Paty López y su regreso al cine tras 15 años: “Somos un sector siempre empobrecido y el último eslabón de importancia en todos los gobiernos”
Tras 15 años alejada del cine, la actriz regresó a la pantalla grande con "Cocaína Negra", documental de Cristóbal Valenzuela estrenado en FICValdivia. En esta entrevista, repasa su trayectoria, la decisión de dedicarse a la maternidad y sus proyectos culturales en Europa. “Cuando veo elencos enteros en Cannes o en San Sebastián, digo: ¡Qué bueno! Por fin se comprendió la importancia. Porque yo era la que iba sola, con las maletas, dando entrevistas”, afirma, sobre los cambios en la industria.
Por Felipe Betancour 17 de Octubre de 2026
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La primera vez que Patricia López llegó al Festival Internacional de Cine de Valdivia conoció a Sebastián Lelio. La conversación ocurrió en un barco, donde compartieron su interés por Lars von Trier y el movimiento Dogma, además de hablar de “Rompiendo las olas”, la película del director danés.
Ese encuentro, en medio del festival, terminó abriendo una puerta en su carrera: tiempo después, Lelio la invitó a participar en “La sagrada familia”. “Así nos conectamos, hablando de cine en un contexto de festival”, recuerda la actriz, que este año regresó a Valdivia para acompañar el estreno de “Cocaína Negra”.
Con esa anécdota, Patricia López recuerda cómo el FicValdivia se convirtió en un lugar importante para su trayectoria. La actriz, que comenzó su carrera en el cine antes de llegar a la pantalla chica, regresó este año a la capital de Los Ríos con un motivo especial: volver a actuar en una película chilena después de 15 años alejada de las producciones audiovisuales. La elegida fue el documental de Cristóbal Valenzuela que reconstruye la historia del químico de la DINA Eugenio Berríos a partir de audios grabados por él mismo.
En un soleado día en Valdivia, vestida con camisa blanca y lentes oscuros, responde las preguntas de otros medios que cubren el festival. Mientras conversa, un grupo de asistentes se acerca para pedirle una foto y un saludo grabado.
Aunque lleva más de diez años fuera de la televisión, Patricia López sigue presente en la memoria colectiva, gracias a los personajes que interpretó en teleseries como “Aquelarre”, “Amores de mercado” y “El señor de la Querencia”.
Hoy, López mantiene su residencia en Chile, aunque pasa temporadas en Eslovenia, el país de su marido, especialmente durante el verano. Su prioridad es seguir trabajando y desarrollando su carrera en distintos lugares, sin perder el vínculo con el país. “Voy a estar donde esté el trabajo. Tengo un tremendo capital cultural, de relaciones y una trayectoria acá que no voy a dejar”, afirma.
Sus ganas de seguir creciendo también la han llevado a profundizar en la gestión cultural. Acaba de terminar un máster en la Universidad Complutense de Madrid y ha impulsado proyectos autogestionados y colaborativos en Barcelona, donde también ha desarrollado iniciativas artísticas.
El año pasado realizó un homenaje a Pedro Lemebel, que convocó a más de 150 personas, y estrenó “El niño de arena”, de la dramaturga Lucía de la Maza, con funciones en el Museo de la Memoria y una presentación en Barcelona junto a un colectivo chileno. En la obra, además de actuar, estuvo a cargo de la producción y la gestión.
—¿Por qué decidiste volver con “Cocaína negra”?
—Porque siento que es una película súper valiente y necesaria de difundir, y que debe ser vista por la mayor cantidad de personas posible. Me motiva muchísimo ser parte de este proyecto por lo político, por la verdad que levanta en una época de tantos bots, de mafias de bots que tergiversan la verdad, que intervienen en procesos constitucionales y que terminan sacando adelante, con éxito, gobiernos de ultraderecha.
—¿Siempre tuviste esta posición política o es algo que fue creciendo con los años?
