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La triste paradoja del bienestar juvenil: Chile está entre los mejores países para ser joven, pero ellos no lo sienten así 

Buscar el primer empleo, evitar caminar solo de noche, convivir con el estrés y aun así creer que el futuro personal será mejor. El estudio de bienestar juvenil de la Universidad Andrés Bello muestra un Chile bien posicionado en comparación a otros países de la región, pero los testimonios revelan tensiones que los indicadores generales no alcanzan a capturar.

Por 15 de Septiembre de 2026
Sandro Baeza
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Benjamin Ortiz (25) pasa horas postulando a trabajos. Extensas jornadas de preparar su currículum, carta de presentación, planillas de información necesarias para los casi 30 trabajos a los que postula a la semana, con la esperanza de, por fin, encontrar su primer empleo. Egresó en mayo del 2026 de Ingeniería Comercial en la Universidad de Chile. Creció en Coquimbo, y decidió ir a estudiar a Santiago, a una de las mejores universidades del país, con la certeza de que su entrada al mercado laboral sería fácil. Hoy, vive consumido por LinkedIn, Laborum, y cualquier plataforma digital de búsqueda de empleo. 

Nicolás Godoy (25) se licenció en Historia en la Pontificia Universidad Católica en 2022. Desde que egresó, solo encontraba trabajos esporádicos y poco seguros. Luego de dos años de incertidumbre laboral, decidió volver a estudiar para aumentar sus posibilidades de encontrar trabajo. Está a tres meses de terminar Ingeniería Comercial, en la Universidad Andrés Bello (UNAB). 

“Me preocupa la dificultad para encontrar un trabajo estable. Si soy sincero, siento que soy poco atractivo laboralmente. Aunque tengo Historia, y tengo Ingeniería comercial que voy a sacar dentro de poco, son dos polos muy opuestos. Creo que al mismo tiempo me hacen poco atractivo, un poco confuso de manera laboral”, dice Nicolás.

Benjamin y Nicolás no son los únicos jóvenes en esta situación. Según el Instituto Nacional de Estadísticas, hay 126.626 personas menores de 30 años con educación superior completada que no tienen trabajo. Además, según el Observatorio de Contexto Económico de la Universidad Diego Portales, en el periodo de enero-marzo 2026, el desempleo en personas con título universitario es de 17%, un punto porcentual más que en igual periodo de 2025. Este fenómeno se conoce como desempleo ilustrado.

“Este tema de no encontrar trabajo, de tener una expectativa a la hora de salir de la universidad, de hacer certificaciones, de prepararse para el mundo laboral, y golpearse con esta pared en la que ni siquiera te responden y te rechazan, me afectó de manera muy negativa mentalmente”, expresa Benjamin. 

“Tuve muchos bajones durante un tiempo, y para evitarlo, tuve que empezar a hacer ejercicio, empezar a pasear y dedicar menos tiempo del día a postular, a salir de este ciclo de rechazo que tienen las postulaciones”, cuenta. 

Pero el trabajo no es lo único que preocupa a los jóvenes chilenos. La Universidad Andrés Bello llevó a cabo el Índice Global de Bienestar de la Juventud, un estudio que utiliza datos secundarios de organismos como el Banco Mundial, la OMS y la UNESCO, sobre jóvenes de 15 a 25 años, agrupados en varias dimensiones. Además, analiza y compara las condiciones estructurales que cada país ofrece a los jóvenes. 

A partir de eso, los investigadores llevaron a cabo en cinco países de Latinoamérica una Encuesta de Bienestar de la Juventud, que recoge sus percepciones sobre las mismas áreas que analiza el Índice. Los resultados muestran una paradoja: Chile ocupa el octavo lugar entre los 36 países incluidos en el Índice y el primero entre los sudamericanos analizados. Sin embargo, esas condiciones estructurales relativamente favorables conviven con altos niveles de estrés, una fuerte sensación de inseguridad y una evaluación mucho menos favorable del contexto económico del país.

“El índice lo que hace es proponer las características estructurales que hacen que un país pueda o no pueda ofrecer las bases para el desarrollo de las personas. Pero esas características generales no te aseguran necesariamente que haya bienestar”, asegura el investigador responsable del estudio, Andrés Mendiburo. 

