, a decir verdad, la señal más elocuente viene del propio Presidente.
El lunes, José Antonio Kast, volvió a poner en duda la caída de la pobreza que mostró la última encuesta Casen. Para respaldar su desconfianza no apeló a los datos, sino a su ministro: “Fue el mismo Jorge Quiroz el que aclaró que había un error en la medición”.
Kast ganó la elección, pero el que se sentó en el trono de hierro fue el Presidente Quiroz.



