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Marco Enríquez-Ominami

Política

22 de Octubre de 2026

Marco Enríquez-Ominami: “Si yo pongo una urna en Chile hoy, José Antonio Kast vuelve a ganar la elección”

Este jueves Marco Enríquez-Ominami presenta "Espejo para príncipes", un libro que escribió con Daniel Flores sobre comunicación política que será comentado por Daniel Mansuy, Patricio Navia y el excandidato presidencial peruano Roberto Sánchez. En conversación con The Clinic, el excandidato presidencial analiza las continuas derrotas de la izquierda, cuestiona a quienes no participaron de la elección de 2025 —entre ellos, Michelle Bachelet— y descarta, por ahora, una sexta candidatura a La Moneda.

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Hay un momento de la entrevista en que Marco Enríquez-Ominami no solo está hablando de comunicación política, sino que también poner en práctica sus propias enseñanzas. Lleva varios minutos explicando por qué la izquierda ha perdido terreno frente a la derecha, cuestionando sus errores y advirtiendo las dificultades que enfrentará el progresismo en los próximos años. Entonces se detiene.

“Es más, ¿quieres un titular? Te voy a dar uno, si te parece. A ver si te sirve, creo que puede ser interesante”, dice.

Y dice su frase: “Si yo pongo una urna en Chile hoy, José Antonio Kast vuelve a ganar la elección”.

La escena ocurre en el estudio de The Clinic, donde el cinco veces candidato presidencial llegó para hablar de “Espejo para príncipes: una guía de comunicación política para asesores, candidatos y votantes”, su nuevo libro, escrito junto al antropólogo Daniel Flores Cáceres.

La obra tiene 164 páginas y aborda la construcción de los liderazgos, el papel de los asesores, las emociones y las narrativas electorales. También explora cómo las redes sociales y los algoritmos han transformado la disputa por el poder.

El libro será presentado hoy jueves 22 de octubre, a las 18:30 horas, en la Librería del Fondo Gonzalo Rojas, ubicada en Paseo Bulnes 152, en el centro de Santiago. Entre los invitados estarán dos intelectuales vinculados a la derecha: el analista político Patricio Navia y el académico Daniel Mansuy. También participará Roberto Sánchez, excandidato presidencial peruano. La conversación será moderada por la diputada Consuelo Veloso.

En la entrevista, Enríquez-Ominami utiliza su propia trayectoria electoral para explicar las tesis del libro. Recuerda sus derrotas, sus experiencias como asesor y una lecciones que ha venido aprendiendo desde que era un niño exiliado, o cuando estudió en la Universidad de Chile, o durante la campaña de Ricardo Lagos en 1999.

—Me interesa cómo viene este libro y esta suerte de manual de candidatos, viniendo de una persona que tiene esta figura del candidato hace tanto tiempo.

—Yo estoy convencido de que las imágenes son algo que uno consume de manera insaciable. Y desde muy joven tuve una gran relación con las comunicaciones, por historia. Mi madre era directora de televisión. Y, al mismo tiempo, estoy convencido de que la comunicación, la percepción, funda a la humanidad. Vale decir, que el ser se construye en la percepción.

Entonces escribí un libro con Daniel Flores, que es un antropólogo y gran amigo que escribe muy bien. Están las ideas mías, las de él y lo que en terreno yo hice, que fue ayudar a mucha gente. Un dato estadístico: tres mil candidatos a concejales, cientos de candidatos a alcalde, las campañas presidenciales que yo encabecé, las que ayudé de otros gobernadores, rectores, diputados, senadores, etcétera.

Es un libro que es un manual. Se llama “Espejo para príncipes” porque se refiere a que en el Medioevo se preparaban los líderes, se hacían manuales. Los grandes filósofos preparaban líderes. Piensen en Alejandro Magno con Aristóteles. Hicimos este libro, que es un manual de bolsillo, pensado para leerlo en el bus, en el avión, en el tren, hecho para leerlo rápido y es un manual para candidatos asesores y también para quien quiera en una empresa comunicar mejor dentro de su trabajo.

—Tuvimos acceso a uno de los capítulos del libro en el que parece verse más la figura del asesor. Pero tú también fuiste candidato. Entonces, ¿cuánto de tu experiencia de derrota en las presidenciales está en el libro?

—El encanto del libro es que tanto Daniel como yo, de algún modo, sobre todo yo, hemos estado de los dos lados del espejo. Yo he sido candidato y he sido compañero, adherente y asesor de otros candidatos, colaborador, etcétera.

Y también están mis experiencias, mis derrotas, mis triunfos, mis aciertos, mis enormes errores. Y lo transformé en una guía de comunicación, un manual. A mí no me gusta ninguno de los términos. Tampoco es un ensayo. Pero es una reflexión también desde la filosofía, el cine, que son las cosas que a mí me conmueven, y la antropología de parte de Daniel.

Es un libro, a mi juicio, sofisticado sobre la comunicación, que te explica básicamente una idea: que uno adhiere a lo que conoce y conoce lo que se repite. Eso que suena obvio no es tan evidente para mucha gente en la vida: la repetición es la base de la adhesión.

