Tiempo Libre
16 de Octubre de 2026El estadounidense que llegó por un intercambio desde Oregón y terminó fundando El Growler, el bar clásico de Valdivia que resucitó desde las cenizas
El emprendedor estadounidense Joel Driver llegó a Valdivia por un intercambio universitario y terminó fundando El Growler, un bar y cervecería que impulsó la cultura de la cerveza artesanal en la ciudad. Tras el incendio que destruyó su local en 2023, mantiene el negocio en una instalación provisoria mientras busca reconstruirlo.
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Joel Driver llegó a Valdivia desde Oregón, en el noroeste de Estados Unidos, para cursar un semestre de intercambio universitario. Lo que comenzó como una estadía temporal terminó convirtiéndose en un proyecto de vida: hace cerca de 14 años fundó El Growler, un bar y cervecería que apostó por ampliar la cultura de la cerveza artesanal en una ciudad donde la oferta todavía se concentraba principalmente en las variedades rubia, roja y negra.
La historia del local también ha estado marcada por los reveses. El 13 de diciembre de 2023, un incendio destruyó sus instalaciones y dejó el negocio con pérdidas totales. Desde entonces, Driver ha mantenido El Growler en funcionamiento en una instalación provisoria, con la expectativa de reconstruir el espacio que durante años albergó su proyecto cervecero.
La llegada de Driver a Chile se gestó comparando destinos. Antes de viajar, revisó distintas alternativas de intercambio universitario y evaluó factores como la duración de los programas, los costos y los lugares que podía conocer. Entre sus opciones estaban República Dominicana y Valdivia.
“Hice como un análisis por los programas que habían, que eran por más tiempo, por menos plata y lugares de interés. Estaba entre República Dominicana o Valdivia, Chile”, recuerda.
A pesar de la lejanía entre su hogar y Valdivia encontró algo en común: el paisaje. “Básicamente, estoy a la misma distancia del Ecuador, pero hacia el otro lado, y en la misma costa pacífica”, explica sobre las similitudes entre ambas regiones.
Oregón, en la costa noroeste de Estados Unidos, comparte con el sur de Chile una geografía marcada por los bosques, los ríos y la costa del Pacífico. Esa semejanza le permitió encontrar cierta familiaridad en un lugar que, en principio, sería solo su destino por un semestre.
Después del intercambio, Driver regresó a Estados Unidos para terminar sus estudios, pero volvió a Chile. Entre 2010 y 2011 comenzó a trabajar por temporadas en Cuello Negro, una de las cervecerías vinculadas al desarrollo de la escena artesanal de Valdivia. Durante ese período alternó temporadas de trabajo en Chile y Estados Unidos, una experiencia que le permitió conocer de cerca dos mercados que comenzaban a explorar nuevas variedades.
Una apuesta por la cultura cervecera
Driver venía de Oregón, una región vinculada a la tradición cervecera artesanal estadounidense y a la expansión de estilos lupulados como los de la costa oeste. En Valdivia encontró una escena que avanzaba en una dirección similar, pero en la que todavía había espacio para experimentar y ampliar la oferta.
“Cuando yo partía acá existía como la típica rubia, roja y negra. Eso es lo que te ofrecían”, recuerda. Para él, esa clasificación no daba cuenta de la diversidad de estilos que podía ofrecer una cerveza.
“Una rubia puede ser una pilsner o puede ser una doble IPA. Hay un abismo de diferencia entre esas dos chelas”, plantea.

La idea de El Growler surgió de esa inquietud. Junto a su entonces socia, Valeria Preller, Driver quiso crear un espacio que no solo vendiera cerveza, sino que también permitiera conocer distintos estilos y acercarse a la cultura que había detrás de su elaboración. El objetivo era ofrecer variedades experimentales y ampliar la experiencia de quienes hasta entonces encontraban una oferta más acotada.
“Queríamos participar, ser parte de un proyecto que fuera proveedor de cerveza y que promoviera la calidad y el conocimiento”, explica sobre los inicios del negocio.
Esa intención quedó reflejada incluso en el logo del local, donde la cultura cervecera aparece como parte de su identidad. Para Driver, no bastaba con producir una buena cerveza: también era necesario que las personas pudieran probarla en condiciones adecuadas.
El proyecto tenía, además, una dimensión práctica. Contar con un local y una pequeña planta de producción permitía controlar el recorrido de la cerveza desde su elaboración hasta el vaso del cliente. La cadena de frío era una preocupación central, especialmente en una época en que la distribución de cerveza artesanal presentaba dificultades.
“La cerveza artesanal debería respetar la cadena de frío. Si empiezas con una cadena de distribución más grande, no puedes asegurar que tu producto esté con cadena de frío todo el tiempo”, señala.
