Jorge Alessandri (UDI), presidente de la Cámara: “La reforma constitucional no es de vida o muerte para la agenda de seguridad”
El candidato a presidir la UDI el próximo año afirma que el objetivo en seguridad "no es aprobar la reforma constitucional, sino un Estado eficiente en el combate del crimen organizado". En esa línea, espera que el Gobierno priorice los proyectos de ley antes que las modificaciones a la Carta Magna, si es que aún no hay apoyos suficientes. Pese a las soterradas críticas vertidas hacia el ministro Martín Arrau, Alessandri defiende que el secretario de Estado "tiene dedos para el piano". También insta a que la oposición presente propuestas y confía en que la ex Concertación dará sus votos para promover la agenda del Ejecutivo. Y sella su alianza con Pablo Longueira para liderar la colectividad gremialista: "Tenemos un acuerdo y ese acuerdo sigue en pie".
Por Jorge Palacios y Eduardo Monrroy 30 de Agosto de 2026
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Un cuadro que lleva una fotografía simbólica del bicentenario de Chile es la que recibe a los visitantes de la oficina distrital del presidente de la Cámara, Jorge Alessandri, ubicada en Calle Huérfanos, a pasos del Palacio de La Moneda.
En ella aparecen los expresidentes Eduardo Frei, Ricardo Lagos, Michelle Bachelet y Patricio Aylwin. Al medio del grupo está Sebastián Piñera, quien era el jefe de Estado por entonces. La foto fue tomada en las Fiestas Patrias de 2010, cuando se conmemoraron los 200 años desde la Primera Junta Nacional de Gobierno.
El hito se celebró con el izamiento de la bandera nacional más grande del país, ubicada en plena Alameda. En el retrato, con el imponente mástil de fondo, las exautoridades flamean banderines chilenos. Fueron los mismos protagonistas quienes dejaron su saludo y firma en la imagen que hoy decora una de las paredes de la oficina de Alessandri.

“Reto a que encuentren algún diputado del Frente Amplio que en su espacio de trabajo tenga una foto en la que aparezca Piñera“, dice Alessandri, con algo de sorna.
El representante del distrito 10 —y nombre favorito para presidir la UDI el próximo año— tiene una visión crítica de lo que ha sido el desempeño del Gobierno en las últimas semanas, a partir de la discusión la reforma constitucional en seguridad que propuso el ministro Martín Arrau. Pero también pasa la pelota a la oposición para que deje de realizar cuestionamientos y, en vez, haga propuestas en la materia.
Y sostiene: “En el diseño de la reforma hay cosas que se pueden mejorar. Yo no la retiraría“.
—¿El Gobierno cometió un error al presentarla?
—Esta semana vimos un ejemplo claro con el Clan Chen: una orden dada por Gendarmería para cambiar a reos peligrosos a una situación carcelaria diferente, un amparo en un tribunal y un tribunal que revierte tomado la medida de Gendarmería. ¿Por qué ocurre eso? Porque hoy está en un reglamento, ni siquiera en una ley. Ese dolor que detecta el ministro Arrau es real y hay que arreglarlo.
—¿Hay que arreglarlo a través de una reforma constitucional?
—Quizás no. Quizás basta con una ley. Ahora, ¿es necesario un nuevo estado de excepción? Quizás habría que actualizar el actual estado de emergencia, que permite cuadricular una zona dentro de una comuna y desplegar a las Fuerzas Armadas. ¿Y tiene sentido interceptar comunicaciones? No veo cómo conversa eso yendo a lo práctico en un despliegue territorial.

—¿Por qué no se advirtió antes?
—No hay que tenerle miedo a la discusión en el Parlamento. Siempre los políticos caen en la tentación de pedir más trabajo prelegislativo, pero eso significa en el fondo sentarse en cuatro paredes entre los que van a tomar una decisión después. Yo prefiero el trabajo legislativo, que es más transparente. No le tengamos miedo a eso.
