• Piñera vendería Chilevisión a Telefónica, mientra amarra puestos claves del mercado de la TV. El precio es exorbitante (700% mayor al que pagó Piñera) y podría llegar a entenderse como un combo, que suma el canal y la red de conexiones asociada al dueño. Esa red se llama Gobierno de Chile.

POR JP BARROS
De acuerdo a versiones de diversas personas cercanas a la industria televisiva, la multinacional Telefónica estaría a punto de comprarle al Presidente de la República el canal Chilevisión, en una operación que se concretaría a través de la estación argentina Telefe, de propiedad del conglomerado español.

El eventual traspaso del canal a una fundación (de singulares estatutos) se ha vuelto una solución aparentemente descartada, pese a que se había anunciado y prometido hasta el cansancio durante la campaña electoral. La razón, el Presidente Sebastián Piñera parece haber estado, en realidad, preparándose para cerrar un negocio multimillonario y extremadamente ventajoso. Y, casualmente, las condiciones ideales para realizar la operación han terminado de fraguar casi dos meses después de iniciado su mandato, luego de encontrarse facultado para nombrar todos puestos claves del mercado televisivo chileno.

Diversas personalidades, como el senador DC Andrés Zaldívar, habían pedido a Piñera que se abstuviera de hacer designaciones, tanto en TVN como en Consejo Nacional de Televisión. Pero el presidente ya no tuvo la prudencia de diferir su intervención en el canal público.

En el mejor de los mundos, la venta puede cerrarse un lunes y designarse al presidente del CNTV, el cargo pendiente, un martes, teniendo ya todo acordado y firmado. Pero Piñera aún puede mejorar ostensiblemente las condiciones antes de concretar el negocio, pues legalmente está facultado a hacer el nombramiento de máximo personero del CNTV desde el reciente día 11 de abril, pasado un mes del traspaso de la banda presidencial.

CUANDO EL QUE VENDE ES EL QUE MANDA

Cualquiera sea el caso, el Presidente se encuentra en posición de vender un canal de televisión y simultáneamente designar al fiscalizador de la industria y al principal competidor. Un combo así no se ve todos los días y se presta para la existencia de toda una serie de “cláusulas verbales”, anexas al contrato escrito. Por muy escrupuloso que sea el comportamiento de Piñera -un especulador financiero de primera, recordemos- las dudas ya están incrustadas en la mente de todos los que observan esta transacción de cerca.

Por supuesto que hay cierto aumento del valor objetivo de la empresa en los últimos años, desde que fue adquirida por Piñera en el 2005. Pero sólo considerando todos los antecedentes es entendible que Chilevisión (que le costó Piñera menos de U$24 millones) ahora se venda a U$160 millones (el precio que circula) si es que no a un mayor monto.

Y aunque el combo no se haga efectivo… aunque el Presidente se abstraiga de sí mismo y sus intereses al hacer sus nombramientos, o al despachar futuras iniciativas legales y tributaria respecto de la televisión… Basta con sembrar profundo en la mente del comprador la idea de que si va a suceder la conjunción estelar mágica, para que éste pague. Nada más fácil.

Ningún contrato ha firmado con los votantes que lo obligue a cumplir su promesa de traspasar a una fundación. La ley del consumidor no es aplicable a las promesas electorales, según me informan. Ningún código evidente lo imposibilita a hacer estos negocios del siglo, ya investido con la banda presidencial. Solo queda rastrear normas perdidas, de escasa aplicación y nula jurisprudencia. Y el Presidente lo sabe.

El rasero de la actuación pública del Presidente parece ser; “si no me pueden meter preso, entonces lo hago”. O como escribió hace poco Carlos Peña; “¡la falta de condena judicial como prueba suficiente de virtud!”… Pero qué distinta sería la historia de todo un país, si un sólo hombre hubiera tenido esa necesaria lección de vida que estuvo a punto de recibir en 1982, en los lejanos días del Banco de Talca.