El problema, explica, era que una cerveza podía pasar horas expuesta a temperaturas inadecuadas durante el transporte o el almacenamiento, afectando su calidad. Una mala experiencia podía terminar perjudicando a toda una categoría de productos que todavía intentaba abrirse camino frente a las marcas industriales.
“Si alguien prueba una cerveza artesanal que no tiene cadena de frío, que está toda picada, le da una caña horrible y piensa: “Qué mal producto”. Finalmente, va a decir: ¿Pero qué tanto con las cervezas artesanales?”, plantea.
Por eso, controlar el proceso completo se convirtió en uno de los principios de El Growler. “Siempre pensé en este espacio así, donde finalmente controlamos todos los pasos, desde que se cocina hasta que llega al vaso del cliente, y podemos proveer y controlar esa experiencia”, explica.
Durante años, el local funcionó junto a una pequeña planta de producción que Driver describe como una nanocervecería. Con el tiempo, parte de la elaboración se trasladó a otras instalaciones, pero la idea de cuidar el producto y ofrecer distintas variedades se mantuvo como uno de los ejes del negocio.
El incendio que destruyó todo
La madrugada del 13 de diciembre de 2023, un amigo llamó a Driver para advertirle que el local se estaba incendiando. Según su relato, el fuego se habría originado por una falla eléctrica en un equipo y alcanzó rápidamente la estructura de madera de la antigua casa, construida durante la década de 1960.
Las pérdidas fueron totales.
El incendio obligó a cambiar los planes y buscar una manera de mantener vivo el negocio. En lugar de cerrar definitivamente, Driver habilitó una solución provisoria: una carpa, un food truck y un espacio cervecero que también funciona como cámara de frío. Lo que inicialmente se pensó como una instalación temporal continúa siendo la forma en que El Growler sigue funcionando.
“Decidí avanzar nomás, seguir avanzando”, cuenta sobre la decisión de continuar después de la pérdida.
La reconstrucción, sin embargo, requiere recursos difíciles de reunir después de perder prácticamente toda la infraestructura. Driver explica que levantar nuevamente el negocio solo con el flujo de caja es un proceso complejo, aunque ya existe un diseño y un proyecto para recuperar el espacio.
“La idea es lograr algo un poco más formal también, pero después de una pérdida de esa envergadura es súper difícil”, señala.
Por ahora, la esperanza está puesta en la temporada alta y en el movimiento de clientes que llega a Valdivia durante los meses de mayor actividad. Driver espera que ese período permita avanzar hacia la reconstrucción de un lugar que ha mantenido abierto durante más de una década.
De la cerveza al río: el proyecto Puerto Solar
La historia de Joel Driver en Valdivia no se limita a El Growler. En 2019, junto a su entonces socia, se involucró en un segundo proyecto: Puerto Solar, un espacio gastronómico instalado sobre el río que también forma parte de una iniciativa de transporte fluvial sustentable.
La oportunidad apareció cuando la infraestructura del antiguo Barrio Flotante de Valdivia quedó a la venta. Driver y Preler decidieron apostar por el proyecto a fines de diciembre de 2019, en un contexto marcado por el estallido social y previo a la pandemia. La idea era mantener el vínculo con el río y desarrollar un espacio que combinara gastronomía y transporte fluvial.
«Era un proyecto súper innovador y medio adelantado para su tiempo», recuerda Driver sobre el Barrio Flotante, cuya infraestructura dio origen a esta nueva etapa.
El proyecto llegó a operar durante cuatro años como parte de un servicio de transporte público fluvial eléctrico en coordinación con el Ministerio de Transportes, una experiencia que Driver destaca por su carácter pionero en Chile. Después de un período de pausa para renovar aspectos de la operación, el servicio volvió a funcionar con nuevos participantes y bajo un sistema subsidiado.
Puerto Solar también mantiene su dimensión gastronómica, con cafetería y restaurante. Su carta incluye pizzas, pastas y sándwiches, con una particularidad: no pueden preparar frituras debido al sistema de tratamiento de aguas que funciona en el propio lugar.
Para Driver, el proyecto tiene sentido en una ciudad cuya identidad está estrechamente ligada a sus ríos. “Valdivia también es una ciudad fluvial. Es una de las cosas que hace que sea única”, plantea.
A más de una década de la fundación de El Growler, Driver mantiene dos proyectos que conectan con distintas características de Valdivia: su cultura cervecera y su geografía fluvial. Mientras espera reconstruir el bar que perdió en el incendio, continúa apostando por una ciudad en la que llegó para quedarse por un semestre y donde terminó desarrollando su vida y sus negocios.



