Durante 2002, y mientras representaba a dos de las diez víctimas del famoso cura Tato, la abogada constató que al menos un obispo sabía de las conductas sexuales del sacerdote y, en vez de denunciarlo, fue trasladado. Esa actitud no es nueva: sucedió con dos causas en el sur y también en México y España con un par de Legionarios de Cristo, entre ellos Marcial Maciel. Hoy, el tema reflota con el proceso del salesiano Marcelo Morales, acusado de producción y almacenamiento de material pornográfico. Aunque no hay denuncias formales sobre sus anteriores destinaciones, un profesor aseguró que hace años lo acusó de tener conductas extrañas con sus alumnos en Puerto Natales. Y no pasó nada. En esta entrevista, Fabiola Maldonado cuenta cómo actúa la Iglesia Católica para defender a los “suyos” que, en estos casos, no son los niños, sino los sacerdotes.

Por Ana María Sanhueza

¿Cómo recuerda el comportamiento de la Iglesia Católica en el caso del cura tato?
-Este sacerdote hacía mucho tiempo tenía conductas que las autoridades llamaban impropias pero que en realidad eran tocaciones a niñas. Y cuando se empezaba a rumorear que era un poco fresco, lo trasladaban. Resultó, sin embargo, que en un momento hubo un rumor muy fuerte de que había embarazado a una adolescente de 13 años, cosa que se comprobó. De hecho, periodistas fueron al sur donde estaba esta niña y el hijo del sacerdote y sus padres confirmaron el hecho, pero pidieron confidencialidad pues ese niño no sabe aún quién en su padre. Apenas ellos supieron de este embarazo se fueron de Santiago al sur y en esa toma de decisiones estuvieron personeros de la Iglesia involucrados.

El cura Tato llegó a Quilicura después de varios escándalos.
-El cura Tato llegó a Quilicura después de haber estado un tiempo en España y Honduras precisamente porque allá, según reconocieron ellos (la Iglesia), fue enviado a una especie de tratamiento sicológico por estas conductas. Posterior a esto y sin que haya sido un tratamiento a cargo de profesionales o siquiatras, volvió a Chile, fue puesto a disposición del Arzobispado de Santiago, al que pertenecía, y lo pusieron a cargo de una comunidad de pobladores en Quilicura, específicamente, de niños. De hecho, las niñas que yo representaba fueron sus monaguillos. Es interesante y curioso cómo se pretende hacer parecer que él estaba sano para volver a hacerse cargo de niños.

¿Se acreditó que las autoridades estaban al tanto de sus acciones?
-Sí. Sus superiores jerárquicos de la Iglesia Católica tuvieron conocimiento de las conductas inapropiadas del sacerdote durante todos estos años y aún así, lo mantuvieron a cargo de comunidades y lo trasladaban.

¿Qué implicaron esos traslados?
-Más víctimas, una tras otra, hasta que llegó a Quilicura, donde fue tan grave lo que pasó, que los padres de las víctimas se vieron en la necesidad de denunciar. Y allá había una súper lealtad hacia él, porque se había hecho querer: era el cura que tenía el computador, internet, una casa con piscina y que si los padres necesitaban algo, él aportaba económicamente. Lo tenían como su ídolo y referente espiritual y jamás iban a desconfiar de él.

En el caso del cura Tato, ¿es cierto que sabía monseñor Oviedo y el obispo Valech?
-Sí. Monseñor Valech se enteró. Una de las madres de las víctimas declaró en el proceso que cuando tuvo conocimiento de estas acciones, porque empezó el rumor de que este cura hacía tocaciones a las niñas mientras las confesaba, su hija le contó, y ella fue a hablar con varias autoridades, entre ellas con Valech y le dijo: “usted tiene que hacer algo, tiene que sacarlo de acá”. Y Valech le dice: “vamos a tomar la medidas, pero no es tan así”… Entonces, ella le dijo a Valech que si no, va a tener que ir a la justicia y monseñor le contesta: “yo creo que no le conviene, porque la Iglesia es como un elefante y usted es como una hormiga”. Eso está textualmente señalado en el proceso y fue súper traumático. Esta mamá quedó tan impresionada que no denunció.

¿Cómo llega el caso a tribunales si nadie se atrevía?
-La denuncia del cura Tato la hicieron los padres de mis representadas, cuando su hija mayor se intentó suicidar porque ya no soportaba este secreto, además porque su hermana menor también estaba siendo abusada. Después logramos acreditar que en el caso de la más chica, hubo acceso carnal por vía anal y en la mayor, abuso sexual.

¿A qué atribuye este comportamiento de la Iglesia?
-A no querer hacerse cargo de lo que pasa con algunos de sus sacerdotes, porque eso sería reconocer que ha habido negligencia en la selección de sus miembros y en el control de lo que están haciendo sus integrantes.

¿Cree que hay una política de encubrimiento? Está el caso de los legionarios de Cristo, por ejemplo.
-Calificar el encubrimiento es algo que lo tiene que hacer la justicia, pero si lees el Código, si eso no es encubrimiento, no sé qué es. O sea, encaja absolutamente en las acciones de encubrimiento el tener conocimiento y el tratar de eludir a la justicia. Pero yo no creo que sea la Iglesia, sino que algunos miembros de la Iglesia. Seguramente ellos tienen la legítima duda de si son ciertas o no las acusaciones a sus sacerdotes, pero lo que corresponde es que los pongan en manos de la justicia para que investigue. Es necesario que todos colaboremos para el esclarecimiento de los hechos y la Iglesia no lo hace.

Pero esas prácticas han tenido un costo para las víctimas.
-Y muy alto. Además, a las víctimas se les produce una ambivalencia muy importante. Lo vi con mis representados, porque querían seguir siendo católicos, y tenían claro que no iban a perder la fe en la Iglesia. Eran súper generosos en eso, porque calificaban las acciones como actos puntuales de algunos miembros. Pero el apoyo de la Iglesia Católica a las víctimas es nulo. En el caso de mis representados no se acercaron más. Nunca hubo un acercamiento ni un gesto. Nunca.

¿Cree que la Iglesia ha sido poco solidaria con las víctimas de abuso sexual?
-La falta de la solidaridad con las víctimas es tremenda. Imagino que la Iglesia está con el sacerdote porque claro, el victimario no la pasa bien, también sufre, pero tendría que estar mucho más cerca de las víctimas. Y con esta actitud no sólo se alejan de las víctimas, sino también del resto de los católicos y de la comunidad. Con eso la gente va menos a la Iglesia, es menos católica y cree menos en los curas.

¿Usted también se decepcionó?
-Sí. Soy católica y me decepcioné de las autoridades, que son los guiadores, los que uno cree como sus referentes. Con este caso comencé a darme cuenta que eran hombres comunes y corrientes y que no están tocados por la divinidad. Pero peor que eso fue darme cuenta que son personas que no son capaces de reconocer sus errores.