Secciones

The Clinic
Buscar
Entender es todo
cerrar
Cerrar publicidad
Cerrar publicidad
Correo 16 de Septiembre de 2026

Carta a la directora: Michelle Bachelet, la mejor candidata para prevenir los peligros de la IA

Alexander Heffner, conductor de “The Open Mind”, de PBS, y de su serie especial “Mayors of the World”
Compartir

Estados Unidos está rechazando a una líder mundial que pondría freno a la IA. Michelle Bachelet ha visto más de cerca que sus rivales en la carrera por la Secretaría General de la ONU cómo el autoritarismo deshumaniza —su Chile natal torturó y mató a su padre— y es la más preparada para impedir que la IA haga lo mismo. El planeta necesita a alguien que lidere una estrategia unificada para fortalecer a la humanidad. Bachelet, que tuvo la imaginación necesaria para contribuir a abrir paso a un Chile democrático, tiene la imaginación para garantizar que seamos indestructibles frente a la IA.

Mientras el presidente Trump descarta el riesgo de la IA, tanto ejecutivos tecnológicos como denunciantes de sus propias compañías coinciden ahora en que la carrera hacia la superinteligencia se ha salido de control y amenaza con la extinción humana. Incluso debaten públicamente si la IA podría llegar a controlar Internet o trastocar por completo la capacidad de acción humana en apenas los próximos años.

El crítico Thomas Frank lleva mucho tiempo cuestionando, acertadamente, a Obama y a su generación de demócratas como “Inócratas”, por su enfoque ciego en la innovación. Ahora, después de haber encabezado una administración que no estableció ningún tipo de control para gestionar el desbocado “Lejano Oeste” de las redes sociales y las tecnologías emergentes de IA, el presidente Obama finalmente está aceptando que el Partido Demócrata necesita defender la regulación como uno de sus pilares centrales.

Pero lo cierto es que ni los partidos políticos estadounidenses ni ninguna rama de su gobierno tienen idea de cómo manejar este momento precario. Tampoco puede hacerlo ningún país por sí solo.

Por eso, cuando existe un consenso creciente en Estados Unidos y en el mundo de que la amenaza de deshumanización proviene menos de la derecha o de la izquierda que de una toma del poder por parte de las máquinas al estilo de “Terminator”, es imperativo que el líder mundial de mayor visibilidad y potencial influencia —el próximo secretario general de las Naciones Unidas— esté dispuesto a tomar medidas decisivas para garantizar la supervivencia de la humanidad.

Esa persona es Michelle Bachelet, la dos veces presidenta de Chile con quien compartí durante la realización de mi serie para PBS.

La mayoría de los periodistas tiene una lista de personas a las que sueña entrevistar. Desde hace mucho tiempo siento fascinación por Chile, cautivado por los poemas de amor de Pablo Neruda que inspiraron a un cartero convertido en activista político en “Il Postino”, y reconfortado por el hecho de que su sueño de un Chile libre finalmente se hiciera realidad. Pero, sobre todo, tengo debilidad por quienes, desde una posición de desventaja, terminan imponiéndose por una causa justa, y desde hace tiempo la persona que encabezaba mi lista era Bachelet.

Imaginen convertirse en presidenta de su país después de que su padre fuera golpeado y asesinado por el gobierno de ese mismo país: esa es la historia de Michelle Bachelet. Pese al calvario que atravesó su familia durante la dictadura de Pinochet, Bachelet se convirtió en una exitosa pediatra y, en dos ocasiones, en la líder de un país que alguna vez había traicionado a su familia.

Juntos recorrimos el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, dedicado a la memoria de su padre y de las demás víctimas de décadas de violencia política contra chilenos inocentes. El lugar constituye una advertencia sobre la toma del poder por parte de regímenes autocráticos y sobre la reversión del autoritarismo.

Como presidenta de Chile, Bachelet condujo al país a convertirse en el primero en consagrar la neutralidad de la red, que garantiza que los gobiernos no puedan bloquear sitios web y que las empresas no puedan pagar para obtener conexiones más rápidas a Internet para determinados contenidos. Su Agenda Digital 2020 estableció una política integral de protección de datos y ciberseguridad.

Bachelet dijo que era especialmente sensible a un capitalismo capaz de aniquilar a la humanidad porque la junta de Pinochet, que derrocó al gobierno democráticamente electo, justificó su golpe de Estado y los posteriores años de terror, asesinatos y desapariciones sobre la base de argumentos económicos. El mantra era: manténgannos en el poder y los haremos ricos.

Su problema de fondo con la IA, además de su vigilancia omnipresente, es que está siendo desarrollada de una manera impermeable a los derechos humanos. “Antes de desarrollar esto”, me dijo, “pregúntate de qué manera podría afectar a los derechos humanos”. Según ella, Silicon Valley no lo está haciendo. Hasta ahora, los gobiernos tampoco están impidiendo el desplazamiento y sometimiento de los trabajadores, y ella quiere cambiar eso.

Lamentablemente, Bachelet no se ha impuesto en los recientes sondeos informales entre los países que determinarán quién será el próximo secretario general de la ONU.

En el Estados Unidos de otros tiempos, la historia de Bachelet —su ascenso pacífico hasta la Presidencia desde las cenizas de una dictadura— habría sido acogida universalmente. Pero los republicanos han expresado una larga lista de razones para oponerse a Bachelet, aunque la principal es que es liberal. Como presidenta de Chile, respaldó políticas de socialismo democrático destinadas a generar una mayor equidad económica y, más recientemente, como directora de ONU Mujeres y alta comisionada para los Derechos Humanos, defendió los derechos reproductivos de las mujeres y abogó por un enfoque más equilibrado hacia Medio Oriente que el practicado por Estados Unidos durante las últimas décadas. No, no existe ni una sola evidencia que sugiera que sea antisemita, pese a los rumores.

Y no se trata únicamente de las objeciones estadounidenses. A China no le agrada que haya denunciado el trato de ese país hacia los uigures como un crimen de lesa humanidad y que, como secretaria general, insistiría en establecer un estándar global de dignidad humana para el desarrollo de la IA. A Rusia no le agrada que se haya pronunciado contra su invasión de Ucrania.

El rechazo de Estados Unidos y de las superpotencias mundiales a Bachelet es emblemático de su retroceso democrático y constituye una traición a la visión de Franklin D. Roosevelt como defensor de la democracia liberal. Pero si los países que votarán por el próximo secretario general quieren a una líder que no se doblegue ante tecnólogos que han fracasado en autorregularse pese a promesa tras promesa, y que anteponen las ganancias a los derechos humanos, entonces deberían reconsiderar a Bachelet.

Notas relacionadas