“Tengo 28 años y perdí mi vejiga”: las historias detrás del impactante aumento de más de 2.700% de intoxicaciones por ketamina en seis años
Las intoxicaciones de ketamina en adultos notificadas al CITUC pasaron de 10 casos en 2019 a 248 en 2025, mientras que entre adolescentes aumentaron de cero a 57. Un análisis de muestras incautadas reveló que el 82% contenía otras sustancias. Especialistas y consumidores retratan la expansión de la “keta” y los graves daños que puede dejar su consumo.
Por Dominga Krotik 5 de Septiembre de 2026
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Una joven de 28 años, Miishu LaRue, contó que usa pañales porque la ketamina le dañó la vejiga y la dejó postrada. El reportaje describe el impactante aumento de intoxicaciones por “keta” en Chile: en CITUC pasaron de 10 casos en adultos en 2019 a 248 en 2025, y en adolescentes de 0 a 57.
- Miishu LaRue dice que la ketamina le dañó la vejiga y la dejó postrada desde 2024.
- CITUC reportó 10 intoxicados adultos en 2019 y 248 en 2025; en adolescentes, 0 y 57.
- Un análisis de muestras incautadas mostró que 82% estaba adulterada con otras sustancias.
- Especialistas advierten daños urinarios graves, dependencia y composición imprevisible.
El artículo aborda el aumento del consumo de ketamina en Chile y sus consecuencias sanitarias. A partir del testimonio de una joven afectada, muestra daños graves en la vejiga y explica que las intoxicaciones han crecido con fuerza. También detalla que muchas muestras incautadas vienen adulteradas y que su consumo puede causar efectos severos.
Tiene 28 años y hoy usa pañales. No por una condición de nacimiento ni por la vejez, sino porque su vejiga —dice ella misma frente a la cámara— “desde el 2024 me tiene en una cama postrada”. La razón tiene un nombre que comenzó como una actividad recreacional y terminó por llevarla a la habitación de un hospital: la ketamina.
Miishu LaRue es una artista musical e intérprete independiente. Grabó el video recostada, con los ojos cansados de quien lleva días sin dormir bien. “Vengo a hablar realmente de la keta”, dice.
Cuenta que al principio la sensación era “rica”, “bacán”, como describe los primeros efectos de esta droga disociativa que se consume, entre otras formas, aspirándola por la nariz. Pero con el tiempo el cuerpo empezó a pasarle la cuenta de una manera que no esperaba: perdió el control de su vejiga.
El consumo prolongado de ketamina puede provocar graves daños en las vías urinarias. Miishu vive hoy con esas consecuencias las 24 horas del día y, con apenas 28 años, depende de pañales para adultos.
El punto de quiebre llegó cuando el dolor se volvió insoportable y terminó hospitalizada en Puerto Montt. Ahí, entre lágrimas, describió una sensación “como una quemadura horrible” en la pelvis. “Me duele demasiado, ayúdenme, por favor”, pidió. Para controlar el dolor, los médicos tuvieron que administrarle altas dosis de fentanilo y morfina.
La expansión de la “keta”
El comisario Nelson Parada, de la Brigada Investigadora de Sustancias Químicas Controladas de la PDI, vio el video de la joven.
Desde su trabajo ha sido testigo del aumento de la presencia de ketamina en Chile. Explica que parte de la labor de la PDI consiste en interceptarla antes de que llegue al mercado nacional. En los procedimientos más importantes, señala, han encontrado “ketamina pura, que puede ser en su formato de ketamina diluida, o como clorhidrato de ketamina, que es un polvo blanco”.
Afirma que el uso del término “Tusi” en canciones del género urbano, ha provocado que su consumo vaya en aumento.
Durante años, la ketamina y el tusi (una droga que suele contener ketamina mezclada con otras sustancias) aparecieron con frecuencia en las letras y el imaginario de la música urbana. Sin embargo, una de las figuras más importantes de esa misma escena ha comenzado a mirar el fenómeno con preocupación.
