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4 de Septiembre de 2026

Nicolás Glisser, líder de proyecto de nueva AFP Multiplica, valora régimen de inversión del sistema y reafirma: “En un esquema así, competir es posible”

Glisser, líder de la iniciativa que contempla entrar como otro actor a la industria previsional, conversó con The Clinic sobre el nuevo régimen de inversión para fondos generacionales, publicado por la Superintendencia de Pensiones este martes. "De la versión definitiva destacamos tres cosas. Primero, un mecanismo de incentivos más simple y con márgenes de desviación más amplios. Segundo, más categorías de activos y rangos de asignación más anchos, lo que da espacio real para que cada administradora construya una cartera propia. Y tercero, que la Superintendencia vaya a publicar de manera informativa la rentabilidad de una cartera ubicada en el punto medio de los rangos: es una referencia pública que ayuda a comparar", señala.

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Las nuevas AFP ya se alistan para entrar al mercado. El recién publicado régimen de inversión que norma al sistema fue bien recibido por la industria y los actores entrantes. “En un esquema así, competir es posible”, señala el líder del proyecto de AFP Multiplica, Nicolás Glisser, en conversación con The Clinic.

La norma emitida por la Superintendencia de Pensiones delimita instrumentos y límites para que las administradoras puedan invertir los ahorros previsionales. Esto ocurre a pocos meses de que entre en vigencia el nuevo sistema de fondos generacionales, que reemplazará al sistema de multifondos  y ajustará automáticamente el riesgo de cada afiliado, según su edad.

En ese contexto, el documento del organismo establece que “los cohortes de afiliados más jóvenes podrán mantener una mayor exposición a activos de crecimiento y mayor volatilidad esperada, mientras que los cohortes de mayor edad tenderán hacia carteras más conservadoras, privilegiando la protección de los flujos de ingreso en la vejez a medida que se aproxima la edad de pensión”.

Desde Multiplica hacen una evaluación positiva del nuevo régimen de inversión y destacan que la Superintendencia amplió los rangos de asignación por clase de activo, simplificó el mecanismo de incentivos y eliminó los mínimos obligatorios en activos alternativos. Estos cambios, según explica el líder de la iniciativa, abren la puerta a una mayor competencia y a nuevos actores en la industria previsional.

“El proceso funcionó como debía funcionar”, afirma Glisser. Con todo, menciona que todavía ven un punto que debería seguir en discusión como es la velocidad del tramo intermedio, que contempla a los cotizantes entre los 45 y 60 años, en el que el descenso es más marcado. De todas formas, aclara que es el tipo de parámetro que debiera calibrarse con la experiencia.

–¿Cómo evalúan el nuevo régimen de fondos generacionales? ¿Cuáles son los puntos que más destacan?

–Lo evaluamos bien. Es un cambio de fondo respecto de los multifondos: cada afiliado queda asociado a una cohorte con una trayectoria de inversión propia, que va ajustando el riesgo automáticamente a medida que avanza en su vida laboral. Eso corrige un problema conocido, que era depender de que la persona eligiera y cambiara de fondo en el momento adecuado.

De la versión definitiva destacamos tres cosas. Primero, un mecanismo de incentivos más simple y con márgenes de desviación más amplios, que alinea la gestión con la trayectoria sin castigar diferencias menores. Segundo, más categorías de activos y rangos de asignación más anchos, lo que da espacio real para que cada administradora construya una cartera propia. Y tercero, que la Superintendencia vaya a publicar de manera informativa la rentabilidad de una cartera ubicada en el punto medio de los rangos: es una referencia pública que ayuda a comparar.

“Nos parece que el proceso funcionó como debía funcionar”

–¿Es un buen punto de partida para la entrada de nuevos competidores? ¿Hará que las AFP tengan más incentivos para diferenciarse y competir por los afiliados?

–Sí a las dos. Para un entrante, lo más relevante es que los activos alternativos dejaron de tener un mínimo obligatorio: eran la exigencia que más pesaba sobre quien parte, porque requieren escala, equipos especializados y programas que maduran en varios años. Hoy son una opción, no un requisito. A eso se suman márgenes de desviación más amplios, un régimen especial de límites para los primeros meses de operación de un fondo y la posibilidad de usar vehículos comunes de inversión para alcanzar escala eficiente.

Sobre la diferenciación, el punto clave del diseño es que cada administradora declara su propia asignación estratégica dentro de rangos comunes, y se le mide contra esa asignación. Para el afiliado eso es mejor: puede comparar peras con peras.

