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22 de Octubre de 2026

Coco Oderigo, el abogado que llevó el rugby a las cárceles y bajó el índice de reincidencia: “Hay que sacarles la violencia y el resentimiento para que florezca algo que ni ellos conocían que tenían”

El argentino que fundó Espartanos, una iniciativa que busca transformar la vida de personas privadas de libertad a través del deporte, llegará a Chile el 26 de octubre para participar en una charla organizada por la Fundación Lo Que De Verdad Importa. En conversación con The Clinic, recuerda cómo una visita inesperada a una cárcel cambió su vida.

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Eduardo “Coco” Oderigo llevaba 15 años trabajando en el Poder Judicial argentino cuando un amigo, con quien jugaba rugby, comenzó a insistirle en que lo llevara a conocer una cárcel. Oderigo en ese entonces trabajaba en un juzgado penal y nunca había entrado a un centro penitenciario. Su amigo, en cambio, era fanático de las historias policiales, surgiendo de ahí su curiosidad por el lugar.

Tras negarse en reiteradas ocasiones, terminó aceptando principalmente para que dejara de insistirle. Sin saberlo, esa visita terminaría cambiando su vida.

En el recinto algunos internos los miraban con desconfianza, como cuestionando qué hacían ahí dos desconocidos que habían llegado únicamente a observarlos. Tras la visita, Oderigo se fue con una inquietud: había que hacer algo más por quienes estaban ahí dentro.

Su segunda visita a la cárcel fue con una propuesta: quería enseñarles a jugar rugby, un deporte que había practicado desde los nueve hasta los 35 años. Así fue como en marzo de 2009, junto a otro amigo, realizó el primer entrenamiento.

Lo que comenzó como una actividad de una hora semanal, los martes entre las nueve y las diez de la mañana, terminó convirtiéndose en Espartanos, una iniciativa que lleva 17 años trabajando en la reinserción social.

Con el tiempo, el proyecto comenzó a expandirse a otras cárceles y países, y el rugby dejó de ser su única herramienta. Hoy, la Fundación Espartanos trabaja sobre cuatro pilares: el deporte, la espiritualidad, la educación y la inserción laboral. Según las cifras entregadas por Oderigo, más de 100 empresas colaboran ofreciendo oportunidades de trabajo a personas que estuvieron privadas de libertad. Además, asegura que la reincidencia entre quienes participan del programa equivale a un 5%, mientras que el índice de reincidencia sin el programa es de un 65%.

A sus 17 años de haber comenzado esta labor, Oderigo continúa asistiendo a los entrenamientos de los martes. El próximo 26 de octubre llegará a Chile para compartir su historia en una charla organizada por la Fundación Lo Que De Verdad Importa, organización que este año cumple dos décadas de trayectoria internacional y cuatro años de presencia en nuestro país. 

En conversación con The Clinic, el abogado reflexiona cómo una pasión personal puede terminar transformando la vida de otros.

—¿Cómo crees que cambió tu vida desde que comenzaste con Espartanos?

—A mí particularmente me hizo bajar los prejuicios. No estar tan pendiente de que, si alguien se equivocó, marcárselo. Es como ir por otro camino. El perdón sale más fácil ahora que antes.

—En una charla TED dijiste que quienes participan del programa no son costureros, sino escultores. ¿Qué significa esa comparación?

—No es que nosotros vamos a coserlos. Ya son valiosos. Esto no lo inventé yo, lo dijo Miguel Ángel a la hora de hacer una escultura. Él decía que la escultura ya estaba hecha, que lo que había hecho era sacar lo que sobraba.

En este caso es sacar lo que les sobra, porque valiosos somos todos. Sacarle la violencia, sacarle esa cara que tiene, ese resentimiento, sacar, sacar, sacar para que florezca algo que ni ellos conocían que tenían.

—¿Qué crees que entrega el rugby que no entregan otras disciplinas o actividades?

—Cuando llevas un deporte de conjunto, empiezan a necesitarse. Necesitan al alto que agarra la pelota de arriba, al más pequeño que hace un buen pase y al rápido que va a entrar. Todos se empiezan a necesitar. Entonces ya me interesa cómo te llamas, me interesa que no te drogues, porque si te drogas y no vienes a jugar, el equipo te necesita.

Y lo que tiene el rugby en particular es el tackle. Viene alguien corriendo y vos puedes derribarlo dentro de las reglas. Es decir, pueden ser agresivos, entre comillas, pero con reglas. Es muy difícil que una persona que vivió violencia desde que nació cambie su manera de pensar de un día para otro.

—En tu historia hay algo que puede resonar especialmente entre los jóvenes: la búsqueda de un trabajo que permita vivir, pero que al mismo tiempo tenga un propósito. ¿Qué consejo les darías a quienes están en esa etapa?

—Que se enfoquen en su propósito, en lo que les gusta hacer, a pesar de que les digan que no. Hay una frase muy linda: “¿Por qué lo deseas tanto? Porque me dijeron que no lo lograría”.

Cuando empecé, nadie podía pensar en hacer algo dentro de una cárcel, mucho menos una fundación que destinara recursos a personas presas. Te decían que mejor pusieras la plata en otro lado, que esa gente no cambiaba.

Pero cuando haces algo bueno, con pasión y perseverancia, a la larga vuelve. Te caes y te levantas, te caes y te levantas, hasta que un día lo logras. Y muchos de los que antes te decían que no era por ahí, después terminan preguntándote cómo pueden ayudarte.

También aprendí que hay que salir de la zona de confort, pero no de la zona fuerte. Mi zona fuerte es el rugby, la de otra persona puede ser tocar la guitarra, enseñar o hacer yoga. Cuando llevas algo que realmente te apasiona para ayudar a otros, no te cansas de hacerlo. Yo llevo 17 años yendo todos los martes a la cárcel y no me cansa, porque es algo que me gusta.




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