Arrau detecta en forma correcta un problema grave de eficiencia de nuestro sistema de persecución penal, de nuestras policías y de nuestro sistema de detección de crimen organizado. Él pone sobre la mesa propuestas e ideas, el Parlamento tendrá que tomarlas y mejorarlas.
—El proyecto hasta ahora no cuenta con los votos. ¿Eso no muestra una falta de coordinación con sus partidos?
—El Gobierno tendrá que conversar. Ya lo ha hecho con los senadores Longton (RN), Squella (Republicano), lo está haciendo más allá de la frontera política, con el senador Araya (PPD), que preside la comisión de Constitución. Y veo que hay bastante consenso en que ciertas cosas no son necesarias, pero que otras sí pueden ser útiles para poner en la ley o en la Constitución.
Yo quiero avanzar en la Cámara de Diputados con los 30 proyectos donde sí hay consenso, donde hay fortalecimiento a las policías, donde hay nuevas capacidades de coordinación. Toda la crítica ha estado centrada en la reforma constitucional, pero dejémosla ahí, démosle tiempo, no le pongamos urgencia y busquemos consensos si es que hay. Pero en los 30 proyectos avancemos con el acelerador a fondo. Es verdad que la reforma ha dado que hablar y que se podría haber hecho mejor, pero la reforma no es de vida o muerte para la modificación de la agenda de seguridad.
—¿No es el corazón de esta agenda?
—No lo es.
—¿Y el Gobierno no lo hizo parecer así?
—No lo veo así. Veo que el tema carcelario puede ir en una ley, veo que los cambios que propuso el presidente de la UDI, Guillermo Ramírez, inmediatamente los tomaron dentro del Gobierno. Y veo que al final la reforma constitucional necesita una cantidad de votos en el Senado y en la Cámara, y si alguno de esos cambios se pueden hacer en ley orgánica o en ley de la República para surtir el mismo efecto, habremos ganado como país.
—¿Sabe quién redactó la reforma?
—La firmó el ministro de Seguridad y él tendrá que hacerse responsable.
—¿Es responsabilidad del ministro Arrau la falta de apoyo a la reforma?
—No necesariamente. En la parte política quizás faltó conversación, y en la parte académica nunca sabemos cómo se va a reaccionar. Reitero, no le tendría miedo al debate dentro del Congreso y dentro de las comisiones. Pero buscar las culpas de quién lo firmó o no, no ayuda en nada.
—¿No cree de todos modos que hubo responsabilidad del Segundo Piso?
—No conozco cómo operan internamente los ministerios en su coordinación con el Segundo Piso. El colegislador en nuestro país es el Presidente de la República, es quien firma un documento en lo formal.

“El objetivo no es aprobar esta reforma constitucional, sino contar con un Estado eficiente en el combate del crimen organizado”
—¿Hubo un exceso de confianza debido a las encuestas, donde se decía que la gente está más dispuesta a sacrificar libertades por mayor seguridad?
—La gente sigue pensando eso. Está dispuesta a sacrificar libertad a cambio de una persecución más dura o eficiente hacia el crimen organizado. Lo que pasa es que estamos un poco traumatizados con el tema constitucional. Entiendo que si te dicen que vamos a entrar a picar en la Constitución, a todos se nos aparece el fantasma del Pelado Vade, del Dinosaurio Azul, los votos desde la ducha, y ese es un tema que -quizás es algo que no leyó el Gobierno- hiere sensibilidades y que nos recuerda una historia muy reciente y traumática.
—¿Faltó mayor gestión de los ministros más políticos? ¿De Claudio Alvarado o José García Ruminot?
—Ellos están en muchos frentes y acaban de aprobar una tremenda reforma como es el proyecto de Reconstrucción.
—¿Cómo ve el debate en torno a que la reforma constitucional sería iliberal? Así la describió en parte el presidente de Evópoli, Luciano Cruz-Coke.