—Primero, yo desconocía todo lo que había pasado en el país. Fui educada en un colegio católico hasta octavo básico. Luego me cambié a un colegio laico y ahí empecé a conocer otras realidades, durante la educación media. Me impactó mucho.
—¿En tu casa no se hablaba de eso?
—No. Yo fui muy protegida y cuidada en un entorno mucho más inocente. Cuando vi por primera vez una foto de cadáveres flotando en el Mapocho, en primero medio, no podía creer que fuera cierto. Fue tan impactante.
Después estudié teatro y la justicia siempre ha sido un tema para mí. Yo creo que habría sido muy buena abogada, ponte tú, jueza, fiscal, algo así. Como artistas, a veces nos toca apoyar el lado bonito, poético y hermoso del arte, y otras veces las denuncias, el lado más oscuro, que también es importante.
—Impulsaste también una carrera para entrar a la Asamblea Constituyente
—Sí, invertí mucho tiempo, recursos y energía personal en una candidatura constituyente. Como independiente, me invitó el colectivo Fuerza Cultural. Estuve en la lista del pacto Apruebo Dignidad y mi expertise fueron los derechos culturales. Mi foco era tener injerencia y poder garantizar, si quedaba seleccionada para integrar la Convención, los derechos culturales en la Carta Magna, precisamente para que este tipo de cosas, como los recortes en cultura, no sucedieran.
—¿Has escuchado las entrevistas del ministro Francisco Undurraga últimamente, sus declaraciones sobre los recortes?
—¿Te puedo decir algo bien honestamente? Yo no pierdo el tiempo en eso.
—¿En qué específicamente?
—A ver, conocemos a esta clase política, a la ultraderecha, al capitalismo. Conocemos sus objetivos. No vamos a hablar de eso: dividirnos, separarnos, precarizarnos, quitar cultura, quitar educación, quitarles acceso a las personas.
Sabemos que es parte de esa ideología, es una estrategia política. No caigamos en esa estrategia, no perdamos el tiempo analizando el absurdo. Es absurdo analizar esas entrevistas, es absurdo detenerse en esa narrativa. Son estrategias que nos hacen perder el tiempo.
—¿Y qué hay que hacer?
—Lo que hay que hacer es lo que hemos estado haciendo y lo que demuestra este festival: seguir construyendo redes, seguir trabajando en el día a día, seguir enfocándonos en la colaboración, en las alianzas internacionales con países a los que les importa el desarrollo cultural, la libertad de expresión y el bienestar social. Y seguir trabajando como siempre lo hemos hecho. Somos un sector siempre empobrecido, siempre precarizado, el último eslabón de importancia en todos los gobiernos. Entonces, no asustarse.
“No hay que perder energía en la pelea, sino seguir haciendo, con mucho más poder y mucha más convicción, porque al final es una estrategia súper tonta de esta clase política. Es tonta porque creen que nos van a quitar poder o energía quitándonos dinero. Yo siento que la discusión no va por ahí”.

—Es imposible que los centros culturales y los centros de memoria no tengan que sentarse en algún momento con un seremi, porque necesitan esa plata.
—De acuerdo. La necesitan. Pero ojo con el desgaste, que es parte de la estrategia. No hay que desgastarse. Hay que seguir pensando en el futuro, estableciendo puentes, pensando en la industria creativa y en la sustentabilidad. Pongo como ejemplo este festival, que logró una sustentabilidad y sigue creciendo, sin depender completamente del Estado. Yo sigo pensando que el Estado debe garantizar el acceso, el desarrollo y todo lo que abordan los derechos culturales, porque son derechos humanos.
—¿Cuáles son los temas que te importan hoy en día?
—La verdad, la verdad, la verdad y la justicia, con el fin de construir un mundo más equilibrado, un mundo más pacífico. Yo ya me desgasté como joven, como artista, como actriz y como creadora, visibilizando cosas. Lo seguiré haciendo, pero tengo fe en un futuro más digno. Yo creo que va a venir, sí, va a venir.