Yo me acuerdo de una anécdota que está contada en el libro. Era parte del equipo publicista de Ricardo Lagos, candidato a presidente en 1999. Había ganado la primaria y yo había sido un jugador importante en la comunicación de esa estrategia de la primaria contra Andrés Zaldívar.

En ese contexto aparece Joaquín Lavín. Y en el equipo nuestro había una especie de desprecio por Joaquín Lavín. El chiste era: qué tonto, siempre repite lo mismo.

Ganamos por un voto por mesa en primera vuelta. Joaquín Lavín decía: “¡Viva el cambio!”. ¿Pero cuál es su política en materia de deporte? “¡Viva el cambio!”. ¿Cuál es su propuesta en materia de economía? “¡Viva el cambio!”. Y Ricardo Lagos era un tipo complejo. Entonces nos terminó empatando porque la gente entendió el mensaje.

—Pero ese diagnóstico parece repetirse en la izquierda, como este menosprecio hacia figuras de derecha. Yo recuerdo que con Kast pasó lo mismo y él replicó una idea: la seguridad. Terminó ganando. ¿Cómo ves ese proceso respecto de la misma izquierda en Chile?

—Es muy buena tu observación. Lo que pasa es que Roosevelt, Andrés Manuel López Obrador, Kast o Trump hicieron algo que en comunicación política es fundamental: una imagen.

Cuando habló de seguridad, José Antonio Kast, y lo digo con mucho respeto porque es un ganador indiscutible, legítimo, no tenía nada en seguridad, pero tuvo una idea, una imagen: una zanja. Trump, un muro. Andrés Manuel López Obrador, un Tren Maya. Roosevelt, el New Deal.

Hay imágenes en tu cabeza que comunican todo y que simplifican y son atajos. A veces son reales, tienen anclaje; otros son completamente mentiras, son vacíos.

Creo que nosotros, en el mundo de la izquierda, estamos padeciendo muchas dificultades. Pero no es que la derecha sea mejor que nosotros: nosotros estamos muy mal, que es completamente distinto.

Estamos mal porque creo que no logramos aceptar la simplificación(…) La vida es compleja. Cuando la derecha habla de seguridad hace un atajo, dice “mano dura”. Y nosotros decimos: mire, en seguridad, permítame, la prevención, la punición, la rehabilitación y la reinserción. Ya te desconectaste. El otro te dice: no, yo hago un hoyo. El otro dice: hago una megacárcel, dice Bukele. El otro dice: hago un muro.

“Se fueron al chancho”

—Creo que la izquierda no supo interpretar de la forma en que lo hizo José Antonio Kast(…)Creo que lo hizo con un lenguaje más cercano. No sé si coincides con eso.

—Me permito una visión distinta. No es que lo hagan bien, es que lo hacemos muy mal nosotros.

Recuerda: hubo cinco plebiscitos, dos asambleas constituyentes, que en Chile en 200 años no había habido ninguna. La izquierda tuvo dos tercios, no 51%, dos tercios. Quince de dieciséis gobernadores. Todas las capitales de alcaldes, salvo Punta Arenas, de izquierda. Mayoría en concejales.

—Estaba tirado el chancho…

—Sí, pero se fueron al chancho. Se le soltaron las cadenas y dijeron: hagamos lo que nos dé la gana. Y hablaron en lenguaje inclusivo el día uno. Acuérdate de que era el primer discurso de asamblea: eran todes, todas, era todo el día. Cuando el tema de las AFP, del abuso, del desempleo eran los verdaderos cimientos sobre los cuales marchó la gente en 2019, fue la furia y la voz y las AFP. De eso no se habló.

Entonces, creo que estamos en el desierto, y que hace mucho frío en este minuto para la izquierda, va a seguir haciendo frío. Porque hay un elemento de manipulación, hay un elemento de talento para simplificar.

Y efectivamente, hace once meses la elección presidencial se dio sobre seguridad, acuérdate, y no sobre economía. Y hoy día, ¿cuál es el gran tema de Chile? La economía.

La crítica a Bachelet de Marco Enríquez-Ominami: “¿Por qué no fue candidata el 2025?”

—Desde la perspectiva de tu libro, y analizando las estrategias para ser un buen candidato más que un candidato ganador, ¿cómo analizas el anuncio de Bachelet?

—A mí me pasa lo siguiente: creo que ella, sin duda, es parte de la historia de Chile. Está inscrita en la historia de Chile, por muchos méritos.

Y al lado de eso también me pasa que, visto el problema que estamos enfrentando, sistemáticamente se pierden todos los proyectos políticos progresistas. Todos, todos. Los retrocesos de América Latina son brutales: Bolivia, Ecuador, Chile, Paraguay, Argentina.

Yo diría más bien que lo que hay que contribuir hoy día, más que hablar de proyectos de aspiraciones presidenciales… ¿Por qué anunciaron una candidatura ahora? ¿Por qué no fue candidata el 2025? El peor momento de la centroizquierda en su historia ocurrió el año pasado.

