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A la conquista de pequeños lectores: cómo el Colegio San Joaquín de Renca va contra la corriente y logra que sus alumnos lean por gusto

Mientras las dificultades de comprensión lectora marcan la trayectoria escolar de miles de escolares en el país, el colegio de la Fundación Astoreca destaca por sus resultados en lectura inicial, con una apuesta por una enseñanza sistemática y metódica, donde los textos están presentes en cada esquina y las lecturas forman parte de lo cotidiano. El objetivo es que los niños no solo aprendan a leer a tiempo, sino que también encuentren en los libros un pasatiempo.

Por 31 de Octubre de 2026
En el Colegio San Joaquín los estudiantes aprenden a leer en primero básico. Fotos: Francisco Paredes / The Clinic
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Un ejercicio en apariencia tan simple, como el que practican en este momento quienes leen este reportaje —comprender cada palabra y frase plasmada en un texto—, se ha transformado en un desafío para miles de estudiantes escolares en Chile. Aprender a leer a tiempo y, sobre todo, comprender aquello que se lee, sigue siendo una de las dificultades que arrastra el sistema educativo.

Después de la pandemia, los resultados de distintas evaluaciones volvieron a poner el problema sobre la mesa. Las dificultades no se limitan a reconocer letras o palabras: también aparecen cuando los estudiantes deben interpretar un texto, relacionar información o extraer conclusiones.

Y las consecuencias pueden extenderse mucho más allá de los primeros años de enseñanza básica, cuando la lectura comienza a ser una herramienta indispensable para aprender otras materias, incluso en la educación superior.

Pero no solo influye un rezago de aprendizaje. En una generación acostumbrada a los videos y las pantallas, la lectura por placer puede terminar siendo una excepción.

En medio de ese panorama, lo que ocurre en el Colegio San Joaquín -perteneciente a la Fundación Astoreca-, ubicado en Renca, es casi una rareza. Una que vale la pena mirar de cerca.

El establecimiento figura como un referente nacional gracias a sus resultados en lectura inicial. A diferencia de la tendencia nacional, donde la mayoría de estudiantes de segundo básico no cuentan con las capacidades esperables de uno de primero básico, no solamente sus estudiantes han conseguido buenos resultados en una evaluación, sino que una proporción significativa de ellos alcanza niveles adecuados de comprensión lectora.

Pero hay otra señal que permite acercarse a lo que ocurre puertas adentro: Ignacio Muñoz y Josefa Quiroz, dos alumnos de tercero básico del Colegio San Joaquín, cuentan que leen en sus casas durante sus tiempos libres.

A veces se llevan libros de la biblioteca; otras, recurren a una aplicación en sus tablets. Josefa cuenta que tiene una recompensa para cuando se enfrenta a una lectura especialmente extensa: “Cada vez, si el libro es largo, puedo elegir un sticker. A veces leo Harry Potter”, dice.

Ignacio tiene una explicación menos elaborada para su gusto por los libros. “Yo lo hago porque me aburro y es como un pasatiempo”, dice.

Las respuestas de ambos permiten entender mejor el objetivo que persigue el colegio: que la lectura no quede reducida a una tarea que hay que completar para la próxima clase.

Una ceremonia en el Palacio de La Moneda y dos niños que llegaron a leer frente al Presidente

Ignacio y Josefa tuvieron la oportunidad de mostrar ese aprendizaje fuera de las salas de clases. Ambos participaron en una ceremonia en el Palacio de La Moneda, como representantes de uno de los establecimientos destacados por sus resultados en lectura inicial.

Ignacio y Josefa, estudiantes de tercero básico del Colegio San Joaquín.
Foto: Francisco Paredes / The Clinic

Frente a varias autoridades, entre ellas el Presidente de la República y la ministra de Educación, leyeron un discurso sobre la importancia de la lectura y los desafíos que enfrenta el país en la materia.

La experiencia, recuerdan, fue entretenida. También tuvo su cuota de nervios y de sorpresa, sobre todo cuando les pidieron leer nombres de asistentes que no sabían pronunciar. “Era muy complicado, era la mitad él y yo, pero eran difíciles”, dice Josefa.

Pero después de la ceremonia, comenzaron las felicitaciones. Sus padres, que en algunos casos nunca habían visitado La Moneda, estaban emocionados y orgullosos; y sus compañeros y profesores al volver al colegio también les preguntaron por el encuentro. “En cuanto terminamos la ceremonia, nos empezaron a felicitar todos. Nos felicitaron por la lectura”, cuenta Ignacio.