—Estamos empezando recién a explicar el detalle de la reforma y lo que queremos lograr. El ejemplo del Clan Chen es lo mismo que nos explicó el ministro Arrau cuando un preso peligroso pedía revertir condiciones carcelarias más duras mandatadas por Gendarmería. Vamos a tener que seguir explicando si esto es ley o es por Constitución.
Quizás en el Gobierno no leyeron que Chile todavía tiene la piel delicada cuando hablas de cambios constitucionales y que cuando cambias la Constitución no tienes que pensar que lo va a ocupar Kast o el presidente de tu opción, tienes que pensar que lo puede aplicar la persona que está más alejada de tu pensamiento.
—¿Eso no lo previó el Gobierno?
—Cuando voto una reforma constitucional, lo pienso así: cómo va a usar esta herramienta, fuerte de presidencialismo, el eventual presidente que menos me gustaría que ocupara el sillón de O’Higgins. Cuando yo leo la reforma constitucional de Arrau bajo ese filtro, evidentemente que muchas partes de ellas no lo pasa.

“Estoy seguro de que Arrau tiene dedos para el piano”
—¿Ha sido suficiente la autocrítica de La Moneda?
—Los veo muy abiertos a cambiarla, modificarla, morigerarla. Y los veo entusiastas y claro de que el objetivo no es aprobar esta reforma constitucional, sino un Estado eficiente en el combate del crimen organizado, coordinado con Argentina, con Perú, Bolivia, con los países de Sudamérica, de Estados Unidos y la ayuda que pueda prestar el FBI y otras agencias. En eso está el ministro Arrau. Está haciendo muchas cosas más que estos cambios legislativos. En reuniones que he sostenido con él, lo he visto muy llano a hacer cambios y avanzar en lo que se pueda.
—¿Quién debiera liderar la discusión en el Congreso?
—Es un equipo siempre. El que lidera nuestro sistema hace poco vigente es el ministro del Interior, el coordinador de los ministros, y por la experiencia que él tiene es un gran coayudante en materia legislativa. Diría que es un equipo, tal como resultó Quiroz-Alvarado-García para la reforma de Reconstrucción, estoy seguro que va a resultar Alvarado-García-Arrau para seguridad. Estoy seguro que Arrau tiene dedos para el piano.
—¿Esa predominancia que hay en el papel sobre Alvarado se ve efectivamente en el Gobierno? Hace solo días La Moneda tuvo una derrota en el TC por una acción que él no apoyaba.
—Evidentemente que ese artículo hará daño… Siempre se puede mejorar la coordinación. Pero creo que están haciendo una gran pega.
—¿Tiene esperanza que la oposición esté abierta a negociar la reforma? El senador Pedro Araya (PPD) se mostró dispuesto a cruzar el río.
—Tengo la experiencia del gobierno del expresidente Boric de que en el último año aprobamos muchas leyes de seguridad en la comisión de Seguridad que me tocó presidir. Aprobamos la ley Nain-Retamal con votos del PS, del PPD y la DC. Se restaba el FA y el PC, pero las votaciones eran holgadas. Veo que hay una apertura no solo de Pedro Araya, de Paulina Vodanovic, sino también un tremendo apoyo ciudadano de que hay que hacer cambios legales en materia de seguridad. Por eso confío tanto en estos 30 proyectos.
—¿Es el ideal que se deje fuera al PC y al FA?
—No los estamos dejando fuera, se dejan fuera ellos solos.
—¿Pero hay intención del Gobierno en incluirlos?
—Siempre el Gobierno ha estado dispuesto. El ministro Quiroz lo estuvo en el proyecto de Reconstrucción. Lo que pasa es que cuando tú crees en el crecimiento, en los mercados abiertos y en los tratados de libre comercio, y ellos tenían un subsecretario de apellido Ahumada, quien decía que los TLC le hacían mal al país, cuesta encontrar puntos concordantes. Pero con la ex-Concertación veo una gran posibilidad de llegar a acuerdos.