–¿Cuál es su opinión respecto de cómo actuó la Superintendencia después del proceso de consulta? ¿Cómo interpretan los cambios que hizo el regulador, qué aspectos de las observaciones del mercado recogió y cuáles decidió no incorporar?

–Nos parece que el proceso funcionó como debía funcionar. La Superintendencia recibió observaciones técnicas de actores muy distintos y ajustó donde había consenso: márgenes de desviación notoriamente más amplios, condiciones más simples para el mecanismo de incentivos y eliminación de los mínimos obligatorios en alternativos. Al mismo tiempo mantuvo la arquitectura de fondo, que es lo esperable: la consulta sirve para perfeccionar, no para redefinir el modelo.

–Los rangos por clase de activo se ampliaron. ¿Qué valoración tienen? ¿Cómo beneficia esto a la industria?

–Es de los cambios más relevantes. En la versión en consulta convivían rangos de asignación estrechos con márgenes de desviación también estrechos, y esa combinación dejaba poco espacio de gestión: se corría el riesgo de una industria muy homogénea, con todas las carteras pegadas al mismo punto. En la versión definitiva ambas cosas se ampliaron de forma coherente, y además se abrieron nuevas categorías, entre ellas renta variable latinoamericana, renta fija emergente en moneda local e intermediación financiera local.

Lo anterior permite un mejor calce entre la cartera y el objetivo de cada cohorte, y le agrega valor a la decisión de inversión. La contrapartida natural es que puede haber más dispersión de resultados entre administradoras, y por eso valoramos que se publique una referencia informativa: mayor dispersión exige mejor información para el afiliado.

“Vemos espacio para discutir la velocidad del tramo intermedio”

–¿Les parece adecuada la velocidad con que se va reduciendo el riesgo a medida que el afiliado envejece, o creen que ese proceso debería comenzar en otro momento?

–El diseño nos parece adecuado. La exposición máxima a activos de crecimiento se mantiene alta mientras el horizonte lo justifica, empieza a bajar de forma sostenida a partir de la cuarta década de vida del afiliado, alcanza su punto más bajo en torno a la edad de pensión y luego se estabiliza con un leve repunte en las etapas finales.

Donde sí vemos espacio para discutir a futuro es en la velocidad del tramo intermedio, entre los 45 y 60 años, que es el descenso más pronunciado. Con expectativas de vida crecientes y con la posibilidad de que las personas trabajen más años, ese tramo es el que más merece revisarse con datos, una vez que el régimen esté operando. No es una crítica al punto de partida, es el tipo de parámetro que debiera calibrarse con la experiencia. Vale la pena señalar que la trayectoria quedó esencialmente como estaba en la consulta, de modo que no hubo un cambio de criterio del regulador en esta materia.

–¿Cómo ven el límite que establece el nuevo régimen para invertir en activos de crecimiento durante las primeras etapas de la vida laboral? ¿Es suficientemente alto para aprovechar el potencial de rentabilidad de largo plazo de los afiliados jóvenes?

–Sí. El techo para las primeras etapas quedó en 95%, y de hecho subió respecto de la versión en consulta, que lo fijaba en 90%. Es un nivel alto y va en la dirección correcta para afiliados con horizontes de treinta o cuarenta años. El margen que queda es razonable por razones operativas y de liquidez.

Dicho eso, el techo no es lo que determina la exposición efectiva. Lo que la determina es la asignación estratégica que cada administradora declare dentro de los rangos, y ahí el espacio disponible es amplio. Un techo de 95% con rangos anchos permite construir carteras claramente orientadas al crecimiento para los afiliados más jóvenes, y permite además que distintas administradoras lleguen a ese objetivo por caminos distintos: más renta variable líquida, o una combinación con activos alternativos, según la convicción de cada una. Que los alternativos hayan dejado de ser obligatorios ayuda justamente a que esa decisión sea propia y no impuesta.

“Nuestro foco está en la licitación”

–¿Cómo se ve el panorama para Multiplica tras este nuevo régimen de inversión?

–Lo vemos con optimismo. Multiplica está construyendo un proyecto que pone al afiliado al centro, y este régimen empuja en esa misma dirección: reglas comunes, resultados comparables y más información pública. En un esquema así, competir es posible. Nuestro foco está en la licitación y en salir a operar con una propuesta simple, eficiente en costos y bien ejecutada. En ese contexto el régimen entrega plazos y herramientas suficientes para que todos los actores se adapten de manera ordenada, sin fricciones que terminen pagando los afiliados.

Queda una pieza por definir, que son los índices de referencia que se comunicarán por resolución posterior. Hasta que se publiquen, cualquier estimación fina del mecanismo de incentivos es preliminar para nosotros y para toda la industria.

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