Pablo Chill-E, uno de los principales exponentes del género en Chile, abordó el tema en una entrevista con The Clinic. “Es una droga que baja anímicamente. Yo creo que todo eso está orquestado. ¿Cómo entra tanta droga?”, dijo. Consultado específicamente por la ketamina, fue todavía más directo: “Es igual de adictiva que la pasta y deja a los cabros chicos tirados”.
La ketamina produce efectos disociativos, que pueden generar una sensación de desconexión del cuerpo y de la realidad. Su consumo también puede provocar alteraciones de los sentidos, euforia, pérdida de coordinación motora, mareos y alucinaciones visuales o auditivas.
Juan Carlos Ríos, director ejecutivo del Centro de Información Toxicológica de la Pontificia Universidad Católica de Chile (CITUC), institución que entrega orientación al personal de salud ante distintos tipos de intoxicaciones, señala que en los últimos años las notificaciones de personas que llegan intoxicadas por ketamina a los servicios de salud han aumentado exponencialmente.
“Lo que tuvo mayor ascenso fueron los adultos y los adolescentes. En el año 2019, no había casos de adolescentes y en adultos teníamos diez casos. En el año 2025, tuvimos 57 adolescentes y 248 adultos”.
Un joven que llegó a la Corporación La Esperanza por su adicción a la ketamina, logró rehabilitarse y accedió a conversar con The Clinic.
“Un día la probé y dije: ‘Ya, me gustó’. Yo empecé con el éxtasis y, un poco más adelante, empecé a buscar más sensaciones con el tusi y el M. Después llegó un momento en que ya no me gustaba la sensación, como que quedaba muy flotando y me mareaba mucho”, recuerda.
En ese recorrido terminó probando otras drogas. Pero hay algo más que le llamó la atención durante sus años de consumo: la facilidad con que podía encontrarlas y la diversidad de personas que conoció en ese ambiente.
“Hoy en día la droga está en todos lados”, afirma.
Ana Luisa Jouanne, directora de la Corporación La Esperanza, sostiene que esa expansión ha abierto un mercado para la importación de nuevas drogas sintéticas y químicas al país. “A nuestro juicio, Chile ya rompió la barrera de entrada ‘cultural’. Ya se instaló el consumo entre nuestros adolescentes y jóvenes: primero el éxtasis, el M, luego el tusi, la keta y ahora incluso el fentanilo”, señala.
Ketamina impredecible
El origen del tusi se relaciona con el 2C-B, también conocido como Nexus, una droga sintética de efectos psicodélicos y estimulantes perteneciente a la familia de las fenetilaminas. En Colombia, el término comenzó a asociarse a esta sustancia, pero ante la dificultad para acceder a ella, los vendedores empezaron a imitar sus efectos mezclando otras drogas. Así surgió el tusi que circula actualmente: una combinación de composición variable que puede contener ketamina, MDMA, cafeína y otras sustancias, además de colorantes que le dan su característico tono rosado.
Aunque el Tusi sigue siendo muy popular en algunos ambientes, muchos consumidores buscan la ketamina pura. Un fármaco sintético con propiedades anestésicas, analgésicas y alucinógenas, utilizado en medicina humana y veterinaria.
“Hasta hace algunos años, quienes consumían ketamina inyectable eran adultos trabajadores de la salud humana (médicos, enfermeras, tens) o de la salud animal (veterinarios). Esto porque la ketamina se usa en anestesia. No obstante, en los últimos años aumentó el tráfico ilegal, ofreciéndose ketamina intranasal a público más juvenil (15-25 años de edad)”, añade el Dr. Gonzalo Acuña psiquiatra especialista en adicciones.
Su consumo frecuente genera dependencia psicológica, problemas de memoria y taquicardia, además de provocar daños graves en el sistema urinario, como inflamación crónica y deterioro de la vejiga.
“Lo único que quiero es que la gente despabile”
Desde 2022, en las fiestas Dame se repite una escena. Entre la música, las luces y el movimiento de la noche, alguien se acerca al puesto de la Fundación Reduciendo Daño con una pequeña muestra de la sustancia que lleva consigo. El equipo la analiza ahí mismo, frente a la persona, mediante reactivos que cambian de color y permiten identificar de manera preliminar algunos de sus componentes.
