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Correo 30 de Septiembre de 2026

Carta a la directora: ¡Súbase a la bicicleta, señor ministro!

Álvaro Vial e Ian Mac Niven, Fundación Deporte Local
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Desde diciembre, anuncia el ministro de Vivienda, Iván Poduje, los ciclistas que suban al cerro San Cristóbal deberán empadronarse y portar un chaleco reflectante con un código identificatorio visible, bajo amenaza de sanción. Meses antes, el mismo ministro había congelado el tramo final de la ciclovía del eje Alameda, calificándola de obra carísima y sin prioridad. Leídas en conjunto, ambas decisiones no son episodios administrativos aislados, sino expresión de una misma matriz ideológica: aquella que concibe el espacio público como un territorio a vigilar antes que a habitar, y al ciudadano activo como un sospechoso antes que como un sujeto de derechos.

La paradoja es evidente. En un país donde el sedentarismo constituye uno de los principales factores de riesgo de enfermedades crónicas, la obligación del Estado debiera ser remover barreras para la actividad física, no levantarlas. La promoción de la salud, desde la Carta de Ottawa en adelante, entiende que las conductas saludables se fomentan creando entornos que las faciliten. La política anunciada invierte esa lógica: encarece simbólica y administrativamente el acto de pedalear, y transmite el mensaje de que quien hace deporte en un parque público es, ante todo, un problema de orden.

Esta orientación, además, carece de sustento empírico. Según la propia administración del Parque Metropolitano, las atenciones de ambulancia por caídas en bicicleta disminuyeron un 38,2% entre enero y agosto de 2026 respecto del mismo período del año anterior. La institución que conoce el territorio ya ha demostrado que la prevención, la mejora de la infraestructura y las campañas de autocuidado producen resultados. Cuando una autoridad opta por la coerción frente a evidencia que respalda un enfoque preventivo, la decisión deja de ser técnica y pasa a ser ideológica: responde a una convicción sobre cómo debe gobernarse a las personas, no a un diagnóstico sobre qué funciona.

La historia ofrece un antecedente elocuente. En el siglo XIX, el sistema penitenciario de Auburn, en Nueva York, introdujo el traje a rayas blanco y negro para que los reclusos fueran reconocibles a simple vista como una amenaza para la sociedad. Identificar a un reo en la calle tenía un propósito claro: advertir a los demás de su peligrosidad. Uniformar y codificar a los ciclistas reproduce, con los matices del caso, esa misma racionalidad, porque la identificación deja de ser un servicio al usuario y se convierte en una marca de sospecha. Es una manifestación del populismo punitivo: medidas de alta visibilidad y bajo costo político, que ofrecen la apariencia de orden sin abordar las causas del problema.

No es la primera vez que esta lógica aparece. Años atrás, la entonces alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei, cuestionó las clases que profesores de educación física e instructores impartían a grupos de vecinos en las plazas de la comuna y planteó regularlas, con la posibilidad de cobros como mecanismo para desincentivarlas. Se trataba, nuevamente, de tratar la actividad física comunitaria como un uso indebido del espacio público. Aquella iniciativa no prosperó, y hoy las plazas de Providencia son escenario cotidiano de vecinos que entrenan guiados por sus profesores. La experiencia confirma que la ciudad activa se construye por habilitación, no por restricción.

Existen alternativas coherentes con la evidencia: programas educativos de convivencia vial dentro del parque, una mejor delimitación de los espacios para ciclistas y peatones, y el fortalecimiento de las medidas preventivas que ya muestran resultados. Estas políticas comparten un supuesto opuesto al de la propuesta ministerial: que el ciudadano es capaz de aprender y cooperar, y que el rol del Estado es generar las condiciones para ello.

Por eso, más que una crítica, queremos dejarle una invitación: súbase a la bicicleta, señor ministro, y no se baje. Pedalee a favor de una sociedad más activa y más sana, porque el desafío de la política pública es que más chilenos hagan actividad física, no menos.

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#bicicleta#Poduje

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