Jorge Alessandri: “Siento que el cargo de vocero de Gobierno hace falta”
—¿Qué evaluación hace de la coordinación interna del gabinete? Solo hace unos días se notó una descoordinación luego de que el ministro Barros (Defensa) entrara en materias que algunos consideran propias de otras carteras.
—En la política siempre que hay un vacío, alguien lo llena. Siento que el cargo de vocero hace falta. El vocero no solamente transmite las ideas del presidente, sino que ordena los mensajes de los ministerios. En el fondo, estoy de acuerdo con el ministro Fernando Barros: yo defiendo la soberanía de Chile, que tiene la capacidad de autodeterminarse; creo que el Convenio 169 de la OIT ha traído problemas. Creo en lo que dice, pero es pega de otro ministro o integrante del gabinete ir a manifestar esos puntos que él hizo. Un vocero es el que aglutina.
—¿Se puede tener vocero si está la intención de acabar con la Segegob?
—Le daría dos vueltas a eso. La estructura actual ha demostrado que la vocería es importante y aglutinadora. Recuerdo a voceros buenos como Vidal o Bellolio, que lo que hacían era más que transmitir el mensaje del día. Eran ordenadores.
—¿Hay gente disponible para ese rol?
—No he hecho una lista, pero me imagino que hay personas siempre disponibles.

“Si Milei viene al Foro Madrid, el Presidente Kast debe manifestarle su molestia por el Estrecho de Magallanes. Eso implica invitarlo a La Moneda”
—¿Quedó satisfecho con la respuesta del Gobierno sobre el Estrecho Magallanes ante las declaraciones de un jefe de las Fuerzas Armadas de ese país? ¿No faltó más autoridad del canciller o del propio Presidente?
—La molestia se manifestó rápido en lo formal, eso es lo importante. Ahora, es una molestia que se debe seguir manifestando en las oportunidades o foros que se produzcan. Si viene el presidente Milei a la exposición del Foro de Madrid, creo que el Presidente Kast debiera manifestarle directamente, de primer mandatario a primer mandatario, la molestia con este asunto. Y eso implica invitarlo al Palacio de La Moneda.
—¿Está conforme con el rol del canciller?
—Sí. El ministro Pérez Mackenna no solo en su rol en esto, ha sido una persona muy proactiva, abriendo mercados. El ministro se ha tomado en serio esta pega.
—Ahora, hay diplomáticos que enfatizan que ser ministro de Relaciones Exteriores no es solo negocios. El alcalde de Magallanes ha dicho que no se puede ser “ingenuo” con las declaraciones de Argentina.
—Argentina firmó un tratado que ratificó en un plebiscito. Por eso en cada instancia internacional en la que el presidente Kast esté con Milei, o el canciller Pérez esté con su par argentino, hay que usar la voz más fuerte para manifestar la molestia del país con esto. Es algo que no se puede volver a repetir. Hay temas geopolíticos. Esto es más grande que Magallanes, que Chile y que Argentina. Si el Presidente Kast recibe al presidente Milei en La Moneda, yo personalmente, en su lugar, llevaría al ministro Barros y al ministro Pérez a esa reunión.

“Mi acuerdo con Longueira para presidir la UDI está firme”
—¿Le incomodó lo que dijo Evelyn Matthei esta semana, de que aún no le creía al Presidente sus disculpas y que estableciera un vínculo de él con Fernando Cerimedo?
—Tenemos que estar claros de que la política no puede llegar a ser un ataque personal, nunca. Lo que ha ocurrido con los bots, no solo en esa campaña presidencial, sino también en parlamentarias, en otros países, evidentemente que no contribuye a un debate sano y constructivo. Es doloroso para quien lo sufre. Me ha tocado ser víctima de ataques, también por cómo he votado. Por una parte está el cuero duro que hay que tener en la política, pero también el llamado al contrincante. Hace muy poco se subió un video de un perro asesinándome que fue comentado por un diputado del Frente Amplio. Eso, según la nueva ley de violencia digital, está penado.
