Surgen pistas que podrían ligar a importantes empresarios nacionales con el financiamiento de la policía política de Pinochet. Ex represor revela encuentros entre el empresario y Manuel Contreras.

Por Jorge Escalante y Javier Rebolledo

Una nueva área de investigación en Derechos Humanos promete revelar los nexos de importantes empresarios con la DINA, la policía política con que Pinochet asoló el país durante los setenta. Según el testimonio de un agente que ha trabajado con diversos ministros en visita en casos de asesinatos políticos, en 1976 la cúpula del organismo represor sostuvo reuniones con diversos empresarios buscando financiamiento.

De acuerdo a una declaración judicial de mayo de 2007 del ex agente Eduardo Cabezas Mardones ante los ministros Víctor Montiglio y Alejandro Madrid, a comienzos de 1977 se produjo una reunión entre Manuel Contreras, Ricardo Claro y el oficial de la Fuerza Aérea, Arturo Ramírez Labbé. El encuentro, según Cabezas, ocurrió en la Enoteca del cerro San Cristóbal y la razón fue “ya no política, sino netamente económica”. El agente se refiere a los años duros de la DINA, cuando los fondos para llevar a cabo las operaciones comenzaron a escasear. Manuel Contreras era cuestionado por algunos integrantes del cuerpo de generales e incluso por el ideólogo del régimen, Jaime Guzmán. Además, mantenía una pelea con el jefe de la Dirección de Inteligencia del Ejército, el general Odlanier Mena, que terminó siendo el primer director de la sucesora de la DINA, la Central Nacional de Informaciones, CNI.

Según la declaración de Cabezas, Contreras creó una brigada especial que operó en un departamento de Avenida Bulnes en el centro de la capital, cuyo objetivo principal fue reunir fondos para la organización. Ésta la dirigió el oficial ya retirado de la Fach, Arturo Ramírez.

“El trabajo consistía en que Ramírez Labbé tenía que tomar contacto con personas importantes, como empresarios. Por ejemplo, Ricardo Claro. Creo que la labor de la brigada era tener contacto con gente poderosa económicamente, yo sólo era el chofer”, dice el ex agente Cabezas.

The Clinic fue tras la pista de las redes de financiamiento de la DINA. El Mamo se negó a ser entrevistado sobre su historia al lado de Ricardo Claro; Cabezas Mardones, también.

En sus actuales oficinas de Alcántara, en Las Condes, Arturo Ramírez Labbé tampoco quiso referirse al tema. Ramírez Labbé ha sido gestor de ventas de la Empresa Nacional de Aeronáutica (ENAER) de la Fuerza Aérea chilena para El Salvador, Panamá, Honduras y República Dominicana, y la misma función la ejerce actualmente para los Astilleros y Maestranzas de la Armada (ASMAR) desde comienzos de los años 2000.

En el 2000, representando a ENAER para Centroamérica, se vio envuelto en una controversia por asuntos de sobreprecio y disputas de pagos, entre el gobierno de República Dominicana y esta empresa por la compra de ocho aviones Pillán en 1998.

EN LA “CASA DE PIEDRA”

Otro ex agente que pidió reserva de su identidad pero que está dispuesto a declarar lo que cuenta ante un juez, y que ha prestado los testimonios más valiosos del último tiempo a algunos magistrados, relató que en el invierno de 1976 el coronel Manuel Contreras junto a Miguel Krassnoff, Alejandro Burgos de Beer –ayudante de Contreras-, el subdirector de inteligencia Rolf Wenderoth y el entonces jefe de guarnición militar de Santiago, general Enrique Morel Donoso, se reunieron con el recientemente fallecido Ricardo Claro en la casa que la DINA incautó a Darío Saint Marie, dueño del diario Clarín, en el Cajón del Maipo.

Según su testimonio a The Clinic, durante el encuentro Contreras entregó a Claro un fusil AK cargado con balas trazadoras para que saliera a disparar en los alrededores de la casa conocida como “Casa de Piedra”, y donde funcionó un cuartel secreto de la DINA.

“Subieron a una lomita, y Ricardo Claro se entretenía disparándole a troncos de pinos, mirando cómo se incendiaban los árboles enteros. La idea era demostrarle al empresario la efectividad de este tipo de bala”, sostiene el ex agente.

El ex agente afirma que él llegó al lugar un día antes junto a otros integrantes de la Brigada Lautaro para preparar el encuentro. Dice que a Claro lo escoltaron desde Santiago los guardaespaldas de Contreras de apellidos y apodos Betancourt, el Loco Olmedo, el Negro Ortega, el Abuelo Aedo y el Flaco Leiva.

Contreras recibió al empresario junto a su esposa María Teresa Valdebenito y sus hijos. “Algunos de los temas que Contreras le conversó a Claro en la velada fue acerca de los empresarios que apoyaban a los izquierdistas en contra de Pinochet. Recuerdo que le dijo ‘tenga ojo con ellos’”, cuenta el ex agente.

LA RUTA DE LA PLATA

Este mismo ex agente que pide resguardo de su nombre afirma que la relación entre el Mamo Contreras y Ricardo Claro fue más profunda. “Cuando en la Brigada Lautaro nuestros sueldos se retrasaban, nos informaban que, para cancelarnos, se solicitaría dinero a Ricardo Claro. Nuestras remuneraciones la DINA las pagaba a través de la empresa pantalla Boxer y Asper Limitada. Y el empresario depositaba ahí el dinero”, dice.

Las peticiones de dinero a Claro, agrega el ex DINA, “se hacían a través de oficios que firmaban inicialmente Manuel Contreras o Pedro Espinoza (ex segundo hombre en DINA), y durante la CNI lo seguía haciendo Álvaro Corbalán”.

El ex agente dice que gran parte de los apoyos monetarios a la DINA se afinaron a través de las frecuentes conversaciones telefónicas entre Ricardo Claro y Manuel Contreras, a través de una línea especial que no pasaba por la Compañía de Teléfonos.

Además, sigue el ex DINA, Contreras -con la venia del empresario- infiltró a muchos agentes en las empresas de Claro para detectar opositores.

No fue ésta la única línea de financiamiento de la DINA. El organismo creó sociedades pantallas para mantener sus actividades: Pedro Diet Lobos (la más importante de todas, a cargo de un empresario amigo de Contreras y en la que participaba la plana mayor del grupo), Elissalde y Poblete, Procin, Complejo Terranova, Panandina de Inversiones, Umansol y Omega.