Opinión
18 de Octubre de 2026
Perfil de Kike Mujica: Bachelet, ¿qué se trae entre manos?
Por Kike Mujica
Anunció candidatura presidencial 37 meses antes -algo inédito- de la próxima elección. Pactó con Boric: hoy -y hasta nuevo aviso- son siameses políticos. La falta de liderazgo y de proyecto en las izquierdas la habría empujado a remover el tablero. ¿Cuál es el plan?
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Rebufo. Ese término, a modo de metáfora, utilizó —en radio 13C— Eolo Díaz-Tendero —director ejecutivo de Horizonte Ciudadano, el think tank de Michelle Bachelet— a la hora de explicar —o tratar de explicar— por qué la exmandataria se lanzó la semana pasada en una carrera presidencial a 37 meses —algo inédito— de la próxima elección.
Lo anunció en una entrevista a la académica Paulina Astroza en TVU, el canal de la Universidad de Concepción.
Rebufo es un término que se utiliza en la Fórmula Uno. Es cuando el auto del piloto de una escudería se instala adelante del coche de su compañero para facilitarle la carrera.
Los expertos —los de la F-1, no los políticos— explican:
“El rebufo reduce la resistencia del aire para el segundo automóvil, que aprovecha la estela del primero. Dos pilotos de la misma escudería pueden utilizar el rebufo de manera coordinada para beneficiarse mutuamente”.
“Ir delante no es solo pérdida: el piloto que va adelante también tiene ventajas: lleva la iniciativa, y puede elegir su trayectoria”.
“Por eso, aunque el segundo aproveche el rebufo en una recta, no significa que vaya a ganar la carrera”.
“Es una estrategia que se utiliza especialmente durante las clasificaciones, cuando los pilotos buscan conseguir el mejor tiempo por vuelta. Pero en la carrera misma es más complicado porque ambos compiten por posiciones y puntos. Si uno está luchando por el campeonato mundial y el otro no, la escudería puede pedirle al segundo que ayude al primero”.
Léase en clave política. Clarito, ¿no?

Primis inter pares
Le pregunté a Díaz-Tendero si en la alegoría los pilotos eran Bachelet y Boric.
“Bachelet o el que venga”, me respondió.
Esta semana, en una craneada puesta en escena, Bachelet recibió en su casa política —su fundación, que será el epicentro de la unidad de las izquierdas— a los presidentes de los partidos de oposición.
Acompañada de Boric.
La fotografía para la posteridad será Bachelet y Boric en la cabecera de una mesa estrecha. Codo contra codo. No primus inter pares —primero entre iguales— sino primi inter pares —primeros entre iguales—.
“Fue todo un gesto. El mensaje es ‘no estoy aquí para tapar otros liderazgos’. Tanto ella como el presidente Boric se pusieron a la altura de estadistas, no de comentaristas de la coyuntura”, dice Díaz-Tendero.
“Yo invité al presidente Boric porque la idea era dos expresidentes, que han tenido una mirada de Estado, que puedan conversar con los partidos políticos para mirar de qué manera nosotros podemos contribuir a buscar soluciones para los problemas que la gente está atendiendo y teniendo hoy”, dijo Bachelet, en un punto de prensa, a la salida de la reunión.
Subrayo: habló de “nosotros podemos”. Se sabe que Boric y Bachelet tienen una relación estrecha, de confianza. Cercanos a Bachelet me dicen que antes de la entrevista famosa, ella le adelantó a Boric lo que diría.
Agregó, contradicción del porte de una catedral, que “claramente este no es momento de hablar de candidaturas de ningún tipo. Este es el momento de pensar en la gente y en lo mal que lo está pasando, así que ni siquiera fue un tema de la conversación”, subrayó.
Si ella no se hubiera lanzado en campaña —contra todo pronóstico— claro que no sería tema. Pero, el 7 de octubre, Bachelet abrió, una vez más, la puerta —la suya— de una opción presidencial.
Eso le preguntaron los periodistas: por el “yo creo que sí”. Algunos han sugerido que se enredó con el trabalenguas de “no hay segunda sin tercera”. Pero si fuese así, bastaba con desmentirlo a los 10 minutos.
“Yo también añadí que mi tarea fundamental iba a ser contribuir, apoyar. La verdad, como le digo, no es un tema que hayamos tocado ni yo ni el presidente Boric porque nosotros no estamos de candidatos”, explicó.
No será la primera vez que el “Modo Bachelet” —sí pero no; no pero sí— obliga a la exégesis.
Entre las teorías especulativas, esbozadas en privado y en público, se deslizó una vuelta de mano del veto de Kast a su candidatura. “La derecha tiembla cuando Bachelet aparece”, me dijeron en el PS.
El diagnóstico
“Las palabras de la presidenta van más allá de una posible candidatura presidencial. El mensaje político es ‘aquí estoy’ y ‘aquí estaré’. La prioridad ante todo es unir al sector que va desde la DC hasta el PC. Si eso deriva en una candidatura de ella o de otra persona, ahí se verá”, dice Díaz-Tendero.
Obviemos —por ahora y aunque cueste— si lo de Bachelet termina con su nombre en la papeleta en 2029.
¿Cuál es el diagnóstico?
Bachelet y su equipo creen que hay vacíos de liderazgo en la oposición y, sobre todo, la ausencia de una propuesta común que parta analizando el porqué de las últimas dos grandes derrotas —el primer proceso constituyente y la última elección presidencial— y luego derive en un proyecto que permita retornar a La Moneda.
“Los partidos no han sido capaces de definir cómo ser oposición —en lo inmediato— y también de cómo ser un proyecto para el futuro”, me dice un cercano a Bachelet.
