Tiempo Libre
9 de Octubre de 2026Natalia Babarovic, ganadora del Premio Plagio a la Creatividad Artística: “Ser una artista media subterránea me ha servido para ocultarme cuando uno no quiere ser visto”
La pintora chilena Natalia Babarovic, ganadora del Premio Plagio a la Creatividad Artística, repasa su proceso de trabajo, la influencia de los archivos familiares y su relación con las nuevas generaciones de artistas. "Habemos mucha gente que valoramos el arte en Chile. La política oficial actual tiene, como muchas personas, la noción oculta de que el arte es un fraude. Mucha gente incluso del arte piensa que el arte es un fraude en realidad y que hay que arreglinarlo para que no se note", dice.
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Su estudio ubicado en plena Ñuñoa parece ser una extensión de su propia forma de entender la pintura: paredes manchadas, obras que van más allá de sus bordes, pinturas sobre cajas de cartón y libros conviven en un espacio por donde circulan constantemente otros artistas y estudiantes.
Pero hoy se encuentra en silencio, entre el aroma del humo de un cigarro sobre un cenicero con forma de dado y una taza de café caliente.
Babarovic trabaja principalmente con pintura, pero incorpora fotografías, videos y pantallazos de Youtube como punto de partida para sus obras. En sus cuadros, los personajes suelen aparecer desplazados del centro, con miradas perdidas y la sensación de que hay algo que ocurre fuera del encuadre. Una influencia importante en esa composición proviene de las fotografías que descubrió de su abuelo, un fotógrafo aficionado que dejó cientos de imágenes tras su muerte.
El Premio Plagio a la Creatividad Artística reconoce a creadores chilenos de amplia trayectoria en literatura y artes visuales que han generado una transformación significativa en sus disciplinas.
La distinción busca poner en valor a artistas cuya obra ha significado un aporte creativo, especialmente a quienes no necesariamente han recibido el reconocimiento que merecen dentro del circuito tradicional. En su cuarta edición, Natalia Babarovic es la ganadora del premio que busca acercar sus trayectorias y procesos creativos al público.

(Francisco Paredes / The Clinic)
—El premio Plagio busca visibilizar trayectorias que quizás no han tenido el reconocimiento que deberían. ¿Tú sientes que es así, con tu carrera?
—Sí, he sido muy así. He pasado por varios túneles de anonimato. Entonces, sí me siento rescatada por el premio, la verdad.
—¿Qué significa para ti ganar este premio?
—Es un respaldo a todo el trabajo que he hecho todo este tiempo.
—Hablemos de tu historia. Vienes de una familia muy vinculada al arte: tu padre, Ivo Babarovic, era pintor, y tu abuelo Bosko dejó un archivo fotográfico que terminó siendo muy importante para tu obra ¿En qué momento sentiste que la pintura era también una herencia familiar que querías tomar?
—De chica, porque mi papá era un pintor que casi no pintaba cuando yo lo conocí. Pero en mi casa había muchos materiales y libros y ellos nos observaban mucho cuando yo y mi hermana dibujábamos. Entonces, cuando ya tenía 15, 14 años, ya sabía que quería ser pintora.
—Gran parte de tu trabajo parte de imágenes que ya existen: fotografías, películas, videos, pantallazos ¿Qué tiene que tener una fotografía o un video para que sea parte de tu archivo personal y eventualmente pueda convertirse en una pintura?
—Cuando yo busco, busco varias cosas en una foto. A veces observo que haya algo que esté en una película gringa y que me recuerde a Chile y a mi infancia, por ejemplo. Que eso es interesante y es abismante ver como las sillas de tu propia terraza, acordarse de las sillas de fierro de la terraza de tu abuela y verlas en una película gringa, por ejemplo.
Entonces estoy buscando algunas cosas familiares siempre. También hay un libro de Edward Muggeridge, que es el precursor del cine, que tomó fotos de un pájaro en vuelo en todas sus etapas. Hay una etapa en la que el pájaro es icónico y en la otra parece una piedra volando porque tiene las alas cerradas.
