Desde la salida del ascensor se escucha la música proveniente desde uno de los departamentos del cuarto piso. No es reguetón, ni algún hit romántico de moda. Lo que suena es Raphael. Y quien lo escucha no es un cincuentón nostálgico de su juventud, ni nada que se le parezca. El sonido viene desde el interior del departamento de Sebastián Longhi, un extravagante joven de 23 años que en 2003 participó en el reality de Canal 13, Protagonistas de la Música.

Cordial, abre la puerta y da la bienvenida a su hogar. Aunque más que hogar parece un taller artístico. Es un espacio reducido: Al entrar chocas con la cocina/living/comedor, al lado tiene un dormitorio y un baño. Ideal para vivir solo. Lo único ordenado del lugar son los libros, los DVD´S y las figuritas de Elvis que están sobre el refrigerador. Todo lo demás es un caos. Pinturas tiradas, bosquejos de dibujos en el suelo, discos desparramados y vasos sucios repletando el lavaplatos. A fines de 2003 Longhi no quería ser músico ni cantante. No tenía idea qué haría con su vida. Sólo sabía que pronto iba a terminar el colegio y no tenía claro qué venía. En eso escuchó que Canal 13 estaba haciendo un casting para un nuevo reality.

-Yo tenía 18 años y me iba como el pico en la escuela, muy mal. Apareció el casting y fue como “Sí, por favor sáquenme de aquí”. No tenía ninguna motivación profesional, para entrar. Era pendejo, no sabía qué hacer, lo único que quería era pasarlo bien y ganar unas luquitas. Aunque no era nada, 25 lucas por semana.

¿Y cómo fue que te seleccionaron para ser un Protagonistas de la Música, si no cantabas ni tocabas instrumentos?
-Los castings fueron tensos. Yo veía que iba avanzando en las etapas por una propuesta visual e iban quedando en el camino músicos y cantantes buenos. Es incómodo quitarle el lugar a alguien que sabe.

¿Igual querías ser famoso?
-No. Era demasiado tonto en ese tiempo. No cachaba. Nunca confié en la fama post reality. Además que era apenas el segundo programa de ese tipo. No es como ahora que entrai a Amor Ciego y tú sabís que vai a salir haciendo eventos.

¿Y por qué crees que te seleccionaron?
-Porque usaba un pañuelo de colores po. Y ningún otro hueón usaba un pañuelo de colores. Entonces dijeron pongámoslo en el programa, lo necesitamos. Claramente fue un tema más de personalidad que otra cosa.

¿Te sentías un rostro que vendía?
-A medida que avanzaba el cuento sí. El momento clave fue en el test sicológico, donde me di cuenta de muchas cosas de mí mismo. Estaba hablando con la sicóloga… por primera vez. Yo detesto a los sicólogos. Y empecé a contar de mi infancia, de mis intereses y me di cuenta que yo soy el bosquejo de una personalidad televisiva muy fuerte: Un hueón con infancia traumante -por ser el perdedor del curso-, que nadie lo pescaba, que se buscó un mundo ajeno y fantástico, que empezó a investigar dentro de su creatividad hermética y apartado de la gente. Era el dibujo perfecto de un hueón loco que se volvía querido. Durante el reality mis relaciones confirmaron eso.

Entonces una vez adentro sabías que no eras percibido como un chico reality más…
-Es que me dejaban entrever ciertas cosas, algunas sensaciones que pasaban respecto a mí acá afuera. Y uno va subiendo y va subiendo y te vas creyendo el cuento. A Protagonistas entraban muchos artistas. Por ejemplo una vez se me acercó el trompetista de Quique Neira y me dijo “Bien Longhi, bieeen, bieeen, bieeen”. Eso nomás. Y con eso ya te dabas cuenta de algo.

¿Cuál crees tú que era tu mayor aporte al programa?
-Yo era el estereotipo menos claro dentro del ramillete. Estaba el rockero de Conce, el Víctor Jara, el loco más anglo. Si hasta había una parodia de Cristián Castro po. Entonces entre toda esta pajamama de avatares musicales, de los cuales la gente ya está superada, yo era un hueón con pañuelo.