Y habría sido interesante contar con todas las manos no alcanzadas. Claramente yo no fui suficiente, pero tampoco la candidata oficialista fue suficiente. Fue el peor momento nuestro.

Y yo echo de menos gente, y tengo una cierta crítica a la gente que se restó del proceso anterior, porque era la batalla más difícil. La batalla que había que estar era la vez pasada. Era la peor de todas.

—¿Extrañaste ese arrojo de Michelle Bachelet?

—De mucha gente. Creo que mucha gente dio por perdida la elección y no quiso dar la pelea. Mucha gente dijo: bueno, ya da un poco todo lo mismo.

—¿Y no crees que tiene que ver con su carrera en la ONU, quizás, esa decisión?

—Bueno, pero sigue siendo lo mismo. Son opciones.

Yo soy interpelado muchas veces y creo, y por eso ahora estoy dedicado a otra cosa, estoy dedicado a tres diplomados. Tengo formadas ya casi mil personas en América Latina y en Chile. Hay 300 chilenos y 700 de catorce países formándose en nuestros diplomados.

Yo quiero partir de cero, quiero rearmar una familia de valores, una familia política, una familia de jóvenes que tengan ganas de cambiar, pero sobre la base de dos ideas que para mí son fundamentales en Chile hoy para ser progresista: el coraje. Hay que estar dispuesto a perder.

También en el libro hablamos de eso: hay que tener buenas razones para ganar y buenas razones para perder, para estar en política. Unidad de sacrificio. Por eso a mí Allende siempre me ha llamado la atención: es un tipo que está dispuesto a morir, o mi propio padre.

Y la segunda es la honestidad. Creo que es muy deshonesto el liderazgo progresista chileno. Muy deshonesto.

—En este escenario, tú hablaste de que va a seguir haciendo frío para la izquierda.

—Sí, va a hacer mucho frío. Hace frío. Va a ser un verano frío.

—Dentro de esa ola polar de la izquierda, ¿a qué crees que responde el anuncio de Bachelet, para retomarlo? Y si tú nuevamente te has pensado y te has situado en ir al frente de batalla en una nueva elección.

—Primero, por ningún motivo. Hoy estoy dedicado a formar. Estoy con 600 jóvenes en uno y hoy 300 más en otro. O sea, voy a llegar a mil personas a las que he invitado a formarnos mutuamente.

Esta es mi primera entrevista en un año, con un libro. Yo no quiero, porque el culpable soy yo, yo lo que quiero es dar peleas que valgan la pena. Y ahora estoy en la batalla de las ideas.

Aportar con un libro que ya está en librerías del Fondo de Cultura Económica, que se va a lanzar en México, Francia, España, Argentina y en Chile. En Paseo Bulnes 152. Dos invitados de derecha liberal, Pato Navia y Daniel Mansuy, y Roberto Sánchez, que fue quien ganó la elección presidencial en Perú.

Dicho todo esto, yo lo que pienso de los anuncios de candidatura hoy día es que prueban la gran desconexión con el problema de Chile. Hoy día el verdadero problema de Chile no es ni siquiera la seguridad. No porque lo haya hecho bien el gobierno, es porque siempre fue la plata. La plata es el gran problema de Chile.

—No es que te quiera sacar la cuña, pero tampoco me estás diciendo que no en este momento. ¿Que no?

—Por supuesto que no.

—Ya.

—No, no. Mi prioridad hoy día es una sola: relacionarme distinto con la actualidad, con propuestas y formar gente. Ya hace dos meses decidimos hacer estas escuelas. Yo invito a los chilenos a que nos formemos juntos de otra manera, porque creo que la clase política en general, no toda, es deshonesta y cobarde. No toda.

—Y dentro de esta lógica de este invierno de la izquierda, ¿tú te pondrías ya a disposición de otra figura?

—¿Vas a seguir?

—¿Pero qué quieres qué te diga?

—Yo primero quiero saber cuál es el proyecto y no hay elecciones. Ahora, lo que hay, a mi juicio, es un desastre, un aluvión económico, que es la tormenta casi perfecta.

“Te voy a dar el titular”

La conversación vuelve sobre las dificultades de la izquierda para recuperar el debate de ideas. Enríquez-Ominami sostiene que el progresismo debe abandonar la comodidad de sus diagnósticos y disputar con mayor decisión los argumentos económicos de la derecha. Entonces, sin que medie una pregunta, se interrumpe para ofrecer un titular.

—Es más, ¿quieres un titular? Te voy a dar uno, si te parece. A ver si te sirve, creo que puede ser interesante: si yo pongo una urna en Chile hoy, José Antonio Kast vuelve a ganar la elección.

Y continúa:

—Yo no dudo que él ganaría la elección de nuevo. No lo dudo. Porque creo que ellos corrieron el cerco de tal manera que la izquierda se volvió conservadora y muy cobarde.

—¿Crees que se acabó el péndulo?

—En lo fundamental sí.

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