En Chile, la izquierda ha mirado con desdén —y hasta menosprecio— al electorado que sigue a Kaiser y Parisi. Los fachitos pobres. Los desclasados. La clase media aspiracional que solo quiere consumir.
“La derecha ha leído eso mejor que nosotros”, señala un bacheletista.
Ahora —me lo han dicho desde el frenteamplismo al PS— es urgente salir a reconquistar esos votos. Si no, no hay mayoría posible. No hay La Moneda en perspectiva. “No podemos esperar que nos apoyen los mismos de siempre”, dicen.
La fundación de Bachelet ha realizado encuestas y estudios para dilucidar quiénes votan por quién y por qué, más allá de los clivajes políticos tradicionales.
“Nos apareció fuertemente cómo la ciudadanía vive en torno de su trabajo, cómo ese trabajo se instala en el eje conductor de la identidad. Parisi ha logrado, nos dicen los estudios, sintonizar con esto. Interpreta a la persona que piensa ‘yo me las pelo y nadie me ayuda en este cuento’. Entonces él les dice ‘yo te ayudo… Pañales y medicamentos a menor precio’. Súper concreto. ¿Puede ser liviano o populista? Sí. Pero es. El desafío de la izquierda es hacerse cargo de esto y proponerle algo a la ciudadanía que les haga sentido”, dice Díaz-Tendero.
En esta lógica, el mundo obrero del siglo XX —electorado de izquierdas— ha mutado a trabajadores Uber, emprendedores informales, pequeños empresarios, cesantes ilustrados. La izquierda necesita conectarse con esos mundos. “Ese trabajador, cansado y agobiado, sobrevive en espacios propios, individuales, no colectivos. No mira las estructuras para cambiarla: mira su propio entorno para cómo sobrevivir”, argumenta Díaz-Tendero.
“No está el tiempo para debates sobre la superación del capitalismo”, me agregan desde el bacheletismo.
“Falta conexión. De eso se habló mucho en la reunión. Volver a conectarse con el Chile actual, con los votantes que no habían participado antes —por el voto voluntario— y que ahora votan derecha”, me dice un asistente al cónclave de esta semana.
El plan
El 15 de noviembre sería la próxima reunión. Quizá en la sede del think tank de Boric —lo bautizaron como Vientosurgentes— en avenida Bellavista. Para no perder el hilo. “Si no logramos fecundar esta idea, ponemos en riesgo el capital político de dos potenciales candidatos: Bachelet y Boric. Si ocurre eso, Parisi o Kaiser será el próximo presidente”, me dice uno en el PS.
Por lo pronto, en la reunión se conversó de afianzar la colaboración en red de los centros de estudios de la izquierda. Eso en lo conceptual. En lo territorial, volver a “las prácticas de la vieja izquierda”: la calle.
El plan incluye sumar a los movimientos sociales a la tarea de formular una propuesta nueva. Partirán con la CUT, algo que desde fuera se ve como muy poco novedoso. Este lunes, con Bachelet presente, firmarán un acuerdo de colaboración.
La otra línea de acción tiene que ver con una corriente que se quiere tomar “el ideario progresista”: el municipalismo o alcaldismo. Bachelet está dando sede a un mundo que trasciende a los partidos políticos. Claudio Castro, Tomás Vodanovic —presidenciable también—, Karina Delfino, Carla Altmann, Macarena Ripamonti, entre otros, son una especie de bancada transversal que la expresidenta mira con buenos ojos. Por la gestión y la renovación. “Le quieren quitar a la derecha el supuesto monopolio de la buena gestión”, me dicen.
Hace poco Anne Hidalgo, socialista y alcaldesa de París entre el 2014 y 2026, tuvo un encuentro en la Fundación con alcaldes del progresismo. “Se dio una conversación muy potente de cómo reconstruir un proyecto progresista a partir de la gestión territorial”, dice Díaz-Tendero.
El objetivo es constituir una red orgánica de ediles, para socializar sus experiencias y prestarles asesoría en los temas de gestión.
“El partido de los alcaldes”, le dicen.
Dudas
—¿Bachelet hoy es más Bachelet 1.0 o más Bachelet 2.0?
“Ni una de las dos. Es Bachelet 3.0”, me dicen.
—¿Cuál es el fin último de una Bachelet 3.0?
—Proteger la democracia ante los embates de la ultraderecha.
Cómo terminará todo esto, nadie sabe. Ni Bachelet. La idea de ser la pilota uno que le abre camino al segundo suena bien. Pero ¿qué pasa si Bachelet marca primero en las encuestas dentro de los presidenciales de izquierda y su rival de enfrente, Parisi o Kaiser, se la pelea punto a punto? ¿Será capaz de decir que no?
El deber obliga, dirán.
Un deber, un karma, que se autoimpuso, otra vez, el 7 de octubre del 2026.
Final
Abril del 2026. Entrevisté para el podcast que hago en este medio —Entender es Todo— a Carolina Tohá.
Le pregunté por el futuro del progresismo, tras perder, por goleada, la elección presidencial.
La cito:
“Hay una cosa bien interesante que debemos pensar ahora que estaremos tres años sin elecciones. Ser oposición es ser la contraparte del gobierno, pero también es prepararte para ser alternativa, para tener tu propia propuesta, para ofrecerle al país algo atractivo para la próxima elección y lograr ganar… Ese trabajo hay que hacerlo esta vez. Otras veces no se hizo porque siempre se apostó, siempre estuvo la idea de que volvería la presidenta Bachelet… entonces ¿para qué esforzarse si va a volver la presidenta Bachelet?”