¿Y qué querías en ese momento?
-Chuta, no tengo idea. Nunca tuve muy claro lo que quería. En ese sentido era súper atractivo. Porque era un hueón que estaba en pantalla buscando lo que quería. Ése sí que era un experimento social para un reality. Quería avanzar, quería probarme y ver hasta qué punto podía burlarme de los cantantes. Burlarme, pero siempre en buena, como hace un bufón en la corte.

¿Cómo matabas el tiempo libre del encierro?
-En la casa estudio me dediqué buen tiempo a dibujar. Empecé a generar toda una sicosis y una paranoia con los personajes que estábamos en el reality, y los llevé a un cómic.

¿Y qué pasó con esos dibujos?
-Cuando salí, el productor me dijo “oye qué buena idea, hagámoslo de verdad”. Llamó a una editorial, hice los primeros trazos, con historias cortas de Protagonistas de la Música. Y la editorial me cagó con ochocientas lucas. Eso sería. O sea, no me cagó, pequé de imbécil porque no firmé nada. Me prometieron un salario y no cumplieron… así es que si todavía queda algún ejemplar por ahí, no lo compren.

Entraste al reality sin saber nada de música… ¿aprendiste algo una vez que saliste?
-Absolutamente. Me di cuenta cómo funcionaba el cuerpo en base a la respiración y me llevó a especializarme en técnica vocal. Si yo ahora canto la raja.

De hecho grabaste un disco con Warner Music…
-Sí. Fue una experiencia de mierda, una lata. En ese momento Warner estaba en vías de quiebra y la estrategia era hacer firmar a todos los artistas para congelarlos y potenciar a ciertos cuántos. En ese momento llegamos al sello Ximena Abarca, ganadora del reality, y yo. Ella fu el becerro de oro y yo el estancadito. Entonces salió un disco muy posterior a la fecha de término del reality, aunque con una producción musical a toda raja. Pero con un arte del disco mediocre, una elección de los temas extraña, bizarra… eso sí se agotó el disco.

¿Cuántas copias sacaron?
-Quinientas.


-Pero se agotaron todas. Es que Warner no quería seguir sacando copias del disco de Sebastián Longhi, no estaba ni allí. Capaz que los hubiera sacado de la quiebra. Además igual fue bueno, en él tuve la oportunidad de grabar con Florcita Motuda.

[audio:http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2008/10/longhi_-_no_hay_necesidad.mp3]

¿Y qué hay de cierto que te quieres posicionar como el Florcita 2.0?
-No en absoluto. Yo me considero mucho menos político que Florcita. Florcita estuvo en un momento clave para que Florcita fuera Florcita. No creo contar con esas circunstancias dadas.

¿Qué otros beneficios te trajo haber salido en el reality?
-El conocer la mafia que se esconde detrás del mundillo de las radios, los sellos y los canales en el tema musical. Para mi salir del reality fue una experiencia maravillosa. Me permitió hacer eventos y ganar mis luqitas. En todo caso más que eventos discotequeros, lo mío era participar en festivales. Dos veces animé en discotecas y fui un bodrio, una porquería. Si yo no conozco esa ciencia.

¿Cómo fue el convivir con la fama una vez fuera del encierro, te pedían autógrafos y fotos?
-Seguro. Fue divertido, me sentía que estaba en mi país, me sentía Presidente de Chile. Llegaba a un lugar y todos me saludaban. Llegaba un hueón y yo le decía “hola, ¿cómo está tu mamá?”. Era como Zalo Reyes en los ochenta. Soy súper sociable aunque depende como despierte, a veces los mando a la mierrrrda a todos. Me acuerdo que tuve que inventar un autógrafo. Tenía mi firma que era bien fea y que no decía Sebastián Longhi ni mucho menos. O sea si le pones un espejo sí, pero nadie cachaba esa hueá y parecía un garabato.

¿Y aún te piden autógrafos?
-Sabis que sí, loco. Ahora fuimos de gira con mi compañía de teatro al sur y seguimos siendo rockstars allá, perro. Quiero irme a Curanilahue , tirarme de concejal, algo así. La rompería. Muchos de los chicos de la compañía trabajan en Pasiones, así es que no soy el único rockstar cuando vamos para allá.

