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Rose Lowder

Tiempo Libre

15 de Octubre de 2026

La historia de Rose Lowder, la pionera francoperuana del cine experimental que recibió el Pudú a la Trayectoria en FICValdivia

La cineasta francoperuana recibió el Pudú a la Trayectoria en la inauguración de FICValdivia, festival al que llegó por primera vez a Chile para presentar un foco dedicado a su obra. Con casi cinco décadas de trabajo, la realizadora ha explorado las posibilidades de la imagen cinematográfica a partir de estudios sobre la percepción y defiende un espacio para las películas que se alejan de los códigos tradicionales de la industria

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Rose Lowder llegó por primera vez a Chile para participar en la 33ª edición del Festival Internacional de Cine de Valdivia (FICValdivia), donde recibió el Pudú a la Trayectoria en reconocimiento a sus casi cinco décadas de aporte al cine experimental. La cineasta francoperuana también presenta un foco dedicado a su filmografía, marcada por la exploración visual y la búsqueda de nuevas posibilidades expresivas del lenguaje cinematográfico.

Desde 1972, Lowder vive y trabaja en Aviñón, Francia, donde ha construido una obra estrechamente ligada a la observación de la naturaleza y los paisajes de la Provenza. Con una cámara Bolex de 16 milímetros, trabaja directamente sobre la película, interviniendo fotogramas y alterando su secuencia para crear nuevas relaciones entre las imágenes. El resultado son películas que desafían la percepción habitual del movimiento y exploran cómo el ojo humano construye una continuidad a partir de estímulos visuales independientes.

Su trabajo también ha trascendido la realización cinematográfica. Lowder ha investigado y enseñado teoría, historia y estética del cine, además de dedicar parte de su trayectoria a la programación y preservación de películas experimentales. Fue cofundadora de los Archives du film expérimental d’Avignon, en 1981, y sus obras han sido exhibidas en instituciones como la Tate Modern y la Cinémathèque française.

Sin embargo, detrás de esa búsqueda visual hay una inquietud que se remonta a sus primeros años de trabajo en el cine. Antes de desarrollar su propia filmografía, Lowder pasó una década en la industria como montajista. Fue durante ese período cuando comenzó a acercarse a otras formas de creación, a partir de películas experimentales que le mostraron que era posible trabajar con las imágenes desde una perspectiva artística individual.

La percepción como punto de partida

El interés de Lowder por las posibilidades del cine experimental nació, en parte, de una pregunta sobre aquello que ocurre entre las imágenes proyectadas en una pantalla. La cineasta comenzó a estudiar cómo funciona la percepción humana y de qué manera el cerebro construye una continuidad a partir de estímulos visuales independientes.

“Es una composición de muchos elementos: color, línea, movimiento. Y es un sistema de percepción que es muy bueno para el cine, porque el cine es un proyecto de imágenes, una después de la otra”, explica a The Clinic.

A partir de esa inquietud, comenzó a experimentar directamente sobre la película, trabajando con distintos elementos visuales y proyectando las imágenes en bucle para observar sus efectos. Sus pruebas le permitieron descubrir que la disposición de los elementos sobre el material fílmico podía modificar lo que el espectador veía en la pantalla.

Para comprender ese proceso, dedicó tres años al estudio de la percepción y recurrió a libros científicos. Su intención era alejarse de los procedimientos que conocía por su experiencia en la industria.

“Quería hacer otra cosa que lo que hacíamos en el cine tradicional. No quería hacer montaje porque he trabajado diez años en eso. Es suficiente, demasiado”, señaló.

Un espacio para el cine experimental

Pese a que sus películas no siempre resultan sencillas para quienes no están familiarizados con esta forma de creación, Lowder valoró la recepción que tuvo el primer programa dedicado a su obra en Valdivia. La cineasta también destacó la existencia de circuitos especializados que mantienen vivo el cine experimental, tanto en Francia como en otros países.

Según explicó, la distribuidora de sus películas reúne más de siete mil títulos de alrededor de mil cineastas de distintas nacionalidades. Además, mencionó espacios que programan este tipo de obras de manera periódica y que cuentan con audiencias interesadas en propuestas que se apartan de las convenciones narrativas.

Para Lowder, el cine experimental no responde a una única corriente ni tiene necesariamente una orientación política determinada. Su diversidad permite abordar asuntos sociales, identidades, experiencias documentales y búsquedas poéticas.

“Tenemos películas que son muy diferentes. Hay algunas que son más políticas, otras que no lo son. Tenemos películas homosexuales, lesbianas, películas más poéticas y otras más documentales. Hay una variedad de películas”, sostuvo.

La cineasta también advirtió que el financiamiento para estas propuestas sigue siendo limitado en comparación con el que recibe el cine industrial. A su juicio, la continuidad de este tipo de creación depende, en buena medida, de las políticas culturales y de la existencia de instituciones dispuestas a respaldar formas de producción que no siempre encuentran espacio en los circuitos comerciales.

En ese contexto, Lowder planteó que el panorama puede cambiar según el país y sus decisiones políticas. En Francia, dijo, existe una comunidad interesada en el cine experimental y una red de espacios que permite exhibirlo, aunque su futuro también está sujeto a las discusiones sobre el financiamiento de la cultura.

Por ahora, la realizadora se encuentra pensando en una nueva película, aunque reconoció que todavía no ha avanzado demasiado en el proyecto. En Valdivia, su visita permite acercar al público a una filmografía que ha hecho de la experimentación visual una forma de investigar las posibilidades del cine más allá de sus convenciones habituales.

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