***
Aunque el público la recuerda en sus inicios principalmente por sus papeles en teleseries de TVN, Patricia López comenzó su trayectoria en el cine. Su primera película fue “Buen José”, una producción de un colectivo japonés que la llevó hasta el norte de Chile y cuya filmación estuvo marcada por una insólita confusión: cuando el elenco se disponía a embarcar, una de las madres de las actrices interpuso una prohibición porque sospechaba que podía tratarse de un caso de trata de personas.
Finalmente, todo se aclaró y pudieron viajar. Después vendrían películas como “El desquite”, “La fiebre del loco”, “Sangre eterna “y “La sagrada familia”, mientras su carrera también comenzaba a tomar fuerza en la televisión.
—¿Era necesario hacer televisión en esa época para poder hacer teatro y cine?
—Más que necesario, me encantaba. Era un lugar de mucho desarrollo profesional y aprendizaje. Recuerda que los actores y las actrices de teleseries de esa época también eran actores y actrices de teatro y cine. Yo aprendí mucho trabajando con grandes maestros como Marcelo Romo, Gaby Hernández, Gloria Münchmeyer… No quiero dejar a nadie afuera. Anita Reeves fue una escuela de actuación para mí. La televisión fue una escuela de actuación.
“Además, por supuesto, me daba el bienestar económico para hacer mis propias obras. Yo siempre he puesto mi aporte propio en mis formas de colaboración, en mi manera de hacer cultura. Gracias también a mis honorarios como actriz de televisión pude acompañar a “El desquite” al Festival de Cine de San Sebastián; a “La fiebre del loco”, al Festival de Cine de Valdivia; a “La sagrada familia” a Tribeca, y a “Sangre eterna” al LA Screen Fest, en Los Ángeles”.
—Estando fuera de la industria audiovisual ¿Te genera nostalgia esa época? ¿Cómo miras hacia atrás esos años en que estabas en películas y teleseries y viajabas a festivales?
—Sentí mucha nostalgia, pero estaba viviendo una maternidad que yo elegí, una maternidad tardía, con un acompañamiento y unos cuidados de mi guagua súper personalizados. Yo lo cuidé durante cuatro años. Era una nostalgia que estaba ahí, pero también había mucha alegría de ver cómo crecía mi hijo y cómo crecía la industria cinematográfica. Lo he estado mirando y apoyando desde ahí.
Cuando veo elencos enteros en Cannes o en San Sebastián, digo: ¡Qué bueno! Por fin se comprendió la importancia. Porque yo era la que iba sola, con las maletas, dando entrevistas y mostrando las películas. Muchas veces ya no estaban ni el director ni el productor.
—¿Cómo ves el momento actual de la industria?
—Me encanta ver lo que está pasando. Ahora que vuelvo, digo: “Este es mi momento”. Cada cosa tiene su momento. Han emergido nuevos talentos, nuevas actrices, nuevos directores y nuevas maneras de coproducir. Me encanta ver lo que está pasando en la industria audiovisual, a pesar de estos terremotos presupuestarios. Tengo completa fe en que nos vamos a seguir transformando, porque el trabajo en cultura y arte es eso: adaptación, resiliencia y tejer redes.
—¿Por qué?
—Porque hacemos nuestro trabajo con amor, y el amor es indestructible. Esta clase política desconoce el amor. Habla desde otro lugar, desde la ambición, el aprovisionamiento, el poder, la ambición de poder y la ambición económica. Para mí, esos son los ejes que mueven el capitalismo y la ultraderecha.
—Hablabas antes de tu decisión de vivir una maternidad tardía y de cuidar a tu hijo durante cuatro años. ¿Por qué decidiste estar tan presente durante esos cuatro años y, por ende, dejar algunos proyectos de lado?
—Yo postergué mi maternidad por mi trabajo como actriz. Nunca se me pasó por la cabeza y no quise ser mamá durante mucho tiempo, porque empecé a trabajar antes de egresar. Hice El desquite antes de terminar la carrera. Entré en la industria y en el circuito teatral, televisivo y cinematográfico, desarrollando las tres disciplinas en paralelo durante muchos años. Nunca me interesó cortar esa fluidez.