El encuentro con el Presidente quedó entre sus recuerdos, junto con la foto que tienen donde José Antonio Kast y la ministra María Paz Arzola posan detrás de ellos. Cuando le preguntan cómo fue conocer al mandatario, Ignacio responde, con la naturalidad de un niño de su edad, que “se portó bien”.

La participación de los dos en La Moneda fue parte de la firma del Compromiso Nacional por el Aprendizaje Lector, organizado por la red Por un Chile que Lee, creada en 2022 con la meta de que a 2030 todos los niños en Chile lean comprensivamente al terminar segundo básico.

Dicha organización fue la que analizó 3.564 establecimientos para seleccionar a las escuelas referentes. Entre los criterios considerados estaban que sus estudiantes pertenecieran a estratos socioeconómicos medios y medios bajos, que los cursos tuvieran más de diez alumnos y que más del 70% alcanzara una comprensión lectora adecuada.

El Colegio San Joaquín fue uno de los 20 que lograron superar el 70%. Es uno de los tres establecimientos particulares subvencionados gratuitos que administra la Fundación Astoreca y cuenta con 590 alumnos, desde pre-kinder hasta cuarto medio. Tiene un curso por nivel y 42 estudiantes por sala.

El Colegio San Joaquín, ubicado en la comuna de Renca, tiene uno de los planes de formación lectora más efectivos de Chile.
Foto: Francisco Paredes / The Clinic

“Para nosotros es muy importante que hay escuelas en Chile que lo están logrando, que están logrando que sus niños y niñas aprendan a leer a tiempo. Y también ir aprendiendo cómo esos pilares del aprendizaje lector se están llevando a cabo en estas escuelas”, dice Carolina Andueza, presidenta de Por un Chile que Lee.

En esa línea, dice que este tipo de iniciativas es relevante precisamente para que estos proyectos educativos sirvan de ejemplo: “Nosotros tenemos una deuda estructural como país con la lectura de los niños y niñas. Más de la mitad de cada generación se nos está quedando atrás. Nosotros necesitamos acelerar estas mejoras y llevarlas a todo el país. Queremos aprender de ellos, porque todos podemos”.

La clave de motivar a los alumnos con que leer es algo entretenido y no una obligación

María Jesús Melo lleva tres años haciendo clases en primero básico en el Colegio San Joaquín, tiempo en que el objetivo ha sido conseguir que los niños se familiaricen con los libros desde el comienzo.

“Nosotros intentamos que el uso de pantallas y de teléfonos celulares quede fuera de la sala de clases y que, en primero básico, los niños tengan libros, los puedan ver. Durante todas las clases se lee, que exista una biblioteca de aula, en donde esta motivación por la lectura sea diaria”, explica.

Una particularidad de la fundación, comenta, es que la lectura también aparece en las otras asignaturas, con textos que permiten aprender sobre distintos temas, comentar información y despertar la curiosidad de los estudiantes. La idea es que los libros formen parte del ambiente escolar y que los niños puedan recurrir a ellos incluso durante los recreos.

En primero básico, esa estrategia se combina con una enseñanza estructurada. Los estudiantes utilizan el libro “Mis Lecturas”, elaborado por la misma fundación, que propone una lección diaria, y participan en actividades donde leen y comentan textos sobre curiosidades del mundo y de la naturaleza elaborados por la misma fundación, pensados para despertar su curiosidad sin exigir habilidades lectoras que los niños todavía no han adquirido.

En resumen, comenta Melo, se logra incentivarlos a que les guste la lectura “motivándolos a que leer es entretenido. Motivándolos a leer todos los días en todas las asignaturas, que ellos lo vean no como algo que tengo que hacer, sino que quiero hacer”.

El Colegio San Joaquín también cuenta con el programa “Ya Leo”. Al terminar cada lección, los estudiantes reciben un libro para leer y van pintando sus portadas a medida que avanzan, como fue la lección de un colibrí este martes. Así pueden ver cuánto han leído y reconocer sus propios progresos. La biblioteca, en tanto, es un espacio al que pueden acudir durante los recreos y desde el que se llevan libros a sus casas.