Hay que cuidar las formas en la política. Pasó en la campaña de Evelyn, pasó en anteriores, me ha pasado a mí. Es peligroso, porque es una puerta que se abre que no se sabe a dónde lleva.
—¿En qué estado está su acuerdo con Longueira para liderar la UDI?
—Está firme. Fui invitado a su podcast y tuvimos una buena conversación. La experiencia de él junto a la que puedo aportar yo será positivo para la UDI. Se inscribe en enero y si hay otra lista que se levanta, ahí estaremos para competir. Vamos a conformar un listado con muchos vicepresidentes que van a sorprender por quiénes serán los que elegiremos. Será un abanico amplio de regiones, de juventud, de profesionales, para un partido que quiere seguir siendo robusto y que quiere influir en lo que viene para Chile, porque los próximos 20 años son claves: o damos el salto a ser el primer país desarrollado de América Latina o nos quedamos en la trampa de los países de ingreso medio.
—¿Cómo tomó las palabras de Longueira cuando habla de que hay liderazgos que no debieran participar, como María José Hoffmann?
—Por supuesto que me incomodaron y dije que en nuestra directiva no hay vetos. Había una regla no escrita en la UDI que era de siempre respetar a la militancia. Esa regla se rompió esa vez, fue un error. Él lo ha enmendado y lo sigue enmendando, pero ya quedó claro que no era la política de este candidato a presidente.
—Longueira también ha hecho ruido por sus críticas al Presidente Kast. ¿Tienen un acuerdo establecido para que su tono cambie? Se han querido mostrar como el partido “más leal” al Gobierno.
—El acuerdo de la UDI no es ser los más leales al Gobierno, sino a nuestros principios y a Chile y lo que le beneficie. Apoyaremos al Presidente para que pueda aprobar sus proyectos y cuando haya que criticar, intentaremos hacerlo en privado y alabaremos en público. Con Pablo Longueira creo que tenemos la misma opinión de eso. Estamos todos arriba del mismo barco y el barco se llama Chile.
Si le va bien a Kast, le va bien a Chile, y si logramos que este grupo amplio que se juntó para rechazar el proyecto constitucional hace 4 años se convierta en una coalición política y alcanza dos gobiernos más del mismo signo, ese solo hecho podría ser el salto de Chile al crecimiento que debimos dar hace 10 años atrás.
—¿El nombre de Longueira no está en duda para la secretaría general?
—Desde mi punto de vista, no. Tenemos un acuerdo y ese acuerdo sigue en pie.
—¿Sería una mala señal si hubiera competencia interna?
—Siempre es buena señal la competencia.
—Pero en la UDI se intenta evitar la competencia.
—Ha habido veces: Van Rysselberghe contra Macaya, Coloma contra Kast… La competencia siempre fortalece, siempre es parte de la democracia, ayuda recorrer el país. Lo importante es que el día después de la elección de enero nos pongamos a trabajar por Chile.
—Quiere que dos presidentes del sector lideren el país después de Kast. ¿Quién es el liderazgo más fuerte que tiene la UDI? ¿Sigue siendo Matthei?
—Diría que Matthei es un gran liderazgo con gran trayectoria. También está Jaime Bellolio, alcalde, ministro, y diputado destacado; Javier Macaya como senador y presidente de la comisión de Hacienda; Guillermo Ramírez… En fin. Hay liderazgos que se ponen a la disposición de Chile.
—¿Entre ellos el presidente de la Cámara?
—Así me han contado.
—¿Tiene una aspiración presidencial?
—La presidencia de la Cámara ha sido un lindo desafío. Seguiremos trabajando en lo que se pueda para contribuir.
—Es su último mandato. ¿Dónde es posible verlo después? ¿En la senatorial de la RM o en la carrera presidencial?
—Quizá una senatorial por la RM, si la directiva de mi partido cree que puedo ser útil ahí. Tendremos que evaluarlo con la familia.