—¿Cuándo te diste cuenta de que si querías ser madre?
—Se despertó mi instinto maternal, a los 33 años, me di cuenta de que ya no era tan fácil ser mamá. Viví todo un problema a partir de un diagnóstico de infertilidad. Me carga ocupar la palabra infertilidad, porque siento que es muy categórica, como si implicara la imposibilidad de embarazarse. Aunque médicamente es infertilidad, a mí me dolía mucho decir soy infértil. Me negaba a aceptarlo.
Viví una lucha por la infertilidad durante muchos años: siete tratamientos de fertilidad, mucho dolor, mucha tristeza y una desolación a niveles muy profundos. Entonces, cuando logré quedar embarazada y tener a mi hijo a los 45 años, fue lo más importante.
—Fueron varios años de lucha o de intentos por revertir lo que te habían dicho
—Todo nace de mi ignorancia y de la total escasez de educación reproductiva que tuve en mi colegio de monjas. Yo no sabía que el cuerpo tenía un reloj biológico. De verdad, es vergonzosa mi ignorancia, aunque sé que muchas mujeres la comparten.
Después empecé a hacer conversatorios en redes sociales con una clínica de fertilidad y, al ver el nivel de desconocimiento, me di cuenta de que no estaba sola. Hay toda una generación marcada por el oscurantismo reproductivo. Fue muy duro aprender en el camino, enfrentarme a la desinformación y a la ignorancia. Porque no por sentirte joven y llena de energía eres fértil. Hay un reloj biológico, tic, tac, tic, tac, que a mí se me pasó trabajando.

La maternidad
La maternidad marcó un giro en la vida de Patricia López, quien decidió vivir esa etapa de manera íntima junto a su hijo Río en Eslovenia. Aunque las barreras del idioma dificultaron su regreso a la actuación, encontró en la música una forma de seguir contando historias. Así nació Música de mujeres, su primer proyecto como solista, una investigación dedicada a compositoras invisibilizadas cuyas obras muchas veces terminaron atribuidas a otros autores. Con un repertorio de creadoras chilenas, colombianas, mexicanas y cubanas, ha realizado conciertos en Eslovenia y Austria, además de presentaciones de folclore en Madrid y Barcelona.
Vivir en Eslovenia también le ha permitido conocer de cerca un modelo de Estado que, a su juicio, pone el bienestar de las personas en el centro. Destaca la seguridad y el acceso a la educación y la salud, y lo compara con las demandas que marcaron el despertar social en Chile. Ahora busca seguir construyendo puentes entre ambas culturas y trabajar donde encuentre mejores oportunidades para ella y su hijo. Sin embargo, también siente la necesidad de recuperar su espacio. “Siento que necesito volver a mi lugar de intérprete como actriz y también a un lugar más de autora”, afirma.
—¿Qué te gustaría hacer?
—Lo que estoy haciendo ahora: acompañar esta película, que me parece una masterpiece del documental, un documental más político y denunciante. Estoy viviendo un sueño.
—Antes te mencionaba el streaming, la expansión de las plataformas y cómo ahora los elencos viajan y participan en grandes producciones. ¿También te gustaría estar ahí, hipotéticamente?
—Yo quiero estar acá.
—¿En Valdivia?
—Para mí, este festival, estar aquí ahora y volver por tercera vez después de 15 años sin hacer cine tiene un significado muy importante. Por el momento, para mí, mis orígenes y mis raíces chilenas están siendo mucho más importantes que el estreno en un festival internacional.
—Me decías que ahora tienes un equipo de prensa y estás más acompañada en este regreso. ¿Tiene que ver con la necesidad de rodearte gente que pueda ayudarte a comunicar intentar volver?
—No estoy intentando volver: volví. Estoy acá, ya volví a la industria y volví a actuar.