Las salas de clases cuentan con una serie de apoyos lectores adecuados por nivel educativo.
Foto: Francisco Paredes / The Clinic

Pero el involucramiento de las familias también es importante. La intención es que el interés por la lectura no se quede dentro del establecimiento, sino que acompañe a los niños cuando vuelven a sus hogares.

En tercero básico, los niños describen parte de ese recorrido. Josefa recuerda los libros que ha elegido en la biblioteca: uno sobre gatitos y otro que se llamaba “Por favor, no abras este libro”, que encontró especialmente divertido.

Ignacio, en cambio, no recuerda los títulos de los libros que se ha llevado, pero sí sabe que cada mes les asignan una lectura. También cuenta que en su casa le ponen límites al tiempo que pasa con el celular: por ejemplo, cinco minutos de teléfono y diez minutos para leer.

No es que las pantallas hayan desaparecido de sus vidas. Lo que existe es un esfuerzo por ofrecerles otras alternativas y convertir la lectura en una práctica a la que recurran en su tiempo libre.

Una metodología definida y profesores que saben qué enseñar

Los resultados van ligados a una estrategia del colegio. Para que los niños puedan disfrutar de la lectura, primero necesitan aprender a leer de manera efectiva y fluida. “Al final es lo que sienta las bases para cualquier otro aprendizaje posterior”, explica Ximena Torres, directora del Área de Colegios de la Fundación Astoreca.

Y ese proceso, sostiene, requiere una metodología clara, profesores preparados y un compromiso de toda la comunidad educativa.

En los establecimientos de la fundación, señala Torres, los niños aprenden a leer y escribir hacia agosto de primero básico. Al finalizar el año, la meta es que hayan alcanzado una fluidez adecuada para avanzar hacia una comprensión más profunda de los textos.

Para conseguirlo, la fundación trabaja con una metodología definida de enseñanza y capacita a sus profesores para aplicarla. Uno de los métodos utilizados es el Matte, que organiza el aprendizaje de manera sistemática y progresiva, que les permite tener una estructura clara.

También sostiene que la formación docente es fundamental: conocer una metodología no basta si los profesores no reciben la preparación necesaria para implementarla.

En Astoreca, agrega, la lectura tampoco se considera una responsabilidad exclusiva del profesor de Lenguaje. Desde Educación Física hasta Matemáticas, los docentes tienen un papel en la tarea de generar más espacios para leer.

La apuesta es que la enseñanza inicial sea lo suficientemente clara para que los niños puedan avanzar sin asociar el aprendizaje con una experiencia frustrante. Torres advierte que, cuando los textos no están adecuados a las capacidades de los estudiantes o al nivel que están cursando, la lectura puede terminar generando rechazo.

Por eso la fundación también trabaja en la selección de textos que resulten interesantes y que estén al alcance de los estudiantes. Para los estudiantes de primero básico, por ejemplo, desarrollaron una serie de cuentos creados de manera estratégica para que cada uno narre una historia utilizando ciertas consonantes y vocales que, al terminar esa lección y pasar al siguiente libro, agrega otras letras.

“Nuestra intención de crear estos libros era que un niño se sintiera grande, independiente. Que se sintiera exitoso en la lectura, no de un texto o una página, sino que de un libro, y eso ha sido extraordinario”, cuenta Torres.

La fundación desarrolló cuentos estratégicos para los alumnos de primero básico, con la intención de que a medida que se avanza en una lección y se cambia de historia, se agregan nuevas letras.
Foto: Francisco Paredes / The Clinic

A eso se suman las bibliotecas de aula y el programa “Yo Amo Leer”, en el que los estudiantes pueden elegir libros para llevarse durante las vacaciones. La biblioteca se transforma en una especie de librería, cuenta, con textos seleccionados por curso, para que los niños encuentren una lectura que les interese. La posibilidad de elegir también forma parte de la estrategia.

Ignacio y Josefa no hablan de metodologías ni de estrategias pedagógicas cuando cuentan por qué leen. Uno dice que lo hace porque se aburre; la otra comenta la posibilidad de recibir un sticker cuando termina una lectura larga en su tablet.

Son respuestas sencillas, pero en ellas aparece parte del objetivo que persigue el Colegio San Joaquín, donde la lectura no termina con una prueba ni una ceremonia frente a las autoridades.

¿Qué puede aprender el resto del sistema escolar?

