
Ciudad
31 de Agosto de 2026Siete años de cárcel por un asalto a pasajeros del Transantiago: la historia detrás de una dura condena para uno de los delitos más cotidianos de Santiago
El asalto ocurrió a bordo de un bus del transporte público, en vísperas de Fiestas Patrias. Un hombre amenazó con un cuchillo a dos pasajeros para quitarles sus pertenencias y fue detenido minutos después. Un año más tarde recibió una condena de siete años de cárcel efectiva: una pena significativa para un delito que forma parte de la inseguridad cotidiana de miles de chilenos.
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Era la víspera de Fiestas Patrias y el bus 209 iba con la carga habitual de esos días. El bus de Red avanzaba por avenida Santa Rosa hacia el sur, a la altura de Pedro Alarcón, en San Miguel. R.L.V.I. iba sentado cerca de la puerta del medio; un par de asientos más atrás, G.M.P.C. Ninguno de los dos conocía al otro.
Allí subió Cristhian Johan Hernández Buitrago, colombiano de 25 años, trabajador de la construcción, acompañado de otros dos hombres que nunca fueron identificados. Se acercó primero a R.L.V.I. Le pegó con el cuchillo en el brazo izquierdo, a la altura del hombro, exigiéndole la mochila. R.L.V.I. estaba dispuesto a entregarla –o así lo declaró después en el juicio– pero la correa se le enredó en el antebrazo. El objeto no salía. Y en ese instante en que el asalto se trabó, Hernández Buitrago giró.
Detrás suyo, a un paso, estaba G.M.P.C. No alcanzó a moverse. El hombre lo atacó con el mismo cuchillo, le arrancó la mochila y le exigió también el celular; ella alcanzó a decir que lo llevaba adentro. El bus se detuvo.
Hernández Buitrago bajó con la mochila y sus dos acompañantes se perdieron por la vereda oriente de Santa Rosa.
Tras el asalto no llegó lejos. Guardias municipales que patrullaban la zona los vieron correr y les dieron alcance. A Hernández Buitrago lo encontraron con la mochila de G.M.P.C. todavía en su poder, y el cuchillo escondido entre la ropa.
El Ministerio Público leyó esa escena como dos delitos: un robo frustrado contra R.L.V.I. y uno consumado contra G.M.P.C., y pidió diez años de cárcel por cada uno.
El tribunal oral vio otra cosa. Para los jueces, no hubo dos ataques, sino uno solo que fracasó a medias: “una sola acción cuyo propósito era apropiarse por medios violentos de las especies que portaban los pasajeros”, que se topó con una correa enredada y, sin pausa, cambió de blanco.
Esa lectura le costó al acusado trece años menos de los que pedía la fiscalía: fue condenado a siete años de presidio mayor en su grado mínimo. El tribunal también lo absolvió de dos faltas por ocultar su identidad ante la policía y el Tribunal de Garantía, al considerar que la única prueba de eso era la palabra de un carabinero, sin nada más que la respaldara.
Hernández Buitrago tenía antecedentes –arrastraba condenas anteriores– y eso pesó contra él a la hora de fijar la pena.
El asalto no tuvo nada de extraordinario. Ocurrió arriba de una micro, en plena tarde, contra dos pasajeros que volvían a sus casas y a manos de un hombre que buscaba llevarse mochilas y celulares. Una escena que se repite a diario en Santiago y que forma parte de la inseguridad cotidiana de quienes se mueven en transporte público. Lo menos habitual vino después: por ese robo, Hernández Buitrago deberá pasar siete años en la cárcel. Una condena efectiva y elevada para un delito que, precisamente por haberse vuelto común, muchas veces termina convertido apenas en una cifra más.