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20 de Septiembre de 2026

Científicos injertaron tejido cerebral humano en ratones para estudiar enfermedades como el autismo

Un reciente estudio reabre el debate sobre las fronteras de la bioética y la investigación médica al profundizar en la integración de organoides cerebrales humanos en modelos animales.

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Fue este miércoles cuando un grupo de científicos dio a conocer que creó ratones cuyos cerebros tenían millones de neuronas humanas. Esto, con el fin de estudiar trastornos cerebrales, lo que inmediatamente despertó un debate sobre los límites éticos de la ciencia

El estudio fue liderado por el Dr. Sergiu Pasca, neurocientífico de la Universidad de Stanford. 

Según detalló The New York Times, Pasca pasó años creando estos ratones para estudiar las billones de conexiones neuronales dado que algunos científicos sospechan que cuando esas redes fallan, dan origen a condiciones como la esquizofrenia y el autismo. “Los trastornos neuropsiquiátricos son, en gran medida, trastornos de los circuitos”, afirmó el autor del estudio.

Con respecto a sus estudios, la publicación explica que Pașca y sus colegas utilizaron organoides cerebrales para estudiar una forma rara de autismo llamado síndrome de Timothy. De esta forma, diseñaron un medicamento para restaurar el crecimiento de las células cerebrales en personas con esta enfermedad. Se han realizado pruebas de seguridad en animales y esperan iniciar un ensayo clínico en los próximos meses.

¿Cómo se realizó el estudio?

Los ratones tenían cerebros a los que les faltaba —casi completamente— la corteza. El equipo de científicos buscó voluntarios humanos que donaran células de piel para fabricar organoides cerebrales. Posteriormente, crearon organoides compuestos por células de la corteza humana y los colocaron en los espacios vacíos dentro del cerebro de los ratones.

También se especificó que los roedores fueron diseñados genéticamente sin un sistema inmunológico para que no rechazaran el tejido humano injertado. Dichos organoides se alimentaron del líquido que estaba en la mitad del cráneo vacío de los ratones para luego conectarse a sus vasos sanguíneos. 

Las células humanas se parecían a las neuronas del cerebro de un feto durante el tercer trimestre de gestación. Sin embargo, lograron conectarse con el cerebro del ratón y se activaron a medida que desarrollaban su vida.

En las pruebas de memoria y otras tareas cognitivas, los animales con células cerebrales humanas obtuvieron resultados prácticamente idénticos. Sin embargo, aquellos modificados genéticamente se asemejaban a los humanos en aspectos cruciales para la investigación. Por ejemplo, se descubrió que la falta de oxígeno sí dañaba las neuronas humanas presentes en los ratones. Los animales mostraron dificultades para caminar, reflejando con precisión los efectos de la privación de oxígeno en los seres humanos.

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