El caso del Colegio San Joaquín se vuelve especialmente relevante al mirar los resultados del país. Los recientes resultados de la prueba PISA, aplicada a estudiantes de 15 años, ha mostrado que una proporción importante de los jóvenes chilenos no alcanza el nivel mínimo esperado en lectura.

Foto: Francisco Paredes / The Clinic

Las dificultades que aparecen en los primeros años escolares pueden arrastrarse durante toda la trayectoria educativa, inclusive en la universidad, cuando comprender un texto deja de ser un objetivo en sí mismo y se convierte en una herramienta para aprender otras materias y adquirir otras capacidades.

Las consecuencias tampoco se limitan a las notas: cuando esas dificultades se prolongan, también pueden afectar su confianza y su participación en clases, explica Torres.

Bernardita Yuraszeck, presidenta ejecutiva de Impulso Docente, plantea que el aprendizaje lector requiere un conjunto de condiciones que van más allá de una metodología específica. Entre ellas, destaca el liderazgo de los equipos directivos, la formación y el acompañamiento de los profesores, el monitoreo temprano de los avances y la atención oportuna a los estudiantes que presentan rezagos.

En las escuelas referentes, explica, un punto clave es que el seguimiento, como hace también la Fundación Astoreca, que permite detectar a tiempo a quienes necesitan apoyo adicional. Así se implementan estrategias específicas para que esos estudiantes puedan ponerse al día mientras continúan participando de sus clases habituales.

Otro factor común es la formación docente. Yuraszeck advierte que no siempre las carreras de pedagogía entregan herramientas suficientes para enseñar a leer mediante métodos específicos. Por eso, el trabajo de los colegios en la capacitación de sus profesores y en la continuidad de una metodología, como mencionaba Torres, resulta relevante.

Eso sí la directora de Astoreca menciona que en su caso encontraron su metodología, pero que no necesariamente tiene que ser copiada exactamente por otros colegios para que muestren avances. Lo importante, dice, es “mantener una línea”. Según la directora de Astoreca, un error común es ir probando y alternando métodos.

Las salas de clases en el Colegio San Joaquín cuentan con libros desplegados en su interior.
Foto: Francisco Paredes / The Clinic

Yuraszeck también destaca entre las claves el acceso a los libros y la construcción de una cultura lectora. Con todo, coincide, si bien el Colegio San Joaquín puede servir como referencia para otras comunidades educativas, no es que exista una receta única.

Las escuelas tienen distintas realidades, recursos y necesidades, comenta. Lo importante es identificar las prácticas que funcionan, comprender por qué lo hacen y adaptarlas a cada contexto educativo.

Desde el Ministerio de Educación también han destacado el trabajo de la Fundación Astoreca. Isabel Herrera Denegri, Coordinadora Nacional de la Unidad de Curriculum y Evaluación (UCE)señala que “lo que vemos en la Fundación Astoreca confirma que todos los niños pueden aprender cuando cuentan con una enseñanza efectiva y profesores preparados y acompañados. En lectura, eso significa enseñar de manera explícita, metódica y paso a paso, con formatos respaldados por la evidencia, sumado a un fomento de la lectura y del goce lector”.

Luego agrega: “El Colegio San Joaquín, en Renca, es un ejemplo: sus estudiantes, en un contexto de alta vulnerabilidad, alcanzaron 330 puntos en el Simce de Matemática de 4° básico y 360 en II medio, superando a establecimientos de nivel socioeconómico alto. Estos resultados no son fruto del azar, sino de un trabajo pedagógico sistemático, con altas expectativas en sus estudiantes y apoyo acompañamiento a los docentes. Como Ministerio, queremos que estas prácticas se extiendan a todo el sistema, porque el origen de un niño no puede determinar hasta dónde puede llegar”.

Sin embargo, la discusión no pasa únicamente por conseguir que los estudiantes lean más, sino por asegurar que aprendan a hacerlo a tiempo y que logren valorar las puertas que abre la lectura.

Para eso las escuelas tienen un papel decisivo, asegura Yuraszeck, aunque no pueden asumir solas toda la responsabilidad.

Yuraszeck advierte que el rezago lector puede tener consecuencias a largo plazo, y que por ende una pregunta que debe surgir ahora es qué herramientas se entregan a quienes no aprendieron a leer en el momento esperado. Tarea que, en su opinión, involucra también a las familias, las instituciones de educación superior y otros espacios de formación.

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