Una vez que salió del reality, Longhi se acostumbró a las “lucas fáciles”. Esperaba en casa que lo llamaran para invitarlo a algún programa de tele o para que animara un evento: “me puse pajero y a esperar que me ofrecieran cosas”. Pero eso duro poco. En 2005 dejó de sonar el teléfono y fue ahí cuando se dio cuenta que algo tenía que hacer. Tomó las maletas y partió rumbo a Barcelona: “Me vi perdido y dije ¿qué hago? Igual a estos indios les gusta que uno estudie afuera. Y ahí decidí” Allá estudió teatro, disciplina a la que hoy le dedica gran parte de su tiempo. De vuelta en Chile, dejó la casa de sus padres en Quilpué y se vino a Santiago.

-Yo tengo una familia chocha, provinciana, po. Y ellos miran con cierta tensión, que su hijo se esté involucrando en este mundillo de corrupción, de drogas, de sexo fácil y sin amor y de toda esa hueá.

Ellos eran del tipo de familia chocha que te grababan en la tele…
-Sí. Grabaron todo. Aunque yo no lo vi, porque nadie se puede mandar un reality entero en vhs. Menos después de haber salido de uno. Pero cuando cantaba en Sábados Gigantes y compartía escenario con Zalo Reyes… Esa hueá había que grabarla y verla una y otra vez. Cada vez que voy a Quilpué lo veo, si esa hueá no tiene precio.

¿Y cómo te recibió Quilpué después de tu aparición en Protagonistas?, casi que te nombraron hijo ilustre…
-Y no es talla. En ese tiempo la alcaldesa de Quilpué era la mamá e Arturo Longton. Y me dio un cuadrito que decía “Joven Valor” o algo así. No era Hijo Ilustre, era algo medio extraño, inventado para mí.

¿Y en qué estás ahora?
-Estoy trabajando en teatro sin ninguna pretensión de ser cantante, estoy desmoralizado con la música. En el teatro tú puedes producir tus propias cosas. En el mundo de la música necesitai más platas, pagarle a hueones que no se lo merecen.

¿Sientes con el paso de los años llegaste al lugar donde querías llegar?
-No, para nada. En lo absoluto. Nunca voy a llegar a ese lugar. Voy a morir buscando ese lugar. No me imagino cómo voy a ser en 20 años. No me imagino ni me proyecto. No tengo la ciencia para hacer eso. La mayoría de la gente sí porque son unos fomes de mierda. Pero yo no, lo veo más complejo. ¡Qué fome proyectar una imagen nítida!

Longhi y esta sección
“¿Con quién más han conversado?” La pregunta de Longhi le da el espacio para sacar la opinología que lleva dentro. Para cada uno de sus colegas aquí entrevistados, tiene una palabra.

Chicho: Una vez estuvo acá en mi casa y casi nos agarramos a combos. Empezamos a jugar a pegarnos y bueno… al Chicho lo encuentro una persona extremadamente creativa. Lo que sí, satura un poquito, es como pa verlo una vez al mes. Su creatividad loca y violenta aburre un poco. Nunca lo he visto actuar, pero mi experiencia me dice que la gente con esa personalidad son grandes actores.

Diego y Miguel Zeballos: No vi el reality La Casa. ¿Quiénes eran, Armando Casas?

María Eliana Yutronic: Me tinca rica. Me suena, no sé por qué. A lo mejor hemos carreteado juntos. Ah, no. Parece que la tengo en Facebook.

Esteban Venegas: ¡Qué notable hueón! ¡Ésas son las personas que necesitamos en los realities, actores pornos!

Verónica Roberts: Maravillosa ella, liindaaa. Demasiado Dios para mí eso sí. Creo que ella estaba con César Ávila no sé si todavía. Parece que le gustan los hombres malos.

Sebastián Longhi: Yo soy lo mejor que hay. El mejor producto que haya salido de un reality. Mejor que Ballero, porque yo creo, no destruyo.