Después viene una conversación quizás menos habitual en medio de una fiesta: qué contiene lo que pensaba consumir, cuáles son sus riesgos, qué puede ocurrir al mezclarlo con otras sustancias y qué medidas puede tomar para reducir el daño.
–La ketamina se está diferenciando del Tusi. El Tusi es más de fiesta, tiene adulterantes y sustancias de corte como MDMA, anfetaminas, cafeína, que podrían generar ansiedad y taquicardia y otros efectos no esperados ni deseados. Hoy es más común que se busque la ketamina pura, que se asocia al efecto disociativo y psicodélico más que estimulante, menciona Iván Pérez cofundador de la Fundación Reduciendo Daño.
“Yo me siento orgulloso de que las personas boten la sustancia después de testearla. Le decimos, mira, estás consumiendo una sustancia que creíamos era ketamina pero son adulterantes. ¿Lo vas a consumir? y ellos dicen no, y lo botan. Me gusta saber que las personas después de concientizar, toman una decisión mejor para su salud”, añade Pérez.
Entre jóvenes, la ketamina pura se ha popularizado en ambientes de fiestas electrónicas y discotecas. Usualmente se vende como polvo blanco o líquido incoloro y se consume principalmente por vía intranasal, aunque también puede encontrarse en formatos líquidos como goteros o spray.
Pero que sea ofrecida como “ketamina pura” no significa necesariamente que lo sea. El estudio Convenio Senda-ISP “Evaluación de riesgos de toxicidad por Ketamina en muestras incautadas” revela el análisis químico, siendo el dato más inquietante para cualquier consumidor el que: la ketamina que circula en Chile es profundamente inconsistente.
–Empezamos a decirle a la gente que, si va a consumir tusi, no consuma una mezcla de sustancias desconocidas, que testee y que consuma una sola, que en este caso sería ketamina. Los test que tenemos reaccionan a la ketamina y nos permiten informarles si viene sola o mezclada con otras sustancias. En eso consiste la reducción de daños– añade Pérez.
Dos dosis que se ven idénticas —el mismo polvo blanco o de color, vendido por el mismo proveedor— pueden contener una cantidad de droga radicalmente distinta.
A eso se suma que el 82% de las muestras venía adulterada, mayoritariamente con cafeína (68% de los casos), aunque también aparecieron cocaína, MDMA, lidocaína y tramadol mezclados en el mismo polvo. Consumir ketamina en Chile, según estos resultados, es también consumir una sustancia de composición imprevisible.
El informe vincula estas cifras con la cistitis asociada al consumo de ketamina, una enfermedad crónica, progresiva y potencialmente discapacitante. Los primeros síntomas de toxicidad urológica pueden aparecer al año en quienes consumen dos veces por semana. En usuarios frecuentes —más de cuatro veces por semana—, el daño puede manifestarse en apenas tres a seis meses.
La explicación está en la forma en que el cuerpo procesa la droga. La ketamina se elimina a través de la orina y algunos de sus metabolitos pueden dañar e inflamar las células que protegen el tracto urinario. Con el consumo reiterado, ese deterioro puede alcanzar la vejiga y provocar dolores intensos, incontinencia y daños severos.
A sus 28 años, Miishu LaRue conoce esas consecuencias de una manera que ninguna estadística alcanza a explicar. Por eso grabó el video desde una cama y decidió mostrar una parte de su vida que probablemente habría preferido mantener en privado.
“Estoy pasando por un proceso súper duro, súper fuerte, feo, horrible, y lo único que quiero es que la gente despabile”, dice. Después vuelve al comienzo, a esa sensación que alguna vez le pareció inofensiva, y deja una advertencia para quienes todavía están a tiempo de escucharla:
“No se meta esa cuestión por la nariz, porque sí, es rico, la sensación es bacán, pero perdí mi vejiga”.