El investigador de la Facultad de Ciencias Sociales de la UNAB, explica que esa distancia entre las condiciones estructurales de una sociedad y la percepción que tienen de ella los jóvenes, “es una distancia que en general se observa en todos los países. Entre lo que los jóvenes piensan, manifiestan de su satisfacción y lo que efectivamente en el país puede estar entregando como una base”. 

Mendiburo explica que esta distancia tiene más bien que ver con cómo se entiende el bienestar a nivel global y estructural, y cómo lo definen los individuos a nivel subjetivo individual: “Uno puede decir, ‘Chile es un país seguro’, pero eso no quiere decir que la gente se sienta segura, que es lo que se suele ver”, detalla. 

“Avísame cuando llegues”: La realidad detrás del mensaje 

María Pía (25) estaba volviendo a su casa de la universidad. Atardecía, todavía no era completamente oscuro, cuando se percató de que un hombre la seguía. No alcanzó a distinguir su rostro, tenía puesto el gorro del polerón. María no supo qué hacer, más que acelerar el paso en las dos cuadras que faltaban para llegar a su casa. El hombre le seguía el paso, hasta que María pudo entrar rápidamente a su hogar. 

Para ella, esa situación cambió cómo se moviliza por la ciudad, sobre todo en las noches: “Fue muy fuerte. Y ahora que soy más grande, igual hay sectores donde me siento más tranquila, pero sí sé y siento que hay sectores más peligrosos, sobre todo para las mujeres en la noche”.

“Ahora siempre tomo la precaución de contarle a mis papás a dónde voy, qué voy a hacer y hasta qué hora. Siempre trato de tener el celular en el bolsillo delantero y activar mi ubicación cuando me voy de un lugar, sobre todo si ando en Uber o Cabify, mandarle la ubicación a alguna amiga o a mi familia. Con mis amigas, siempre nos preguntamos a dónde vamos, y siempre mandamos el típico ‘avísame cuando llegues’, para saber que llegan bien, porque es una situación de seguridad que vivimos las mujeres en Chile”. 

Ese es el mismo caso de Michelle (23), quien comparte su ubicación 24/7 con su grupo de amigas, desde hace unos años. Todas saben dónde está la otra en todo momento, y siempre se comunican cuando van a un lugar nuevo, como cuando salen a una cita o toman un Uber. 

Cuenta que en general, cuando sale de noche, siempre se devuelve con una amiga, o se queda en un lugar seguro. Evita a toda costa movilizarse sola: “No me siento limitada a salir en las noches, pero sí evito hacerlo. Si es que puedo no hacerlo, no lo hago”. 

“Yo doy fe de que todas mis amigas se sienten así, es algo que mencionamos pero ya no es algo constante. Como que esta precaución que tenemos ya es normal para nosotras”, expresa Michelle. 

Según el Índice de la UNAB, Chile es el séptimo país en Seguridad. Sin embargo, al llevarlo a las encuestas, esta es la categoría peor evaluada, con un 37% de satisfacción, donde las principales preocupaciones son los crímenes violentos y el acoso o violencia sexual. 

La sensación de inseguridad es mucho peor en las mujeres. Solo un 23% de las encuestadas se siente segura caminando de noche, y 33% de las chilenas teme caminar sola. Este es el peor indicador de Chile en igualdad de género, posicionando en el puesto 18 de 36 en el Índice. 

“Yo creo que la mayoría de las mujeres en Chile, sobre todo en la adolescencia, ha vivido algún tipo de situación relativa al acoso callejero, ya sea que te griten en la calle o que te digan cosas, o que se acerque a ti alguien con una mirada o con intenciones extrañas”, cuenta María Pía. 

Esto también aparece en otros instrumentos. Según la 11ª Encuesta Nacional de Juventudes del INJUV, un 45,9% de los jóvenes declara haber vivido situaciones de acoso. La brecha por sexo es amplia: el porcentaje llega al 64,2% entre las mujeres y al 28,1% entre los hombres.