Yo también busco unos puntos en los videos que sean icónicos o particularmente ambiguos o confusos respecto de lo que realmente está sucediendo.
—Ser artista no necesariamente funciona como un trabajo convencional: no hay un horario en que uno pueda simplemente sentarse y “producir” una buena idea. ¿Cómo trabajas en los días en que no hay inspiración? ¿Se puede pintar sin tener ganas de pintar?
—Se puede. Uno trabaja sin inspiración. Pero el trabajo del artista no es como otro trabajo porque uno no tiene una pintura que hacer todos los días. La mayor parte del tiempo uno no hace nada. Uno está pensando porque para hacer una pintura, una serie de pinturas, uno tiene que planificar mucho. Hay que buscar las imágenes.
Si uno ya tiene los formatos y los soportes para pintar, si no los tienes hay que partir de eso y buscar una imagen que le sirva al soporte. Voy a poner esto primero, esto después. Uno hace todo un plan y para que ese plan suceda tiene que pasar mucho tiempo. Entonces, el momento en que uno está literalmente pintando es el momento en que nadie lo ve.
Es el momento en que la gente no cree que uno está trabajando. Y creen que uno está siendo un holgazán, porque uno está sentado mirando tele o sentado fumando su pucho o pensando.
—En general tú experimentas con diversas materialidades para poner de lienzo para tus pinturas ¿Qué te llama de esas materialidades en general a experimentar con ellas?
—Siempre tengo una inquietud de qué pasaría. El cartón corrugado de cajas de cartón, por ejemplo, tiene estas curvitas y estas rayitas que hacen que parezca una imagen de tele. Los materiales proponen la imagen también.
—Has sido profesora y has trabajado con distintas generaciones de artistas jóvenes ¿Cómo es tu relación con tus alumnos y con las nuevas generaciones? ¿Qué ha cambiado en la manera en que los jóvenes se relacionan con la pintura y con la idea de ser artista?
—A mí me encantan los jóvenes, obtengo mucho de ellos. Son entusiastas, tienen fe en lo que hacen. Y es una manera para mí de ver todos los experimentos que no puedo hacer. O sea, uno ve lo que hacen ellos y saca conclusiones. Los envidio por algunas cosas que hacen. Uno ve todo lo que uno no va a poder hacer.
—¿Y qué ha cambiado en la manera en que los jóvenes se relacionan con la pintura y con la idea de ser artista?
—Los medios y también en el circuito del arte, en su cuestión histérica que tiene, le ha robado a los artistas jóvenes la intimidad con su trabajo.
Y le ha robado el derecho de equivocarse, el derecho de fracasar en sus carreras, que es algo por lo que hay que pasar. Y a mí como me siento en ese sentido -como tú me decías con lo del premio- una artista media subterránea, eso me ha servido para eso. Para ocultarse cuando uno no quiere ser visto también.
—Hoy en día estamos en un momento donde hay críticas sobre el poco valor que se le da a la cultura. ¿Crees que el arte hoy tiene valorización en Chile? ¿O cómo crees que se podría generar aún más apreciación?
—Habemos mucha gente que valoramos el arte en Chile. La política oficial actual tiene, como muchas personas, la noción oculta de que el arte es un fraude. Mucha gente incluso del arte piensa que el arte es un fraude en realidad y que hay que arreglinarlo para que no se note.
—También vivimos la era de la IA,¿cómo ves la irrupción tecnológica en el mundo artístico?¿Crees que en el futuro quizás se valore más lo artístico, lo manual, el trabajo creativo artesanal?
—Creo que sí vamos a valorar lo manual y por eso yo estoy aquí. La verdad va a ser muy importante. Es un poco maligna la inteligencia artificial. Es maligna porque la gente es maligna. No puede ser de otra manera.