“El tema de la seguridad en mujeres tiene mucho que ver con naturalizar ciertas cosas y no por parte de las mujeres. Yo creo que los hombres y sobre todo los hombres mayores toman decisiones con respecto a esas cosas”, señala el investigador Andrés Mendiburo.

“Cuando uno empieza a naturalizar la inseguridad porque es un problema para mucha gente, estamos en un problema real donde falta política pública, donde falta ver de qué forma vamos a prevenir que las jóvenes caigan en situaciones donde están en riesgo o se sienten en riesgo”, añade. 

Pensar que te irá bien, aunque el país esté mal

Uno de los contrastes más llamativos aparece al separar las expectativas personales de la evaluación del país. Un 67% de los jóvenes chilenos encuestados cree que encontrará el trabajo que desea y un 58% que alcanzará el nivel de ingresos que espera. Sin embargo, solo un 30% considera que la economía del país funciona bien actualmente.

“Eso responde a un fenómeno psicológico que tiene que ver con los sesgos individuales, las personas suelen pensar que su vida va a ser más afortunada que la del resto de las personas”, afirma Mendiburo. 

A eso también añade que los jóvenes tienen el optimismo de que su vida será mejor que la de sus padres, en general. 

Nicolás manifiesta este sentimiento, pero explica que puede ser ambivalente: “Porque esta idea de que voy a vivir mejor o peor que mis padres a mi edad es difícil ya que a mi edad mis padres ya tenían independencia económica, entonces claramente es peor, pero al mismo tiempo tengo una mejor calidad de vida que ellos a mi edad”. 

“Hay un poco de ambas cosas, a nivel laboral y económico estoy muy por debajo, mientras que a nivel de calidad de vida vivo mejor, además que educacionalmente estoy mejor de lo que ellos estuvieron. Gracias precisamente a su esfuerzo y trabajo”, añade. 

Nicole Prado también afirma esta sensación. Actualmente está terminando la carrera de Artes Visuales en la Universidad de Chile. Al pensar en el futuro, siente incertidumbre: “Creo que he cuestionado mucho el qué viene, qué haré, existe la inseguridad de enfrentarse al mundo y más aún con lo que estudié, que siempre supe que sería, tal vez, difícil”. 

A pesar de eso, espera vivir mejor que sus padres: “Por suerte cuando ellos estaban en mi edad tenían estabilidad económica, trabajo y no les faltaba. Quizás no repetir algunos errores que ellos cometieron, tomarme de eso para ser mejor como persona”, expresa.

El escenario de la región

Cuando Chile se compara con otros países de América Latina, la situación de sus jóvenes aparece relativamente favorable. Tiene el octavo lugar de 36 y el primero de Sudamérica. Sus mejores resultados se encuentran en educación, donde alcanza el segundo lugar, y en acceso a tecnologías de la información, donde ocupa el sexto.

Además, en la encuesta, los jóvenes chilenos tienen una conformidad mayor a la de sus pares en la región. Un 62% de los jóvenes chilenos encuestados se declara satisfecho con el sistema educacional, la cifra más alta entre los cinco países analizados.

Un 53% se considera una persona muy feliz y, aunque solo un 30% piensa que la economía chilena funciona bien, esa evaluación sigue estando entre las más positivas. 

Sin embargo, para Mendiburo, hay cosas pendientes que deben resolverse, como el tema de salud mental. En la encuesta, 55% declara necesitar más apoyo mental y emocional. En segundo lugar, hacer un enfoque en ciertos grupos vulnerables “cuando hablamos del tema de seguridad, evidentemente no podemos despegar el tema de seguridad del nivel económico y del género. Las mujeres se sienten muy inseguras”.

Y por último, la convivencia digital también aparece como relevante. “Me llamó mucho la atención que un número no menor de jóvenes estaba de acuerdo en que está bien burlarse de otras personas online por su ideología política, por su religión, por su raza, por su aspecto físico, por el hecho de tener ciertas enfermedades o condiciones mentales”. 

“La mayoría de los jóvenes también dice que ha visto y percibido maltrato online, pero también dicen que no saben qué se hace en ese momento”. 

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